Mágico y azarozo deporte, maléfico y artero ¡Emotivo balompié, maldito sea el día que te comencé a amar! Este cronista tenía el goce calculado. Una invitación para que todos los que no creen en la pampaneta se suban: todavía hay tiempo. Si el irascible Mouche no hubiera definido con una masita fina de la Savona, como con un pañuelito de dulce de leche y pionono, o si tal vez en esa furtiva contra del primer tiempo Blandi hubiese devuelto el balón al medio en vez de intentar ese disparo a-la-Batistuta que terminó en el túnel subfluvial… tal vez si en esa última jugada quien quiera que haya perdido al enano ese que empató el partido, otro sería el cantar.
El vaso medio lleno nos dice que nos cagaron a pelotazos todo el segundo tiempo, que hace 12 años no ganamos en esa cancha y que Unión no pierde de local desde hace 15 partidos. Pero qué bronca gente: hasta el yeta del relator dijo que nos estábamos llevando 3 puntos muy lindos.
Poco había pasado cuando a los 11 minutos el mayor de los Rojas cabeceó para despejar un córner del local. Sonaron campanas y la luna llena en el cielo anunció que el mal que tanto nos vino aquejando comenzaba a sanar. Esta simple cuestión de lograr cabecear los centros de los rivales es mucho más que una anécdota floreada de quien suscribe. La pelota salió disparada y Mouche encabezó un contrataque letal. Aguantó la pelota y en el momento indicado filtró el balón hacia la posición del Príncipe Reniero. La tiró larga: nos paramos de nuestras sillas. Enganchó y cruzó para Blandi quien homenajeó a Pipo Gorosito con un centro en comba para que nuestro pequeño Príncipe cabecee en palomita convirtiendo al gigante de Nereo Fernández en un estéril expectante del tanto. Golazo. Una estrella fugaz cruzó por el cielo de Boedo y cuentan los que la pudieron ver que pasó exactamente cuando los dos Nicolás se abrazaron.
San Lorenzo tuvo otra contra en la cual Reniero volvió a mostrar su tremenda categoría. Esta vez Blandi quizo ser Batistuta y no devolvió el balón. Esto ya lo dije. Tuvo una Unión en la cabeza del viejo Jony Bottinelli. Por suerte cabeceo al medio.
Enorme primer tiempo del náufrago Coloccini y en general de todo el equipo. Lució muy concentrado y metido en cada pelota.
Hay teóricos del fútbol que hacen de la superioridad moral una bandera. Se supone que San Lorenzo es más que Temuco, porque es más grande. Se supone que Boca le va a ganar a todos 4 a 0 y después resulta que si no le regalan un penal no puede convertir. Se supone que existe un fútbol donde la gente cambia de frente y todos la paran de pecho con elegancia. Incluso lo supone gente que cuando juega al fútbol grita pidiendo un lateral y es capaz de pegarle una patada a uno que le tiro un caño: qué le vamos a hacer. Lo que es real es que el fútbol en Argentina es sacrificio, sacrificio, concentración y aprovechar cada pequeño error del rival. Y más sacrificio.
El segundo tiempo fue un parto (en sentido figurado, por supuesto). Navarro se tiró para un lado y se tiró para el otro. Atajo una, dos y tres. Todos pelotazos cruzados de un equipo que conoce el cajón en el que juega y que te mete a pelotazos. Así es la vida. El referí inventó un penal para el local y Navarro fue y lo atajo con un ojo. Tremendo lo del arquero, ojalá siempre atajara así.
Hubo situaciones para ganarlo y hubo situaciones para perderlo. San Lorenzo lastima y sigue mostrando que es un equipo capaz de generar situaciones de gol con contraataques. Eso se trabaja. Sigue sufriendo mucho los envíos aéreos y no tiene esos jugadores capaces de parar la bocha y hacer correr el tiempo. Ahora le dicen defender con la pelota. Madurez, sapiencia. ¡Paciencia cuerv@s!
Este torneo es de una paridad lastimosa, que duele y obliga a los que buscan en el fútbol un espectáculo de sutil belleza un refugio en las series prepagas de Netflix.