Ya más de 30 días pasaron desde que el Var puso a River en la fatídica y famosa superfinal de un siglo que recién comienza. La superfinal de un siglo horrible será.
Piedrazos, lluvias y, en el medio, los únicos que deben haber suspirado son los miembros de nuestro cuerpo técnico y los jugadores. Un tiempo más para amalgamar la idea no venía mal; de qué serviría probar este nuevo y atrapante modelo de San Lorenzo y someterlo a un hipotético mal paso en el clásico de barrio más grande del universo. De nada: para darle de comer a la runfla que sueña con vernos caer.
La ansiedad tuvo un pequeño bálsamo cuando nos dijeron que podíamos ir a MDQ a ver a nuestro querido San Lorenzo. Y como si la bosta esa de Boca- River no fuera suficiente, vinieron los principales líderes del mundo y chuparon a toda la policía para sí. Sin su gloriosa hinchada saltó a la cancha entonces el equipo del mudo Almirón.
Lo primero que vale la pena rescatar es que el DT usó ropa deportiva: este cronista banca las camperas. ¿Qué mierda tendrán que ver los trajes y la etiqueta con el fútbol? Nadie lo sabe. Vas a la cancha, está todo meado, los policías te empujan, la gente está sacada, pero los técnicos están de traje ¿A quién se le ocurre?
San Lorenzo jugó 25 minutos que deben enorgullecer a don Jorge. Por la mañana discutíamos si el equipo era más ofensivo o más defensivo que el de Biaggio: en los papeles salía un volante y entraba un defensor. Los dos laterales se encontraron visiblemente más cómodos en esta situación de partir desde el mediocampo para atacar y retroceder hasta la posición para defender. A Biaggio le tiraron 950.000 centros.
Reniero tuvo 3 chances para convertir durante la primera etapa. Una a los 13, tras una jugada hermosa que hizo delirar a los amantes de la belleza. Dos toques por aquí, dos toques por allá, todo a dos toques: ese es el mejor aderezo que le puso Almirón a este panchito. La bocha fue y se estroló en el travesaño. Luego a los 22 y a los 30. Situaciones claras. El chico un día de estos se va a despachar y va a empezar a hacer goles sin parar. Su mechón rubio no lo ayudó.
San Lorenzo jugó 25 minutos casi muy buenos y luego la merma física se hizo evidente. Tuvo una Aldosivi en los pies del reggeatonero Ozuna que no fue gol por muy poco.
El método del DT requiere gran despliegue y buen control de balón. Hay que tocar y buscar el espacio. Circulación y ocupación del territorio, mostrarse, pedir el balón.
Durante el segundo tiempo pasó de todo menos aquello que tan famoso lo hizo a Jorge. Nunca tuvimos ni la circulación ni la destreza que tanto lo engalana. Nos hicieron un gol lindo a los 4, dedicado a todo el menottismo aspiracional. Toqueteo por derecha, desborde, centro, un poco de orto y el muchacho Villalba entró de frente y le pegó con alma y vida. Lo empata el tanito Ferrari en un gol de pelota parada: hacía como 25 años que no metíamos un gol de pelota parada. Como tocado por la varita mágica desoye el mandato del sistema al minuto 20. En vez de privilegiar la tenencia y todo ese tipo de detalles que nada aseguran en la vida revoleó una pelota hacia la misma nada. El balón sobró al líbero de Aldosivi y nuestro misionero teutón Gaich aprovechó y dio vuelta el partido.
La vida es cruel y paradójica: ¿qué le hubieran dicho al pampita si sacaba al 9 para poner otro volante de marca? Así, colgado del travesaño y todo, no pudimos aguantar el resultado. El negrito Chávez nos empató el partido sobre la hora. Es una pena que no esté en nuestro club.
El debate está en la mesa.
San Lorenzo ha mejorado en algunos aspectos y ha empeorado en otros. Por momentos mostró cosas buenas pero siempre por breves lapsos. El planteo de hoy lució más cómodo a prácticamente todos los jugadores. La idea del DT seduce pero, como todo en la vida, no garantiza nada. Necesita rodaje, crédito y acompañamiento. Se lo daremos, que nadie tenga dudas.
En nuestro país esta discusión es vieja: están los que creen que el fútbol bello otorga más posibilidades de ganar y estamos los que creemos que el fútbol bello da más posibilidades para perder. Hagan sus apuestas, cuervos y cuervas pero por favor: no subestimemos más al fútbol defensivo.