Meses: marzo 2018

El Principito de Boedo

Otras mudanzas trajeron otras historias azulgranas; me voy a detener en la última. Esta vez perdimos, ya ni recuerdo con quién. Pero algunas semanas después, encasillando libros en la biblioteca me encontré con El Principito, probablemente el primer libro que haya tenido. Me lo compraron cuando tenía 6 años. Recuerdo que, a esa edad, empecé a leerlo y no lo entendí; pero decidí terminarlo igual, porque ya en mi más tierna infancia padecía la torturadora manía de tener que terminar casi todo lo que empiezo. Me impresionó encontrármelo de nuevo, así que lo ojeé. Encontré algunos manuscritos (mi nombre esbozado con un garabateo infantil que aún conservo), dibujos y pinturas sobre las ilustraciones. Me llamó la atención ésta:

Entre los trazos delineados sobre el libro estaba San Lorenzo. Me impactó pensar que San Lorenzo siempre ha estado en mi vida. Siempre: mis primeras pasiones, mis primeros recuerdos, mis primeras experiencias con mi viejo. Una de mis primeras imágenes de mi vida es en cancha de Ferro, un partido contra Talleres que empatamos 1-1. Recuerdo bien que en el entretiempo le pedí a mi viejo ir a ver los dibujitos. Tenía 3 años. El segundo recuerdo que tengo es el reboleo que sufrí cuando mi viejo gritó el empate mientras me tenía arriba suyo.

Mi viejo decía que había dejado de seguir a San Lorenzo hasta que mi hermano y yo nacimos y volvió a ir a la cancha. También decía que nunca nos insistió para que fuéramos cuervos ni futboleros. Presentaba las cosas como si nuestro sanlorecismo fuera innato y lo hubiera arrastrado a él también a una euforia futbolera que afortunadamente compartimos por algunos años. Yo no sé si habrá sido así, pero de lo que estoy seguro es que, desde chiquitito, al mundo lo pinto de azulgrana.


Eber, el nene catamarqueño que volvió a ver gracias a San Lorenzo

Entrevista de La Soriano y Mundo Azulgrana

 

Hace diez años la Subcomisión del Hincha de San Lorenzo de Almagro apadrina la escuela rural número 298 en El Taco, Catamarca. Este hecho, muchas veces no conocido en el mundo del Ciclón por la vorágine del día a día del club, es un esfuerzo significativo: dos veces por año un grupo de cuervos viajan, apoyados por la dirigencia del club, a llevar donaciones a pleno corazón de la República Argentina, allí donde incluso el Estado muchas veces no llega.

 

Hace poco, a partir de la experiencia de la 298, los cuervos llegaron a la Escuela La Angostura, también en territorio catamarqueño. Allí conocieron a Eber Gutiérrez, un niño que había perdido la visión de uno de sus ojos tras un accidente doméstico. ¿Qué hicieron los cuervos? Movieron cielo y tierra para traerlo a Buenos Aires. Las expectativas de que recupere la visión eran muy pocas, pero San Lorenzo conoce mucho de milagros. Ahora Eber vuelve a Catamarca viendo casi plenamente y con el carnet del club en mano. Conocé esta emocionante historia en este mano a mano de La Soriano y Mundo Azulgrana con Lorena Alloni, una de las cuervas que hizo posible este verdadero milagro (otro más y van...) que enorgullece a todo el club.

 

- ¿Cómo comenzó la experiencia de padrinazgo en Catamarca?

 

- Hace 10 años que la SCH cumple y viaja. Primero se empezó a hacer a pulmón, como siempre, y después por suerte tuvimos la colaboración del club. San Lorenzo es muy grande, demasiado grande. Colaboran todos: los dirigentes, los hinchas, los socios. Dos veces por año nosotros vamos, juntando las cosas para donar. Ellos nos mandan la lista de necesidades, y nosotros viajamos hasta El Taco, Catamarca, a llevarles las cosas. Al principio los viajes eran en auto, en moto, como se podía. Después por suerte se pudo ir armando mejor. Y ya hace bastante que vamos en micro, dos veces al año. Para marzo, o principios de abril, y para fin de año, los primeros días de diciembre.

 

- ¿Cómo llegan a conocer la historia de la Escuela La Angostura?

 

- En la 298 le comentaron a Claudio De Simone que había una escuelita que está, desde Belén, a cinco o seis horas en 4x4. No se puede llegar de otra manera. ¿Qué hicimos? Fuimos a Belén, ahí quedaron los micros. El gobierno de Catamarca mandó las camionetas, que las consiguieron a través de Carlos, el director de la escuelita rural arriba de la montaña. Y viajamos hasta allá, a 3200 metros de altura. Cuando llegamos por primera vez era solamente una casita. Esa casita era el aula, pero también el oratorio y donde ellos dormían. Como están muy alto y en la montaña, el director levanta a los chicos y se quedan de lunes a viernes. Y los vuelve a bajar el viernes. Es una escuela de una comunidad diaguita. Ahí conocimos el caso de Eber.

 

- ¿Qué le pasó a Eber en la vista y como actuó el club?

 

- El año pasado este nene, que va a esa escuela desde chiquito, tuvo un accidente. Cosiendo una zapatilla de lona, se zafó la aguja y se le clavó en el ojo. Perdió casi toda la visión del ojo izquierdo. Y entonces estuvimos hablando con los padres, con el director, para poder traerlo a Buenos Aires a operarlo. Ellos al principio mucho no se animaban, hasta que el nene quiso venir también. Por suerte este año lo charlamos cuando fuimos en abril. Quedamos en que iba a viajar. El doctor Rubén Iglesias, que es el letrado de la SCH, se movió con todo y tramitamos el Hospital de Clínicas. Viajó él junto a su mamá Juana y su hermanita. El resto de la familia quedó en la montaña con el papá. Viajaron, el Dr. Iglesias los tuvo en su casa, lo llevamos al hospital, le hicieron los estudios. Nos dijeron que era muy difícil que recuperara la vista. Había que ponerle un cristal y hacerle unas cuantas cosas.

 

- ¿Y finalmente que pasó?

 

- Le hicieron todos los estudios y ellos volvieron a Catamarca. Después volvieron a viajar para Buenos Aires, terminamos de hacer todos los estudios, los ingresos, todo en el Hospital de Clínicas. Vinieron hace apenas diez días, para la operación. Por intermedio de la dirigencia de San Lorenzo conseguimos el hospedaje, porque esta vez eran muchos días. El Dr. Iglesias se encargó de todo lo que es la parte de hospital. Lo internaron a Eber. La operación salió muy bien. Se le puso el cristal, la lente, que hubo que comprar. Y recuperó bastante la vista del ojo, casi el 80%.

 

- Nos imaginamos la felicidad que tienen ustedes como promotores de esta nueva locura cuerva...

 

- Estamos re contentos. Encima el club nos dio los carnet de socios de los nenes para que se pudieran llevar a Catamarca. Esto es algo súper lindo. Más allá de todo lo que necesitan y donde viven, son de San Lorenzo y nosotros también. Gracias totales a todos los que pudieron hacer esto posible. Y a quienes lo difunden también, obviamente.

 

- Tanto esfuerzo tiene sus resultados. ¿Qué dejan ustedes cada vez que van para allá? ¿Que rol tiene San Lorenzo en esta obra tan importante?

 

- Hay mucha gente que no lo sabe, pero cuando viajamos es una semana. A principio y fin de año. Y nosotros también dejamos trabajo, familia, todo para poder llevarles la leche, las mochilas, los guardapolvos. Todas las cosas de electricidad que necesitan. Todo: llevamos un micro absolutamente lleno. Viajamos 5 o 6 personas. Y no te dan ganas de dejarlos de ir a ver nunca

La obra es de la SCH pero colabora mucho el club. Colabora Matías (Lammens). Colabora Roberto (Álvarez). Todos. Con la ropa también todos los conocidos. Esto es de todos, es de San Lorenzo. San Lorenzo somos todos.

 

- ¿Qué sienten cada vez que viajan?

 

- Es hermoso. La persona que viaja, llega y se pone a llorar: te esperan con toda la escuelita hecha de San Lorenzo, canciones para nosotros. Rezamos antes de comer. Son los orígenes: la bondad, los valores. Es hermosísimo, indescriptible. San Lorenzo es hermoso. Los que vivimos estas cosas sabemos porque amamos tanto a San Lorenzo.


El Papa Francisco, emocionado con la historia de Eber, el cuervo que volvió a ver

Días atrás, desde La Soriano y Mundo Azulgrana publicamos la historia de Eber, el niño catamarqueño que recuperó la vista gracias a la Subcomisión del Hincha (SCH) y el Club Atlético San Lorenzo de Almagro, que lo trasladaron hasta el Hospital de Clínicas de Buenos Aires para su tratamiento y posterior recuperación.

 

La Soriano hizo llegar un escrito con la historia y el reportaje a Lorena Alloni publicado en Mundo Azulgrana al Vaticano, y recibió en apenas horas una respuesta del cuervo más conocido del mundo, el Papa Francisco, conmovido por el accionar de los hinchas azulgranas.

 

“Gracias por tender una mano, gracias por jugarse por la solidaridad. Gracias por lo que hicieron con Eber” dice la carta de Francisco al pueblo azulgrana, emocionado al conocer la noticia tras leer la entrevista a Alloni. “El ya puede ver, deseo que este gesto sirva para que muchos ‘puedan ver’ que el camino de la solidaridad y de la inclusión es hermoso, siembra vida y construye”, continuó el Papa, destacando la labor de los cuervos de la SCH que viajan dos veces por año a Catamarca.

 

"Por favor, les pido que recen por mí” finaliza el texto, enviado por un estrecho colaborador suyo a través de un correo electrónico a la agrupación La Soriano, que vehiculizó la noticia y realizó el reportaje a Lorena junto a Mundo Azulgrana. Con en este envío, Francisco demuestra nuevamente su apego al club de sus amores, San Lorenzo de Almagro, y a las actividades sociales que el club despliega a lo largo y ancho del país. Una carta que emociona a todos los cuervos, por su sencillez y su cercanía. Una carta que quedará en la historia del club, como su nombre, que será el del estadio definitivo en Boedo.


Pequeñas escenas de una victoria histórica

La gran gesta sanlorencista del 12 de septiembre se pudo leer en todos los medios: el bicampeón del basket argentino le ganó un amistoso al Real Madrid por 84 a 81. (N. del E.: luego vencería a su par de Barcelona). Después de cuarenta y seis  años, San Lorenzo empezaba su gira por España y se presentaba en el estadio municipal de Arganda del Rey como parte de las fiestas patronales. Se supo de los logros deportivos y vía televisión y redes, se hizo notar el apoyo de los ciento cincuenta cuervos que llenaron de color, alegría y sorpresa a los vecinos de este municipio a veintidós kilómetros de Madrid. Tras el primer partido de la gira, ya se sabe la gran historia, pero existen muchas más por contar.

 

Fue la historia de Andrés, a quien sus amigos apodan Koe, que se vino desde Valladolid a alentar por primera vez al Ciclón. Koe nunca salió de su España natal, pero tiene un tatuaje de un cuervo y el escudo en su pecho. Todo empezó hace cinco años, cuando accidentalmente se puso a ver un partido de fútbol con su abuelo. Vio el juego, a la gente y prometió hacerse hincha de ese club. Esa tarde, el resultado fue 3 a 2; el partido queda como adivinanza para el lector.

 

Fue la historia de Sergio, Jorge y Osvaldo, miembros fundadores de la peña Osvaldo Soriano de Madrid, que tuvieron que cambiarse de camiseta en el entretiempo. Tras una primera parte gracias al sudor, en el intermedio hicieron los honores formales de entregar y recibir plaquetas para el club y el ayuntamiento. En el segundo tiempo, volvió la transpiración.

 

Fue la historia de Carlos Perroni, que se sorprendió y emocionó de recibir los honores por parte de los hinchas de San Lorenzo en el entretiempo. No se lo esperaba, pero se lo merecía.

 

Fue la historia de Leo, con su gorra y con el clásico bombo de la peña de Madrid, que tanto ritmo puso en la plaza de Marrakech. Acompañado en los redoblantes por su hijo Valentino y por Jorge de Alcalá, no hubo canción que quedara por cantar. A mediados del primer tiempo, tanto el bombo como las banderas hicieron gala a modo de desfile en el corredor central de la platea para goce de los vecinos de Arganda y para hinchas del Real Madrid.

 

Fue la historia de Alejandro y Lydia, que se vinieron desde Málaga junto a cinco amigos más. Los Cuervos de la Costa del Sol son como los pingüinos de “Madagascar”. Son muchos, vienen juntos, con misma camiseta y encima están en el Twitter de Marcelo Hugo (Tinelli, Vicepresidente de San Lorenzo) Junto con Edu, que no sabemos si llegó a estar a las ocho de la mañana en el trabajo, agasajaron a la cuervada en el Soccer Bar con generosas docenas de facturas.

 

Fue la historia de Damián y de Fernando, también de la Osvaldo Soriano, que reclamaban la finalización del partido cuando San Lorenzo ganaba 2 a 0.  “La hora, juez”, se escuchó.

 

Fue la historia de Juan Cruz, a quien no conocíamos hasta el sábado pasado. En la reunión para ver el partido contra Rosario Central, ante una gran convocatoria en la pizzería La Muzza, accidentalmente fue a cenar ahí y se encontró con un parque temático sanlorencista. Sorprendido a más no poder, aún conserva el asombro y sumó a su hermano Martín al partido.

 

Fue la historia de Facundo Campazzo, que tuvo una sonrisa pícara cuando desde la tribuna le gritaron “erralo Campazzo, que vos sos argentino”.

 

Fue la historia de Denis, puntano que vive en Granada hace 15 años, también vio a San Lorenzo por primera vez. Arribado a Atocha con el tiempo justo, con poca batería en el teléfono y bajo uso de redes sociales, en el listado de entrega de tickets se dudaba de su llegada. Estuvo firme al grito de “dale Ciclón” y se volvió contento a su ciudad a la una de la mañana.

 

Detrás de un gran evento, hay pequeñas grandes historias y faltaría relatar las otras tantas. San Lorenzo hizo un gran esfuerzo para venir a España. El club se brindó con los hinchas, haciéndolos partícipes en los entrenamientos, acudiendo a reuniones y gestionando a última hora mejores lugares en el estadio. El ayuntamiento trató a los cuervos de excelente manera, con entrega de entradas y una gran cordialidad: ellos no se olvidarán de nosotros y viceversa.

 

Vinieron de todos lados. Vino gente de Israel, que los relatores españoles describían su sorpresa de movilización en la TV. Vino gente de toda España, a saber: Barcelona, Málaga, Valencia, Alicante, Granada, Valladolid, Gijón y Toledo. Vino gente de la Embajada argentina. Vino mucha gente de Madrid: los de siempre de la Peña Osvaldo Soriano, los que están hace poco, los que nos conocen hace semanas y los que nos conocieron ayer. Detrás de ellos, hay argentinos que vinieron hace mucho tiempo y se hicieron su lugar; hay argentinos que llevan poco tiempo y están haciendo sus primeros pasos como emigrantes; hay argentinos que están estudiando, que saben que están de paso; y también hay españoles, que aun teniendo un club cercano en sus ciudades, se hacen un lugar en su corazón para la pasión azulgrana.

 

Tras cinco días con actividades desde el arribo al aeropuerto hasta las últimas cervezas después del partido, estamos felices por cómo sucedió todo. ¡Encima ganó San Lorenzo! No queda otra cosa más que agradecer a todos por lo bien que lo hemos pasado.

 

¡Vamos San Lorenzo! Y gracias de corazón a todos.

 

 

(*) En representación de la peña Osvaldo Soriano


Ya está, viejo

Un jardinero azul. Un gorrito. El Fiat 600 blanco que era el primer auto de la familia. La recorrida por el barrio y los alrededores del Viejo Gasómetro: “esta es la esquina de San Juan y Boedo”, “esta es la iglesia donde se fundó San Lorenzo”, “ahí está el almacén de Diego García que jugó en el primer equipo campeón en 1933”. En el viaje de San Justo a Boedo hablamos de la hazaña de la B y me mostraste que ya había afiches de Alfonsín en las calles. Recuerdo que llegamos a Avenida La Plata y caminamos por la vereda del estadio. Allí estaba todavía el templo de aquellas hazañas que me habías contado. Llevabas a Christian que apenas podía caminar en brazos. Recuerdo mis pasos cortitos y el calor de tu mano que me guiaba. Intentamos entrar. Faltaba poco para que empezaran a desarmar las tribunas. El club creo que ya estaba cerrado y vos hablaste largo tiempo con alguien en un portón. Le rogabas que nos dejara entrar a pisar el campo de juego.

 

Tengo en la memoria la soledad y el eco de lo que hablábamos nosotros tres. Nos mostraste dónde estaba el Gimnasio General San Martín, nos hiciste subir a una de las tribunas, fuimos al campo de juego. “En aquel arco Sanfilippo hizo un gol de taquito”. “Una tarde el Bambino Veira le metió cuatro goles a Boca en un tiempo”... Con esas manitos pequeñas tomé un puñado de pasto que me costó arrancar tanto como les costó a “los hijos de puta de la dictadura que nos obligaron a esto, por suerte se están yendo”... Guardé ese manojo de césped en un bolsillo. En algún lugar de la casa de la infancia está guardada la bolsita con esas ramitas secas.

 

Son fragmentos. Piezas de una historia. Algunas cosas creo que me las acuerdo, otras las fuimos hablando con los años, algunas quizás las imagino. Tenía esa edad en la cual guardás recuerdos pero perdés el orden de las cosas. Conservo esos momentos y la foto descolorida que nos sacó un señor al que le explicaste cómo usar la vieja cámara de fotos y que tardamos en encontrar porque casi no había nadie en el lugar.

 

Con los años fui uniendo esos fragmentos como piezas de un rompecabezas. Crecí en canchas ajenas, sufrí los años sin vueltas, entendí y comprendí la historia de aquel estadio, descreí de los locos que me querían ilusionar con volver, me sumé a la lucha, soñé, pero aquella tarde de los albores de la democracia, medio desordenada, medio entre la realidad y la imaginación, se fue transformando en un suceso trascendental de mi historia.

 

Hoy no te tengo para ir juntos a Avenida La Plata, pero lo primero que sentí cuando se confirmó que los franceses dijeron “sí”, fue tu mano apretándome fuerte. Sé que si andás por ahí estarás disfrutando este momento. Yo solo puedo decirte, más de treinta años después, “Volvimos. Ya está, viejo”.

 

* Periodista, editor, comunicador. Socio refundador de  San Lorenzo. Autor de “Postales de una pasión”. Coautor de “San Lorenzo: Del Infierno al Cielo”, donde aparece originalmente este artículo, y “Campeón de América”. (@carloscordoni)


La universidad popular de Boedo

Recién a los veintiséis años, allá por 1969, Osvaldo Soriano pudo conocer el Gasómetro. Se lo había imaginado mil veces, pegado a la radio, releyendo crónicas de El Gráfico, gastando con la mirada la misma foto donde Sanfilippo –su ídolo de siempre– le hacía un gol de taquito a Boca. Cuando pisó los tablones invencibles, todavía sin imaginar su futuro de best-seller y reverenciado escritor, se sintió en el Coliseo Romano. Porque el Gasómetro, más que una cancha, era un mito.

 

Recién a los 29, allá por el 1929 (porque nació al compás del Siglo XX), Roberto Arlt fue por primera vez a una cancha de fútbol. En serio. Y así comenzó su relato: “Ustedes dirán que soy el globero (mentiroso) más extraordinario que ha pisado (el diario) El Mundo por lo que voy a decirles: ayer fue el primer partido de fútbol que vi en mi vida; es decir, en los 29 años de existencia que tengo, si no se cuentan como partidos de fútbol esos con pelota de mano que juegan los purretes y que todos, cuando menores, hemos ensayado con detrimento del calzado y la ropa...”.

 

Su debut fue en el Gasómetro, para la final de la Copa América que ganaría Argentina. Así tenía que ser. El hombre que partió en dos la narrativa argentina, enarbolando como bandera una de las prosas más potentes jamás escritas por estos lares, se entusiasmó poco por el fútbol. Pero quedó admirado con el Templo. Y algo más: “¡La pucha si hay lindas muchachas en esta Avenida La Plata!”, cerró su comentario. A lo Arlt.

 

Para él, ése coloso de madera y hierro resultó una revelación. Tratándose del perspicaz Roberto, no poco orgullo nos envuelve. José González Castillo fue uno de los inventores del tango tal como lo conocemos hoy. Poeta, dramaturgo, director de teatro, fundó la segunda universidad popular de la Argentina: la Universidad Popular de Boedo. Miles de maravillosos creadores pasaron por sus aulas. Se inauguró apenas dos meses después de que San Lorenzo firmara el boleto de compraventa por los terrenos del Gasómetro, en 1928. En ambos escenarios, bajo el mismo cielo diáfano de Boedo, los maestros daban cátedra: el Ciclón era, en ese momento, el primer campeón tras la unificación del fútbol argentino. Cátedra de Artes. Cátedra de Fútbol.

 

En los cafés de Boedo conversaron Homero Manzi y Cátulo Castillo; en la biblioteca Miguel Cané –la primera Municipal de Buenos Aires– Jorge Luis Borges escribió algunos de sus cuentos más célebres. Bajo las estrellas de este barrio, a Leónidas Barletta se le ocurrió crear el Teatro del Pueblo. Y en las manos de sus lectores, las páginas de la editorial Claridad olían a lunfardo, a perfume anarco, a proletariado vivo y representado al fin, en la vereda del Grupo Literario donde Castelnuovo, Yunque y Tiempo se tiraban a los pies, rasposos, antes cada firulete de Florida. Y ganaban a lo San Lorenzo.

 

Me contaron de las milongas de Troilo y Pugliese, de los carnavales iluminados por Sandro, de los novios que se enamoraron allí, bajo las lucecitas de la Avenida interminable... Y de aquella vez, en 1973, cuando un joven llamado Gustavo Cerati fue al primer recital de su vida: tenía catorce años y tocaba Carlos Santana... en el Gasómetro, claro.

 

Ahora sabemos de los encuentros de Viggo Mortensen –actor, poeta, embajador multicultural del saber sanlorencista– y Fabián Casas, siempre en el bar San Lorenzo, en Avelino Díaz y Avenida La Plata... Y de las pinceladas imbatibles del Grupo Artístico de Boedo, las estrofas de la Escuela de Tablones, la prosapia fantástica de los Cuervos de Poe (al olvido, un rotundo nervermore) y el manifiesto azulgrana de La Soriano, porque esto sigue, muchachos, esto es eterno, el sentimiento y el aire que se respira, tan dulce como una gambeta del Pipi. Pronto, muy pronto, la última utopía emergerá de su propio destino. Y allí enfrente, con pies de cemento y alas de Cuervo, se posará un nuevo estadio, igual y distinto, para inspiración de estos pibes que aprendieron a amar a San Lorenzo.

 

*Periodista y escritor

Autor de “Hermano Cuervo”