Meses: diciembre 2018

La Soriano: Un espacio en construcción para un San Lorenzo cada vez más grande

Se iba la primavera de 2011 en alguna cortada entre Boedo, Pompeya y el Bajo Flores. Parecía que se iba a la B nuestro querido San Lorenzo. En la religiosa “previa” a los partidos de local se compartían utopías, deseos y plegarias. San Lorenzo nos había congregado para combatir la soledad en los rituales. De ir a la cancha solos o de a dos, a que las alegrías y, sobre todo, las tristezas se experimentaran mejor con otra gente. Empezamos a conocernos: amigos de amigas, hermanos y hermanas de conocidos, compañeros de laburo, familiares lejanos pero cercanos en el corazón azulgrana. Nos encontramos para ir juntos a nuestro hermoso Nuevo Gasómetro, pero también para organizarnos para sacar entradas, reunirnos alrededor del televisor cuando nos prohibieron ir a otras canchas o mirar la tabla de posiciones y especular con resultados ajenos.

 

Las hazañas sanlorencistas nos hermanaron. Transitamos aquel 2012 con el corazón en la boca y con la certeza de que, pasara lo que pasara, a San Lorenzo lo hacía grande -muy grande- su gente. Fuimos parte de los 100.000 cuervos y cuervas que reventaron la Plaza de Mayo aquel inolvidable 8 de marzo, construyendo el hito fundacional de la Vuelta a Boedo. A pesar de que ninguno de nosotros conoció el Viejo Gasómetro, no concebimos a San Lorenzo afuera de Boedo. Por su historia, la de todos los deportes y la familia en el club, de los bailes y carnavales que atraían a gente de todos lados; por su presente, por los cientos de pibes y pibas haciendo deportes en el Polideportivo; por el futuro, por nuestra tercera cancha y por la posibilidad de volver a hacer de Av. La Plata un faro deportivo y cultural en Boedo, Buenos Aires y el mundo.

 

Luego de tocar fondo en 2012 los cuervos nos levantamos y logramos la recuperación institucional de nuestro club, el campeonato de 2013, el fideicomiso por la Vuelta a Boedo, la inolvidable Libertadores de 2014, la ampliación de obras en nuestra Ciudad Deportiva, el 4-0 a Boca en Córdoba, la construcción del polideportivo Roberto Pando en Boedo, entre otras cosas que son la demostración de que estamos creciendo. Hoy aquel grupo de hinchas que en 2012 se juntaba para engañar a la tristeza se transformó en agrupación para sumar a este crecimiento, no sólo en el fútbol, sino en todos los deportes y todas las actividades del club. En 2016, al calor de debates internos y reuniones largas se terminó de forjar La Soriano, un espacio de participación abierto y plural con el objetivo de construir un San Lorenzo cada vez más grande. Dimos hace poco un paso fundacional, erigiéndonos como agrupación con metas, ideas y propuestas claras; con el desafío de organizarnos no sólo para alentar a nuestros colores sino también para que nuestros esfuerzos estén al servicio de objetivos mayores para el club.

 

Nuestro nombre recupera el legado cultural del gran Osvaldo Soriano, periodista, escritor excelso y azulgrana enfermo. El nombre del Gordo sintetiza buena parte de nuestros valores rectores, sentimientos e ideas que desplegó desde su pluma a lo largo de toda su obra. Como hombres y mujeres jóvenes, nos sentimos parte de una nueva generación que, tras haber visto como viejas dirigencias arrastraban al club a distintas crisis económicas, futbolísticas e institucionales, no quiere repetir viejos errores. Nos sentimos herederos de aquellos socios e hinchas que el 30 de noviembre del año 2000 le dijeron NO al gerenciamiento de nuestro club. Desde aquel año, todos los 30 de noviembre los cuervos y cuervas celebramos el Día Internacional del Hincha de San Lorenzo en honor a ésa gesta heroica que nos salvó de la catástrofe. Para nosotros, la defensa de los clubes como sociedades civiles sin fines de lucro es la única manera de preservar a nuestro San Lorenzo y a nuestro fútbol de especulaciones económicas que lo único que logran es enriquecer a unos pocos a costa de nuestras finanzas. Al concebir a los clubes como espacios de socialización y recreación, sostenemos que un San Lorenzo grande debe vincularse con la comunidad, particularmente con los barrios del sur de la ciudad, los más postergados de nuestra querida Buenos Aires, promoviendo la participación e inclusión de los pibes y pibas de los barrios cercanos en los deportes y las actividades del club.

 

El lanzamiento de esta web es un paso más en este camino que emprendimos. Nos proponemos, más que hablar “de” San Lorenzo, hablar “desde” San Lorenzo. Es decir, desde lo que para nosotros representa una identidad, un modo de ver el mundo y habitar en él. Porque ser de San Lorenzo, además de una locura, es un modo de ser. Abrimos este canal de comunicación apostando al contenido y a las formas, a que sea un espacio de reflexión y de debate. Trataremos también desde aquí de constituirnos en un medio por el que puedan transitar cuervos y cuervas que representen el sentir por estos colores: dirigentes, jugadores, glorias, trabajadores del club, cuervos reconocidos en el mundo que tengan algo para decirnos. Por historia, somos un club vinculado a los deportes, las artes y la cultura. Desde este lugar nos sumamos a la rica vida cultural que florece alrededor de San Lorenzo, con el objetivo de potenciar y amplificar el trabajo de muchos colectivos de todo tipo que aportan a los colores algo más que noventa minutos de aliento.

 

A La Soriano la hacemos día a día, a pura alma y nervio, un grupo de cuervos y cuervas que en bandada despliegan sus banderas, sus líneas rectoras, puntos de partida; un grupo nutrido de jóvenes con distintas experiencias, oficios y profesiones, voces y maneras de ver el mundo. Una bandada que piensa y siente por igual. Nuestro común denominador es el amor por estos colores. La Soriano es una manera de hacer las cosas, de mirarnos a nosotros mismos, los cuervos, de trazar un puente hacía lo que viene. La Soriano piensa más allá de la línea de cal y la formación inicial, más allá de los noventa minutos (¡pero sin esos noventa minutos no puede respirar!). La Soriano se organiza porque entiende que la organización vence al tiempo. Y en este tiempo quien anide solo tendrá menos lugar para soñar. Mejor en bandada, mejor en colectivo. La Soriano es el barrio de nacimiento y el putativo, es la larga caminata de los sueños de Boedo hacia el sur. Y si “Boedo tiene quien le escriba” queremos

ser pluma negra y tinta de esta historia. Somos, por definición, una agrupación sanlorencista de base. Un espacio abierto, en construcción, reflexivo y activo, una nueva voz para hacer un club cada vez más participativo. Para hacer un San Lorenzo cada vez más grande.


Siniestro total

En la crónica del partido frente al Tiburón de la Costa Atlántica, mi compañero Gonza Gamallo señaló, no sin razón, que daba la impresión de que los jugadores se sentían más cómodos con esta nueva propuesta, pero que los frutos del método Almirón aparecían solo de a ratos, sin la regularidad que se precisa para eso de ganar un partido. Mientras escribo esta nota, Facebook me avisa que se está transmitiendo en vivo la conferencia de prensa del DT azulgrana. Decido no verla y sigo con lo mío. ¿Qué puede decirme George que no sepa? El 95% de las declaraciones post partidos son completamente inútiles, y me parece que estoy siendo generoso. Déjenme decir algo, de una vez por todas: ¡Al fin terminó este año siniestro, por dios! ¿No queda más nada, cierto? Dediquémonos a los deportes que se dirimen en el Pando, que ahí es todo color de rosas. Bueno, pero hay que charlar del partido de hoy, es cierto.

 

Lo primero que tengo para decir es que se pareció muchísimo al de Mar del Plata. De hecho, me vi tentado de hacer copy paste con la nota de Gonza, total, si pasa pasa. Pero a último momento apelé a mi honestidad intelectual y acá estoy, arremangado frente a la pc. Igual que el otro día, la primera media hora del equipo fue de buena a muy buena: toques de primera, laterales proyectados, el triángulo de la mitad de cancha aceitado, los tres pibes de la defensa ordenadísimos, Insaurralde pidiendo titularidad y un Belluschi desplegando alas. Gen Almirón activado: bien el Ciclón. Como en Mar del Plata, no alcanzó. Todo el juego plasmado y la intención manifiesta de quebrar al rival no se tradujeron en un beso a la red.

 

En ese rato de buen juego, se los vio cómodos a Botta y a Belluschi: daría la impresión de que esta ubicación en el terreno favorece el despliegue y la conducción que ambos, pero sobre todo Fernando, están en condiciones de ofrecer. Antes se veían obligados a esperar el balón encerrados contra la raya, divorciados uno del otro y con poca capacidad de generar juego, más allá de algún lateral pasándoles por la espalda. Ahora se hacen dueños de la pelota casi a la par del chico Insaurralde, que se muestra capaz de iniciar los ataques con precisión, y desde ahí pueden avanzar con un panorama más claro de lo que ocurre en el frente de ataque. Reniero abandonaba su posición de área y bajaba a triangular con ellos dos, mientras Salazar y Pereyra se mostraban como receptores por ambas bandas. Esta línea flexible de tres o cinco defensores, permite que ambos puedan proyectarse a la vez, sabiendo que la defensa no se va a desarticular por completo. Así, son seis los jugadores azulgranas que trabajan en la elaboración del juego. Por otra parte, cuando el rival avanza con dominio, los laterales se acoplan a la línea defensiva, conformando un bloque para proteger a Navarro. De todas maneras, la primera herramienta defensiva tiene que ver con recuperar la pelota rápidamente en la mitad de la cancha, y de eso también han dado cuenta Belluschi e Insaurralde, raspando y robando varias. Hasta acá, todo bárbaro. En el último tramo del primer tiempo, el equipo se pinchó un poco y las acciones se emparejaron, pero no pasaría mucho más.

 

¿Y en el segundo? Bué, hablemos del segundo. San Lorenzo encontró la ventaja rápido. El rasta y el pibe Gaich intentaron una pared en el área y un muchacho de Estudiantes metió la mano donde no debía. Penal y buena conversión de Botta. Y una vez que logramos la ansiada ventaja y que ponemos en el rival la responsabilidad de hacerse cargo del partido, generando los espacios para jugar tranquilos, resulta que empezamos a hacer todo al revés. El mismo equipo que muestra serenidad para abrir el marcador, intentando generar buen juego, se enloquece con la ventaja a favor y empieza a hacer todo mal. Claramente, acá hay un factor emocional; estos muchachos vienen sintiendo la presión de una racha adversa que ya ni me acuerdo cuándo empezó, y necesitaban como el agua que pasen dos cosas: ganar o que se termine el año. Una no se consiguió, la otra gracias a dios sí.

 

Al que no tenemos nada para agradecerle es al fenómeno de Mouche, que entró, se hizo el que se ponía el equipo al hombro y decidió hacerse cargo del segundo penal que nos había cobrado el refereé. Botta, Belluschi, Reniero: cualquiera de ellos pudo haberlo ejecutado. Pero el caprichoso de Pablito agarró la pelota y se la alcanzó a Andujar. Después de eso, lo que decíamos: el desorden, el nerviosismo y los errores no forzados que empezaron a aparecer en todas las líneas y que le dieron al Pincha la chance de agrandarse y de empezar a generar peligro en ataque. Pereyra no tocó una pelota por la izquierda; Salazar metió pero no prosperó y terminó dejando el campo dolorido. Almirón trató de meter un volantazo y de ordenar al equipo con las clásicas dos líneas de cuatro: para eso lo hizo ingresar a Ariel Rojas, que volvió a no hacer nada productivo. Estudiantes lo empató de penal cerca del final, igual que nos pasó en Mar del Plata, y durante los últimos minutos del partido pasaron cosas extrañísimas en las que no me voy a detener. Chau 2018, gracias por todo. Y si se lo cruzan a Pablito Mouche por la calle o haciendo compras en el chino del barrio díganle que le mando saludos.


Hagan sus apuestas

Ya más de 30 días pasaron desde que el Var puso a River en la fatídica y famosa superfinal de un siglo que recién comienza. La superfinal de un siglo horrible será.
Piedrazos, lluvias y, en el medio, los únicos que deben haber suspirado son los miembros de nuestro cuerpo técnico y los jugadores. Un tiempo más para amalgamar la idea no venía mal; de qué serviría probar este nuevo y atrapante modelo de San Lorenzo y someterlo a un hipotético mal paso en el clásico de barrio más grande del universo. De nada: para darle de comer a la runfla que sueña con vernos caer.
La ansiedad tuvo un pequeño bálsamo cuando nos dijeron que podíamos ir a MDQ a ver a nuestro querido San Lorenzo. Y como si la bosta esa de Boca- River no fuera suficiente, vinieron los principales líderes del mundo y chuparon a toda la policía para sí. Sin su gloriosa hinchada saltó a la cancha entonces el equipo del mudo Almirón.
Lo primero que vale la pena rescatar es que el DT usó ropa deportiva: este cronista banca las camperas. ¿Qué mierda tendrán que ver los trajes y la etiqueta con el fútbol? Nadie lo sabe. Vas a la cancha, está todo meado, los policías te empujan, la gente está sacada, pero los técnicos están de traje ¿A quién se le ocurre?
San Lorenzo jugó 25 minutos que deben enorgullecer a don Jorge. Por la mañana discutíamos si el equipo era más ofensivo o más defensivo que el de Biaggio: en los papeles salía un volante y entraba un defensor. Los dos laterales se encontraron visiblemente más cómodos en esta situación de partir desde el mediocampo para atacar y retroceder hasta la posición para defender. A Biaggio le tiraron 950.000 centros.
Reniero tuvo 3 chances para convertir durante la primera etapa. Una a los 13, tras una jugada hermosa que hizo delirar a los amantes de la belleza. Dos toques por aquí, dos toques por allá, todo a dos toques: ese es el mejor aderezo que le puso Almirón a este panchito. La bocha fue y se estroló en el travesaño. Luego a los 22 y a los 30. Situaciones claras. El chico un día de estos se va a despachar y va a empezar a hacer goles sin parar. Su mechón rubio no lo ayudó.
San Lorenzo jugó 25 minutos casi muy buenos y luego la merma física se hizo evidente. Tuvo una Aldosivi en los pies del reggeatonero Ozuna que no fue gol por muy poco.
El método del DT requiere gran despliegue y buen control de balón. Hay que tocar y buscar el espacio. Circulación y ocupación del territorio, mostrarse, pedir el balón.
Durante el segundo tiempo pasó de todo menos aquello que tan famoso lo hizo a Jorge. Nunca tuvimos ni la circulación ni la destreza que tanto lo engalana. Nos hicieron un gol lindo a los 4, dedicado a todo el menottismo aspiracional. Toqueteo por derecha, desborde, centro, un poco de orto y el muchacho Villalba entró de frente y le pegó con alma y vida. Lo empata el tanito Ferrari en un gol de pelota parada: hacía como 25 años que no metíamos un gol de pelota parada. Como tocado por la varita mágica desoye el mandato del sistema al minuto 20. En vez de privilegiar la tenencia y todo ese tipo de detalles que nada aseguran en la vida revoleó una pelota hacia la misma nada. El balón sobró al líbero de Aldosivi y nuestro misionero teutón Gaich aprovechó y dio vuelta el partido.
La vida es cruel y paradójica: ¿qué le hubieran dicho al pampita si sacaba al 9 para poner otro volante de marca? Así, colgado del travesaño y todo, no pudimos aguantar el resultado. El negrito Chávez nos empató el partido sobre la hora. Es una pena que no esté en nuestro club.
El debate está en la mesa.
San Lorenzo ha mejorado en algunos aspectos y ha empeorado en otros. Por momentos mostró cosas buenas pero siempre por breves lapsos. El planteo de hoy lució más cómodo a prácticamente todos los jugadores. La idea del DT seduce pero, como todo en la vida, no garantiza nada. Necesita rodaje, crédito y acompañamiento. Se lo daremos, que nadie tenga dudas.
En nuestro país esta discusión es vieja: están los que creen que el fútbol bello otorga más posibilidades de ganar y estamos los que creemos que el fútbol bello da más posibilidades para perder. Hagan sus apuestas, cuervos y cuervas pero por favor: no subestimemos más al fútbol defensivo.