Meses: enero 2019

La mochila del mochilero

San Lorenzo volvió a decepcionar en su excursión a Varela. Perdió sobre la hora y quedó a pasitos nomás del fondo de la tabla en una situación que comienza ser desesperante. Acuciado por un síndrome peligroso: el de ser endeble para cerrar los partidos.

Las posiciones en la tabla hablaron por si solas durante el primer tiempo. San Lorenzo se vio superado por la presión y la dinámica del equipo del rubio ex ayudante de Sampaoli. Sin generar demasiadas situaciones, pero desbordándolo en todos los aspectos del juego, Defensa lo acorraló y lo tuvo maniatado en gran parte de la primera mitad. El pobre Peruzzi la pasó como el dia que Gaudio dijo “que mal la estoy pasando”. El colombiano Torres parecía desesperado por no dársela a nadie y patear al arco desde cualquier lado. Belluschi erró prácticamente todos los pases y Blandi fue un espectador de lujo. Nada para rescatar en esa primera mitad: una pelota parada y un centro cruzado del colombiano que el susodicho capitán no logró capitalizar. Mucho para reordenar tuvo el laureado DT azulgrana durante el descanso.

El complemento encontró a la visita mejor parada y a Defensa mermado en su insoportable presión. El trámite se volvió parejo; sin embargo, nunca logramos llevar peligro al arco rival. Tuvo una Márquez, luego de una contra ridícula de esas que ya acostumbra San Lorenzo cuando avanza y rifa el balón de manera inexplicable. La pelota pegó en el travesaño. Entró Alexis Castro lleno de ganas de demostrarle al runrún sanlorencista otro motivo para ir al psicólogo. Puso una pelota quirúrgica para otro mano a mano de Márquez que milagrosamente salvó Gonza cuando Monetti ya estaba vencido. Y sobre el final lo de siempre: Belluschi quiso justificar el ingreso de Mouche (no la tocó) mientras comandaba un contrataque que parecía peligroso y entregó displicente al rival que arrancó con una contra letal con todo San Lorenzo mal parado. Todo el tiempo del mundo tuvieron los atacantes de Defensa y muy solo, sin nadie que retroceda con ganas, Márquez tocó suave al costado de Monetti y adiós, a dormir sin cenar otra vez.

Este cronista no tiene ánimos de comparar a los refuerzos con los juveniles que prestamos. Ni de hacer un balance sobre qué sentido tuvo intentar afianzar jugadores del club para ahora traer gente que, en el mano a mano, hombre por hombre, puesto por puesto, no parecen ser demasiado más que los que han sido prestados o relegados a la reserva. Fértoli muestra cosas interesantes y el arquero parece ser bueno.

La mochila psicológica de que te emboquen siempre en los últimos cinco minutos parece agigantarse como para ese mochilero que a medida que trepa sobre el nivel del mar sufre la influencia negativa de la fuerza de gravedad. Agigantando su carga.

Ojalá pronto salgamos de esta ola de amargura, ciclón. Ojalá el famoso Almirón logre plasmar su revolucionaria idea y San Lorenzo deje de ser este equipo anodino que no patea al arco y no defiende bien. Había mejorado con Huracán y hoy se vio superado por una institución que apostó a consolidar un proceso con jugadores propios. Todo lo contrario a lo que hemos hecho nosotres. Tampoco parece tan extraño que el escolta del campeonato le gane a uno de los últimos: sucede que nos cuesta mucho aceptar el lugar que ocupamos hoy en la competencia oficial. Se viene el Independiente de los drones. Es tiempo de levantar cabeza y volver a la senda del triunfo antes que comience la Libertadores.


Un arranque a la altura

Calor y cancha llena. Nunca entendí cómo hace esa gente que se clava todo el partido en la popular con la casaca puesta, al sol, sin chistar. Tengo entendido que somos la única hinchada del fútbol argentino que se morfa el sol de frente en condición de local. Dato sonso pero que viene a reafirmar que somos una hinchada sufrida. Se extrañaba a San Lorenzo. Muchas semanas entrando a los portales de noticias del club, leyendo refritos de notas y esperando encontrar no sé qué en esos párrafos desganados. Ya está, la espera terminó, el cuerverío contento y un clásico que debió haberse jugado cuando la manteca costaba 40 mangos. En la previa, reinaba una suerte de incertidumbre a propósito de los players que vestirían por primera vez la camiseta azulgrana: de dudoso pasado reciente, sobre todo los llegados de tierras cafeteras, había que ver cómo respondían. Monetti es el arquero titular del ciclón y era fija para hoy. Loaiza fue confirmado en la mitad de la cancha, en lugar de Poblete, y Fértoli aparecía en la ofensiva, habiéndole ganado la pulseada al flojito de Mouche.

 

El cinco colombiano se llevó los primeros aplausos antes de los diez minutos de juego y mantendría su nivel prácticamente durante los 90. Firmeza en la marca, prestancia en la salida y poco margen de error en las entregas. Fértoli metió e intentó colaborar en la creación de los ataques por la banda derecha y Monetti sacó una bola tremenda promediando el primer tiempo y recordando a una bocha que tapó el Cóndor Torrico frente al mismo rival, un par de años atrás y en ese mismo arco. Por mucho que me pase la noche con las manos en el teclado y la mirada perdida en la pantalla, no voy a encontrar las palabras adecuadas para describir la tarjeta roja que le mostraron a Coloccini, cuando iban 30 minutos y monedas de juego. Al árbitro en cuestión ni lo voy a nombrar, solo diré que si tipean su apellido en YouTube, lo primero que van a encontrar es la muestra de por qué este muchacho no debería estar dirigiendo en la primera división, y menos un partido como San Lorenzo vs Huracán.

 

El nivel de juego desplegado por San Lorenzo, a lo largo de los noventa, fue de aceptable para bueno, pero lo más importante fue que el equipo mostró resto físico: no se desmoronó como se desmoronaba todo el tiempo en su versión 2018. Aguantó, se rebeló frente a la expulsión, salió a jugar el segundo tiempo con hidalguía y obligó a Huracán a ser cauto y por momentos a buscar refugio cerca de su propia meta. Pasados los 25 minutos de la etapa final, ya nadie se acordaba de la diferencia numérica y daba la impresión de que el gol estaba al caer. Saltó a la cancha Torres, el otro colombiano, para acompañar a Blandi en el ataque, y más cerca del final Peruzzi clausuró la banda derecha junto al pibe Herrera, que tuvo varias incursiones en ataque. Senesi condujo al equipo desde el fondo como el gran jugador de fútbol que es. Belluschi parece decididamente recuperado y en más de una ocasión puso a un compañero mano a mano contra el arquero rival. Botta y Blandi, uno por tiempo, no le acertaron a la red; si no estaríamos hablando de otra cosa.

 

Faltando cinco minutos para el cierre y no habiendo conseguido la ventaja que había buscado, el equipo bajó un cambio y pareció aferrarse al empate, después de haber disputado una hora de juego con un hombre menos gracias a una acción que, mañana, los propios hinchas de Huracán reconocerán como injusta. Ya está, no importa. Lo importante es que el San Lorenzo de Almirón puso primera y la impresión es buena. Desde las cuatro tribunas bajaron aplausos para cada uno de los refuerzos, que, ahora sí, sabemos que están en condiciones de ser refuerzos para el equipo, después de haberlos visto con la pelota en los pies (y en las manos). Menos incertidumbre para el partido que viene y más banca para este equipo. Se vienen dos paradas bravas, pero estamos de pie. Ah, el referee se llama Merlos, por si querían buscarlo en YouTube.