Meses: febrero 2019

El clásico de Avellaneda

Me perdí el primer tiempo del clásico pero alcancé a ver casi todo el segundo. Gran partido, de ida y vuelta, con 22 tipos enchufados, pidiéndola, buscando el hueco, desbordando, tirando gambetas e intentando ser profundos en el ataque. Un nivel de intensidad digno de ver, más allá de que por momentos hayan logrado más o menos volumen de juego. Cecilio y Benítez obligando por el lado del Rojo, Verón desbordando y metiendo un centro punzante para el empate transitorio y el joven Menéndez que siguió intentando cuando lo reemplazó. Chelo Díaz distribuyendo en el medio campo del puntero, Zaracho metiendo, lo mismo Solari cuando le tocó entrar, Cvitanich clave para desnivelar el marcador y Licha López que se comió la cancha y a esta altura del partido es el mejor delantero del fútbol nuestro de cada día.

 

¿Y qué joraca tiene que ver esto con la visita de San Lorenzo a Córdoba? Bueno, los contrastes sirven a veces para explicar algunas cosas. Mientras corrían los minutos en Avellaneda y la intensidad del juego no mermaba, y cuando parecía que los jugadores estaban bingo fuel y sin embargo daban un poco más en cada pelota, yo no podía dejar de preguntarme qué mierda les pasa a los nuestros. Que alguien me explique qué les pasa. Se supone que son chabones tan atléticos como sus colegas que juegan para otros equipos (¿es así, no?). Últimamente tengo la impresión de estar viendo un partido de solteros contra casados, cada vez que juega San Lorenzo, y nuestros jugadores tienen los anillos puestos, pero unos anillos que pesan como 20 kilos. Parece que la vida les pasó factura a nuestros muchachos, aunque el míster quiera zafar después del match, diciendo que está muy conforme con la actitud y blablablá. Cuando terminó el partido, lo primero que hice fue rogarles vía WhatsApp a mis compañeros y compañeras de La Soriano para que me tiren un par de puntas sobre ese desastre que acabábamos de atestiguar. Era inenarrable lo que había visto, tanto o más de lo que veníamos viendo.

 

Un compañero opina que, durante los partidos anteriores, al menos se vislumbraba algo de lo que pretendía Almirón. Hoy ya ni siquiera eso. Otro dice que se tocó fondo en cuanto al rendimiento y enseguida viene la aclaración de que encima jugamos contra uno de los equipos más flojos del torneo. Alguien quiere rescatar los primeros quince del segundo tiempo pero ese consuelo no parece arreglar a nadie. Otra habla de la mala leche por el cabezazo al travesaño de Castellani (pero ya me dá un poco de escozor hablar de “mala fortuna” en estas crónicas). Salta un dato en el grupo: el último partido que ganamos de visitante fue en abril del año pasado. El Mundial de Rusia parece que fue hace mil años, ¿no? Bueno, imaginate entonces ese triunfo otoñal.

 

Bueno, no me queda más remedio que escribir sobre el equipo. Quiero empezar por los puntos rescatables: tenemos un buen arquero, una buena zaga central y dos (y hasta tres, contándolo al pibe Insaurralde) buenos mediocampistas centrales. Listo, nos vemos, buena semana.

 

Está bien, sigo: muy flojo el primer tiempo que hizo ayer el pibe Herrera, inseguro, perdiendo la banda y no pudiendo concretar en ataque. Por el otro sector, Pérez no demostró casi nada. Botta dio algunos pases bien e intentó triangular, pero ya estoy harto de hablar de buenas intenciones. Todos esperábamos más de Botta y está claro que no está colmando esas expectativas. Debería comer un poco de banco, tal como lo hicieron sus compatriotas Blandi y Belluschi. Rentería aparecía como única punta en la previa, de acuerdo a lo que se había visto en la semana, pero, sin embargo, se paró contra la raya y perseguía infructuosamente al 4 pirata en cada incursión que hacía. El colombiano mostró una apatía y una displicencia demasiado irritantes por haber sido su presentación en sociedad (no quiero pensar lo que será cuando agarre confianza). Cerca del final, condujo un contragolpe que pudo haber sido el gol de la victoria, pero en lugar de acelerar se le dio por frenar la jugada, haciendo posible el reacomodamiento de las remeras celestes. Torres, otro ex verdolaga, volvió a ingresar en el último tramo del partido y demostró otra vez su aparentemente innata torpeza con el balón. A menos que la comunidad internacional nos quiera enviar un poco de su desinteresada ayuda humanitaria, el panorama pinta difícil en Boedo. Hace varias crónicas, vengo diciendo que para mí una de las claves para dar vuelta la taba es la posición de Nicolás Reniero. Si el DT cuervo lograse que el Príncipe juegue feliz, eso va a traernos buenas noticias a los hinchas. Ayer apareció a cuentagotas, pero, en síntesis, sigue sin poder recuperar el nivel que supo mostrar apenas se calzó la casaca azulgrana. Seguimos en la dulce espera. Pero, al margen de posicionamientos concretos, la falta de intensidad que muestra este equipo cada vez que sale a la cancha es la faceta más preocupante que yo puedo percibir. El avance con la pelota en los pies es cansino, los pases son previsibles en un 99%, no hay despegues, no hay desmarques, no existe la búsqueda de los vacíos posibles ni parece haber margen para la creatividad en la cabecita de quienes comandan los insulsos ataques azulgranas. El viernes, otra prueba en nuestra cancha. Vamos a ver qué escribimos después


Damián Stazzone: "San Lorenzo generó una revolución en el mundo del Futsal"

El verano porteño se siente fuerte y Damián Stazzone acaba de volver de sus vacaciones. Se fue a Córdoba con su novia y la perra de ambos. "Agarramos la camioneta y nos fuimos, en el medio visitamos a familiares", cuenta mientras prepara el mate en el Polideportivo de Boedo, su segunda casa, allí donde salió campeón de AFA hace apenas semanas. Había llegado minutos antes que nosotros, y ahí nos estaba esperando con su remera de los Sex Pistols, con la calma de quien cumplió con su deber tiempo atrás.

Subimos a la platea y prendemos el grabador, mientras peloteamos de música, deporte y tipos de yerba. Stazzone es atento en cada detalle, como pasa adentro de la cancha a la cual estamos mirando. Entramos en una charla donde van a abundar las risas, pero también la emoción.

- ¿Cuál es tu primer recuerdo vinculado a San Lorenzo?

Tengo dos, que son muy cercanos. Uno es en cancha de Vélez: yo tenía 8 años, año 95, que perdemos. Me acuerdo que mi viejo rompe el carnet y dice: "no vuelvo nunca más a la cancha". Mi viejo de la calentura nos perdió y nos encontró mi tío. Yo a la cancha iba de mucho antes, pero éste es mi primer recuerdo. Y después me acuerdo dos fechas después, en Rosario. De ese día me acuerdo todo. Mi vieja no quería dejarnos ir. Mi viejo la convenció. Fuimos con mi viejo, mi hermano y tres primos en el auto. Me acuerdo que al llegar a Rosario nos intercambiamos las camisetas con los hinchas de Central. Nosotros habíamos conseguido plateas. Me acuerdo que la gente gritó un gol: el de Mazzoni en La Plata. Y cuando terminó el partido. Mi hermano se metió en la cancha. Yo me quedé en la platea.

- ¿Cómo fue tu arranque en el mundo del Futsal?

Empecé a los 13 años. Yo nunca jugué en cancha de 11. El técnico era Fernando Verón. Año 99/2000 debe haber sido. Ahí arranqué. Pasé por todas las categorías hasta llegar a primera en 2004. En la selección, la primera convocatoria fue en 2010. No jugué las eliminatorias ni del Mundial 2012 ni del Mundial 2016. Participé en los dos mundiales, pero no en las eliminatorias.

- ¿Qué se siente al salir Campeón del Mundo con la Selección Argentina?

En el momento no tenés sensación de ser Campeón del Mundo. No te das cuenta. Ahora tomamos un poco dimensión de lo que logramos. En la historia del Mundial del Futsal siempre ganaban España y Brasil. Fue un sueño. Nuestro objetivo era llegar por lo menos a semifinal. Salir campeones lo veíamos lejísimos. Brasil y España quedaron afuera y ahí empezamos a soñar.

Yo en este sentido soy muy crítico. No me gusta que una victoria se vea como una hazaña. A mí me gustaría mucho más que sea más normal que Argentina llegue a este tipo de situaciones, con un proyecto atrás de la comisión de Futsal. Yo siempre digo que en el deporte es importante el rol del Estado, en todo sentido, y después en cada deporte es importante la Federación. Ahí en la época del mundial sí hubo un proyecto en el Futsal. Me gustaría que los de 18 o 20 años no tengan que irse a vivir al exterior para practicar deporte. En este sentido me molesta un poco, que siempre tenga que ser una hazaña o que haya que esperar que aparezca un Maradona o un Messi, me gustaría que haya un proyecto atrás, pero no lo veo.

- ¿Que el Futsal esté adentro de AFA/FIFA ayuda? ¿Estás de acuerdo con eso?

En algunas cosas ayuda, porque tiene una estructura muy grande. Por ejemplo, si vas a jugar una Copa América o un Mundial, la organización es prácticamente igual que en fútbol 11. En otras cosas puede no sumar porque le dan más bola al Fútbol que al Futsal. Para mí si hay un buen proyecto de la Comisión de Futsal puede aprovecharlo AFA y que crezca el deporte.

- ¿Cómo viene el año para San Lorenzo?

El objetivo es la Libertadores, pero yo siempre trato de pensar en el día a día. La Libertadores me genera una ilusión enorme, pero trato de tener metas más cortas, objetivos más cortos. No me gusta no darle importancia al día a día porque te puede perjudicar.

Nosotros somos un equipo que no nos sobra nada. Todos nos cuesta un montón porque es un deporte muy parejo y nosotros no somos un equipo de súper estrellas. Somos un buen equipo, hay buena energía de grupo, hay mucho trabajo del cuerpo técnico. Nos cuesta ganar una Copa Argentina, un torneo local y nos va a costar muchísimo y lo veo re contra difícil ganar la Libertadores. Por eso nuestro objetivo es salir a dar el máximo, sabemos que estamos en un club donde te siguen muchas peñas, mucha gente y queremos se identifiquen con la entrega y, si perdemos, que la gente sienta que dejamos todo.

 - ¿Cómo fue salir campeón con San Lorenzo, con el equipo del que sos hincha? Te veíamos en el festejo de la Copa Argentina, en ese abrazo llorando con Mariano Quintairos...

La Copa Argentina para mí fue un desahogo. La final la sufrí. Todo el tiempo. Fue un desahogo porque yo volví a san Lorenzo en 2014. El Club se estaba ordenando, pero se peleaba por el descenso y sufrimos todos esos años. Después en el 2017 Matías Lammens se metió de lleno con nosotros, puso un presupuesto alto, arregló las cosas. Y no ganamos nada en el 2017. Yo sentía la presión y quería ganar algo porque el Club estaba apostando y la Copa Argentina fue un desahogo emocional como jugador que no pude contener y Mariano (Quintairos) fue uno de los que vivió todas estas etapas conmigo y además es amigo mío de toda la vida, nos encontramos ahí en ese abrazo y nos dijimos “nos sacamos esta mochila”.

Creo que salir campeones de la Copa fue importante para ganar después el torneo. Ganar la Copa fue un desahogo. Ganar el torneo en Boedo fue un sueño. Yo no me acuerdo con quien lo hablé, pero tenía el sueño de salir campeón en Boedo. Y hoy con 32 años siento que deportivamente los sueños los cumplí todos. Me gustaría ganar la Libertadores, pero no le puedo pedir más nada a mi carrera. Más allá de que me lo tomo como profesional, para mí el deporte no es sólo una cuestión profesional o económica. Yo siempre le pongo la pasión y el corazón. Salir campeones en Boedo fue una locura.

El Futsal de San Lorenzo creció hace poquito. Hace poco tomó un poco de repercusión y conocimiento. Yo tengo una vida de anonimato de ir a la popular de toda la vida y ahora me da un poco de vergüenza que me saluden en la cancha. Me encanta tener repercusión en el Club, pero me incomoda un poco.

- ¿Cómo ves ese gran acompañamiento por parte de las Peñas y de los hinchas de San Lorenzo en un deporte generalmente no masivo como el Futsal?

En el mundo del Futsal genera algo novedoso. Porque si bien hay un montón de equipos que invierten mucho, no hay equipos que lo sigan de manera masiva. A nosotros nos pasó de ir a Ushuaia y que haya una bandera enorme de los Cuervos del Fin del Mundo. Y lo mismo pasa acá. Yo tengo amigos en Boca y cuando vienen a jugar a Boedo no lo pueden creer. Se genera una revolución en el mundo del Futsal.

 

 

 

 

- Una cosa que valoramos mucho de vos es tu inquietud social vinculada al Club. Hace poco el plantel fue a visitar al Club Atlético Madre del Pueblo. ¿Qué posición tenés como capitán del Futsal sobre el papel social que juega San Lorenzo como Club en el sur de la Ciudad?

Creo que el deporte tiene que tener mucho más vínculo con la sociedad. Los futbolistas deberían tener más conciencia social, de formación, para entender el rol que cumplen en la sociedad argentina. Creo que no es casual. Creo que la idea es que los futbolistas vivan en otra realidad, y si se quieren meter en lo social enseguida se los critique. Yo como jugador de Futsal no tengo ni un poquito la repercusión que puede tener un jugador de cancha 11 y tengo mucha menos presión. Esto me da la libertad de declarar lo que quiera o hacer una actividad social porque soy consciente que no voy a recibir los zócalos de la televisión. Tengo una ventaja en ese sentido.

Yo creo que los jugadores son víctimas de esto porque son pocos. Si fueran más pasaría a ser la normalidad. Si lo hace un jugador por equipo lo van a matar. Deberían ser 10 por equipo. El problema es que a los jugadores sólo se les exige patear una pelota. Las víctimas más grandes son los pibes que quedan en el camino los que a los 20 años no pudieron firmar su primer contrato y que quedan afuera sin ningún tipo de formación después de dedicar toda la vida al fútbol. Y en este sentido los medios de comunicación no juegan un rol positivo. No dicen que detrás de un Tévez o de un Tito Villalba hay un millón de pibes que quedan afuera. Es uno de un millón que llega.

Por esto me gustaría que haya un proyecto de parte del Estado para que los pibes que no llegan por lo menos tengan una formación y una contención, que por lo menos no lo vean como un fracaso y que puedan dedicarse a otra cosa, a otro oficio, a estudiar y seguir de otra manera. El resultado es que, por ahí yo soy muy crítico, pero hay pibes a los 25 años que no saben hacer una declaración y a estos jugadores los ven un montón de chicos que van a pensar que es normal no saber hablar y que sea todo banal. Que los futbolistas solo tengan que hablar de autos, de minas, de guita, de ropa y nada más. Lo normalizamos. En un deporte como el futbol, que llega a todo el país, los futbolistas con un gesto podrían mover un montón de cosas.

Lo que pasa es que el futbol es un negocio y conviene que los futbolistas sean ignorantes. No lo digo despectivamente, no es de agrandado. Valoro esto del Futsal. Como es un deporte menor yo tuve la posibilidad de terminar el secundario, laburar de otras cosas e ir a la universidad. Tengo la suerte de poder tener contacto con las cosas y además de la suerte, gracias al círculo social en donde nací. Lamentablemente en un montón de países esto es determinante: la diferencia entre nacer en un hogar de clase media o de clase baja.

- ¿Estás cursando estudios universitarios?

Hice los tres años de periodismo, me recibí y tenía varios convenios, entre ellos con la Universidad Nacional de Quilmes. Y ahí arranqué Comunicación Social: hago 4 materias por año. Podría cursar más, pero me gusta ir a las clases con calma, voy dos veces por semana. La carrera me la tomo como formación personal. Me va ayudar para lo que quiera hacer: si quiero ser técnico me va a ayudar, si quiero ser dirigente también. Mi idea es seguir vinculado al Futsal, estoy haciendo el curso de técnico.

- En 2018 se pudo frenar el proyecto de las Sociedades Anónimas Deportivas. ¿Cómo se ve desde el Futsal esa lucha contra la privatización de los clubes?

Como jugador de Futsal te digo que en un club gerenciado la disciplina no existiría. Porque es un deporte en desarrollo que no le da ganancias a ningún club: se invierte mucho y tampoco tenés mucho reintegro, hablando estrictamente de lo monetario. En mi opinión personal, creo que sobre todo en Argentina, los clubes reemplazan el rol del Estado. Porque muchos chicos gracias a los clubes tienen acceso a ropa, a comida o a que el papá de un amigo lo ayude en la escuela, en los traslados. Los clubes son importantísimos en el entramado social de los barrios argentinos. Tienen un rol social muy importante en Argentina. Muchas veces, cuando te hablan de gerenciar los clubes y de las SAD, te las quieren comparar con Alemania, España e Inglaterra; pero son realidades totalmente distintas. Acá vos no podés dejar afuera Patín Artístico porque da pérdidas. No podés exigir que los chicos paguen una cuota de 2500 pesos para practicar patines y generar superávit, porque así no existiría ningún deporte. Yo obviamente siempre voy a estar en contra de las SAD.

- Estamos en una situación latinoamericana complicada, en Brasil el Presidente es Jair Bolsonaro. El otro día te vimos en la cancha de San Lorenzo, en el clásico contra Huracán, con la remera del jugador brasilero Socrates, el que impulsó la llamada democracia corinthiana. ¿Por qué el ejemplo de Sócrates?

Para mi ahí está la diferencia entre el deportista formado y que se compromete con lo que pasa en el día a día de la sociedad.  De Sócrates tomo esto, el compromiso que tenía con sus ideales, lo de manifestarse públicamente, tomó partido para defender sus ideales sabiendo que le podía jugar en contra. La remera me la regaló un hincha de San Lorenzo.

Como les decía antes, muchas veces los futbolistas no se quieren manifestar porque no quieren perder reconocimiento, cariño o posibilidades. En el futbol nadie se manifiesta. Entre los actores y los músicos es más frecuente que alguien se manifieste, mientras el futbolista parece que sólo tiene que jugar a la pelota, declarar en determinado medio, tener un buen peinado, tener un buen reloj, un buen auto y subir fotos a Instagram. Esto me da bronca, porque el futbol es el deporte más popular del país.

- Hablamos con Gabriel Bolo Alemany antes de la nota. Nos decía que vos lograbas una "heterogeneidad conducente". Y que es increíble lo persuasivo que sos.

Creo que hace referencia a la energía que se genera en los grupos. De 2014 siempre hubo una energía positiva, para ir adelante. Y él tuvo mucho que ver en eso.

- Bolo también nos contó algo más: dice que después de un entrenamiento, en medio de una broma, dejaste a un compañero sin remera...

Fue el año pasado (risas). En los últimos meses hubo muchas maldades, nos sacábamos la toalla. Y yo en un momento salí de bañarme, y se habían llevado mi remera. Y me llevé la remera de Menseguez, que se tuvo que ir con un polar, muerto de calor.

 

- Ping pong

1- Matías Lammens: es un dirigente que tiene capacidad mucho más allá del fútbol, que es lo que me gusta en un dirigente. Tiene conocimiento de la realidad de la sociedad, y además consideración por todo lo que pasa en el Club.

2- Pipi Romagnoli: es un ídolo de perfil bajo. Lo que más le valoro es la lealtad que tuvo con San Lorenzo, sobre todo en los últimos tiempos.

3- Eli Medina: me parece una crack y también un ejemplo de la diferencia que hay entre el deporte masculino y femenino. Ella ganó todo, es una crack, es recontra reconocida en el mundo del deporte pero al haber tanta diferencia entre el deporte masculino y femenino tengo más repercusión yo o un compañero mío que ella.

4- Lucas Bolo Alemany: lo comparo en algo con el Pipi. Una persona positiva a pesar de que no jugó todo el año, es un líder sin necesidad de ser protagonista dentro de la cancha.

5- Ruscica, el DT del Futsal: un enfermo. No para de hablar de Futsal. Como técnico te lleva al máximo. Lo re valoro. Muy comprometido. Un ejemplo como persona, como líder.

6- Tu familia: mis padres me siguen a todos lados. Tengo un vínculo muy especial con mi hermano. Él se dedicó siempre a cancha 11 a full, tuvo mucha mala suerte. Se lesionó. Yo tuve mucha más suerte. Con mi hermano compartimos todo desde chiquitos (se emociona). Jugar a la pelota en la vereda, en el patio de casa, ir juntos a la cancha. Es la persona con quien tengo más vínculos de la familia.

 

 


Don Juan

Mi viejo me contó la historia varias veces: a él no lo hizo hincha de San Lorenzo mi abuelo David, un entrerriano bien querible al que el fútbol no parecía entretenerle. La pasión se la convidó un vecino llamado Don Juan, que atesoraba en Villa Ballester unos banderines azulgranas que le daban color a su vivienda. Así fue que Héctor, el niño inquieto de una generación sin millennials ni centennials, abrazó la pasión por el club de Boedo, sin siquiera pisar las calles del barrio: a través del encanto hipnótico de los colores.

Nunca conocí a Don Juan, por obvias razones generacionales. Mi viejo cuenta que comía un churrasco de madrugada, antes de ir a su trabajo: literalmente se desayunaba el almuerzo. Y que una noche, ya más grande, su corazón azulgrana dijo basta mientras estaba sentado en su vivienda. Al parecer murió tranquilo, sensación que los y las cuervas no solemos experimentar durante los partidos. Tampoco eran épocas de grandes chequeos de rutina en el médico, nutricionistas y psicólogos: se marchaba más temprano al otro barrio. Desconocer a veces aliviana, como en todos los órdenes de la vida.

De haberlo visto alguna vez, le tendría que haber agradecido: por herencia paterna amo estos colores, me identifico con los valores sociales que profesa el club, y pertenezco a los millones que cada fin de semana mutamos nuestro ánimo en relación a lo que pase con San Lorenzo. Incluso no sabía de esta historia cuando, a fines de 2001, saqué dos entradas para la final de la Copa Mercosur: fuimos con Héctor al codo Q, aquella noche que el Coco Capria nos hizo tocar el cielo con las manos, y le declaramos al Ingeniero Pellegrini nuestra admiración eterna. Antes había pasado el Estado de Sitio, que se llevó puesto a De la Rúa y postergó un mes el partido, en una Argentina quebrada por los de siempre.

Qué pena que Don Juan no pudo ver la Copa Libertadores 2014, pienso mientras escribo. Le hubiera encantado el estilo verbal de Patón Bauza, el planteo aguerrido de un equipo que nunca se daba por vencido, el estallido del Pedro Bidegain por el gol del gordo Ortigoza. ¿Seguro que no la pudo ver?, digo y me acerco a otra pregunta crucial, fuerte, pujante, que nos taladra a los ansiosos: ¿San Lorenzo jugará en el más allá?. "Es el equipo del Papa Francisco" me dijo una vez un amigo, cuyo padre ya no está por acá. Me gusta la idea de esas plateas más altas, parafraseando al Indio Solari en recital de Los Redondos. Ojalá exista un más allá donde Don Juan le cuente al Padre Lorenzo como hizo dos generaciones de cuervos, mientras ambos reciben a Batman Buttice y le preguntan como anduvo la celebración por el 50 aniversario de Los Matadores. Ojalá.


El nudo

Yo no tengo ganas de ponerme a sacar estadísticas. Terminan los partidos de San Lorenzo y no tengo ganas de nada, últimamente. Pero me gustaría que alguien lo haga: si los segundos tiempos duraran 40 minutos en vez de 45, ¿cuántos puntos tendríamos en este campeonato? En serio, me encantaría saberlo. Y no es que le quiera buscar la quinta pata al gato. No es que quiera acomodar las cosas de manera tal que podamos limpiar un poco la imagen del equipo. Es que me resulta demasiado evidente, demasiado llamativa, la cantidad inmensa de puntos que dejamos en el camino durante los últimos minutos de cada partido, a lo largo de todo este campeonato, con Biaggio primero y con Almirón después. ¿Cómo se entiende esto?

 

El equipo se había ido aplaudido al descanso, después de un muy buen primer tiempo, y todos nos acordábamos del partido épico de 2012 pero no queríamos decir nada. No queríamos decir que esa remontada gloriosa contra el Newell’s del Tata Martino había significado el punto de inflexión entre dos historias muy diferentes: la lucha por zafar del descenso quedaría atrás y comenzaría a diseñarse el equipo que levantó la Libertadores dos años después. No es que andemos cerca de pelear otra copa, pero sí que teníamos ganas de que sea éste, y no el próximo, el partido que cortara de una vez por todas esta racha de mierda que nos tiene a maltraer.

 

San Lorenzo jugó un más que aceptable primer tiempo, con dominio sostenido hasta los 30 que no logró transformar en gol, y entonces el murmullo silencioso, el temor de que esta racha se prolongue eternamente. Hace cuatro o cinco partidos que nos venimos dando aliento entre los y las hinchas, diciéndonos en la previa que hoy sí, que hoy tenemos que empezar a ganar. Yo creo que el temor no tiene que ver estrictamente con lo futbolístico, pienso que la mayoría de los cuervos y las cuervas confiamos en el plantel que hay y en el cuerpo técnico que lo conduce. El temor, y el “hoy sí hay que ganar”, tienen que ver con una necesidad de que no se instale en nuestro club ese malestar extra futbolístico que todo lo pudre y con el que nada bueno podremos construir.

 

Esa es la primera batalla: salir de ahí, como le pedía Walter Nelson a Maravilla Martínez allá por el último round. San Lorenzo jugó bien, decíamos, hasta los 30, con el agregado de que volvió a jugar bien a partir de los 40, cuando nada hacía pensar que eso ocurriría, porque daba la impresión de que ya se había bajado la persiana de la primera mitad. Pero no. El equipo volvió a acelerar y demostró personalidad. Una gran salida desde el fondo con el sello de Monetti y la inmediata escalada de Peruzzi por la banda derecha que acabó en un buen ataque. Uno o dos minutos después, el gol. Un gol que fue como tenía que ser: un despelote total, un corner que derivó en una serie de rebotes que no tenía goyete y Blandi que acabó empujándola con alguna parte de su cuerpo que no interesaba cuál era. El asunto es que la pelota entró y que fue como una dosis de algo fuerte que nos quitó un dolor de muela que parecía que nos iba a matar a todos. El pleno del plantel de Newell’s protestando algo que seguro nadie vio, solo porque había sido una jugada desprolija y daba para la protesta.

 

La clave de la presión de San Lorenzo no estuvo en la línea de los delanteros sino en la posición de las líneas del fondo, que se clavaban en la mitad del terreno y acortaban la distancia del juego posible, atorando al equipo rival. Esto se vio con claridad cuando San Lorenzo atacaba con la pelota al pie: Coloccini, Senesi y Loaiza eran punta de lanza para la rápida recuperación del balón, en caso de que ese ataque no prosperara. Hay algo que no está bien en la posición del Príncipe Reniero. Cada vez que agarró la pelota, en el primer tiempo, demostró que no siente la raya, porque la para displicente y avanza al trotecito, poniéndole cabeza al ataque y buscando un pase filtrado a algún compañero que quiebre la defensa. Rara vez busca ganar la banda en velocidad: ese es el juego de Fértoli, pero no el suyo. Quizá un enroque entre él y Botta pueda ser una solución, al menos en algunos pasajes del partido. Blandi no se escondió. Venía de estar señalado durante la semana previa, con conferencia de prensa incluída, pero no se escondió. Buscó la pelota e intentó abrir la cancha hacia las bandas con la intención de recibir un centro a la altura del borde del área chica. Estuvo cerca en un par de ocasiones. Buen debut de Damián Pérez, el lateral izquierdo que llegó a Boedo sobre el filo del mercado de pases.

 

En el segundo tiempo el equipo cedió la iniciativa y Newell’s avanzó con un poco más de peligro. Salieron reemplazados primero Botta y después Belluschi y ambos alternaron aplausos y silbidos de parte de los hinchas. Castellani y Poblete intentaron reordenar la mitad de cancha y manejar el juego desde ahí, algo que se logró parcialmente, sobre todo a partir del ingreso del amigo Gerónimo. Reniero aceleró en una contra y el refereé no nos cobró un penal que probablemente Blandi hubiera desviado, pero que capaz que no y abrochábamos la victoria. Más cerca del final, el Príncipe no pudo acomodar el pie para encestar un balón que le vino cruzado y a media altura. Finalmente, la maldición, la perdición, la incredulidad del tiempo de descuento, el mayor enemigo de un plantel que no puede zafarse de esta maraña en la que se enredó. Una jugada aislada que nace en los pies del arquero Aguerre y un bochazo largo que a nosotros solos se nos transforma en peligro de gol. Y es gol, siempre es gol. Y otra semana más que se viene con olor a mierda. Y lo único que sigo esperando es que logremos soltarnos a tiempo de este nudo intrincado, para que no se instale en nuestro club un malestar que pudre y lastima


Aylín Pereyra: "San Lorenzo es un hermoso mundo al que logré entrar"

La tarde de enero invita a la pileta, pero Aylín Pereyra accede a darnos una entrevista en el café Margot. La punta receptora de Las Matadoras, el equipo de Voley Femenino del club, mide 1,80 mts pero tiene un porte elegante que la hace parecer más alta. En el bar no hay aire acondicionado, así que nos sentamos en la ventana. Su tonada hace inocultable su origen tucumano, pero Aylín se mueve en Boedo como si fuera su casa. Antes de irse a entrenar nos cuenta cómo llegó a San Lorenzo, cómo se fue identificando con el club, el apoyo incondicional de la gente y los desafíos para este 2019, luego de perder la final en 2018

 

¿Cuál es tu primer recuerdo vinculado a San Lorenzo?

 

Cuando más o menos tenía 20 años y Mario me llamó por primera vez, yo me había ido afuera. Cuando volví de jugar mi primer temporada en europa me llamó para venir a jugar en San Lorenzo, él estaba creando un proyecto nuevo que fue cuando empezó a traer chicas del interior a sumarse. Yo en ese momento estaba jugando en otro club y mi aspiración era seguir en Europa. Después de 4 años seguí en contacto con él, me volvió a llamar y lo que más me llamó la atención era el crecimiento, porque se habían colocado entre los primeros equipos de acá en argentina al lado de gimnasia, boca, etc. Había un proyecto de crecimiento de años y eso me llamó la atención, querer estar acá, ser parte. Desde el primer día cuando entré por la puerta del club me sentí como en casa, me trataron super bien, la gente, mis compañeras en ese momento y, de a poco, con el día a día, una se va enamorando de los colores y formando parte de esta locura y esta pasión por los colores.

 

¿Cómo arrancaste a jugar al voley?

 

En mi ciudad, que se llama Aguilares, que queda al sur de la capital de Tucumán, empecé yendo a ver a mi hermano a jugar. Entonces siempre iba y me escapaba porque quedaba cerca de casa. Nunca tenía compañeras para jugar, a veces se organizaban torneos mixtos. Mi mamá trabajaba en la dirección de deportes, entonces se organizaban torneos abiertos mixtos y yo llevaba compañeras de mi colegio y jugábamos con los varones.

Nunca tuve inferiores por así decirlo, hasta que con 13 años jugaba en primera división con jugadoras consagradas de acá de tucumán, pero yo tenía 13 y ellas 30 años. Y yo estaba a la par de ellas. Un año se juntaron para jugar y yo me sumé, ahí empecé a jugar al voley y sentir lo que era estar con compañeras adentro de la cancha.

Eran todas consagradas, reconocidas en Tucumán, yo era parte de eso y me sentía feliz, sobre todo porque podía compartir con mis compañeras dentro de la cancha, ir a entrenar.

Después empezó una movida, se fueron sumando chicas. Pero siempre nos fuimos mudando, porque en mi ciudad no hay un club que se dedique a eso, en un momento jugaba en Ferrocarril Oeste que era un playón al lado de las vías al que llamábamos así. Cuando llovía no podíamos jugar, cuando dejaba de llover iba a secarlo temprano para poder entrenar; no teníamos nada, todo al aire libre.

 

Después jugué seis meses en Gimnasia de Tucumán, que es un club consagrado de la capital de Tucumán y ahí en una clínica deportiva me vio el entrenador de Boca y me trajeron después de una prueba. Me dijeron que había quedado y que había que hablar con mis padres. Yo en ese momento le dije que seguro me dejaban porque siempre aspiré a jugar algo más, en mi categoría. A jugar con chicas de mi edad, de poder viajar, no sabía lo que era un torneo, copa, no jugaba a ese nivel.

 

¿Cómo es la experiencia de jugar en San Lorenzo?

 

Es una alegría enorme porque he recibido el cariño y el amor de mucha gente. Nunca me había pasado en otros clubes. La gente ahora a través de la redes sociales puede tener mayor contacto con vos, hablar más y yo siempre soy de interactuar; sobre todo porque pienso que sin ellos, si la gente no nos acompaña, nosotras no estaríamos acá, el voley no tendría la difusión que tiene. En la última final contra Boca que perdimos me fui y fue como el momento de ver el mundo en que estoy, metida dentro del club, mucha gente al salir me la encontré en la calle y me decían "Pereyra, te vi, aguante San Lorenzo, vamos la revancha" apoyándote todo el tiempo y para mí fue una alegría, un orgullo, fue saber que realmente estás representando a una institución grande, muy grande, que tiene un alcance enorme. No solo acá, tenes las peñas que te escriben, las de Tucumán que te mandan saludos, te escriben, gente que te dice “este fin de semana te vamos a ver”. Un sábado a las 11 de la mañana sabés que va a haber gente en el Pando acompañándonos. Me parece que es un hermoso mundo al que logré entrar, que la gente acompaña y con el que me siento realmente identificada.

 

 

¿Cómo se vienen preparando de cara a un año muy movido?

 

La verdad es que tuvimos un descanso pero nunca terminamos de cortar del todo, físicamente nos seguimos entrenando porque este año tenemos objetivos grandes. Sabemos que tenemos que llevar a San Lorenzo a lo más alto, ser protagonistas todo el tiempo en todos los torneos en que compitamos. Tenemos la liga que empieza el 2 de febrero y el Sudamericano de clubes, que es la primera vez que San Lorenzo va a competir en una instancia internacional así, tenemos que estar a la altura y ser protagonistas; volvimos el 7 de enero con doble turno para llegar de la mejor manera.

 

Contale a las y los cuervos dónde y cuándo se juega el sudamericano

 

En Belo horizonte, del 19 al 24 o 25 de febrero.

 

Este año los chicos del futsal tienen la libertadores; el básquet la liga sudamericana y la intercontinental, hay mucho nivel internacional en San Lorenzo

 

Sí, en todas las disciplinas, es un crecimiento muy grande. Te posiciona de otra manera a lo que es la institución, deja de ser solamente un club de fútbol y te das cuenta que otras disciplinas te representan, la gente se da cuenta y te sigue, te acompaña y está a full apoyando eso.

 

Vos tenés experiencia en roce internacional.

 

Cuando jugaba en Boca jugué intercontinental y jugué en la selección muchos años y en Europa, así que he tenido la oportunidad de viajar, de conocer el roce internacional del voley.

 

¿Notás mucha diferencia en la competición europea y la argentina?

 

Yo creo que la diferencia está desde el deporte en sí, como se lo ve, desde el profesionalismo. Ahí no es solamente una actitud, están en un crecimiento constante, te pagan de acuerdo a lo que jugás, tenes un marketing enorme que te sigue y te apoya. Acá en Argentina todavía somos amateur, estamos un poco lejos de ser profesionales, estamos en busca de eso y cada vez se suman más sponsors, gente que está interesada se suma y apoya, que aporta. Nosotras damos ese empujón sabiendo que también ser profesionales es una actitud, mantenerte, tener una determinada vida, más allá de que el dinero no es el que se mueve en el fútbol. En Europa el nivel es mucho más alto que acá, se contratan muchas chicas extranjeras, acá se está buscando elevar un poco el nivel y buscar que las jugadoras que se van quieran quedarse pero es difícil porque cuando te vas afuera tenes un sueldo en dólares o en euros y es una diferencia abismal.

 

El voley masculino sí es profesional, lo que pasa en el fútbol pasa también en el voley.

 

Sí, uno de los grandes equipos, UPCN, fue campeón sudamericano, jugaron mundiales de clubes, tienen jugadores de Italia, de Cuba, realmente es otra cosa. Muchos jugadores que representan el país en la selección deciden quedarse acá y aún así falta crecer, pero año a año la liga de varones crece. Nosotras por ahí es difícil, se busca de todas maneras buscar el crecimiento continuo pero es mucho más difícil, más a pulmón.

 

¿Por qué crees que es así?

 

En algún momento dirigencialmente cuando yo era mucho más chica existía otra federación que había jugadoras que estaban en Italia y elegían quedarse acá. Se buscaba potenciar de otra manera pero hubo un quiebre en esa federación, malos manejos y se creó otra; la federación que se creó ahora da mucho menos apoyo a las mujeres. En qué va la diferencia no la sé, pero sí hay mucho más apoyo a los hombres, más movimiento de dinero. Hay jugadoras que están en Italia y han venido a la selección, pero no hay un crecimiento íntegro, no tienen donde descansar, donde dormir. Hay una brecha importante, se hace mucho por el amor a la camiseta y al deporte pero las condiciones no son las mismas; mientras los varones tienen un sueldo que les permite alquilarse un departamento temporario las mujeres no, duermen en el CENARD, algunas ni siquiera eso y se modifica el crecimiento y el entrenamiento en base al descanso que tengan. Si no hay lugar para dormir se entrena un solo turno entonces hay muchas trabas por todos lados.

De igual manera hoy en todo lo que es marketing, periodismo hay mucha gente que está buscando que esto crezca, salir en televisión es ir ganando un espacio, es buscar que esto deje de ser ese amateurismo y se dé un salto de calidad. Yo creo que se están dando saltos de calidad pequeños y que tiene que ser así para que siga sostenido y para volver a poner a Argentina dentro de los tops mundiales, que el voley crezca y se profesionalice, como está pasando ahora con Macarena Sanchez, la jugadora de fútbol de la UAI, estamos en la misma situación.

 

¿Creés que lo que está pasando con la búsqueda de profesionalización en el fútbol femenino les sirve también a las otras disciplinas?

 

Principalmente a las femeninas, nosotras representamos el máximo nivel de Argentina y aún no somos profesionales, no tenemos un contrato, no tenemos nada. De la mano de esto va que muchas jugadoras dejan de jugar porque no se pueden solventar. No todos los equipos tienen una infraestructura como la que tiene San Lorenzo, que acompaña el desarrollo íntegro de las jugadoras, que te da un lugar donde vivir, un viático para que te puedas mantener. En algún momento tenés que empezar a trabajar, ponderar tu vida y dejar de lado el deporte. Por eso también se han perdido muchas jugadoras de esta manera, no había manera de acompañar su desarrollo deportivo.

 

¿Ayudan los cambios culturales y sociales que se están viviendo a través del feminismo?

 

Sí, creo que es la manera de visibilizar lo que está sucediendo, de poner en la mesa las situaciones que vivimos como deportistas, como ciudadanas. Esto no es de ahora, pasó siempre. Pero ahora hay una lucha constante y un empoderamiento de saber cuáles son tus derechos, lo que te corresponde. Porque si no después te dejan sin trabajo a mitad de año como le pasó a Macarena.

No es solamente que se habla de fútbol, hoy estamos hablando de esto pero que engloba todos los deportes que se encuentran en la misma situación y mientras más nos sumemos a esta rueda más vamos a ser escuchadas y en algún momento finalmente se va a caer el patriarcado, la diferencia. Creo que hay cosas que son importantes pero que son la punta del iceberg, por ejemplo estuvo buenísimo que se incorpore a las jugadoras de San Lorenzo a la presentación de las camisetas pero no hay que quedarse sólo en eso. Eso es la parte de afuera, por dentro hay que empezar a socavar y construir algo mucho más profundo y ver que cada jugadora y cada integrante deportiva de la institución este día a día mejor, creo que es lo que todos buscamos.

 

 

Las veíamos en la final del futsal femenino con Huracan, ¿cómo es la relación con el resto de las deportistas mujeres?

 

Acompañando el desarrollo, creo que una disciplina no se puede salvar sola. Si acompañas el desarrollo y pedís por una generalidad del deporte, del femenino, los resultados van a venir. También es llenar la cancha, llevar gente, ir a ver los partidos, sentirse acompañadas y estar en la lucha porque una persona no va a hacer nada por más ganas que tengas o por mucho que lo intentes. Es una mentalidad de años y es una manera de pararse frente al deporte.

Ahora están otra vez con el proyecto de rematar el CENARD, el centro de alto rendimiento, donde las mejores deportistas se desarrollan, viven y están ahí, a cambio de un emprendimiento inmobiliario. El deporte es algo inestable, todo el tiempo tenés que estar luchando.

 

Hay un aspecto importante  de esto que decís, de contención de los deportistas, de los chicos que van al club ¿Qué opinás de el proyecto de implementar las sociedades anónimas en los clubes?

 

Para mí los clubes son sociales y deportivos, representan al hincha, tienen acciones sociales. Voley, futbol, futsal, tenemos acciones sociales, se buscan chicos y se integran, hay niños que van por esparcimiento y en el momento en que sacas eso es una locura. Los clubes son de los socios, del hincha y tienen que mantenerse así.

Creo que los clubes tienen que ser sociales, que los clubes que son de barrio puedan tener un pedazo de cemento donde los chicos puedan jugar. Como clubes de AFA tenés que abrazar a los pibes, que vengan, no se droguen y que estudien. Para mí es una contención donde los podés sacar de todos los vicios, no tengo dudas.

 

Volviendo un poco a San Lorenzo, ¿Cuál es el balance que hacen del gran 2018 que tuvieron y qué objetivos tienen para este 2019?

 

El balance para mí es positivo, siendo protagonistas todo el tiempo, de un crecimiento integral como equipo. Vinieron jugadoras que se incorporaron y pudimos hacerles sentir el sentido de pertenencia del club, que se identificaron con nuestra manera de juego. Si bien no llegamos a tener el primer puesto, que era lo que queríamos, estuvimos ahí y se dejó todo. Cuando se deja todo no hay nada que reprocharse y desde ahí viene la tranquilidad que tuvimos en el 2018.

Ahora tenemos que redoblar la apuesta, a San Lorenzo lo tenes que tener siempre protagonista, jugando finales y si no las jugás es porque sabes que dejaste todo y alcanzó hasta ahí. Siempre desde que llegué me asombró mucho cómo la gente nos acompañó todo el tiempo, desde la liga, el metro, llenando los estadios, escribiéndonos. Todo eso es super importante. Nosotras lo agradecemos mucho. Yo ahora estoy en Boedo y voy al super y la gente me pregunta, me dice que va a ir a verme. Esa locura que se genera la generamos nosotras dentro de la cancha pero que la gente se siente identificada con lo que hacemos porque dejamos todo en cada partido, en cada final que jugamos. El 2019 tenemos que mejorar todo lo que hicimos en el 2018 y redoblar la apuesta para seguir mejorando desde lo deportivo y desde lo social, incluir a la gente que te acompañe y se sienta identificada con lo que es San Lorenzo y el estilo, la forma de juego de las matadoras.

 

¿Cómo definirías esa forma de juego?

 

Una forma de jugar agresiva, somos jugadoras muy potentes en lo que es ataque y bloqueo, buscamos esa agresividad y mantener ese juego. Podemos ganar o perder pero mientras nosotras mantengamos eso y bajemos el margen de error, ajustando otras cualidades técnicas como la defensa, que lo estamos trabajando mucho con Mario, sabemos que podemos dar ese salto de calidad que nos está faltando para ser primeras en Argentina.

Queremos diferenciarnos, y de hecho lo hacemos, por ser muy agresivas todo el tiempo. Ser agresivas con el ataque, con el bloqueo y nunca jugar a esperar el error del otro. Por ahí por eso mismo nos cargamos de errores y tenemos que saber bajar eso pero los entrenamientos y el día a día nos va a llevar a los resultados que todos queremos.

 

Ping pong

 

Matias Lammens: un ícono en San Lorenzo. Creo que desde que llegó cambió un montón de cosas y lo veo como un ícono en el club.

 

Cheli Allende: es nuestra capitana hace años, es la que empezó el proyecto acá. Es nuestra referente y la que representa a San Lorenzo.

 

Julio Velasco: en Argentina tuvo que venir él a hablar y decir muchas cosas que otros entrenadores han dicho, pero acá se necesita tener muchos títulos para que realmente tu palabra sea avalada y aún así se criticó mucho el proceso de él porque somos muy exitistas. Se gana o se gana y si no ganaste sos lo peor. Ojalá realmente hayamos aprendido porque él dejó muchos cosas buenas. Velasco en Italia es una eminencia, ídolo total y ha podido cambiar un montón de cosas. Acá cambiar la mente del argentino es muy difícil, nos creemos que sabemos todo. Él cuando estuvo acá dio un montón de charlas y la verdad que te sacas el sombrero con las cosas que escuchas de el.

 

¿Te gustaría ser entrenada por Velasco?

Sería un orgullo, la exigencia sería muy alta pero es uno de los mejores entrenadores.


El departamento de Peñas exigió la apertura de la Ciudad Deportiva los días de partido

Por decisión del Comité de Seguridad del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, los clubes de fútbol de esa jurisdicción deberán mantener las puertas cerradas durante toda la jornada en que se desarrollen los partidos oficiales correspondientes al campeonato de primera división. La medida afecta a todas las disciplinas que se llevan a cabo en la Ciudad Deportiva, que aparentemente no podrán competir esos días. Pero también altera el normal funcionamiento de un club que es mucho más que un partido de fútbol. En este sentido se expresó el Departamento de Peñas de la Institución, repudiando la medida y exigiendo a las autoridades que revean las medidas tomadas.

Entre otras cosas, el comunicado de las Peñas afirma que los "Ir a la cancha trasciende los 90 minutos de fútbol para cada simpatizante que viaja desde cientos de ciudades de todo el país que, a través de sus Peñas, se organizan para asistir a la cancha. Estas personas llegan a Ciudad Deportiva con ánimos de transitarla, conocerla si aun no lo hicieron, disfrutar de un asado en familia, amigos y amigas, y hacer uso de un espacio que por la distancia es imposible de realizar en otra oportunidad que no sea el día del partido".

Además de remarcar el uso recreativo de las instalaciones los días de partido, el Departamento recordó que en San Lorenzo se realizan actividades de acción social para quien lo necesite. "Por ejemplo, todos los años surgen colectas para ciudades afectadas por inclemencias meteorológicas. Así como esa, hay muchas más jornadas con diversos objetivos solidarios. ¿Dónde se desarrollan las mismas? En la Ciudad Deportiva, previo a los partidos".

En el comunicado, las Peñas exigen "que se revean las medidas tomadas, en pos del bienestar de la comunidad, de poder mantener el lema que somos 'más que 90 minutos' donde nos sentimos representados y representadas, de que nuestras peñas, socios y socias, puedan disfrutar de su club".


El Tano del Ciclón

Alberto es un italiano que se enamoró de San Lorenzo. Así como suena: llegó a Argentina de la mano de su novia, una mendocina que conoció en Madrid, donde trabajaba temporalmente. Y, a contramano de muchos argentinos que hoy enfilan nuevamente al Viejo Continente por la crisis económica, aterrizó en Buenos Aires en 2015. Otro país, en todo sentido. Venía a buscar una América Latina que ya estaba mutando a otra, que ya se estaba tirando más a la derecha, que ya comenzaba a ser menos amena con los migrantes y más amena con los poderosos.

Alberto es abogado. Tiene su título italiano y lo está homologando acá. Cada vez que puede, cuando el tiempo laboral y el bolsillo lo permiten, vuelve a visitar a sus padres en su Milán natal. Allá también tiene a sus amigos y al Inter, el equipo que siguió en trenes y aviones low cost por toda Europa, en Champions y la ex UEFA, cuando aún brillaba en el césped Iván Ramiro Córdoba, de gran paso por el Ciclón. Cambió el Giuseppe Meazza por el Pedro Bidegain y la cerveza Peroni por el peronismo, siempre encantador de propios y ajenos. Dejó el barrio San Siro por las caminatas en Boedo y las previas en Avenida La Plata: llega antes que nadie al Jia Xuan, el chino de la esquina con Fernández de la Cruz, para abrir una lata fría de birra industrial. Y no se arrepiente, porque eligió esa nueva vida: hasta se enorgulleció en público cuando, a fines de 2018, hizo su primer asado (símbolo  de la argentinidad si los hay).

No se hizo socio tan rápido: primero asomó algunos partidos en carácter de invitado. Hasta se agobió de calor en un amistoso vs Gimnasia y Esgrima de La Plata, tratando de comprender qué hacía que miles de cuervos estuvieran en algarabía bajo más de 30 grados y un sol atronador. Se deslumbró por un caballo que siempre aparecía en las afueras del Estadio, algo impensable en su país de origen. Le gustó ese criollismo: no todo siempre tiene que tener una explicación rígida, un ordenamiento total. Y luego, cuando su DNI estuvo listo, pidió el carnet más lindo del mundo: el que lo acreditaba con la ciudadanía cuerva. Desde ahí se perdió contados partidos, por compromisos ineludibles de una vida desparramada entre Milan, la Ciudad de Buenos Aires y Mendoza. Y también se vinculó con el Ciclón por su militancia social: se integró a La Soriano y se opuso a las Sociedades Anónimas Deportivas, con conocimiento cabal del desaguisado que éstas hicieron en algunos clubes europeos.

Hay algo entre Italia y San Lorenzo: la familia Monti, que se cuenta entre los fundadores de nuestra institución, provenía de aquel país; el mismísimo San Lorenzo, diácono regionario de la iglesia católica, fue martirizado en Roma en agosto del 258; y en 2013, en esa misma ciudad, fue elegido Santo Pontífice un socio azulgrana de larga data: Jorge Mario Bergoglio, que se vistió de Papa Francisco y entre sus primeras frases públicas sentenció “que gane San Lorenzo”. El padre de Lorenzo Massa, de igual nombre, había nacido también en Turín. El Tano, a su manera, se sumó a esa conexión entre sus dos países. ¿Cuánto tiempo más seguirá en Argentina? Nadie lo sabe, porque la situación económica está brava y el horizonte es incierto no sólo para él, sino también para más de 40 millones que día a día la salimos a pelear. Pero sea en esta tierra o en aquella que lo vio nacer, habrá dos palabras que lo acompañarán por siempre, como acompañaron a Massa, Monti y Bergoglio: San Lorenzo.


Para dormirse

Un auténtico bodrio protagonizaron San Lorenzo y el pequeño Independiente. El día estaba hermoso, una brisa recorría el Bidegain y los sanlorencistas cumplían el sueño de Fernando Miele: salir bien bronceados. El equipo plantó una línea de 3 con dos laterales volantes (una forma muy elegante de hablar de línea de 5), nuestro Paul Pogba afianzado en el centro del campo, los fantásticos desaparecidos de Botta y Belluschi, el tímido Fertoli y el leoncito Blandi.

Durante el primer tiempo los equipos se midieron, amplios y revolucionarios. Cargados de ideologías. Ambos técnicos son famosos en el ambiente por cultivar un fútbol de ataque, vistoso y ganador. Holan tiene buena labia y es experto en drones. Dicen que inclusive se junta a comer con Moyano y con Macri para hablar de política. Un culto del fútbol.
Durante el primer tiempo hubo un solo tiro al arco producto de la única gambeta en toda la tarde. Loaiza, nuestro Pogba, encaró a campo traviesa y habilitó al tímido Fertoli quien amagó y dejó como un espantapájaros a Britez quien se vió obligado a bajarlo. Penal para San Lorenzo. Se hizo cargo nuestro alicaído capitán: se ve que el coqueteo veraniego con el Gremio lo dejó un poco deprimido. Uno no sabe sino no tiene feeling con el afásico DT (dicen que tampoco la tenía con Biaggio) o si simplemente está como un adicto a la cocaína en pleno proceso de abstinencia. Su droga es el gol. Lo pateó más o menos como yo: anunciado y débil. Atajó Campaña.
Al minuto del complemento el amonestado Britez cortó una contra con la mano y fue expulsado. Sólo a Moyano lo pueden bombear un poco más que a Lammens y a Tinelli. El principal enemigo del gobierno nacional es, fue y será el movimiento obrero organizado. Por su parte el binomio cuervo amenaza desde AFA, desde una eventual candidatura a la ciudad del progresista Lammens y desde la conocida onda peronista de Marcelo Hugo. Así y todo, con un hombre más San Lorenzo fue improductivo, previsible y aburrido. Entró Renteria y demostró que es un jugador muy común.

El fútbol tiene dos aspectos. Es importante defenderse bien y que no te hagan goles y hay que lograr convertir. Puede ser a través del monopolio de la posesión (como intenta Almirón) o a través de la verticalidad (como hacía Biaggio). Lo que es imposible es progresar en el campo rival sin que algún jugador tuyo gambetee al menos a un rival. Mover el balón y nunca sacarse un hombre de encima es igual a no atacar.

Desde que llegaron todos estos maravillosos refuerzos San Lorenzo no ha convertido ni un gol. Con el plantel anterior, ese que no era del gusto del DT por lo menos logró convertir 3 goles (2 a Aldosivi y uno al pincha).

Necesitamos ganar como sea y dejar de esperar 25 minutos en cada programa deportivo para encontrarnos en la tabla de posiciones: cuando pasan el pelotón del décimo al vigésimo y no encontras a CASLA la cosa se pone triste y se te queman los fideos.

Ojalá cambie la mano pronto y logremos dejar de ser este inofensivo equipo que tiene la pelota hasta adormecer a propios y extraños.