Meses: abril 2019

Diván

Bueno, ¡menos mal que entró Bottita a jugar el descuento y hacerse amonestar! Ahora sí, me quedo más tranquilo. Segunda derrota por la mínima de este equipo de Almirón: un equipo raro, que se para raro, que maneja la pelota raro, que avanza raro y que define raro. Lamentablemente, ya nos acostumbramos, los y las hinchas del Ciclón, a esta manera de jugar displicente, como si los chabones estuvieran ahí porque no les queda otra, pero en realidad quisieran estar jugando a la escoba de 15 con alguna tía abuela. Pero, yo creo que ni siquiera es cosa de Almirón. ¿Cuánto hace que no nos rompemos las manos para aplaudir a nuestros jugadores? Si me apuro, tendría que remontarme a la época de Guede. Recuerdo un primer tiempo en el Gasómetro contra River: los pasamos por encima, les comimos los tobillos y los bailamos; esa noche nos fuimos al descanso un gol arriba por una jugada que tuvo un pase magistral de Ortigoza, una corrida de Mas y una buena ejecución de Blandi. Me acuerdo de la patadita al palo con bronca de Trapito Barovero, que ya había tapado un par de bochas antes, pero con esa no pudo hacer nada. ¿Cómo terminó ese equipo de Guede? Como todos sabemos, vapuleado en el Monumental, por la máquina implacable de Almirón.

Nos habíamos acostumbrado los cuervos a un equipo que tenía una solidez criminal, durante la era de Bauza y un poco más también. Peleando todo y ganando cosas importantes. Y esta vez nos toca acostumbrarnos a algo que tiene mal sabor: a un juego cooptado por la apatía general, sin ganas de morder, sin despliegue de fútbol, con un ritmo cansino que, daría la impresión, nos condena a no pelear nunca más por un título, al menos mientras no vuelva a haber otro volantazo anímico, una inyección de vitalidad en las venas de los muchachos que visten nuestros colores.

Como hemos dicho en el transcurso de nuestras crónicas, nos parece indescifrable este equipo de Almirón. Pero no solamente por los once que para el dt de cara a un partido u otro, sino justamente por lo que se ve después, en el campo de juego. La última crónica que me había tocado escribir, fue la del partido versus Palmeiras, y honestamente esa noche sentía que, bueno, por fin habíamos puesto primera, por fin había aparecido el armado titular y habíamos podido ver a nuestros players agarrando confianza con el balón en los pies. Creí que estaban las condiciones dadas para que empiece algo parecido a lo que todos esperábamos cuando Almirón se calzó el buzo azulgrana. ¿Qué pasó después? Pasó que ese partido, en vez de un arranque, acabó siendo un pico de rendimiento, un pico de solidez, un pico por cierto bastante mediocre. Si era suelo, era un suelo prometedor, pero como pico, fue un pico verdaderamente pedorro.

El partido de hoy me dejó con bronca, pero incluso más con el rendimiento de algunos jugadores que con el armado del dt. Creo que, en la previa, el equipo despertaba simpatías, sin ser un amor salvaje, entre la mayoría de los hinchas: Herrera como lateral consolidado y el pibe Ferrari que había mostrado buenas cosas; Insaurralde acompañando al colombiano en la media cancha; Fértoli y el Perro viboreando en la delantera para nutrir al inmenso Gaich. Más o menos estábamos bien, ¿o no? Sí, el medio campo lo completaba Ariel Rojas, claro, y ahí residía el primer dolor de cabeza para mis sufridos compatriotas del Pueblo Azulgrana. En ningún tramo del partido supimos de qué carajo jugó el ex River -el ex, a secas-: en cada avance nuestro, curiosamente, el hombre andaba boyando por un sector distante de la pelota, ¡y mirá que es chica la cancha de La Paternal, ehh! Si mi olfato no me engaña, no tiene muchas ganas de hacer lo que está haciendo, es decir, de “ser futbolista”. Por otra parte, dudo que esa posición de “interno” sea la que mejor le cabe al pibe Insaurralde: cuando lo puso el Pampa, demostró sus buenos dotes jugando como pulpito, en el lugar de la cancha que hoy ocupa Loaiza, con todo el campo en el radar; aquí, recibe muchas veces de espalda, y en todo caso se tendrá que acostumbrar a los forcejeos que esta posición implica.

Pérez sumó su granito de arena a la apatía de la que hablaba antes. Hay cosas que uno no puede entender, de un futbolista profesional que ya dejó atrás su etapa de juvenil: promediando el segundo tiempo, un atacante de Argentinos cubría una pelota que salía mansita por la banda y tenía destino de lateral en ataque para el rival. Este muchacho Pérez, no tuvo mejor idea que barrerlo desde atrás, estimo que para adueñarse del balón, y lo único que consiguió fue transformar ese lateral en contra en un peligroso tiro libre que luego cayó en el área de Monetti, por suerte sin consecuencias. Perdón que haya gastado tantos renglones en describir una jugada aparentemente intrascendente, pero lo remarco porque considero que es un cabal ejemplo de cómo algunos de nuestros jugadores no se toman su trabajo con seriedad. Papelito Fértoli, pobrecito, lo soplaban y se desplomaba. Nos engañó en sus primeras dos o tres apariciones con la casaca cuerva, porque, incluso, venía de marcar algunos goles en Ñuls, pero, evidentemente, ahí tenemos otro caso de diván, que se le suma a Botta, a Alexis Castro, a Maguito Merlini, a Facundito Quignon, y siguen las firmas. Y tengo que hacer una mención especial para el tremendo de Castellani: entró a jugar los últimos 45 e hizo “todo mal”, y le pongo comillas para que se entienda que fue exactamente así: todo mal. Creo que la única bola que no perdió fue una que jugó hacia la derecha, aprovechando una subida de Herrera. Excepto esa, las dilapidó todas, al estilo Mussis, y pudo habernos generado muchísimos más quilombos de los que tuvimos.

Otra tarde para el olvido. Muchos jugadores que no dan la talla del club. Historias que se repiten hasta el cansancio. Dirán que el DT tampoco da la talla. Quizá tengan razón, todavía no lo sé. Yo quisiera que el propio Almirón tenga pasta para dar vuelta la tortilla e imprimirle a nuestro San Lorenzo una identidad futbolera que se le arrime a ese Lanús que nos comió crudos en Núñez. Lo cierto es que hemos vuelto a subirnos a la cuerda floja, solitos, sin ninguna ayuda. A veces, pareciera que nos gusta estar ahí, cerca del abismo.


Haciendo pruebitas

Ellos parecían malos. Por donde se los mire. Los centrales revoleaban la pelota asustados. Su mejor jugador tiene un nombre que rima con pedófilo: una letrina. No habían convertido ningún gol en la competición y nosotros no habíamos recibido ninguno. Era obvio lo que iba a pasar.

En medio de esta variopinta situación salió a la cancha el equipo de Jorge. No creo ser el único que no logra entender cuál es el partido importante y cuál no, cuál importa más que el otro. Si los titulares son estos o si eran los otros o si en realidad es todo un plan maestro de Jorge "El Desconcertante".

Los más entusiastas soñaron con un partido de esos aletargados y monótonos a los que nos tiene acostrumbrados caslita. El balón de acá para allá y ni un tiro por lado. 0 a 0 y a sellar la clasificación. Era obvio que no.

Acostumbrados a jugar con un montón de defensores nos sorprendimos con la posición de Peruzzi: wing derecho. Algunos dirán que fue un falso 4: no será este humilde cronista quién diga eso.

También sorprende la virtud que Almirón observa en Salazar jugando con el perfil cambiado.

Como en aquel espejito espejito de la leyenda de Blancanieves: esa belleza solo es perceptible para el sensible y laureado conductor de nuestro equipo. En la era de la auto percepción nadie puede negarle a Jorge el derecho de decir: a mi me gusta ese muchacho jugando con el perfil cambiado.

Pasaron dos cosas solamente en esos 45 miuntos. Un gol típico de los que le convertían al pampita: centro llovido de fácil lanzamiento desde tres cuartos con cabezazo light (perfecto y sorpresivo para el enanito verde) de un jugador de Junior que no vale la pena traer al caso aunque su apellido recuerda a una famosa tribu.

Nos metieron un gol sin demasiado esfuerzo.

Rentería por su parte tuvo una situación clarísima que para su mala fortuna y la de 4 millones de personas, se fue besando el palo. Era de papi fútbol. Toque atrás de Salazar, control (fue muy parecida a la que se comió con Huracán) y definición.

Ojalá el robusto colombiano pueda pronto romper el maleficio que hace que sólo veamos sus limitadas condiciones futbolísticas. Un 9 necesita goles para ser esbelto: un 9 necesita confianza. La gente te trata como te ve, Rente.

Claramente no fue su noche. No parece tener sintonía con los jóvenes. O ellos no la tienen con él. O simplemente es sapo de otro pozo. O por ahí son mis ganas de que le quiten sus privilegios.

Mucho tuvo para hablar Jorge en el entretiempo.

Saltó Gonzalo Castellani y el minúsculo Barrios por Poblete y Peruzzi.

Armó el equipo usual. Con un contención y dos fantásticos en el medio, Salazar y Herrera se definieron como laterales y adelante siguió con la obstinada idea de desaprovechar a Reniero pegado a la raya.

Tuvimos el balón. Ellos no eran la gran cosa. Tenían miedo.

Sólo Barrios nos depertaba cada tanto de la modorra cuando gambeteaba rivales y generaba algo llamado velocidad.

La velocidad es una relación que se establece entre el espacio que recorre un objeto (o persona en este caso) y el tiempo que le demanda. San Lorenzo no tiene nada que ver con la velocidad. Son dos cosas totalmente diferentes.

Gaich ilusionó con diagonales y empujones pero tuvo poco tiempo para mostrarse.

Sobre la hora Rentería selló su mal momento haciéndose echar tontamente un instante antes del pitido final del referí.

Ellos eran malos y nos ganaron con muy poco. San Lorenzo careció de la rebeldía que se necesita. Tal vez por los intépretes. Tal vez por regalar un tiempo con nuevos y asombrosos experimentos. Con extravagancias.

Llegar sin la soga al cuello a la ante última fecha del grupo de Copa es algo inusual para el sanlorencismo. Haber rifado la posibilidad de ganar el grupo también. Una de cal y una de arena.


Compremos a Barrios

En la previa no se sabía quién quería jugar menos este clásico: si Almirón o Mohamed. Ambos han tenido que enfrentarse al comenzar el semestre y tampoco querian hacerlo. La oportunidad de vapulear al clásico rival y ganar un poco de aire en medio de las sinuosas campañas no parecía ser seductor para ninguno de los dos: o parecía imposible. Sin ganas de convertirme en un humano ampliado puedo afirmar que nunca un DT en CASLA empató 3 veces seguidas con el globo. Diría más, nunca un DT no le ganó cada 3 enfrentamientos. Y me animo a otra: nunca vi un San Lorenzo tan metido atrás en el Ducó.

A favor de Jorge El Laureado podemos decir que hace 9 partidos que no pierde ni recibe goles. Desde el papelón en cancha de Boca ha cerrado su arco. Es un punto muy alto y valorable en este fútbol argentino que define los partidos en pequeños descuidos de su rival. El asunto le costó el puesto a Biaggio quien cuando perdió su solidez defensiva vio resquebrajar todo su plan de juego.

El partido fue levemente menos aburrido que el de la ida. San Lorenzo no tuvo una de esas noches calladas y silenciosas en las que toca el balón de lado a lado sin parar ni conseguir profundidad alguna. Como un largo monólogo de Stand Up que no logra hacer reir ni identificación alguna entre la audiencia.

Llamó mucho la atención la conformación del once inicial y del banco de suplentes. Ni Gaich, ni Blandi, ni Insaurralde, ni Salazar. Tampoco estaba Torres. Botta y Rentería de entrada. El banco era Gonzalo, Damian Perez, Poblete, Peruzzi, Reniero y el Tano Ferrari. 2 centrales, 2 laterales, un 5 y un delantero. El equipo no parecía diseñado más que para defenderse y buscar los penales. No logró patear al arco, el arquero rival no atajó nunca un balón durante los 90 minutos. Lo mejor del equipo fue nuevamente el Perrito Barrios. Flojísimo primer tiempo de Loaiza y Castellani. El equipo se vio superado durante los primeros 15 hasta que hizo pie. Sin embargo no logró controlar el partido. Pudo convertir en alguna bartola de Rentería.

El segundo tiempo ya no tuvo al local presionando sino que fue más parejo y aburrido. Entraron Gamba y Barrios para Huracán. Poblete por Castellani (no estuvo a la altura nunca) y Gonza por Román y Reniero por el mágico Botta que estaba empezando a enfintar a propios y extraños con sus vertiginosos cambios de planes.

No se entendió el planteo. En general no se entendió la idea de ir a colgarse del travesaño a la cancha de Huracán. Parece que por momentos Don Jorge no entiende algunas cuestiones que los hinchas de San Lorenzo tenemos muy adentro de nuestro ADN.

Los clásicos son partidos importantes que hay que jugar con los dientes apretados, mucho más con Huracán y con Boca. Todas las respuestas que estás buscando están en el interior del club. Castellani no es mejor que Insaurralde, ni le pesa menos la camiseta. Rentería no está por encima de Gaich. Así como Herrera y Barrios te demostraron que entienden mejor las situaciones del club que Peruzzi y Fértoli.

No somos el Real Madrid ni pobres aspiracionistas como los del rojo: pero no te colgués del travesaño así, amigo. A mi me prometieron que venía un DT lírico y ofensivo y tenemos un experto en cerrojos defensivos.

Sobre el final del match apareció todo el karma que hace de Huracán el club más triste del país. Tiene 25 estrellas que no se saben de dónde salieron. Regaló entradas y no pudo completar ninguna tribuna ¿No tienen un gimnasio techado para jugar? Quizás ese si lo puedan llenar.

Pitana muñequeó y le dió un penal sobre la hora al equipo del turco. Todo el plan horrible de Almirón se puso negro. Si perdíamos este partido jugando con tamaña amargura lo iban a putear de todas las meneras posibles.

Barrios nunca había errado un penal en primera división. Fue, miró al arquero como Ortigoza, canchero y decidido. Nuestro petiso nervioso y fachero arquero esperó hasta el final y como un superhéroe decidido a consagrarse desvió el penal maravillosamente. Esto solamente le pasa a Huracán.

Fuimos a los penales y a favor de Almirón diremos que Rentería definió maravillosamente el de la victoria. Que Monetti atajó otro y que Barrios falló su segundo penal en primera división. Es el momento ideal para comprarlo o bien trocarlo por Torres y Rentería. También les podríamos comprar a Roa y a Gamba. Son 3 jugadores que nos vendrían muy bien y seguramente preferirán dejar de ser por siempre hijos nuestros.


Síganme los buenos

Ahora que ya no tenemos más el corazón en la boca, ahora que el alma nos volvió al cuerpo, sirvámonos una copa de vino y digamos la verdad: ¡qué lindo es el fútbol! Cuando más lo estábamos detestando, cuando creíamos que ya era una cosa irreconciliable, viene y nos sonríe, y nos dá una caricia, y nos demuestra que tal vez nosotros también estábamos un poco equivocados, siempre tan apurados, siempre pretenciosos y malhumorados. Por suerte nuestra hinchada no es tan histérica como otras -amén de lo que pase en las redes sociales- y por suerte nuestra dirigencia volvió a demostrar temple cuando la situación se pone border -amén de las cagadas que se pudieron haber mandado, sobre todo con algunas decisiones de los últimos mercados de pases-. Lo cierto es que fuimos capaces de aguantar la crudeza del invierno y de a poco empiezan a florecer en Boedo los primeros brotes de una prematura primavera.

El mejor partido de Almirón en su corto ciclo al frente de San Lorenzo. Se confirmó una levantada que venía siendo sostenida y que hoy alcanzó un pico. Un pico que, esperamos, no sea la cumbre definitiva de este equipo, sino un eslabón más de esta cadena de buenos rendimientos que ahora sí se puede ver. Ya me meto con los nombres, pero quiero rescatar la que, a mi entender, es la muestra más notoria del crecimiento futbolístico: San Lorenzo hoy fue punzante, los pases no fueron blandos como venían siendo sino que fueron decididos, firmes, bien direccionados la gran mayoría de las veces, incluso buscando el vacío para vulnerar la defensa rival. Y cuando tuvimos que tener la pelota para que transcurra el partido, ahí tampoco fue un toqueteo intrascendente, sino que hubo juego, hubo cabeza, hubo convicción.

Sinceramente, no encuentro que haya habido algún punto flojo entre nuestros once. Gonzalo fue un gran reemplazante de Senesi, al margen de la conversión. Monetti no tuvo grandes problemas, incluso en el primer tiempo sacó al córner un remate de larga distancia que parecía complejo, como consecuencia del único error que cometió Raúl Loaiza, el cinco que volvió a su mejor nivel y que se consagró como una de las figuras de la cancha. Delante suyo, quiero rescatar a Castellani, que arrancó torcido los primeros 15 minutos pero que después se acopló y acompañó bien, ahora sí, a Román Martínez, la otra figura que tiene este equipo de Almirón. Los laterales volvieron a mostrarse firmes y Camilo jugó un gran primer tiempo, atreviéndose, encarando con solidez y complicando a los peruanos. El Perrito Barrios y Nicolás Reniero demostraron, en una sola jugada, el potencial que tienen para nutrir de fútbol el ataque azulgrana: balón recuperado y dominado por el Príncipe, pasados los cuarenta del segundo, triangulación con Nahuel, centro de rastrón, y el petiso que dominó con la suela y la clavó en el segundo palo. Si hasta la semana pasada decíamos que a este equipo le faltaba cerrar los partidos, bueno, una cosa más para que vayamos tachando de la lista.

10 puntos en el grupo F de la Copa Libertadores y una racha de 7 u 8 partidos sin conocer la derrota. Estábamos en el infierno, ardiendo entre las llamas y recibiendo latigazos de propios y extraños, y ahora estamos en alguna laguna escondida, al rayo del sol, rodeados de cantos de sirenas. Es lindo el fútbol. Ojalá el equipo pueda seguir ratificando el rumbo, tenemos con qué. Como tarea, falta consolidar el equipo muletto: el otro día en Tucumán, el que saltó a la cancha no dio la impresión de ser el mejor suplente que podíamos presentar, sino, más bien, un rejunte medio pelo de jugadores que no están con todas las pilas puestas. La base de ese equipo alternativo tiene estar conformada por los pibes del club que alternan hoy entre la reserva y la primera y que andan con ganas de llevarse todo puesto. Tenemos un primer equipo que está primero en la copa y encontrando su mejor nivel, y una reserva que acaba de salir campeona por varios cuerpos de distancia. El horizonte es bueno, más que bueno quizá, por más que nos hayamos llegado a creer que estábamos cubiertos de mierda. Todos queremos más, todos ansiamos volver a festejar en la mítica San Juan y Boedo. Yo vuelvo a sugerir que disfrutemos de lo que conseguimos y que sigamos acompañando como siempre para que las cosas se sigan dando. Mientras tanto, cada vez falta menos para el primero de julio, y ahí también tenemos un buen motivo para juntarnos a brindar.


Punto y aparte

Cuando peleaba Tyson la gente se juntaba, compraba papitas, maní y cerveza. Un quesito Adler y un salamín. Una preparación de horas para un evento que finalmente duraba 10 segundos. El grone salía, le daba una viaba a su rival y listo. El partido del viernes a la noche fue todo lo contrario. Fue lento, aburrido, friccionado. Como una navidad con gente que te cae mal.

A despedir a San Martín de Tucumán fue San Lorenzo a jugar su último compromiso en este olvidable campeonato de primera división. Saltó al campo con la mente puesta en el compromiso del martes por Copa Libertadores con su equipo muletto. La vuelta de Botta y de los colombianos Renteria y Torres como lo más novedoso y con el resto del equipo que viene alternando.

Hubo muy poco para rescatar durante la primera mitad. Practicamente sin llegadas en ninguno de los arcos. El minúsculo Barrios fue lo mejorcito, seguido de cerca por Poblete (quien tuvo la más clara con un tiro bombeado que casi se mete por el segundo palo). San Lorenzo tuvo la pelota pero no logró profundizar ni generar situaciones claras de gol, no corrió demasiados sobresaltos aunque hubo una jugada que bien pudo ser penal para el local pero que el referí no pitó desatando la furia del querido y siempre bien recordado Caruso Lombardi.

0 a 0 y al descanso.

El segundo tiempo tuvo una tónica similar al primero.

Barrios metió magia a los 9 minutos: tiró un caño y gambeteó a un rival. Encaró de izquierda a derecha y tocó para que Renteria defina al medio y permita que el golero rival se luzca aunque sea un poco frente a su público. Hubo otra de Botta. Rubén necesita un gol como un paquero necesita el paco. Es tal vez el único de los que juegan para los suplentes al que no se lo termina de identificar nítidamente como un suplente: es un jugador que se puede recuperar o tal vez ubicar en un lugar del terreno donde pueda desplegar mejor su juego. Este cronista sigue creyendo en vos, Bottita.

Pensando en el martes salió el perrito. En tirar alguna finta con diagonal y asistencia. Hacer un amago y clavarsela al Melgar. En seguir alimentando el mito copero del Bidegain.

El partido termino como empezó, con poquitas llegadas y sin ese soporífero dominio del balón de San Lorenzo. Se arrimó un poquito el santo tucumano pero no llegó a asustar a nadie.

Se termino el torneo, el peor de nuestra historia tal vez.

No es poca cosa. Se habla de que se irán muchos jugadores y no está claro si podremos incorporar. El panorama ilusiona en Libertadores y preocupa en torno a la permanencia. Es una verdadera paradoja la que tendremos que afrontar los sanlorencistas y sobre todo aquellos hombres y mujeres que deben tomar decisiones en estas horas. Ojalá se iluminen y acierten. El mercado de pases será clave y nuestro prestigioso DT debe estar con ganas de contar con algun que otro jugador magistral que le de a este equipo (que logra jugar de la misma manera siempre y eso es algo loable) una gambeta, una cosa imprevista, algo que nos permita por fin tener situaciones de gol en medio de este mar de posesión permanente.

El fútbol tiene estas cosas, uno se dispone a disfrutar de un trago, se sienta en su mejor sillón con expectativas y ganas de desenchufarse de la dura realidad nacional y lo que le devuelve la pantalla es una cosa que dificilmente pueda llamarse "espectáculo" sino que se percibe más nítidamente como un "bodrio" o lisa y llanamente como una cosa aburridísima.


Cómodo lider

Me acabo de clavar un cuarto de helado: mascarpone, sambayón y dulce de leche tentación, uno que trae trocitos de merengue. Con algo tenía que bajar el gran triunfo de hoy, en un match que en los papeles pintaba como el más duro de las últimas semanas. De hecho, si en la previa nos servían la planilla con el empate, yo creo que un gran porcentaje de cuervos estampábamos firma y aclaración. Lo cierto es que, mientras se arrima la medianoche, ingreso a promiedos, clickeo en la pestaña de la Copa Libertadores, deslizo lentamente el mouse hasta las inmediaciones del Grupo F, y ahí está el líder San Lorenzo, primereando la tabla, aventajando incluso al temible Palmeiras. Y sí, estimados, estimadas, algunos me acompañarán en el sentimiento, otros no, pero yo me dispongo a reivindicar al equipo de Almirón, en esta epístola cibernética basada en lo que hemos visto en la tardenoche del Bidegain. Como le expresé hace un rato a mi compañero Gamallo, cronista estrella de La Soriano, pienso que es un buen momento para dar rienda al optimismo en Boedo. Sin especular con el devenir de los acontecimientos, que en definitiva esto se trata de fútbol. En síntesis, propongo que disfrutemos un poco de este momento.

 

Me sincero: algunas fechas atrás, no daba dos mangos por el pibe Herrera. Me pareció haberlo visto desconcertado en un par de ocasiones, incluso desganado, y aquella roja infantil contra Argentinos Juniors, en un momento delicado del equipo, me había hecho enojar con él. Es cierto que ya insinuaba las ganas de pasar al ataque, con la torpeza propia del que está haciendo sus primeras armas. Bueno, bienvenida sea la monumental tapada de boca que me está pegando. El pibe de Corrientes se está plantando en una banda derecha que, de a poco, comienza a tener su nombre tallado. Se manda al frente como loco y nos está acostumbrando a esas diagonales que quiebran los esquemas y que lo ponen en las cercanías del arco rival. Y te sacude lindo. Y andá a cantarle a Gardel. En la otra banda, el tucumano Salazar pasó la prueba de jugar a pie cambiado, lo hizo bien y dejó la cancha dándole puñetazos a la camilla, porque tenía ganas de seguir demostrando lo que tiene para dar. Coloccini y Senesi son dos centrales del carajo que tenemos la suerte de contar entre nuestras filas: son los primeros armadores de juego, incrustándose en el campo contrario y buscando un pase filtrado que habitualmente llega a destino. Si los laterales siguen afianzándose -Pérez también se mostró seguro cuando ocupó la banda izquierda-, tengo la impresión de que vamos camino a tener una defensa muy sólida. El colombiano Loaiza se acopla bien en esa estructura, cuando los centrales comienzan a cranear el ataque azulgrana.

 

Delante del 5, Castellani no se termina de soltar y alterna buenas y malas. Su rol como socio de Román Martínez todavía parece insuficiente, y eso se pone de manifiesto en la falta de alternativas de mitad de cancha hacia adelante, porque nadie va a negar que no tenemos un ataque holgado ni una galera llena de trucos en posición ofensiva. Estamos con lo justo: la buena noticia es que, por el momento, nos está alcanzando para zafar de esta racha que parecía eterna, y para empezar a proyectarnos con un poco más de calma. Román demuestra partido a partido la calidad de jugador que es, marcando goles, aclarando el panorama como Arjona, habilitando compañeros, generando infracciones cuando el partido lo pide -como hoy- y colgándole amarillas al rival. Mismo mérito para el capitán, que, a falta de situaciones concretas para marcar, en el segundo tiempo se las ingenió para provocar la embestida de los verdes y bajar el fuego de la hornalla cuando lo necesitábamos. Lamentablemente, volvió a salir con una dolencia muscular que seguramente será desgarro y parate.

 

Una vez que abrimos el marcador, con el zapatazo de Herrera, el equipo aguantó el trámite del cotejo sin aprisionarse contra su arquero Monetti. Hubo, incluso, un manejo sobrio del balón durante los últimos diez minutos de juego. Nos falta dar ese paso, atrevernos a liquidar los partidos. No era hoy la ocasión de andar haciéndonos los guapos. Creo que se jugó el partido que se tenía que jugar. Si no me equivoco, de los últimos cinco disputados, ganamos 3, empatamos 2 y no hemos sido derrotados, ¿verdad? Dirán que los ganamos de pedo y que no marcamos más de un gol. Bueno, siempre dirán algo. Yo remarco mi entusiasmo por el momento del equipo. La buena noticia de hoy no es solo que se va afianzando un once titular, sino que en este golpe de confianza se empieza a forjar el plantel. Ferrari, Elías, Insaurralde, Gaich, Barrios, incluso Alexander Díaz, están a tiro, para entrar y jugar. La otra buena noticia, por cierto, es que el viernes se acaba el martirio de la Superliga. Que se alargue entonces la racha en Tucumán.