¿La política es mala palabra en San Lorenzo?

4/Jun/20

Hace unos días, un medio digital reconocido por el entorno cuervo publicó una entrevista a los referentes de esta organización de hinchas. Con el título “Hacer política es la única manera de hacer más grande a San Lorenzo”, el medio Mundo Azulgrana publicó dicha entrevista a La Soriano y despertó dentro de las redes sociales algunos debates efusivos, de esos que hacen más pasajera la cuarentena. Con sorpresa para los menos optimistas, las reacciones en las redes fueron positivas e incluso hubo varios halagos.

Pero como siempre, los usuarios desbocados contra “la política y los políticos” se sumaron a construir esa “idea común” de la política como algo negativo, con frases trilladas como: “Política a otro lado… cualquiera sea… ésto es San Lorenzo!!! Ni unos ni otros…”; “Vayan a laburar, San Lorenzo no tiene color político”; “¡La única manera de hacer grande a un club, es trabajando y siendo honestos, no haciendo política!”.

Para aquellos que tenemos una visión diferente sobre la política responder estos comentarios en las redes sociales resulta tedioso. Sobre todo, alrededor de un tema complejo como el fútbol. Aunque es particular si uno habla de San Lorenzo: un club que tiene en su historia varios sucesos en donde, para bien o para mal, la política es protagonista. Y es que más allá de sus gestas deportivas, que lo consagran en los más alto del fútbol argentino, existen grandes hitos cruzados por cuestiones políticas que son fundantes de la identidad azulgrana.

Es posible pensar en la identidad azulgrana ¿sin tener en cuenta la venta de los terrenos del Viejo Gasómetro y su posterior batalla incansable para volver al barrio que nos vio nacer? ¿O las malas decisiones dirigenciales que regalaron la primera edición de la Copa Libertadores y nos condenaron al descenso? ¿O existe otro caso, en donde un equipo de fútbol festeja su día del hincha por la fecha en la que se evitó que el club se convirtiera en una Sociedad Anonima?.

Y es que todos estos hechos, así como los himnos que tiene una nación, son los que cuentan nuestras canciones. Y es que para muchos capaz sea extraño, pero las canciones de nuestro club no cuentan de partidos emocionantes o campeonatos heroicos. Sino que muestran la historia de un club y de una hincha, que hizo y hace mucho, para defender su institución y sus orígenes. Y en todas, la política tiene un rol fundamental.

Vayamos a la primera, una de las más famosas por propios y ajenos, es la lucha incansable por volver a levantar el estadio cuervo en los terrenos de Av. La Plata. La historia dice que en los ’60, San Lorenzo recibió las tierras del Parque Almirante Brown en el Bajo Flores, y la idea de una Ciudad Deportiva y de un estadio de cemento prendió en algunos directivos del club. Ante esto, el Viejo Gasómetro no tuvo por años ampliación ni remodelaciones. Y el golpe de gracia ocurrió en 1979: la última dictadura militar intimó al club con la apertura de la calle Avellino Díaz, que cortaba la cancha en dos partes desde la entrada principal de Avenida La Plata. También proyectaban construir viviendas populares. Ese fue el final. El 2 de diciembre de ese año San Lorenzo y Boca jugaron el último partido en el viejo Gasómetro. Aburrieron, no hubo goles y Hugo Gatti le contuvo un penal a Hugo Coscia. La cancha se terminó de desmantelar en 1982, sin que ninguna de las obras pautadas se llevara a cabo. Para que luego, la cadena de supermercados francesa Carrefour adquiriera el terreno y montara allí un enorme negocio.

El rol de la política está claro, en este caso es negativo. Una dirigencia más cercana al dinero y alejada del barrio y del rol social de club, se unió a un gobierno dictatorial antipopular que optó por el negocio de una multinacional extranjera. La falta de participación activa por parte de los socios durante esos años, nos condenó a vagar por estadios ajenos, transitando un descenso y varios años de malaria institucional y deportiva. Pero también en los años 60´ existe otro suceso que condicionaría la historia del club.

La deuda pendiente que tenía nuestro club hasta el 2014, era la de ganar la mítica Libertadores de América. Lo paradigmático de esto, es que San Lorenzo fue el primer club argentino en jugar esa copa en el año 1960. Como campeón del torneo de 1959, el equipo de Boedo se ganó el derecho a participar de la primera “Copa de Campeones de América”, de la que participó junto a seis equipos: Bahía (Brasil), Jorge Wilstermann (Bolivia), Universidad de Chile (Chile), Millonarios (Colombia), Olimpia (Paraguay) y Peñarol (Uruguay). Quiso el fixture que el rival en semifinales fuera Peñarol, una de las potencias del continente. La llave fue muy pareja, al punto tal de que igualaron 1 a 1 en Uruguay y en el desquite, jugado seis días después, tampoco se sacaron ventajas. El 0 a 0 derivó en un desempate. El reglamento establecía que se definía en un tercer partido en campo neutral, en este caso en Santiago de Chile. Sin embargo, Peñarol propuso que se jugase en el estadio Centenario de Montevideo. Aquí fue donde los dirigentes del conjunto charrúa tuvieron la lucidez de notar la importancia que la competición iba a tener a futuro. Pero Alberto Bove, entonces presidente de San Lorenzo, aceptó la oferta, y a cambio de 50.000 pesos el partido se disputó en el estadio Centenario, como en la ida. La historia es conocida, y el primer campeón finalmente fue Peñarol.

Decisiones políticas construyeron en gran parte la historia del club, en casos como estos, de manera erróneas, en otros tantos, como por ejemplo en las acciones de Pedro Bideghain, lo fortalecieron. Aunque también existe otra política, la política de la participación, del empuje y de la lucha. Y esa es también fundante de la historia azulgrana.

El día del hincha de San Lorenzo se originó hace casi 20 años atrás y no se eligió por motivos deportivos. En aquella jornada del 30 de noviembre de 2000, cientos de socios que se movilizaron al Nuevo Gasómetro impidieron que el club fuera gerenciado por la empresa suiza de marketing deportivo, International Sport and Leisure (ISL). La Comisión Directiva estaba a punto de cerrar el acuerdo que le otorgaba a ISL los derechos de TV, merchandising, publicidad estática, indumentaria e internet del club por diez años, con una prórroga a una década más. Además, existía una cláusula de confidencialidad que no le permitía a los socios del Ciclón acceder a lo que se estaba por firmar. En ese contexto, los socios marcharon hasta Bajo Flores con el lema “San Lorenzo no se vende” y ejercieron presión en una noche en la que no faltaron piedrazos, gases lacrimógenos, heridos y detenidos. Con todo, el por entonces presidente Fernando Miele (que junto a sus vocales firmó esa noche el acuerdo), debió ceder al pedido de los hinchas y de parte de la dirigencia opositora que, tras presentar un recurso de amparo, consiguió que se declaré ilegitima la concesión. Meses más tarde, en mayo de 2001, la empresa suiza quebró.

Esa movilización, esa participación, es la misma que en los últimos años logro que una empresa multinacional entregará los terrenos de Av. La Plata, haciendo cada vez más cercana la idea de volver a Boedo. Los bloqueos al supermercado, las movilizaciones a Plaza de Mayo y a la Legislatura, fueron fundamentales para esto.

Como vemos la política esta presente desde hace más de un siglo en nuestro club y seguirá estando. “La política es la herramienta más poderosa que tiene el humano”, dice un amigo con el que jugaba al futbol antes del COVID-19. Es la posibilidad de disputar un tipo de institución (aunque muchas veces parezca algo imposible). Y en el caso de San Lorenzo es la posibilidad de construir un proyecto de club participativo, que priorice lo deportivo y social por sobre los negocios. Por eso seguiremos haciendo política, para hacer más grande a San Lorenzo.

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