Historias del 95

25/Jun/20

Hoy se cumplen 25 años (y es realmente increíble tener recuerdos de 25 años) de la gesta cuerva en Rosario. Retengo detalles de ese día que, lo sé, nunca olvidaré.
No fue fácil decidir ir en familia hasta allá. Tras ir primero buena parte del torneo, San Lorenzo había perdido la punta dos fechas antes en cancha de Vélez. Castrilli le había anulado mal un gol a Silas por una falta inexistente a Chilavert y en todos los cuervos pesaba la sensación de que la gran chance se había ido. Gimnasia llegaba puntero, luego de ganarle en la penúltima fecha 1-0 a Ferro en Caballito con un error grosero de Pogany a pocos minutos del final (ese equipo de Gimnasia tenía la particularidad de ganar los partidos sobre la hora). En ese partido se dio el recordado insulto de Griguol al Yagui Fernández, después de que el Yagui se hiciera expulsar estúpidamente. San Lorenzo le ganó a Lanús y, aunque se cantaba “No me importa Caballito, San Lorenzo da la vuelta en Arroyito”, el clima era de tristeza. Tal vez entendiendo que había que levantar la moral, el Bambino Veira fue la noche de ese domingo a los estudios de Fútbol de Primera a pedirle a la hinchada de San Lorenzo que armara una fiesta en Rosario y acompañara al equipo con 25.000 personas.
Ese año, como casi todos, fuimos a muchos partidos con mi viejo. Recuerdo haber ido a Avellaneda, cuando le ganamos al Racing dirigido por Maradona-Fren (ese día a mi viejo le afanaron $50) y a la cancha de Vélez a ver un Platense-San Lorenzo en el que el Gallego González hizo uno de los goles más lindos que haya visto en un estadio.
Teníamos que decidir si íbamos a Rosario. A pesar de su pesimismo estructural (que lo hacía estar permanentemente seguro del fracaso), mi padre era también un impulsivo al que le encantaban las aventuras. Así fuimos: papá, mamá y hermanos, en el auto que sumaba Maxi, otro cuervo amigo.
Recuerdo el entusiasmo del viaje en auto, algo que no solía hacer y menos en viajes largos. Ya en la ruta se vislumbraba lo que finalmente sería: una marea cuerva en Rosario. En cada ciudad que pasábamos, en cada puente en la ruta nos esperaban banderas azulgranas, multitudes festejando una cosa imposible. Teníamos que llegar y sacar las entradas, insólito en nuestros días. Luego de una lucha cuerpo a cuerpo, mi padre consiguió sacar plateas locales, algo que terminaron haciendo muchísimos hinchas de San Lorenzo, dada la amistad que había con Central.
El partido fue inesperado. El gol de Mazzoni en La Plata, el penal errado por Netto, el gol del Gallego González. Recuerdo la gran invasión al campo de juego, varios hinchas dando la vuelta olímpica de rodillas y las dos banderas, canalla y cuerva, festejando juntas adentro de la cancha. Recuerdo esa conmovedora solidaridad canalla: la imagen imborrable del “SAN LORENZO CAMPEÓN” escrito en el cartel electrónico del gigante de Arroyito. Recuerdo a un hombre adelante nuestro, todavía pegado a la radio y llorando desconsolado en los brazos de su mujer. Me recuerdo a mí mismo llorando como lo que era: un nene de 10 años.
La vuelta fue caótica. En algún momento pasamos por una pizzería repleta de hinchas de San Lorenzo, exultantes. Daba la sensación de que todo el mundo era hincha de San Lorenzo. Al salir de la ciudad, atravesamos varios kilómetros de asentamientos populares al costado de la ruta. Recuerdo el reguero interminable de casillas, los autos yendo a paso de hombre y cientos de niños tratando de vendernos algo en el medio de un frío polar. Me pareció estar en una escena de guerra. Eran los estragos ya visibles del neoliberalismo castigando a Rosario.
Tal vez haya sido en ese momento que mi padre compró una bandera azulgrana que decía “San Lorenzo Campeón”. La misma que nos acompañó en 2014 cuando ganamos la Libertadores en el Nuevo Gasómetro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *