Para mí, Boedo es mi papá

1/Jul/20

Por Diego Barros, socio refundador N°03569

Mi papá es San Lorenzo, San Lorenzo es Boedo, Boedo es mi papá. Esa mano que te agarra fuerte, ese sudor que te da seguridad, ese apuro por subir los escalones de madera de la mano de un gigante, mientras los tablones tambalean al salto de la masa.

Es una tarde cualquiera de domingo, quizás es abril y corre el año 1976, casi sin saberlo estamos por entrar en la época más oscura de la historia de nuestro país. Salimos del barrio de Belgrano y vamos a Barrancas, ya no me acuerdo si caminando o en bondi, sí recuerdo que nos vamos a tomar el 65 o el 15, en definitiva, el que llegue primero.

Avenida de La Plata es nuestro destino final, nos sentamos en el colectivo. Voy con mi remera azulgrana, esa de tela pesada bien típica de los 70; y con la corneta que, años más tarde, en Sudáfrica 2006, se llamaría vuvuzela. Él se da cuenta: esa emoción por el acontecimiento que vamos a ver invade al niño, y él como buen poeta la alimenta.

Entonces, empiezan surgir las historias que alimentan y agigantan al Wembley porteño: “acá en Boedo jugaban Martino, Farro y Pontoni, sabes lo que eran esos tres, sabes lo que jugaban el Bambino, el Loco y el Manco“, me dice. Yo voy a ver al negro Ortiz, al lobo Fischer, a Pedrito González y al gran Héctor Scotta, él me cuenta del tucumano Albrecht, de “Batman” Buttice, del Sapo Villar, el Toscano y la Oveja Telch. Como olvidar su brazo, tomándome con fuerza, al enorgullecerse con estos relatos.

Mi padre corría, pero corría en serio, de esos que te dejan pintado en 10 metros, un verdadero atleta. A la pelota no le hacía mucha justicia, me enseñó a andar en bicicleta y me llevaba a la plaza, pero para mí, insisto, mi Papá es San Lorenzo. Es avenida La Plata 1700. Fue él quien me enseñó este amor, esta enfermedad sin cura que le contagié a mis hijos.

Por eso, hoy, cuando volvamos a casa, quiero devolverle todo ese amor y que su nombre sea parte de esta gesta, de este sentido de pertenencia inagotable. Quiero que cuando se nombre a los miles de socios refundadores que la hicieron posible, se lea también que Miguel Angel Barros aportó su grano de arena para la vuelta a Boedo. Porque, una vez más, mi papá es San Lorenzo, San Lorenzo es Boedo y Boedo es mi papá. Y eso es lo más lindo que tengo.

2 opiniones en “Para mí, Boedo es mi papá”

  1. El es Diego, el hijo de Miguel Ángel, Diego es la primera aproximación que de niña tuve con un hincha, un hincha de esos hinchados, enormes, fanático hasta las lagrimas… Diego es, ese hincha, hincha, el que se pone rojo y azul cuando alienta. Ese es Diego, el hijo de Miguel Ángel, que allá por nuestros años mozos, una que otra mañana de Lunes llegaba a la escuela amanecido de rojo y azul.

  2. Para mí, la familia Barros son San Lorenzo, ellos hicieron cuervo fanático a mí hijo Tadeo. Hasta me hice socio siendo de defensores de Belgrano para acompañarlos, porque San Lorenzo es una familia y la Familia Barros es la mía adoptiva.

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