Esperando nacer

4/Jul/20

Osvaldo Soriano, en su libro Artistas, locos y criminales , le dedicó unas páginas breves y emocionantes al nacimiento de nuestro club y a la consolidación de su pertenencia barrial. Particularmente, este texto propone algo que podríamos llamar una suerte de reparación histórica literaria con dos personajes perdidos en la historia azulgrana: los jugadores Francisco Xarau y Luis Giannella. ¿Los conocés?

Francisco Xarau era centro delantero, zurdo pero hábil con la derecha y trabajaba de canastero, en el rubro de la construcción. Gianella, por su parte, jugaba de wing izquierdo y era el goleador del equipo. Ambos formaron parte de aquel grupo que escribió las primeras páginas de nuestra historia: los Forzosos de Almagro.

El 1 de enero de 1915, Los forzosos se enfrentaban a Honor y Patria, un club de la localidad de Bernal que en ese entonces jugaba en Primera. El partido se disputaba en la vieja cancha de Ferro -la de las tribunas de tablón que muchos cuervos y cuervas recuerdan- y terminó 3 a 0. Xarau y Giannella marcaron los goles que permitieron la victoria y el ascenso a la primera A.
Soriano dirá que esa mañana, que inauguraba el año 1915, la barriada de Almagro ya tenía un club que la identificara. El ciclón había ascendido a la primera división del fútbol profesional y el sueño, fundado formalmente en abril de 1908, se materializaba 7 años después.

“Desde entonces, la aventura que había nacido en 1907, en la esquina de México y Treinta y Tres, con el nombre de Forzosos de Almagro, creció hasta alcanzar en 1930 su esplendor. En la euforia del triunfo, pocos sabían que dos de aquellos pibes que integraron el equipo de los Forzosos, cuando se fundó, en 1907, y cuando ascendió en 1915, están vivos y abandonados por su hijo presuntuoso. Xarau vive en la pobreza de un cuarto. Giannella, de setenta y siete años, está ciego, sordo y apenas puede mover sus piernas. ” (Osvaldo Soriano; Artistas, locos y criminales; 1973)

Con la prepotencia de un relámpago rajando el cielo, los pibes del patio de la iglesia marcaron a fuego esa pertenencia barrial que el ciclón mantuvo y mantiene a lo largo de su historia. El rápido crecimiento del club, los éxitos futbolísticos y el cúmulo de emociones que habían provocado en el desarrollo de la vida barrial, habían transformado a esos reos del buen fútbol amateur en futbolistas profesionales que todo el barrio concurría a alentar los fines de semana. Ya no eran los jóvenes de ayer -albañiles, carboneros o canasteros-, se habían transformado en protagonistas de una historia que cada domingo congregaba más gente.

Sin embargo, cuenta Soriano en referencia a Xarau y Gianella, todo lo que les dejó San Lorenzo fue un carnet para entrar gratis al club y una medalla de oro . Estos personajes fundacionales -por tomar azarosamente a 2 tipos de ese grupo- fueron en gran medida olvidados. Hoy en día probablemente muy pocas personas conozcan en fino la historia del nacimiento del club, y seguramente -112 años después- nadie que haya vivido ese tiempo está vivo para contarlo.
Decía el escritor Leopoldo Marechal: “ El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria ”. Quizá suene un tanto delirante, pero ¿por qué no pensar una analogía atemporal entre Xarau, Giannella, el mismo padre Lorenzo y Adolfo Res, uno de los más destacados abanderados de la vuelta a Boedo? Una analogía, también, entre esos 100.000 hinchas cuervos que coparon la Plaza de Mayo el 8 de marzo de 2012 y los fundadores de este glorioso club. En cierto modo, los muertos se agarran a los vivos porque no quieren morir definitivamente, los locos de ayer se vuelven a animar en los locos de hoy, que se rehúsan a olvidar esa época que casi parece una alucinación.

¿No es acaso la vuelta a Boedo ese segundo nacimiento que los cuervos y cuervas añoramos para saldar -de una vez por todas- la deuda histórica que tenemos con ese pedazo de suelo arrebatado y con esos tipos que amaron tanto a San Lorenzo como lo amamos nosotros? ¿Por qué no recoger de los sótanos de la historia azulgrana esas botellas que se arrojan al agua y se pierden?

Estamos cada vez más cerca, pareciese, de la ansiada restitución histórica que hace tantos años reclamamos en las tribunas y en las calles. Desde este reducto, seguimos aferrados a esa utopía de la que somos peregrinos, con la seguridad de que la lucha por la vuelta a Boedo es la mejor manera de homenajear a nuestros héroes olvidados: dándoles sentido en nuestra vida, para que puedan prolongar la suya.

Por Mateo Barros, socio refundador N° 11172.

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