El oso soso

15/Nov/20

¿Qué pasa con esta crónica? Se escribe sola. ¡Mirá! Saco las manos del teclado y las palabras siguen apilándose en el doc. Y sí, che, me parece que hoy cualquiera de ustedes podría estar en mi lugar y todos acabaríamos diciendo más o menos las mismas cosas. Sensación unánime e irrefrenable de que cuánto hace que no veíamos jugar así a San Lorenzo. Las acciones del match ya se las relató magistralmente mi compañero en la crónica de ayer. Acá, para arrancar, expresaré mi alegría de tener, al fin, un entrenador que potencia a sus jugadores. “Han pasado cuatro años de esta vida”, dice el clásico de Moris, y bien debió estar pensando en San Lorenzo cuando escribió la canción: cuatro años viendo pasar un dt tras otro, viendo armarse y desmantelarse planteles enteros; cuatro años charlando entre nosotros, para desahogarnos, porque a veces sinceramente no podíamos entender cuál era el programa futbolístico que tenía la dirigencia; cuatro años alternando entrenadores consagrados con entrenadores del club, y cuatro años viendo cómo se desvalorizaba vertiginosamente nuestro patrimonio; mitad de tabla para abajo, jugadores desmotivados, ilusiones despilfarradas.

Y de pronto, ¡flash!, diría Luis Miguel. No, Etchevehere no, el otro, el mexicano. Bué, dejá, no importa. De golpe llega Soso, un tipo joven, que trajo la dirigencia en calidad de apuesta, en un momento de papas calientes. Detrás de Soso vino una pandemia, y eso no parecía muy alentador, pero un día todas las cosas excepto San Lorenzo empezaron a recuperar su relativa normalidad. San Lorenzo, para alegría de todos nosotros, parece haber perdido el tren en que venía viajando, y ahora se ve que andan un poco más tranquilos los muchachos, bajo la égida de este gentilhombre que intenta expresarse correctamente en cada conferencia de prensa, aunque aquello le valga el descrédito de los que creen que el fútbol tiene que seguir siendo el paraíso de los Coco Basile y los Mostaza Merlo.

Mi temor no era su manera de hablar. Mi temor, en todo caso, era que viniera con ínfulas de laboratorio, inventándole posiciones a los jugadores e improvisando un brebaje diferente para cada partido, enloqueciéndonos definitivamente. Nada más lejos. Tenemos un equipo con aplomo, que primero se ordenó defensivamente y que ahora está encontrando su mejor versión ofensiva. Pero, lo más importante, y lo vuelvo a decir, es que el entrenador ya ha dado señales, en este puñado de partidos, de saber cómo potenciar a sus jugadores. Y esa sola virtud del deté, en caso de confirmarse, bastará para sepultar un tiempo de ingratitud que se nos había extendido más de la cuenta. Está la mesa servida para que tengamos un tiempo virtuoso, revalorizando nuestro patrimonio, afianzando los pibes que -ahora sí- protagonizan el proceso futbolístico, fortaleciendo el equipo y peleando cosas importantes. Del dicho al hecho, hay un largo trecho, es cierto, y sino miren a los diputados de la izquierda, que se pasaron toda la vida repartiendo volantitos exigiendo que la crisis la paguen los capitalistas, y ahora que el Congreso va a debatir un proyecto de ley para que las grandes fortunas del país colaboren con la crisis sanitaria, ellos dicen que no, que mejor se abstienen. ¡Mamita! Qué manera de comerle la gorra al piberío que los milita. Por suerte después crecen y la enorme mayoría rumbea para otro lado.

Pero, volviendo a nuestro San Lorenzo, las alegrías no están nada más en los pies de Piatti o de Gino Peruzzi (¡!). El miércoles pasado volvió a quedar claro qué es lo que quiere el barrio de Boedo, y el jueves que viene la legislatura porteña le levantará el pulgar al proyecto que quiere cambiar la rezonificación del predio de Avenida La Plata. Ahí no termina todo, claro que no. Pero el asunto avanza y más temprano que tarde nos juntaremos todos y todas a celebrar una nueva victoria popular. ¿Díganme si no es lindo, ser parte de una causa que liga generaciones, que refuerza el amor que sentimos por el club y por el barrio, que nos hace más conscientes en un nivel social y colectivo, y que, encima, despierta las simpatías de hinchas de otros clubes, rompiendo ese mito pelotudo de que no se puede congeniar con alguien que no comparte tus mismos colores? Sí, claro, llevamos más de una década de lucha y todos hubiéramos querido que esto se resuelva más rápido. Pero, bueno, lo importante es no arriar nuestras banderas y saber que, cuando el fuego crezca, vamos a estar todos ahí.

Ya les parafraseé al Indio, a Moris y a Luis Miguel. Si sigo dos párrafos más, te meto Gardel y el Wosito. Pero no creo que llegue. Me tengo que poner a cocinar. Lo único que te voy a decir, es que el deté se ganó mi crédito total. Yo quería que juegue el Tucu, lo puso a Peruzzi y ahí lo tenés a Peruzzi. Yo prefería que lo ponga a Herrera, lo puso a Alexander y ahí lo tenés a Alexander. Listo amigo, me coso la boca. Metele vos que de esto sabés. Te firmo un cheque en blanco. Danos alegrías. Por favor te lo pido. Quedate un par de años acá, y danos alegrías. Lástima que no somos hinchas del Lobo, sino te cerraba esta nota cantando “vuelvo al bosque, estoy contento de verdaaaa, laaaralarala, laaa, laaaralaralaaaa”.

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