Made in Ortigoza

9/Nov/20

Y bueno, me volví a ilusionar. Listo, me está pasando. No es algo que uno decida hacer. No es que haya estado reflexionando sobre eso: “Vamos a ver, ¿me ilusiono de vuelta como un gil, o sigo criticando todo, haciéndome el capo?”. Anoche, después del partido, comentábamos con un amigo que nos habíamos pasado los 90 minutos escuchando las pavadas que gritaba un tipo evidentemente mediocre -y por cierto mala persona, como ha demostrado ser durante su carrera como futbolista- como es el Chavo Desábato. “¡Tranquilo! ¡Atento! ¡Eso, eso!”: todo el tiempo así. O sea, dennos el carné de deté a los hinchas, si es tan fácil. A Soso, mientras tanto, casi no le conocemos el timbre de voz. Habrá dado sus indicaciones, claro, pero entre los gritos y las pataleadas del otro muchacho, el nuestro pasó desapercibido.

El que no pasó desapercibido fue su equipo, que se plantó en el terreno del Bidegain, impuso las condiciones, se hizo fuerte de atrás para adelante y por momentos mostró un buen fútbol. Bah, qué será eso del “buen fútbol”, ¿no? Podríamos escribir una crónica cada hincha y tendríamos casi tantas respuestas como crónicas escritas. No es que haya sido increíblemente vistoso, San Lorenzo, pero fue práctico, eficaz, manejó los hilos del partido, mostró firmeza en la marca sin correr de más, tuvo el balón durante varios pasajes, pero, más importante, tuvo el cronómetro en la mano, manipuló el tiempo de juego según su propia necesidad.

Voy y vengo entre el documento de Word y la transmisión de mando de Lucho Arce, en Bolivia, acá, en la ventanita de al lado. Porque, como ya sabrán, me propuse con esta columna que me puteen un toque en los comentarios. Y ahí está entrando el Presidente a la Plaza Murillo. Se abraza con unas cholas que lo estaban esperando, levanta la mano saludando a la gente que acompaña de lejos. “¿Jura por la Patria, por los próceres de la independencia, por nuestra Madre Tierra, por los dioses de nuestros ancestros, por nuestras hermanas y hermanos que dieron su vida por la democracia y la igualdad, desempeñar las altas funciones de presidente de Estado Plurinacional de Bolivia?”. Qué linda pregunta. Están pasando cosas que no creímos que iban a volver a pasar tan pronto: una defensa sólida, laterales que saben acompañar el ataque, un medio campo que está aprendiendo a contener, y las pinceladas de los mellizos que se traducen en cartulinas rojas para el rival y porotos que se quedan en casa. Es un placer, cada vez que ven venir la murra de un tipo que no se los fuma más y se anticipan, juntando los talones y pegando ese saltito, revolcándose de dolor. Qué felicidad. ¡A las duchas, señor! Son dos cracks y tienen ojos en la nuca. Saben perfectamente lo que hacen y sacan de quicio a cualquier defensa. Y después te clavan esa asistencia made in Ortigoza, y te la rematan con un bombazo de tiro libre que el arquero ni se gasta en tratar de agarrar.

Pero, ¿sabés qué es lo que me deja más tranquilo? La nerca que tenemos en el banco para tirar a la parrilla. A veces echás una mirada a los suplentes y eso alcanza para sacar algunas conclusiones: Nacho, el pibe Sabella, los hermanos Palacios, pronto va a estar el Uva, también Coloccini si es que no se retira. Es un montón. Vendrán los sabelotodo a decir que es demasiado plantel para lo que estamos jugando. Bueno, hermano, qué sé yo, ¡no me rompas las bolas! Vamos a ver si podemos suplir en Mar del Plata a las figuritas paraguayas y sostener la solidez que mostró ayer el equipo.

Les iba a decir algo más, pero me olvidé. Es que estoy que voy y vengo con los quehaceres dominicales y echando un ojo de refilón al asunto este de Bolivia, que me interesa. Y ahí está Alberto, como corresponde, acompañando la asunción de una democracia que le habían arrebatado a la región y que hoy, con lucha y organización, se pudo recuperar. Y hablándoles un poco en serio, me cabe esto aprovechar las crónicas para tirar algunas puntas de las cosas que están pasando. No me interesa en lo más mínimo que piensen como yo. Lo que sí nos parece importante, y me atrevo a decirlo en nombre de mis compañeros, es que entendamos que no se le va la vida a nadie en el fútbol. Saquémonos el balde de la cabeza, que la vida no es tan larga como parece y están pasando todo el tiempo un montón de cosas. Amo a San Lorenzo y sufro como un ganso cuando nos va mal, o sea casi siempre, y me entusiasmo como un perejil cuando siento que esta vez nos puede llegar a ir bien, o sea que casi siempre también. Después, claro, nos estrellamos contra esa pared sin corazón que se llama realidad.

Me gusta el deté que tenemos. Está mostrando pragmatismo, no iluminismo. Buena señal. Me gusta sentir que da frutos el laburo que se hace en inferiores, y me gusta sospechar que con este equipo bien podríamos pelear algunas cosas. Después, claro, hay que pelar, y ahí vamos a ver cuánta nafta tenemos en el tanque.

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