El agujerito sin fin

23/Ago/21

Me pasan cosas con este equipo, todas de carácter negativo pero cosas al fin. San Lorenzo vive cayendo en un pozo que parece no tener fondo, lleva así gran parte de los últimos años y se pasa contradiciendo aquella frase popular de “peor que esto no se puede estar”. El equipo de Boedo ayer casi no compitió, pese a algunos esfuerzos individuales Argentinos Juniors con poquito, muy poquito, le ganó 1-0 con un gol de arranque tras una desatención en un corner. Encima el gol de la visita lo hizo Nicolás Reniero como para que el piso de la caída siga corriéndose como aquel relato de Galeano y la utopía; el azulgrana juega y el pozo se corre diez metros más abajo.

El club parece guionado por el manual de marca de las series de Netflix. Todo el tiempo pasa algo, no termina de florecer y resolverse un conflicto que ya aparece otro; todo seguido, todo vertiginoso, todo sin pausa, todo sin un mínimo descanso y sin tiempo para respirar. La saga de esta semana empezó en la derrota frente a Talleres donde el agua ya le había llegado a las rodillas al ciclo de Paolo Montero (de esto hablaremos luego), las discusiones en el aeropuerto y el intento de borrar a los Romero ¿Por parte del DT? Una situación que se repite a lo largo de los ciclos. En algún punto de todos los ciclos de los entrenadores hay una “pelea” con los hermanos ya sea con el técnico o con los “referentes”, los hermanos salen del equipo y el resto demuestra con ganas lo mal que juegan al fútbol, lo pasivos que son para pelear los partidos y hasta el más anti-Romero termina pidiendo por favor que sean titulares. El DT de turno los pone tarde y generalmente hace que Ángel tenga que correr al lateral derecho del rival en lugar de explotarlo en lo últimos metros. Esto ya pasó con Pizzi, Monarriz, Soso, Dabove y ahora se le suma Montero. Los mellizos pueden ser un montón de cosas pero cuando les tiras la pelota de lejos no les rebota 5 metros en el control, eso solo ya los hace mejores que el 90% del plantel. Voy a permitirme esbozar aquí mi opinión sobre estos affaire: Los Romero juegan bien al fútbol, el resto del equipo no. Los hermanos en otra época podrían haber hecho destrozos, tal vez en ciclos con mejores jugadores como el de Guede o Aguirre. Son caros para estar tan mal rodeados. La solución es sacarte de encima la jauría que los rodea o dejarlos, vender a los mellis y que nos resignemos a no ver siquiera una gambetita, un caño o una pisada. Me gusta el fútbol, por eso la decisión me parece simple.

Las acciones del partido arrancaron con Argentinos Juniors y la pelota, mientras San Lorenzo miraba, llegaba tarde a todas las jugadas como si nadie le hubiera prendido el joystick a Paolo, así tocaron de derecha a izquierda y tras un centro de Hauche consiguieron un tiro de esquina desde la izquierda. El centro cayó lejos del área chica pero en la cabeza de MacAllister que conectó sin fuerza, la pelota dio en el palo, el rebote fue para el medio del área donde Nicolás Reniero la empujó como pidiendo permiso y tratando de no hacer ruido para que la siesta de los 4 jugadores azulgranas no se cortara de manera brusca. Todos mirando como la empujaba el delantero, nadie interviniendo, todos llegando tarde, el rival festejando y los hinchas agarrándonos la cara impávidos ante el estupor de una película repetida una y otra vez. Una especie de espiral o para continuar con la idea un pozo de una caída que no termina nunca.

Después del gol el partido iba a plantearse de otra manera. Palacios y Sabella iban a ser de lo mejorcito de un equipo con poquísimo juego, mucho pelotazo a Di Santo buscando una segunda jugada que llegó muy poco y las pocas veces que lo hizo se extinguió en un mal control, una pelota que quedó atrás, alguna falta de sincronización a la hora de picar. Cuando iban 12´ Palacios y Di Santo se conectaron entrando al área, el volante enganchó intentó un centro, recuperó el rebota y le dio al arco. La pelota rebotó en Torren y salió. Un minuto antes Sabella desde la izquierda recortó para adentro y sacó un bombazo de lejos que se le fue alto. Los juveniles al menos mostraban rebeldía, vergüenza deportiva. De por sí ellos solo con eso marcaban una mejoría respecto de los dos partidos anteriores. Poco más iba a pasar hasta los 38’ cuando Ortigoza cambió de frente para Sabella que en el vértice del área grande controló y sacó un derechazo que se fue cerquita en la más clara del Ciclón en la etapa inicial.

En el segundo tiempo las cosas iban a seguir en la misma tónica y Reniero, casi de arranque, cabecea prácticamente solo en el área para que Torrico se estire aunque la pelota se iba a ir un poco por arriba. Nada había cambiado mucho, solo el equipo de Milito empezaba a perder tiempo cada vez que podía, lo que en si no está bien o mal excepto por la falta de autoridad del pésimo árbitro Echavarría al que le tomaron el pelo todo el segundo tiempo. Iban 20’ cuando Zapata salió hasta el medio, no encontró pase, retuvo la pelota y la perdió dejándole una contra a la visita que tuvo que intervenir Torrico tapando un remate a quemarropa desde el punto del penal que partió de los pies de Hauche. Enseguida Zapata le sacó el segundo a Hauche que definía sin arquero tras una buena jugada del ex San Lorenzo.

Iba media hora de juego de la segunda mitad cuando San Lorenzo iba a tener un primer espasmo de reacción tras un córner cobrado por Ángel Romero. La pelota le cayó a Di Santo en el vértice del área chica, el lungo cabeceó sin fuerza como metiéndola otra vez y Cerutti la peinó pero Chávez se iba a quedar con la pelota que era el empate. En 41′ Uvita iba a robar en el medio, abrió para Di Santo que increíblemente se frenó entrando al área como con miedo de hacer el gol para convertirse más cómodamente en un asistidor para volver a tocar con Fernández pero le tiró un ladrillazo que el delantero no pudo controlar y así se iba la última chance de torcer el rumbo. No solo se jugó mal sino que tampoco salió una. El final del partido se iba a ir entre San Lorenzo corriendo detrás de la pelota como si jamás se hubiera estudiado a un rival que juega siempre parecido y Argentinos perdiendo el tiempo.

Los cambios fueron raros. Los hermanos terminaron entrando ambos ante la urgencia del resultado aunque tarde. Ángel de nuevo teniendo que correr al lateral y Óscar faltando 10 minutos. Uvita Fernández ingresó de arranque en el segundo tiempo cuando supuestamente no estaba para un esfuerzo grande. La salida de Sabella fue extraña ya que era por bastante el mejor de San Lorenzo, más sabiendo que no estaba jugando en su puesto que es al lado de un volante central sino en la banda. Fue clarito que Jalil Elías no andaba y que Ortigoza se cansa, entonces si encima de jugar mal los cambios se hacen tarde las cosas tienen un final anunciado. Ante la entrada de Cerutti San Lorenzo jugó al pelotazo encontrando siempre libre a Herrera para salir del fondo y en ese momento lanzando a los volantes y delanteros para meter el bochazo y nunca intentó que el que estaba parado de volante se acercara al lateral derecho permitiendo una opción de pase más cercana, arrastrando marcas, generando una distracción. Todo juntar gente arriba para meter un pelotazo. El ciclo de Montero está complicado aunque los errores del técnico no pueden tapar el triste presente que surge problemas económicos e institucionales y se devora a cualquiera que esté en el banco. Negar la influencia de la crisis institucional en el deporte más importante del club sería mentir o analizar olvidando la variable más decisiva.

Otro golpe más, una caída que continúa sin encontrar el final, ojalá lo de ayer haya sido el piso y desde aquí el agujerito sin fin en el que estamos se convierta en un resurgir. Para matizar un poco tanta catarsis debo decir que la camiseta nueva es hermosa, de las más lindas de los últimos 20 años. Ojalá prontito esa belleza sea honrada en cancha con un poquito más de ganas y fútbol.

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