Se inundó la cocina

17/Ago/21

San Lorenzo se trajo de Córdoba una derrota a la cual ningún adjetivo le es suficiente para ser descripta. Fue horrible, apático, triste, anodino, lento, amargo, decepcionante, insufrible. Monótono, dócil, blando, inverosímil. No bastaría todo el diccionario de calificativos. Podríamos estar noches y días sumando vocablos y aún seguirían apareciendo sensaciones.
Se podía adivinar que luego de la victoria al hijo de toda la vida, allá en la ribera, los rivales iban a intentar agarrarle la mano al equipo. Pero nadie esperaba una debacle tan pronunciada.
No hubo espejitos de colores, el andar del conjunto nunca fue superlativo. Pero tenía dos o tres certezas. Era duro, marcaba bien y jugaba con inteligencia e intensidad. Inclusive suponíamos todos y todas que con el arribo de los mellizos y la recuperación de Di Santo la cosa iba a mejorar.
Talleres ganó 2 a 0 con absoluta claridad y el dato destacable es que no nos golearon. Y bien que pudo pasar. San Lorenzo nunca ofreció resistencia. A los 15 minutos le cabecearon el 3er córner consecutivo y fue adentro. Cuando logró hacer un poco de pie, pasada la media hora del cotejo, inclusive logrando algún arribo aislado (tuvo una Óscar y hubo una de Di Santo que pareció penal), sufrió otro gol simple. Fran Flores quedó expuesto en los dos goles, perdiendo la marca de Enzo Díaz en el primero y perdiendo la referencia de Fertoli en el segundo. Cuando los equipos son horribles los centrales siempre quedan en off side.
Fertoli es un meme de la situación nuestra. Cuando jugaba en Casla tenía cara de chico triste y conflictuado, con marcas en la cara y con un peinado que no decía nada. Ahora tiene reflejos a la moda, juega con la 10, tira los córners y se da el lujo de pararla de aire, perfilarse y ponerla en el ángulo.
San Lorenzo está siempre en el mismo lugar. Si la goleada con Unión era un golpe en los tobillos del proceso Montero, esto es un golpe en las rodillas. Es esperable que los equipos más armaditos, cuyos técnicos tienen más tiempo a cargo, nos superen. Eso está dentro de la lógica.
Ahora bien, el nivel de los errores y la llamativa falta de ganas de los jugadores no tiene ninguna explicación posible. O no tienen ganas o no entienden al técnico o no lo quieren entender y no tienen ganas.
No parece que Paolo tenga a mano demasiado para cambiar y armar un equipo diferente, estos son los elementos con los que contamos. Su idiosincrasia tampoco parece ser la de un moderno y agresivo estratega. Es del Siglo XX y aún cree en el 4 4 2.
Del segundo tiempo la noticia es que hubo dos rojas (Peruzzi y Rosané) y que Torrico se revolcó de acá para allá para que no nos metan dos o tres goles más. Incluso a Talleres se lo vió relajado y sin ganas de vapulearnos.
San Lorenzo es como una casa en el delta. A contramano de todos los fenómenos vaticinados por la ONU, el agua creció. La tenemos en la entrada, ya tapó el muelle. Y está empezando a meterse por la puerta de entrada. Ese lugar lindo para tomar mate en la entradita, también conocido como palier, ha desaparecido por el paso devastador de la inundación. La madera y el agua se llevan muy mal. La segunda pudre a la primera.
Se nos inundó la cocina, de nuevo.

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