Ya está, viejo

Un jardinero azul. Un gorrito. El Fiat 600 blanco que era el primer auto de la familia. La recorrida por el barrio y los alrededores del Viejo Gasómetro: “esta es la esquina de San Juan y Boedo”, “esta es la iglesia donde se fundó San Lorenzo”, “ahí está el almacén de Diego García que jugó en el primer equipo campeón en 1933”. En el viaje de San Justo a Boedo hablamos de la hazaña de la B y me mostraste que ya había afiches de Alfonsín en las calles. Recuerdo que llegamos a Avenida La Plata y caminamos por la vereda del estadio. Allí estaba todavía el templo de aquellas hazañas que me habías contado. Llevabas a Christian que apenas podía caminar en brazos. Recuerdo mis pasos cortitos y el calor de tu mano que me guiaba. Intentamos entrar. Faltaba poco para que empezaran a desarmar las tribunas. El club creo que ya estaba cerrado y vos hablaste largo tiempo con alguien en un portón. Le rogabas que nos dejara entrar a pisar el campo de juego.

 

Tengo en la memoria la soledad y el eco de lo que hablábamos nosotros tres. Nos mostraste dónde estaba el Gimnasio General San Martín, nos hiciste subir a una de las tribunas, fuimos al campo de juego. “En aquel arco Sanfilippo hizo un gol de taquito”. “Una tarde el Bambino Veira le metió cuatro goles a Boca en un tiempo”... Con esas manitos pequeñas tomé un puñado de pasto que me costó arrancar tanto como les costó a “los hijos de puta de la dictadura que nos obligaron a esto, por suerte se están yendo”... Guardé ese manojo de césped en un bolsillo. En algún lugar de la casa de la infancia está guardada la bolsita con esas ramitas secas.

 

Son fragmentos. Piezas de una historia. Algunas cosas creo que me las acuerdo, otras las fuimos hablando con los años, algunas quizás las imagino. Tenía esa edad en la cual guardás recuerdos pero perdés el orden de las cosas. Conservo esos momentos y la foto descolorida que nos sacó un señor al que le explicaste cómo usar la vieja cámara de fotos y que tardamos en encontrar porque casi no había nadie en el lugar.

 

Con los años fui uniendo esos fragmentos como piezas de un rompecabezas. Crecí en canchas ajenas, sufrí los años sin vueltas, entendí y comprendí la historia de aquel estadio, descreí de los locos que me querían ilusionar con volver, me sumé a la lucha, soñé, pero aquella tarde de los albores de la democracia, medio desordenada, medio entre la realidad y la imaginación, se fue transformando en un suceso trascendental de mi historia.

 

Hoy no te tengo para ir juntos a Avenida La Plata, pero lo primero que sentí cuando se confirmó que los franceses dijeron “sí”, fue tu mano apretándome fuerte. Sé que si andás por ahí estarás disfrutando este momento. Yo solo puedo decirte, más de treinta años después, “Volvimos. Ya está, viejo”.

 

* Periodista, editor, comunicador. Socio refundador de  San Lorenzo. Autor de “Postales de una pasión”. Coautor de “San Lorenzo: Del Infierno al Cielo”, donde aparece originalmente este artículo, y “Campeón de América”. (@carloscordoni)