Dieguito Armando

25/Dic/20

Nunca tuvimos una navidad tan lluviosa y el pesebre se nos llenó de agua esta vez. Un mes entero sin nuestro Diego, que ahora se nos hizo estampita en el corazón y nos obligó a ponernos a pensar la narrativa de su mito, porque, claro, de golpe todos sentimos esa responsabilidad inmensa de que nuestros hijos entiendan qué pasó con ese diosito embarrado que nos regaló 60 años de andar entre nosotros, dibujándonos sonrisas en la cara sin pedirnos nada a cambio. No interesa si somos padres o no. Quizás nunca lo seamos, pero ni siquiera eso interesa. En el suelo de la patria siempre habrá pibitos pateando una pelota y todos tienen que oírnos hablar de nuestro Dieguito Armando.


Se nos estropeó el pesebre y sin embargo acá estamos, tratando de salir adelante con lo poco que nos queda. Pero yo no quiero seguir igual. Yo no quiero que el tiempo venga a curarme las heridas y un buen día hacer como si nada pasó. Yo a partir de ahora quiero tener siempre conmigo mi estampita y no solo eso, sino que de alguna manera trataré de crecer. Quiero hacerme cargo de que las cosas ya nunca serán como antes. Y no estoy hablando de nada raro, no se preocupen. Solo quiero hablar un poco de fútbol.


Siento que es el momento indicado para empezar algo que muchas veces me propuse, pero no supe cómo ni por dónde. No le encuentro sentido a seguir viviendo el fútbol con la misma intensidad que me atravesaba cuando era más pibe. No le encuentro sentido a que un juego que juegan otros siga perturbándome en lo profundo, a punto tal de alterarme días enteros. Ya no quiero que me pase más. No le encuentro sentido, sobre todo, porque ya es indisimulable la distancia que nos separa de esos tipos que se ponen la camiseta que amamos. ¿Cuánto tiempo más puedo seguir haciéndome el distraído? No solo no me identifico con esa gente, sino que indudablemente la enorme mayoría de ellos está en las antípodas de muchísimos pensamientos que yo puedo llegar a tener. La pelota no se mancha y el fútbol no dejará de ser jamás nuestro deporte popular, pero Maradona nos dejó huérfanos de una manera de ser. Los tipos que lo ejecutan hoy, con nuestros colores a cuestas, pertenecen a una clase de elite, y yo quiero reservarme la potestad de decidir que lo que hagan o dejen de hacer esos tipos no nuble mi estado de ánimo. Al menos no tanto como antes.


Es muy difícil, lo sé, porque nacimos con una pelota debajo de la suela y porque no podemos deshacer de un día para el otro lo que somos y lo que sentimos. Pero estoy decidido a intentarlo. Tengo en mi bolsillo la estampita de mi Dieguito Armando y él me dice que sí, que ya no vale la pena andar sufriendo así por ciertas cosas. Quiero librarme un poco de esta atadura que siento y en todo caso entablar con mi equipo una relación más amable, más distendida.


Dieguito Armando sabe que en nuestro fútbol ya no hay lugar para que nos ilusionemos los que no somos hinchas ni de River ni de Boca. Los dados están echados, y a él tampoco le gusta eso. El resto de los equipos somos parte de un decorado que tiene que estar ahí, porque qué gracia tendría que hubiera solo dos cuadros enfrentándose todo el tiempo entre sí. Es un show bastante decadente, que lo único que hace es que los hinchas de River y de Boca entren cada dos por tres en una suerte de descalabro mental, porque el humo es grande y mejor evitar el dolor de ciertas derrotas. Desde luego que cada tanto y si el Dieguito nos acompaña, alguno de los que estamos colgados del decorado tendremos la gracia de desabrocharnos y protagonizar algún round, pero, bueno, ustedes me entienden.


Y hay otra cosa que el Dieguito Armando me está soplando desde la estampita. “Ojo”, me dice. “Ojota que ahora encima se vienen los tontos del VAR”. Y es así nomás, dentro de poquito ya ni siquiera voy a poder sentirme libre gritando un gol de mi equipo, porque vamos a tener a este lorito tecnológico todo el tiempo posado en nuestro hombro, diciéndonos al oído “me parece que no fue, me parece que no fue”. Y yo no soy una persona que me chupe un huevo lo que pasa a mi alrededor. Ojalá, pero no. A mí me gana la vergüenza un montón de veces, y sé que no me sería gratuito gritar fuerte un gol y un minuto después enterarme que grité al pedo. Me puede pasar una vez, me puede pasar dos, pero a la tercera que me pase voy a empezar a reprimir ese momento de gol. No tengo dudas de esto que les digo.


Mi Dieguito Armando me avisa y me protege. “No te calentés, no vale la pena”, me dice. Ojo, a no confundir: a mi club yo lo voy a querer toda la vida, porque acá no se trata de apagar ningún fuego. No estoy escribiendo esto para hacerme el fifí ni me estoy pasando del otro lado del mostrador. Nada más quiero ponerme a resguardo de ciertas lluvias. Ya bastante tengo con esta tormenta que nos agarró desprevenidos y nos arruinó el pesebre. No le llevábamos mucho el apunte, a nuestro pesebre, y se nos tuvo que venir encima la crecida para enterarnos de todo el bien que nos hacía.


Yo juego a la pelota los lunes con mis muchachos. Es hermoso jugar un rato a la pelota. No hay con qué darle. El otro día, se pasó el fulbito para el miércoles, y justo jugaba Boca el partido de ida contra Inter de Porto Alegre. Muchos son de Boca, por supuesto, pero ellos eligieron ir a jugar a la pelota, en lugar de quedarse mirando el partido por tv. Todos sabemos lo importante que es la Libertadores para los que somos futboleros, pero no interesa, porque mis muchachos tomaron la decisión política, elemental, de que hay algo que es más importante todavía, y es jugar un rato a la pelota nosotros, en nuestra canchita. Ellos, no hace falta que lo diga, también tienen su estampita del Dieguito Armando, en el bolsillo del pantalón.

“Se nos estropeó el pesebre y sin embargo acá estamos, tratando de salir adelante con lo poco que nos queda.”

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No me lleven el apunte

13/Dic/20

Veníamos bien hasta que una noche, en horario prime time, se nos desmoronó la ilusión, como una estantería mal amurada y cargada de libros. ¿Era de esperarse? Bueno, me da la impresión de que acá diremos cosas distintas. Yo diré que no. Que no vislumbraba semejante desconcierto tras una hilera de muchos partidos donde nos comimos la curva de la regularidad y la solidez. ¿Puede pasar que te superen futbolísticamente? Claro, todo el tiempo puede pasar. Pero ser superados no debería implicar que el equipo pierda de golpe la brújula de todo lo que venía construyendo. Y anoche pasó eso: fuimos claramente superados por el rival durante 90 minutos, pero, no conformes con la derrota, fue una muestra de haber olvidado el proceso -corto, es cierto- que hasta acá se había hecho. ¿Entonces? Entonces nada, la desazón a la que estamos habituados.

En un momento, promediando el segundo tiempo, me detuve un toque en el vertiginoso grupo de WhatsApp de La Soriano, y ahí un compañero tiró su verdad de Perogrullo, que queramos o no es el mantra que nos rije: “Es fútbol”, dijo, y ya está, se entendió. De hecho, nadie precisó siquiera agregar que “a veces se gana, a veces se pierde”, subtítulo obligado toda vez pronunciada la verdad de Perogrullo. Y tal vez nos pase con el fútbol algo parecido que con la política o con cosas más relevantes: un día nos levantamos cruzados y creemos que esto no tiene arreglo; al día siguiente por ahí se nos despeja un poco el cielo de nuestras cabezas y ahí decimos que, bueno, quizás, quién te dice, hay algo que trasciende la coyuntura y que le da un piso de sentido a nuestros alocados y volátiles sentimientos. 

Igual, por más que le quiera poner onda al asunto, mi realidad personal, y en esto no involucro a nadie más, es que le voy perdiendo el gusto al fútbol. No al juego, que me encanta. Pero dos por tres me pasa que me encuentro parado en esta vereda del sinsentido, y de a poco me va ganando el cansancio. Después, claro, te viene un Soso y tenés un equipo que de pronto te juega bien, y ahí entrás de vuelta como un caballo. Te querés tatuar algo, no sé, la cara de Donatti. Pero, hay un par de realidades que están fuera de discusión: el fútbol argentino tiende a un mano a mano perenne entre River y Boca, año tras año midiéndosela, disputando finales, ampliando zonas de influencia. Que el que no salta esto, que el que no salta lo otro: un show bastante deplorable. El resto somos actores de reparto que estamos ahí, medio de relleno, porque si todo se redujera a cruces directos entre River y Boca, bueno, este asunto no tendría mucha gracia. Algo más tiene que haber, un cotillón, globos en la pared, niños con los ojos vendados atinándole al burro de cartón. Por ahí el auge de nuestro fútbol culminó una década atrás, cuando de repente teníamos un Banfield campeón, un Lanús pujante, el Bicho de Borghi. Me gustaba esa paridad y esa imprevisibilidad que supimos conseguir. Siento que quedó atrás.

Yendo a la cosa más concreta, no me va a quedar más remedio que volver a contradecirme. Soy una de las personas más contradictorias que conozco. Crónicas atrás juré que acataría como un soldado todas y cada una de las decisiones futbolísticas de nuestro Comandante en Jefe, Mariano Soso. Pero ayer transcurrían los minutos y yo no podía más, honestamente, con la angustia que me producía ver a Di Santo desplazándose por el césped del Bidegain, justo en el momento en que disputábamos un partido por los puntos. Porque, si me decís que el altote tiene ganas de visitar nuestro estadio y corretear un poco, en cualquier otro rincón de la semana, perfecto, vaya nomás, dese el gusto, pero no me cabe en la cabeza que ese muchacho esté con nuestra ropa puesta, usurpando el lugar que debiera estar ocupando uno de nuestros jugadores de fútbol. Si lo que pasó anoche no bastó para que Soso se percate de lo que el resto del universo ya sabe, y si la próxima fecha ese hombre vuelve a saltar al campo de juego en calidad de titular, bueno, comenzaré a perder la fe que me queda.

No es solo un número 9 que no es tan bueno como otros compañeros de su misma posición. Es un descalabro que afecta duramente al resto del equipo. Si Ángel hubiera ocupado su posición, tal como venía ocurriendo, entonces eso hubiera significado calidad en el ataque y también un hombre más para fortalecer el medio campo, ya sea Peralta Bauer exigiendo por su banda o el mismo Alexander, cuyo ida y vuelta ya hemos podido observar. Si PB o Alexander hubieran ocupado el lugar del insípido Di Santo, entonces quizás Ramírez hubiera podido acompañar con más eficacia la lucha de una línea de cinco que se vio enormemente doblegada durante el primer acto. Nada de esto pudo ocurrir. Seguramente habrá habido otros factores y yo no estoy en condiciones de ver todo lo que ocurre en un campo de juego, pero, de algo creo no tener dudas: la inclusión en el equipo de ese número 9 que llegó al club con pergaminos y nula experiencia en nuestro fútbol, fue un factor de desequilibrio, en una estructura que, hasta aquí, se había venido levantando con notoria solidez. Mi amigo Soso se disparó en un pie, y los resultados estuvieron a la vista.

Está claro que venimos de una mini-racha de lesiones y que la defensa fue improvisada. No leí la crónica del compañero que me precedió en la palabra, pero estoy seguro de que ahí lo explicó con creces. Yo solo vengo a añadir esta impotencia que siento a veces y la incoherencia de la que no puedo escapar a la hora de sentarme a escribir sobre fútbol. Un día vengo y les armo un rompecabezas con un cielo claro. A la semana siguiente vengo y les pinto un cuadro catastrófico, como si una guerra nos hubiera devastado. No son ustedes, soy yo. No me lleven el apunte.

La columna de Facu Baños de la derrota frente a Talleres por 2 a 0

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Equipo fuerte

1/Dic/20

Terminó el que habrá sido, para nuestro pueblo, el fin de semana más triste de su vida. Y acá estamos todos, me imagino, tratando de recobrar algo de la energía cotidiana, detrás del duelo más inesperado. No me pareció mal que se haya disputado la fecha -discusiones intrascendentes-. Lo que sí, me da la sensación de que la aplastante mayoría de los hinchas nos fuimos un poco volando con ese barrilete que nos mostraba la tv durante el minuto de aplausos que protagonizaron los equipos, en todas las canchas donde se jugó. Después, resulta que había un partido, y ahí estábamos nosotros, tratando de unir cables y enfocar la vista para darle un poco de bola al asunto.

En nuestro caso, llegábamos al pitazo inicial con una tranquilidad inusitada. Dos fechas faltaban todavía para completar esta primera ronda y San Lorenzo ya estaba metido en la fase siguiente. Una falta de respeto a nuestra historia. Me dirán que si perdíamos con Estudiantes y después venía el Tiburón y nos clavaba seis goles en nuestra cancha, todavía nos podíamos quedar afuera. Les daré la razón. Pero, lo cierto es que nos trajimos de La Plata el puntito dulce y que ya estamos con la cabeza puesta en la ronda que cruzará a los mejores equipos, en busca de la querida copa Diego Armando Maradona. 

Pensar que hace un par de semanas, en esos últimos días del año 1 AD, la legislatura aprobaba por robo la primera lectura de nuestra rezonificación. Nos quedó un poco lejos la felicidad. Qué íbamos a saber que estaba a punto de caducar, el calendario que conocíamos. Lo cierto es que, con un poco de viento a favor y de empuje sanlorencista, en el año 1 DD vamos a ver, por fin, cómo se empiezan a levantar esos escalones en Boedo.

¿Quieren que hablemos un poco de fútbol? Qué sé yo, el doparti de anoche tampoco es que nos dejó un montón de temas de conversación, ¿vio? Estudiantes puso un equipo cuyo promedio de edad era más o menos de segundo año del secundario. Era obvio que, si algo iban a hacer esos pibes, era correr. Después, otro asunto diferente era que la testosterona de los púberes se transformase en un peligro real para la valla de Monetti. Bueno, no. Corrieron nomás. Los nuestros les daban tanza, les daban tanza, y ellos se llevaban río adentro el anzuelo con la carnada. En el segundo tiempo bajaron las revoluciones, desde luego, porque, por muy pibe que seas, no podés sostener el ahogo al rival durante 90 minutos.

San Lorenzo jugó bien solo durante algunos pasajes aislados. Estuvo un poco más impreciso en relación a lo que nos habían acostumbrado nuestros muchachos. Pero, imprecisiones al margen, nunca estuvo en duda la firmeza, en ningún momento se perdió el eje. En ese sentido, este equipo que está diseñando Soso tiene una huella que yo llevaba tiempo sin reconocer, y que me recuerda a las épocas dulces del Patón. Sale el equipo a la cancha y el hincha está tranquilo, porque sabe a qué juega San Lorenzo, porque este convencimiento de los jugadores llega sin escalas a nuestras emociones.

En el segundo tiempo, Soso buscó la mejor manera de homenajear al Diego y entonces mandó a la cancha a Di Santo, un muchacho de una habilidad descomunal. No, bueno, hablando en serio, ¿a ustedes también les dio la impresión de que ese hombre no podía sostenerse en pie? Me hizo acordar a Maravilla Martínez, en el primer round de su fatídica pelea versus Cotto. Yo, honestamente, creo que nuestro plantel sería perfecto, si no lo hubiesen traído a este tipo con pasado de selección y Premier League, que debe cobrar -por eso que hace- bastante dinero.

Amén de este párrafo que acabo de escribir porque fue más fuerte que yo, perjuré fechas atrás no criticar ninguna decisión del Profe Soso. Me demostró que supo armar un equipo fuerte en muy poco tiempo, como nadie lo había hecho al menos en los últimos cuatro años, y eso me entusiasma a punto tal de cerrar el pico y dejarlo que haga su trabajo. Disfruto de tener en San Lorenzo un flaco como éste, que transmite serenidad a los hinchas y que demuestra, partido o partido, saber qué quiere de la vida, o al menos del equipo que conduce. Existen sobradas muestras de que tener un plantel largo, incluso si estuviera nutrido de jugadores de renombre, no es en absoluto garantía de construir una campaña exitosa. Hay un laburo artesanal que bajo ningún aspecto tiene que ver con el poderío económico de un club, sino con las habilidades que sepa reunir esa persona que está al mando del proceso futbolístico. Anoche, en algún momento de la transmisión, un comentarista decía que esta versión de Soso dista mucho de la de aquel que había agarrado Gimnasia, un par de años atrás. Parece que está más asentado, más seguro de sí mismo. Será por eso que no lo vemos todo el partido gritando desaforadamente, como el impresentable que ocupaba anoche el corralito rival. Hay un deté hábil, que transmite seguridad, y hay un equipo fuerte, con puntos muy altos en términos de juego. Entonces sí, che, déjenme que me entusiasme nomás.

La crónica de Facu Baños del empate en la Plata frente a Estudiantes por 0 a 0 

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El oso soso

15/Nov/20

¿Qué pasa con esta crónica? Se escribe sola. ¡Mirá! Saco las manos del teclado y las palabras siguen apilándose en el doc. Y sí, che, me parece que hoy cualquiera de ustedes podría estar en mi lugar y todos acabaríamos diciendo más o menos las mismas cosas. Sensación unánime e irrefrenable de que cuánto hace que no veíamos jugar así a San Lorenzo. Las acciones del match ya se las relató magistralmente mi compañero en la crónica de ayer. Acá, para arrancar, expresaré mi alegría de tener, al fin, un entrenador que potencia a sus jugadores. “Han pasado cuatro años de esta vida”, dice el clásico de Moris, y bien debió estar pensando en San Lorenzo cuando escribió la canción: cuatro años viendo pasar un dt tras otro, viendo armarse y desmantelarse planteles enteros; cuatro años charlando entre nosotros, para desahogarnos, porque a veces sinceramente no podíamos entender cuál era el programa futbolístico que tenía la dirigencia; cuatro años alternando entrenadores consagrados con entrenadores del club, y cuatro años viendo cómo se desvalorizaba vertiginosamente nuestro patrimonio; mitad de tabla para abajo, jugadores desmotivados, ilusiones despilfarradas.

Y de pronto, ¡flash!, diría Luis Miguel. No, Etchevehere no, el otro, el mexicano. Bué, dejá, no importa. De golpe llega Soso, un tipo joven, que trajo la dirigencia en calidad de apuesta, en un momento de papas calientes. Detrás de Soso vino una pandemia, y eso no parecía muy alentador, pero un día todas las cosas excepto San Lorenzo empezaron a recuperar su relativa normalidad. San Lorenzo, para alegría de todos nosotros, parece haber perdido el tren en que venía viajando, y ahora se ve que andan un poco más tranquilos los muchachos, bajo la égida de este gentilhombre que intenta expresarse correctamente en cada conferencia de prensa, aunque aquello le valga el descrédito de los que creen que el fútbol tiene que seguir siendo el paraíso de los Coco Basile y los Mostaza Merlo.

Mi temor no era su manera de hablar. Mi temor, en todo caso, era que viniera con ínfulas de laboratorio, inventándole posiciones a los jugadores e improvisando un brebaje diferente para cada partido, enloqueciéndonos definitivamente. Nada más lejos. Tenemos un equipo con aplomo, que primero se ordenó defensivamente y que ahora está encontrando su mejor versión ofensiva. Pero, lo más importante, y lo vuelvo a decir, es que el entrenador ya ha dado señales, en este puñado de partidos, de saber cómo potenciar a sus jugadores. Y esa sola virtud del deté, en caso de confirmarse, bastará para sepultar un tiempo de ingratitud que se nos había extendido más de la cuenta. Está la mesa servida para que tengamos un tiempo virtuoso, revalorizando nuestro patrimonio, afianzando los pibes que -ahora sí- protagonizan el proceso futbolístico, fortaleciendo el equipo y peleando cosas importantes. Del dicho al hecho, hay un largo trecho, es cierto, y sino miren a los diputados de la izquierda, que se pasaron toda la vida repartiendo volantitos exigiendo que la crisis la paguen los capitalistas, y ahora que el Congreso va a debatir un proyecto de ley para que las grandes fortunas del país colaboren con la crisis sanitaria, ellos dicen que no, que mejor se abstienen. ¡Mamita! Qué manera de comerle la gorra al piberío que los milita. Por suerte después crecen y la enorme mayoría rumbea para otro lado.

Pero, volviendo a nuestro San Lorenzo, las alegrías no están nada más en los pies de Piatti o de Gino Peruzzi (¡!). El miércoles pasado volvió a quedar claro qué es lo que quiere el barrio de Boedo, y el jueves que viene la legislatura porteña le levantará el pulgar al proyecto que quiere cambiar la rezonificación del predio de Avenida La Plata. Ahí no termina todo, claro que no. Pero el asunto avanza y más temprano que tarde nos juntaremos todos y todas a celebrar una nueva victoria popular. ¿Díganme si no es lindo, ser parte de una causa que liga generaciones, que refuerza el amor que sentimos por el club y por el barrio, que nos hace más conscientes en un nivel social y colectivo, y que, encima, despierta las simpatías de hinchas de otros clubes, rompiendo ese mito pelotudo de que no se puede congeniar con alguien que no comparte tus mismos colores? Sí, claro, llevamos más de una década de lucha y todos hubiéramos querido que esto se resuelva más rápido. Pero, bueno, lo importante es no arriar nuestras banderas y saber que, cuando el fuego crezca, vamos a estar todos ahí.

Ya les parafraseé al Indio, a Moris y a Luis Miguel. Si sigo dos párrafos más, te meto Gardel y el Wosito. Pero no creo que llegue. Me tengo que poner a cocinar. Lo único que te voy a decir, es que el deté se ganó mi crédito total. Yo quería que juegue el Tucu, lo puso a Peruzzi y ahí lo tenés a Peruzzi. Yo prefería que lo ponga a Herrera, lo puso a Alexander y ahí lo tenés a Alexander. Listo amigo, me coso la boca. Metele vos que de esto sabés. Te firmo un cheque en blanco. Danos alegrías. Por favor te lo pido. Quedate un par de años acá, y danos alegrías. Lástima que no somos hinchas del Lobo, sino te cerraba esta nota cantando “vuelvo al bosque, estoy contento de verdaaaa, laaaralarala, laaa, laaaralaralaaaa”.

Lee la nota de opinión de Facu Baños analizando el triunfo de visitante por 4 a 1 en la tarde de ayer. 

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Made in Ortigoza

9/Nov/20

Y bueno, me volví a ilusionar. Listo, me está pasando. No es algo que uno decida hacer. No es que haya estado reflexionando sobre eso: “Vamos a ver, ¿me ilusiono de vuelta como un gil, o sigo criticando todo, haciéndome el capo?”. Anoche, después del partido, comentábamos con un amigo que nos habíamos pasado los 90 minutos escuchando las pavadas que gritaba un tipo evidentemente mediocre -y por cierto mala persona, como ha demostrado ser durante su carrera como futbolista- como es el Chavo Desábato. “¡Tranquilo! ¡Atento! ¡Eso, eso!”: todo el tiempo así. O sea, dennos el carné de deté a los hinchas, si es tan fácil. A Soso, mientras tanto, casi no le conocemos el timbre de voz. Habrá dado sus indicaciones, claro, pero entre los gritos y las pataleadas del otro muchacho, el nuestro pasó desapercibido.

El que no pasó desapercibido fue su equipo, que se plantó en el terreno del Bidegain, impuso las condiciones, se hizo fuerte de atrás para adelante y por momentos mostró un buen fútbol. Bah, qué será eso del “buen fútbol”, ¿no? Podríamos escribir una crónica cada hincha y tendríamos casi tantas respuestas como crónicas escritas. No es que haya sido increíblemente vistoso, San Lorenzo, pero fue práctico, eficaz, manejó los hilos del partido, mostró firmeza en la marca sin correr de más, tuvo el balón durante varios pasajes, pero, más importante, tuvo el cronómetro en la mano, manipuló el tiempo de juego según su propia necesidad.

Voy y vengo entre el documento de Word y la transmisión de mando de Lucho Arce, en Bolivia, acá, en la ventanita de al lado. Porque, como ya sabrán, me propuse con esta columna que me puteen un toque en los comentarios. Y ahí está entrando el Presidente a la Plaza Murillo. Se abraza con unas cholas que lo estaban esperando, levanta la mano saludando a la gente que acompaña de lejos. “¿Jura por la Patria, por los próceres de la independencia, por nuestra Madre Tierra, por los dioses de nuestros ancestros, por nuestras hermanas y hermanos que dieron su vida por la democracia y la igualdad, desempeñar las altas funciones de presidente de Estado Plurinacional de Bolivia?”. Qué linda pregunta. Están pasando cosas que no creímos que iban a volver a pasar tan pronto: una defensa sólida, laterales que saben acompañar el ataque, un medio campo que está aprendiendo a contener, y las pinceladas de los mellizos que se traducen en cartulinas rojas para el rival y porotos que se quedan en casa. Es un placer, cada vez que ven venir la murra de un tipo que no se los fuma más y se anticipan, juntando los talones y pegando ese saltito, revolcándose de dolor. Qué felicidad. ¡A las duchas, señor! Son dos cracks y tienen ojos en la nuca. Saben perfectamente lo que hacen y sacan de quicio a cualquier defensa. Y después te clavan esa asistencia made in Ortigoza, y te la rematan con un bombazo de tiro libre que el arquero ni se gasta en tratar de agarrar.

Pero, ¿sabés qué es lo que me deja más tranquilo? La nerca que tenemos en el banco para tirar a la parrilla. A veces echás una mirada a los suplentes y eso alcanza para sacar algunas conclusiones: Nacho, el pibe Sabella, los hermanos Palacios, pronto va a estar el Uva, también Coloccini si es que no se retira. Es un montón. Vendrán los sabelotodo a decir que es demasiado plantel para lo que estamos jugando. Bueno, hermano, qué sé yo, ¡no me rompas las bolas! Vamos a ver si podemos suplir en Mar del Plata a las figuritas paraguayas y sostener la solidez que mostró ayer el equipo.

Les iba a decir algo más, pero me olvidé. Es que estoy que voy y vengo con los quehaceres dominicales y echando un ojo de refilón al asunto este de Bolivia, que me interesa. Y ahí está Alberto, como corresponde, acompañando la asunción de una democracia que le habían arrebatado a la región y que hoy, con lucha y organización, se pudo recuperar. Y hablándoles un poco en serio, me cabe esto aprovechar las crónicas para tirar algunas puntas de las cosas que están pasando. No me interesa en lo más mínimo que piensen como yo. Lo que sí nos parece importante, y me atrevo a decirlo en nombre de mis compañeros, es que entendamos que no se le va la vida a nadie en el fútbol. Saquémonos el balde de la cabeza, que la vida no es tan larga como parece y están pasando todo el tiempo un montón de cosas. Amo a San Lorenzo y sufro como un ganso cuando nos va mal, o sea casi siempre, y me entusiasmo como un perejil cuando siento que esta vez nos puede llegar a ir bien, o sea que casi siempre también. Después, claro, nos estrellamos contra esa pared sin corazón que se llama realidad.

Me gusta el deté que tenemos. Está mostrando pragmatismo, no iluminismo. Buena señal. Me gusta sentir que da frutos el laburo que se hace en inferiores, y me gusta sospechar que con este equipo bien podríamos pelear algunas cosas. Después, claro, hay que pelar, y ahí vamos a ver cuánta nafta tenemos en el tanque.

La columna de opinión del triunfo frente a Estudiantes en la pluma de Facu Baños. 

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Idiosincracia

1/Nov/20

¿De qué planeta viniste, San Lorenzo? ¡Increíble! Ese despliegue, los laterales lanzados al ataque con furia, acompañando a los creativos y ofreciéndose siempre por las bandas. Pases filtrados y un doble cinco filoso en la marca y lúcido para salir jugando. Ángel pivoteando y jugando de espaldas con sus compañeros que aparecían por sorpresa, burlando a la defensa rival. ¡Esa presión alta! Tremendo lo que corrieron nuestros jugadores, demostrando estar a la altura de ese mantra que habla de recuperar el balón tan rápido como se pueda. Y eso que se jugó en un terreno de juego de amplias proporciones. ¡Y qué manera de bombardear el área rival! Un abanico de aventuras: los laterales llegando a línea de fondo y lanzando centros certeros, el juego bajo de los creadores que tendían el mantel de las triangulaciones cada vez que se hacían del balón, y esos remates de media distancia, ¡noche de misiles en La Paternal! No hubiera querido estar en los zapatos del pobre Chaves.

Ahhh, ¡convidá, amigo! ¿Qué partido viste? Y bueno che, las ganas de volvernos a ver me habrán jugado una mala pasada. Toda la semana cortando clavos para que llegue el sábado y recuperar esto que nos estaba faltando. Claro, después resulta que arranca el partido y a los tres minutos ya nos da la impresión de que estábamos bien, así como estábamos. Podemos tirar un tiempo más sin San Lorenzo. Nos informamos de otras cosas. Eso está bueno. Qué sé yo, abro los diarios y veo que ahora Carrió está culo y calzón con Larreta, y no solo eso, sino que decidieron acompañar en el Senado el pliego de Rafecas que propuso Alberto para la procuraduría. ¿Qué está pasando acá? Me hacen acordar a esos toquecitos intrascendentes entre Gattoni y Donatti ahí en el fondo, esperando que alguien se les mueva.

Creo, por otra parte, que tenemos un problema extra-futbolístico. No me atrevería a decir que es un problema grave, pero yo soy un tipo que tiene honestidad intelectual y entonces lo tengo que decir: nuestra camiseta no impone respeto. Yo siento que ya en el sorteo de capitanes, el líder rival lo ve al Torito, petiso y emponchado con esos colores estridentes y esas rayas delgadas y deformes, y siente que tiene medio partido en el bolsillo. No voy a seguir hablando sobre esto, por ahora. Tengo otro problema y es que hay un montón de cosas que no termino de entender. No voy a poder expresarlas todas en esta crónica, así que algunas las dejo directamente para charlar con mi terapeuta: por ejemplo, ¿cómo puede ser que el Tucu Salazar, el único de nuestros hombres que corre y mete los noventa minutos, haya sido en la consideración del DT la alternativa de Peruzzi? Es clave, para mi salud mental, charlar un rato sobre eso.

Lo bueno de todo esto, hablando mal y pronto, es que fue el primer partido después de siete meses y no se perdió. Intuyo que en la previa todos y todas firmábamos irnos con un puntito de ese reducto insufrible que es la maqueta de La Paternal. Pero ojo, porque yo ya sé cómo viene la mano: ahora decimos que está bien, que recién es la primera fecha, que vamos a andar mejor, y después resulta que es como cuando salís a la ruta y el espejismo se te corre siempre para adelante. Venimos muy golpeados como hinchas y estoy seguro que no estoy solo en esta sensación de que la historia se puede volver a repetir. El país tiene problemas estructurales y el jueves tuvimos elocuentes pruebas de eso, en Guernica primero y en Entre Ríos después. Problemas estructurales de falta de vivienda, de inequidad, de pobreza; problemas estructurales con el dólar, mal funcionamiento de la justicia, elites enquistadas que no quieren ceder sus inmensos privilegios. ¿Y qué tiene que ver esto, flaco? ¡Esto es San Lorenzo, no me vengas a hablar de política! Bueno, tranquilo fiera. Vos podés. Lo que pensaba es que, así como el país, nosotros también tenemos problemas estructurales. ¿Cómo se explica, sino, que pasen los entrenadores y que los jugadores sigan jugando el mismo jueguito de morondanga de hace tres años para acá? ¿Cómo se explica que cambie la plantilla entera, que los once de ahora superen por mucho a los once de un año atrás, y que eso no se vea cuando rueda la pelota?

Espero que la idiosincrasia de San Lorenzo no sea esta incapacidad para correr, para meter, para buscar los espacios, para presionar al rival. Son muchas incapacidades para un solo equipo, y sería utópico si no se sale de ahí pretender algún día volver a disputar alguna cosa importante. Estoy necesitando no solo que se afiance como titular el Tucu Salazar sobre la banda derecha, sino clonarlo dos veces, para poner uno como él en la mitad de cancha y otro allá arriba, presionando con ímpetu la salida del rival.

Mirá, sigo leyendo los diarios y acá me encontré con algo interesante: parece que el gobierno mandó al Congreso un proyecto de Educación Ambiental, para fomentar una relación más saludable con la naturaleza y que eso forme parte de las currículas escolares, así nuestros pibitos van a crecer siendo un poco más conscientes del respeto que tenemos que tener todos por el lugar que habitamos. Ya veo que ahí se viene una ola de padres indignados, porque les estamos cercenando a sus niños la libertad de que contaminen las cosas como ellos quieran. Viste que este país da para todo. Si estás leyendo y sentís que te vienen unas ganas irrefrenables de putearme, adelante, hermano. “¡Se vos, no más, al mundo cambiarás!”, escribió Iorio, mientras se le derretía la última vela, quedándose a oscuras para siempre.

Lo último y me voy: hablando de clones, ayer tiraron en el grupito de WhatsApp que Soso es igual a la Ardilla Montillo. Chequealo. Te vas a sorprender.

La columna de Facu Baños sobre el empate sin goles en Argentinos Juniors.

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El bandoneón de Monarriz

9/Dic/19

Bien, míster. Muy bien. Se tenía que hacer y se hizo. No era cuestión de guapeza ni de grandeza. Las ideologías aplicadas al fútbol las podemos dejar para más adelante. A River no se le juega de otra manera. Lo dicen los números: te aplasta de visitante, porque en casa todos salen a buscar el partido sin ver quién está enfrente, pero le cuesta de local, cuando el rival sube la guardia y aguanta los embates, esperando un descuido del campeón para conectar.

A los 15, Adolfo bajó la pelota en el área y en el mismo movimiento dejó pagando a Pinola. Alguien más intentó frenarlo infructuosamente, y Armani será buen arquero pero tampoco la pavada. Bombazo al techo de la red y a cobrar. La cosa empezaba a darnos resultado. San Lorenzo jugó todo el partido igual. No es que arrancó de una manera y mutó según el resultado. No. Jugó a lo que jugó, como todos vimos.

Hay una remontada anímica y actitudinal. En Tucumán, dos fechas atrás, creí estar viendo la misma película de todos los fines de semana, desde hacía un par de años. Una tipo La Ciénaga, de esas que te ponen al borde del ataque de pánico. Después, con Patronato, qué sé yo, fue una cosa extraña, pero uno tenía la impresión de que esa mini rachita virtuosa era clave para fugar de la caverna y reencontrarnos con el mundo luminoso. Venía River, y todos sabíamos que íbamos a Núñez a jugar nuestra ficha, perdidos por perdidos. No hace falta recordar las nefastas estadísticas que llevábamos en la mochila. Bien Monarriz. Un aplauso para nuestro DT.

Me hubiera gustado, si me pongo fino, haber podido sostener la bocha durante el agregado, cuando ya estábamos con dos tipos más en cancha. Intentar llevar el partido hasta la mitad y a los rincones del campo. Bah, si es por pedir, me hubiera gustado que entre la que tuvo Menossi para liquidar el match: ¡qué panzada hubiera sido! Pero, bueno, ya estaba la suerte echada. El problema lo tenían ellos, y nosotros morimos con la nuestra.

Vienen de remontada los hermanos Romero. Óscar se los comió anímicamente durante los últimos 20 minutos de juego y ese barullo mental que se armaron nos dio un poco de oxigenación. De la mano de Gonzalo y Coloccini, la defensa se empieza a acomodar. Más allá de esos dos bombazos que nos cayeron al área en tiempo de descuento y que no fueron gol porque el diosito estaba de nuestro lado, me dio la impresión de que no sufrimos tanto las marcas como nos venía pasando. Es más, estamos generando un buen poderío cuando tenemos pelotas paradas a favor, porque incluso Ángel y Pitton demuestran ser agresivos en el juego aéreo.

Me sigue gustando el planteo de Monarriz. Dota al equipo de mucha elasticidad, para plegarse y para atacar en bloque, como si fuésemos un bandoneón, y me parece una apuesta práctica e inteligente. Cuando todavía nos seguíamos fumando a Pizzi (¡qué cosa increíble!), reclamábamos a gritos que ponga un equipo y se la banque. Bueno, eso es lo que hace este entrenador: pone un equipo y se la banca. Este abroquelamiento defensivo era menester, para salir del pozo al que nos había mandado el DT de las ideas progres. Había que rearmar el equipo de atrás para adelante. Había que lograr que nuestros jugadores hundan los pies en la tierra y sepan a qué están jugando, porque, por más que se le quiera dar vueltas al asunto, esa es la manera de agarrar confianza y de que la cosa funcione. Ojo, con una pretemporada encima y un plantel más afianzado, el concepto de equipo puede variar, y tampoco vería mal que así fuera. No pienso en ninguna locura, sencillamente en mover ese tercer central hacia la mitad de la cancha. Pero el míster es el míster y yo tanto de fútbol no sé. Por lo pronto, soy de la idea de valorar el trabajo hecho, cuando uno ve que las cosas se empiezan a dar.

Como pasó en su momento con el Pampa, este entrenador tiene un ojo puesto en las canteras del club. A diferencia del Pampa, creo que este entrenador tiene una idea más sólida de lo que pretende. Repetimos equipo después de mil años, y ese equipo que no se tocó, ganó los dos partidos que jugó. Pienso que no necesitamos ningún refuerzo, a menos que se nos desarmen las líneas. Hay que seguir dándole confianza y rodaje a los jugadores que tenemos, que son buenos. Si logramos esa amalgama perfecta entre experiencia y juventud, como diría Arjona, pienso que vamos a andar muy bien. Tienen que volver a enamorarse de la camiseta y a sacrificarse en cada pelota, como anoche. Porque, como dice el Indio, “un par de sienes ardientes, son todo el tesoro”.

San Lorenzo jugó todo el partido igual. No es que arrancó de una manera y mutó según el resultado.” La crónica de Facu Baños del triunfazo en el Monumental. 

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Trabajen

25/Nov/19

Se me hizo tarde para la crónica, pero la voy a hacer igual porque llevo varios partidos sin escribir. Pude haber aprovechado el triunfo en casa contra el Bicho y no lo hice. Mejor, porque no hubiese sabido cómo arrancar a describir un partido que no nos hizo sufrir. El sábado a la noche, en cambio, nos sentimos como en casa, con ese juego que hicimos en Tucumán, por momentos discreto, por momento lastimoso. Tuvimos la buena idea de juntarnos a verlo, en la casa de un compañero de La Soriano que se quedó con el freezer lleno de latitas de birra. Muy cerca de El Imaginario, mítico barcito esquinero del Abasto donde todos los que superamos la franja de los 35, todos y todas, hemos llevado compañías, en plan de forjar una cercanía. El éxito siempre es dispar: uno se pone a pensar en las citas que ha tenido, y en el caldo de esos recuerdos conviven el sinsabor de las decepciones y las espléndidas alegrías. Con San Lorenzo, en cambio, la cosa es más sencilla: siempre nos va más o menos como el ojete.

Comentario que sale como piña, cada vez que nos juntamos a ver un partido entre amigos cuervos: “Che, jugamos horrible, ¡pero tenemos buenos jugadores!”. Ahora, yo me pregunto, ¿tiene fecha de vencimiento la percepción de que son buenos jugadores, o es algo que ya está establecido? Porque, uno bien podría pensar: si un hombre que trabaja de jugador de fútbol, juega mal durante el transcurso de un tiempo equis -un año, ponele-, bueno, quizá debamos pensar que no era tan bueno como habíamos creído. El sábado, en algún momento del segundo tiempo, le comenté esto mismo a un compañero: los trabajadores que integran nuestro plantel de fútbol, evidentemente, no están haciendo bien su trabajo. Y eso sin ponernos a divagar sobre los salarios que perciben, que ya sabemos cómo es el asunto y no le encuentro sentido a seguir dándole vueltas: lo tomamos o lo dejamos. Me quiero detener en lo otro; ¿por qué nuestros jugadores -trabajadores- no hacen bien su trabajo? No es una cuestión de ahora, ni de este último tiempo, sino algo que viene de arrastre y que da la impresión de que no hay quién lo pare. Para colmo de males, pareciera ser contagioso, porque, si me apurás un poco, tengo que empezar a criticar a Gonzalo y a Coloccini.

Los chabones jugaron mil años en las ligas más importantes de Europa y fueron referentes de sus equipos. No les vamos a exigir que corran como Iván Córdoba, porque está claro que no les da el lomo para ese tipo de aventuras, pero, viejo, ¿pueden tomarse el trabajo de seguir alguna marca en las pelotas paradas, por el amor de dios? Me vuelvo loco, cada vez que tenemos un tiro libre en contra. Es una de las peores cosas que me pueden pasar en la semana. Yo le doy la derecha a Monarriz, con el sistema que metió: me parece que encaja bastante bien con las características de nuestros jugadores, sobre todo de los laterales, que efectivamente tienen aguante para surcar sus respectivas bandas -imprecisiones del pibe Herrera al margen-; obviamente que es todo materia de debate. A esta altura del partido, si hay algo que queda claro es que nadie tiene la verdad revelada en esto del fobal. Yo, en principio, elijo darle la derecha al dt. Después, si tiene que seguir o no como conductor de la primera, no sé, ese es otro cantar.

Insisto con lo que dije antes: tengo la impresión de que no hay nada ni nadie que le pueda poner coto a la pobre actitud de los trabajadores que integran nuestro plantel. Hace mucho tiempo que vemos la misma película, una y otra, y otra vez. Un equipo desganado, sin alma, sin ganas de luchar. En estos días, todo el mundo hace hincapié en el funcionamiento de un mediocampo que parece estar desguarnecido con un solo cinco. Es parte del debate futbolero: reforzás atrás y en esa apuesta desprotegés otro sector del campo, inevitablemente. Cuando digo que, en principio, banco la jugada de Monarriz, pienso también en el pasado inmediato: los últimos partidos dirigidos por Pizzi fueron un desconcierto absoluto, como pocas veces hemos visto, y entonces, a mi entender, era menester rearmar el equipo de atrás para adelante, como suele decirse; banco esa primera línea defensiva formada por tres caudillos. Dicho esto, si después se quedan jugando a las estatuas en cada pelota que cae en el área, bueno, ahí ya se me acaba el argumento como a Shakira.

De la mitad para adelante, los hermanos Romero intentan buscar y ocupar espacios, pero, de nuevo, la impresión es que el terreno de juego nos queda siempre grande, por más que juguemos en el Diego Maradona de La Paternal. Se cansan nuestros muchachos, bajan los brazos, se desploman, no les da el cuero. Cuando el equipo rival avanza con pelota dominada, no oponemos resistencia, el nivel de presión que podemos ejercer es bajísimo. Cuando un jugador nuestro avanza con pelota dominada, no encuentra compañero para descargar, somos incapaces de armar una pared porque el hombre que suelta la pelota no se dispone a seguir participando de la jugada, se desentiende, ya cumplió. El equipo que viste la camiseta azul y roja, es decir, la nuestra, es muy poco solidario, y esto ocurre, lamentablemente, desde hace mucho tiempo. Todos se lavan las manos. Deben pensar que, si hay diez “compañeros” más en la cancha, entonces alguno más se encargará de resolver el asunto. Eso es lo que se ve desde afuera, y es sumamente triste. Cuando ves a otros equipos, salta a la vista la filosofía inversa: dámela, me hago cargo, depende de mí; jugadores que se sacrifican por el colectivo, que buscan y siguen buscando, que no bajan los brazos, que son fuertes mentalmente. Nada de eso encuentro en mi San Lorenzo.

No sé cuál es la solución. Entiendo que no es sencilla. Quizá seguir apostando a los pibes del club nos resuelva una parte del asunto. Pero eso tampoco es garantía de lo contrario. Espero, como sea, que seamos capaces de revertir esta bola de nieve, que viene de hace rato y se lleva todo puesto. Ah, ¿el empate? Bien, gracias.

 “Tengo la impresión de que no hay nada ni nadie que le pueda poner coto a la pobre actitud de los trabajadores que integran nuestro plantel.” La crónica de Facu Baños del empate en Tucumán. 

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Carta abierta a Pizzi

20/Oct/19

Juan Antonio:

La última vez, después del partido contra los santiagueños, me tocó escribir esta misma crónica, y dentro de lo que pude intenté cubrirte las espaldas. Fui muy crítico, por supuesto, porque la situación no me permitía mirar para otro lado, pero dirigí mis críticas a lo que nos viene pasando como club -de fútbol- en estos últimos años: a la imposibilidad manifiesta de sostener en el tiempo un proyecto futbolístico que involucre el laburo de inferiores -que se supone que existe- y de coordinar eficientemente las ideas de todos los actores que se encargan del asunto. Es decir: casi ni hablé de lo que se había visto en la cancha -nos comimos cuatro contra un equipo ignoto- ni de lo que venía insinuando nuestro equipo -tu equipo- durante los últimos encuentros. Hoy no, hoy me parece que es totalmente inevitable, y completamente necesario, referirse sin rodeos a lo que somos dentro de la cancha.

Perdimos 2 a 0 contra Huracán. Por si hay algún desprevenido, en algún sector del planeta. La jugada de gol más clara que tuvimos, creo, fue un remate de Fértoli desde media distancia que pasó a más de un metro del palo derecho, y que, si hubiera habido público nuestro en el estadio, apenas hubiera despertado un “uh” cortito, casi de compromiso. El juego que está haciendo San Lorenzo es una sombra y se arrima a pasos agigantados a la categoría de “bochorno”: a juzgar por los nombres que integran este plantel, me atrevo a decir que la situación es incluso más desconcertante de lo que fue durante la gestión Almirón, cuya figura descollante era Román Martínez.

Arrancamos con vientito de cola durante las primeras fechas, y nos ilusionamos con nada. Recuerdos, al pasar: del Bosque nos trajimos un triunfo que pudo haber sido cualquier cosa; en Sarandí jugamos, creo, el mejor partido de la temporada, sin sufrir, contra un rival duro; con Unión, de local, nos floreamos 20 minutos, nos pusimos en ventaja, y al cabo de ese oasis el partido fue un parto; a partir de ahí, bola de nieve, nube negra que nos sigue a todas partes, juguemos donde juguemos. A vos, Juan, no te puedo endilgar lo mal que la venimos pasando desde hace tres años a esta parte, pero sí tenés mucho que ver con lo mal que la estamos pasando ahora. Tenés muchísimo que ver, porque, insisto, tenés material para no hacer los papelones que estás haciendo. Tenés material y no lo estás sabiendo usar: no estás sabiendo conducir. Yo podría entender tu filosofía de rotar y de usar el plantel largo que tenés, haciendo que ningún jugador se crea que tiene el puesto ganado: la podría entender si el partido con Colón en Santa Fe no hubiera sido derrota y si todo lo que vino después de eso hubiera sido distinto. Quiero decir: si un equipo funca, si viene agarrando confianza, si convence, uno puede darse el lujo de meter cambios de piezas, de participar a todos los jugadores según lo que pide cada partido y blablablá. Ahora, la pregunta se cae de maduro: ¿vos decís, Juan, que éste es un equipo confiado? ¿Realmente ves eso?

No preciso ni que me contestes. Este equipo está devastado moralmente, y eso se traduce enseguida en el rendimiento dentro del campo. ¿Y entonces qué? Entonces, simple: hay que dejarse de joder con la rotación de los elementos y hay que encontrar el equipo titular. Esto es así y punto. Porque, si mal no recuerdo, de la Libertadores nos bajamos en Asunción, y -si mal no recuerdo también- de la Copa Argentina nos bajó uno de remera verde y blanca en la cancha de la pindonga. Todo lo que tenemos que hacer es poner un equipo decente los fines de semana y empezar a sacar puntos en el torneo local. No hay mucha vuelta que darle a esto. En la semana leía en los portales amigos que todavía tenemos chances de jugar una copa en 2020: nada más hay que ganar un torneo donde vamos a jugar contra todos los campeones de la Libertadores. “Ah, ¡una pavada!”, pensé, si total a Central Córdoba de Santiago del Estero le metimos 7 como local y a Huracán le llenamos la canasta en la Quema. Jugando así, esa copita se queda en Boedo.

Juan, no somos River y vos no sos Gallardo. Dejanos de romper las bolas. Ponete el overol, armá un equipo competitivo con todo lo que tenés y empezá a sacar puntos, que lo único que nos falta es volver a hundirnos en la franja roja de la tabla de posiciones. Yo, desde acá, no voy a pedir tu cabeza. Yo quiero que le vaya bien a San Lorenzo, y si es con vos mejor. Ahora, si te terminás yendo porque no le encontrás la vuelta a los quilombos que vos mismo armaste -¿quién te manda a defender así los tiros libres en contra?-, entonces me gustaría que venga un técnico trabajador, porque me parece que se nos está acabando el crédito de los dts progres. Si lo tengo que poner yo, lo traigo al Ruso Zielinsky, y si les tengo que decir -a él, a vos o al que sea-, qué equipo poner, bueno, agarren la lapicera: Navarro; Herrera, Coloccini, medalomismo, Pitton; Óscar, Menossi, Poblete, Ramírez; Ángel y Gaich. 4-4-2. Si vamos ganando, lo metés al pibe Insaurralde para reforzar el mediocampo y lo corrés a Menossi, que cubra la derecha; si vamos perdiendo, lo bajás a Ángel para que arranque de atrás y ponés a Blandi para hacer fuerza arriba. Y listo. Basta de inventos. Hay que darle rodaje a un equipo si querés que funcione.

Obviamente, no hace falta ni aclarar, ya ninguno de nosotros se ilusiona con pelear este torneo. Siguen pasando los años y seguimos hundiéndonos en el río de la impotencia, tirando manotazos de ahogado. Hay poca cuerda para seguir boludeando. Ojalá te des cuenta, Pizzi. Y sino, te va a llevar la correntada. Acabás de declarar que no tenés pensado renunciar. Me parece perfecto. Ahora, dejá de inventar pavadas y laburá con 11 jugadores que jueguen de entrada.

PD: un amigo me jugó un fernet, uno de marca. Le dije que sí. No pensé que íbamos a ganar, pero me dije que un empate, de esa cancha, nos podíamos traer. En el chino está arriba de 200 mangos. Te pido encarecidamente que me ubiques, así combinamos y me lo hacés llegar. Que tenga que gastar esa guita, con lo lastimoso que juega tu equipo, me parece injusto, como mínimo.

El juego que está haciendo San Lorenzo es una sombra y se arrima a pasos agigantados a la categoría de “bochorno”. El análisis del partido de Facu Baños. 

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Salí de ahí, maravilla

6/Oct/19

Tengo que escribir una crónica sobre un partido que jugamos en nuestra cancha, contra Central Córdoba de Santiago del Estero, y que perdimos 4 a 1. Ok, una pavada. Lo primero que se me viene a la mente es un mensaje de corte netamente poético, que leí ayer a la tarde en el grupo de WhatsApp de La Soriano: “Cuando menos te lo esperás, San Lorenzo te caga la vida”. No sé si es textual la cita que estoy haciendo, pero el espíritu del mensaje era ese. Y yo, antes de asentir, le voy a poner un par de filtros, como en Instagram -sí, hace poco me abrí uno y ahora hago metáforas como si fuera un instagramer: bien de treintañero haciéndose el pendejo-. En fin, iba a decir que no creo que San Lorenzo te arruine la vida, porque me suena un poco border; ni siquiera pienso que te arruine la semana, porque me suena un poco emo; ahora, que te arruina la tarde, te la arruina. Ahí le pongo el gancho.

Lo que me parece más duro -y a esta altura de las cosas creo que ya podemos afirmar esto también-, es todo este proceso que venimos haciendo de reacomodarnos a una mediocridad que, por un momento, tuvimos la impresión de haber dejado atrás. Así como Vélez creyó en los noventa sumarse al lote de los grandes, nosotros creímos hace un par de años que nos íbamos a despegar de los amigos de Avellaneda y que nos íbamos a acercar un poco más -futbolísticamente hablando- al nivel de Boca y de River, disputándoles cosas en serio y con constancia. Una suerte de Atlético de Madrid tercermundista, ponele. Bah, qué sé yo, por ahí todos ustedes que están leyendo sabían que esto no iba a ocurrir y el único nabo que me comí el caramelo fui yo. Puede ser.

Siento que estamos atravesando un túnel negro, como el que dijo Michetti, y que no tenemos ni puta idea adónde vamos a ir a parar. Siento que es una lástima, estar así, porque sinceramente esa oportunidad de ir a más, existió. Siento, concretamente, que el cachetazo del Monumental contra Lanús, y la salida de Guede después, fue un parteaguas, y que después de eso quedamos medio groggies. Hasta hoy. Lo peor es que vivimos de ilusiones: nos pasó cuando vino Almirón, nos pasó ahora con Pizzi. Pero la realidad nos acomoda enseguida y nos vuelve a incrustar en ese túnel oscuro, interminable. Boca y River, mientras tanto, insoportablemente lejos y acumulando poder de una manera desopilante, como esas empresas de telefonía y de banda ancha, que no paran de fusionarse y de meternos el dedo en nuestras partes pudendas. Boca, por ahora, mal que le pese sigue viviendo a los tropezones, por el simple hecho de no haber encontrado un técnico que dé la talla. De River no hace falta hablar. Pero sí tenemos que rescatar algo: más allá de las virtudes de Gallardo como líder, es la única experiencia del fútbol argentino moderno de un dt que haya permanecido en su cargo durante cinco años, ininterrumpidamente.

Voy a esto: en el caso de River, no es tanto la fastuosidad en sus manejos de dinero, sino el acierto institucional de bancar el proyecto, sumado a la suerte de haber encontrado la persona indicada. Sus últimos dos mercados de pase, fueron más bien austeros, si mal no recuerdo, mientras que nosotros trajimos 21 players. Un verdadero despropósito. Y en esto, creo que llegó la hora de hacer pública una crítica a la dirigencia. En primer lugar, aclaro que creo en la honestidad intelectual de Lammens, casi de un modo absoluto, en tanto que avalo, como ciudadano cuervo, el laburo hecho en nuestra institución durante todos estos años. Dicho esto, no hay una política precisa en el ámbito del fútbol. Es harto evidente que, en algún punto, la propia dirigencia marcha detrás de la coyuntura y se marea, y nos marea a todos los hinchas. Nos jactamos de tener a Tocalli, del laburo de Kuyumchoglu, y al final, todo lo sólido se desvanece en el aire.

Voy a tratar de ser más concreto todavía:

Es inadmisible que lo bajen a Gaich a la reserva, después de haberse destacado en los seleccionados y de que el mundo del fútbol haya posado los ojos en él. Del mismo modo, en cualquier momento voy a salir a imprimir carteles de Wanted con la cara del pibe Insaurralde, que, mientras jugó, demostró que está a la altura de las circunstancias, no digo para ser titular indiscutible en la mitad de cancha, pero sí para que funcione como una alternativa válida. Lo único que diré, sobre el partido de ayer, es que precisamente fue eso lo que nos faltó, ¿cierto? Un Manuel Insaurralde salvando las papas en el mediocampo. Entonces, me hago esta pregunta, como hincha: ¿Está mal, en términos éticos, que la dirigencia converse con el entrenador acerca de estas cuestiones, sabiendo que atañe al patrimonio del club? ¿El Director Técnico debería enojarse, si algo así sucediera? Son cosas que, sinceramente, no sé cómo se resuelven, pero, lo que siento, es que debería primar una mirada más integradora de lo que nos está pasando -el laberinto, desde arriba-, y que esa mirada, lamentablemente, hace tiempo que no está.

Yo seguiré confiando en Pizzi. Pienso que, con un proyecto serio, como ese que tienen en Núñez, él podría convertirse en el entrenador serio que necesitamos. Pero sabiendo que un proyecto serio indica una conexión real, fluida, sincera, entre el DT, sus pares de las divisiones inferiores y la dirigencia del club. No creo que sea una locura, esto que planteo, de hecho creo que es, finalmente, lo que piden todos los hinchas. Sean coherentes, muchachos. Ahora, evidentemente, hay que transitar de la mejor forma posible este lapsus hasta las próximas elecciones. Ojalá que el oficialismo pueda continuar su proyecto de club, y ojalá que pueda poner en valor, otra vez, nuestro proyecto futbolístico, igual que se hizo allá por 2013/14.

Siento que estamos atravesando un túnel negro, como el que dijo Michetti, y que no tenemos ni puta idea adónde vamos a ir a parar. La crónica de Facu Baños de la derrota frente a Central Córdoba. 

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No soy actor de lo que fui

22/Sep/19

Bueno, esta crónica no se va a escribir sola, así que vamos a tratar de meterle ganas. Por lo pronto les cuento que dejé que se fuera el día de ayer para escribirla. Domingo a la mañana, mate recién hecho, cielo claro, el perro mirando la calle por la ventana: mejor escribirla así, con otra perspectiva de la vida. Pero, así y todo, es una crónica difícil, no por haber perdido, sino porque realmente siento que no tengo de dónde agarrarme para analizar el partido de ayer.

Trato de rebobinar un poco la cinta y pienso en “las llegadas” que tuvimos: una fue el cabezazo de Ángel, sobre el final, que pudo haber sido el empate, pero que tapó Andrada relativamente fácil. Una jugada aislada, claramente. La otra, también en el segundo tiempo, en realidad fue una “casi llegada” porque un defensor de Boca adivinó el pase final y pellizcó la pelota justo cuando le iba a quedar a Óscar (creo) para definir mano a mano con el arquero. No estoy cien por ciento seguro de lo que digo porque no volví a repasar las acciones del match -te agradezco-, sino que recurro a lo que retuvo mi frágil memoria.

Qué quieren que les diga, amigos. Fue flojísimo el rendimiento de San Lorenzo. Muy por debajo de lo que todos y todas esperábamos. La otra sensación que tengo es de no haber podido detectar realmente dónde estuvieron las fallas del funcionamiento. Que la defensa era improvisada, ya lo sabíamos desde antes. No hacía falta que el árbitro pite el comienzo del juego para sacar esa conclusión. Que nos podían embocar otra vez en una pelota parada, también lo sabíamos, porque no precisamos ser Gambetitas Latorres para pescar esa mojarrita. Ahora bien, el medio campo era titularísimo: si me preguntan a mí, pienso que no hay, entre todas las combinaciones posibles que ofrece nuestro plantel, una mejor que “Poblete, Menossi; Romero, Belluschi, Romero”. Y lo sigo sosteniendo hoy, con el resultado puesto, el mate caliente y el perro mirando por la ventana. Y entonces, ¿qué? Bueno, si por un lado tenés una defensa que es un flan, porque la armaste con lo que pudiste, y por el otro tenés un medio campo que es tu caballito de batalla, y resulta que todos -pero todos- jugaron igual de mal, entonces siento que tiene más culpa el medio campo que la defensa, porque siempre me pongo del lado del más débil, como Lanata.

Lo que yo vi fue esto: los jugadores que tenían la responsabilidad de armar juego, de mover la bocha, de hacer un lindo espectáculo y de tratar de pensar para que el equipo gane, lo único que hicieron desde el minuto uno fue dedicarse a faulear, poner la piernita un poquito de más, tiki, pechearse con los rivales y mostrarles que acá los guapos éramos nosotros. ¿Cómo nos fue? Ya sabemos. Habría que hacerles entender que ellos, lo único que tienen que hacer, es dedicarse a jugar a la pelota: no interesa si la cancha está reventada, si hay 45 lucas o 20, no interesa el fervor que traiga la hinchada, tampoco si el rival es Boca o Defensores de Cambaceres. Un equipo serio tiene que jugar a la pelota y listo, concentrado, sabiendo que si entra en el mambo de los hinchas, lo más probable es que nos pase lo de ayer. Es decir, que perdamos todos.

¿Y el DT? Bueno, qué sé yo, el cambio de Gaich por Belluschi, al margen de que el Rasta había tenido un mal partido, no entendí de qué manera podía traducirse en un equipo más afilado y en la posibilidad más certera de llegar al empate. Tampoco entendí cómo el pibe Herrera no ocupó un lugar en el banco de los suplentes -quizá me perdí de algo, quizá tenía alguna molestia y no pudo ser de la partida, en cuyo caso me retracto-. Está claro que la lesión del Tucumano es un imprevisto y que no pueden cubrirse todos los imprevistos. Pero también está claro que haber puesto al joven Pittón a cubrir la banda derecha fue un acto improvisado, y me parece que ahí hay algo para repensar. Se sabe que, en esta clase de partidos, no hay mucho margen de error: el mismo Pizzi lo declaró en la previa. La pregunta sería: ¿qué sentido tiene sentar en el banco a Blandi y a Gaich? ¿Tan distintos son? Si ayer no ingresaron los dos, con lo acuciante que estuvo el partido, significa que es prácticamente inexistente el contexto que amerite esas variantes. Entonces, ¿no es mejor considerar escenarios más posibles, como el que efectivamente sucedió?

Volvimos a perder con Boca de local, y esta vez, a diferencia de la anterior, brindando un espectáculo bastante lamentable. Tengo una mala noticia: el historial se va a seguir ajustando, por una razón muy sencilla de entender: el poderío que nos distancia de Boca y de River es cada vez más amplio, y eso se va a seguir traduciendo en actuaciones y resultados. El asunto de “ganar con la camiseta” es muy ochentoso y me parece que tendríamos que ir dejándolo un poco de lado. Disfrutemos de la paternidad -en definitiva, nadie nos quita lo bailado- mientras dure, pero mi consejo es que bajemos un cambio y que no nos la demos tanto de guapos, porque los tiempos que corren son difíciles, porque el fútbol es un terreno cada vez más desnivelado, y porque nada indica que la cosa no se vaya a acentuar cada vez más. No es tan grave, es parte del fútbol. Como solemos decir, desde este humilde portal, San Lorenzo es más que 90 minutos, y eso es lo que nos tiene que enorgullecer.

“Tengo una mala noticia: el historial se va a seguir ajustando, por una razón muy sencilla de entender: el poderío que nos distancia de Boca y de River es cada vez más amplio”. La crónica de Facu Baños de la derrota ante Boca

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