Urge volver a las fuentes

18/Oct/21

Era un partido difícil desde el comienzo, por el runrún de tribuna del domingo pasado y por las acusaciones cruzadas en la semana ante el pésimo pasar cuervo. Todo ese cúmulo de pequeños fracasos pesaba a la hora de competir contra el puntero del torneo, en su estadio, con un equipo mayoritariamente compuesto por la cantera de nuestro club.

San Lorenzo arrancó bien parado, pasando la mitad de la cancha con algún que otro pase cruzado y generando algunas aproximaciones al área de los de blanco y rojo. Luego de un dudoso penal no cobrado ante un remate de Di Santo, y una rápida reacción riverplatense, Torrico tapó la primera chance de gol del partido que tuvieron las gallinas.

En los primeros 30´, River se entretuvo a espaldas de Peruzzi colgando pases en profundidad. El zaguero, nobleza obliga, estuvo algo más firme que Zapata con los pies, el estilo del colombiano desesperó desde un comienzo: su trote tranquilo -demasiado tranquilo para las condiciones que ostentó vistiendo la azulgrana-, y sus pases atrás complicando por momentos al golero.

Rosané, que fue amonestado tempranamente, se vistió de Ortigoza y supo administrar el medio de la cancha probando por lo alto con Uvita y con Di Santo. Gustó. El perro, picante como siempre, buscó desequilibrar y cometió algún que otro foul estratégico para evitar las avanzadas de River.

A los 21 minutos, Uvita, prolijo como sastre, dejó picar el lateral de Herrera y se la sirvió a Fernandez Mercau, que con un sablazo de zurda anotó el tanto azulgrana. Ahí nomás, salió lesionado De la Cruz y cambió la morfología del mediocampo en River. Sobre el minuto 31, Julián Álvarez, que está en un nivel superlativo para el fútbol argentino, clavó rozando el palo un remate de derecha, a expensas de Zapata y sin mucho que hacer para Torrico.

El mismo Álvarez casi convierte el segundo gol, minutos después, y aunque San Lorenzo supo acomodarse y pilotear el asunto, el primer tiempo terminó en empate.

River arrancó el segundo tiempo profundizando bastante mejor que CASLA. Fernandez Mercau demostró por la banda y jugó un partidazo, más allá del resultado. Aun así, en el minuto 19, por ese costado y en un centro cruzado que Rojas interceptó en el área para luego rematar, el bueno de Álvarez volvió a convertir, empujando la pelota que quedó boyando tras la tapada del arquero.

De ahí en más, el equipo se desanimó. Salió Barrios por Martegani, que aportó control en el mediocampo. Entraron Ortigoza y Palacios, por Herrera y Sabella. Sin embargo, más allá de algún avance bien dirigido, el vendaval parecía inevitable.

El tercer gol de River fue un fiel reflejo del momento azulgrana. Un equipo que cuando concreta un avance comete dos retrocesos, una moneda al aire que siempre cae del lado del rostro no deseado, una acumulación de errores no forzados que postergan la salida a flote de un club que continúa agudizando su mal presente.

En un domingo de sol, un 17 de octubre, San Lorenzo no supo ser leal a las aspiraciones de su gente y al malestar que se respiró durante las semanas anteriores. Montero quedó trastabillando en la cuerda roja. Más allá de los nombres y las transigencias, ojalá el ciclón asome la cabeza y empiece a salir del pantano. Nos lo merecemos. Ser leales a los nuestros es, también, permitirnos volver a las fuentes, apostar a la identidad y al sentido de pertenencia con el club. La única certeza entre tanta incertidumbre, arriesgo, es que el corazón del nuevo proyecto estará en los chicos del club, en los pibes que, a pesar de tener que capear esta tormenta con poquísimas herramientas, demuestran condiciones y amor a la camiseta. Urge fijar ese norte y alentar hasta alcanzarlo.

La crónica de Mateo Barros de la derrota por 3 a 1 frente a River. 

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Esperando nacer

4/Jul/20

Osvaldo Soriano, en su libro Artistas, locos y criminales , le dedicó unas páginas breves y emocionantes al nacimiento de nuestro club y a la consolidación de su pertenencia barrial. Particularmente, este texto propone algo que podríamos llamar una suerte de reparación histórica literaria con dos personajes perdidos en la historia azulgrana: los jugadores Francisco Xarau y Luis Giannella. ¿Los conocés?

Francisco Xarau era centro delantero, zurdo pero hábil con la derecha y trabajaba de canastero, en el rubro de la construcción. Gianella, por su parte, jugaba de wing izquierdo y era el goleador del equipo. Ambos formaron parte de aquel grupo que escribió las primeras páginas de nuestra historia: los Forzosos de Almagro.

El 1 de enero de 1915, Los forzosos se enfrentaban a Honor y Patria, un club de la localidad de Bernal que en ese entonces jugaba en Primera. El partido se disputaba en la vieja cancha de Ferro -la de las tribunas de tablón que muchos cuervos y cuervas recuerdan- y terminó 3 a 0. Xarau y Giannella marcaron los goles que permitieron la victoria y el ascenso a la primera A.
Soriano dirá que esa mañana, que inauguraba el año 1915, la barriada de Almagro ya tenía un club que la identificara. El ciclón había ascendido a la primera división del fútbol profesional y el sueño, fundado formalmente en abril de 1908, se materializaba 7 años después.

“Desde entonces, la aventura que había nacido en 1907, en la esquina de México y Treinta y Tres, con el nombre de Forzosos de Almagro, creció hasta alcanzar en 1930 su esplendor. En la euforia del triunfo, pocos sabían que dos de aquellos pibes que integraron el equipo de los Forzosos, cuando se fundó, en 1907, y cuando ascendió en 1915, están vivos y abandonados por su hijo presuntuoso. Xarau vive en la pobreza de un cuarto. Giannella, de setenta y siete años, está ciego, sordo y apenas puede mover sus piernas. ” (Osvaldo Soriano; Artistas, locos y criminales; 1973)

Con la prepotencia de un relámpago rajando el cielo, los pibes del patio de la iglesia marcaron a fuego esa pertenencia barrial que el ciclón mantuvo y mantiene a lo largo de su historia. El rápido crecimiento del club, los éxitos futbolísticos y el cúmulo de emociones que habían provocado en el desarrollo de la vida barrial, habían transformado a esos reos del buen fútbol amateur en futbolistas profesionales que todo el barrio concurría a alentar los fines de semana. Ya no eran los jóvenes de ayer -albañiles, carboneros o canasteros-, se habían transformado en protagonistas de una historia que cada domingo congregaba más gente.

Sin embargo, cuenta Soriano en referencia a Xarau y Gianella, todo lo que les dejó San Lorenzo fue un carnet para entrar gratis al club y una medalla de oro . Estos personajes fundacionales -por tomar azarosamente a 2 tipos de ese grupo- fueron en gran medida olvidados. Hoy en día probablemente muy pocas personas conozcan en fino la historia del nacimiento del club, y seguramente -112 años después- nadie que haya vivido ese tiempo está vivo para contarlo.
Decía el escritor Leopoldo Marechal: “ El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria ”. Quizá suene un tanto delirante, pero ¿por qué no pensar una analogía atemporal entre Xarau, Giannella, el mismo padre Lorenzo y Adolfo Res, uno de los más destacados abanderados de la vuelta a Boedo? Una analogía, también, entre esos 100.000 hinchas cuervos que coparon la Plaza de Mayo el 8 de marzo de 2012 y los fundadores de este glorioso club. En cierto modo, los muertos se agarran a los vivos porque no quieren morir definitivamente, los locos de ayer se vuelven a animar en los locos de hoy, que se rehúsan a olvidar esa época que casi parece una alucinación.

¿No es acaso la vuelta a Boedo ese segundo nacimiento que los cuervos y cuervas añoramos para saldar -de una vez por todas- la deuda histórica que tenemos con ese pedazo de suelo arrebatado y con esos tipos que amaron tanto a San Lorenzo como lo amamos nosotros? ¿Por qué no recoger de los sótanos de la historia azulgrana esas botellas que se arrojan al agua y se pierden?

Estamos cada vez más cerca, pareciese, de la ansiada restitución histórica que hace tantos años reclamamos en las tribunas y en las calles. Desde este reducto, seguimos aferrados a esa utopía de la que somos peregrinos, con la seguridad de que la lucha por la vuelta a Boedo es la mejor manera de homenajear a nuestros héroes olvidados: dándoles sentido en nuestra vida, para que puedan prolongar la suya.

Por Mateo Barros, socio refundador N° 11172.

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Allá vamos

14/Mar/20

Noche húmeda de viernes en Paraná, sin público producto de las medidas de prevención del -ya trending topic mundial- coronavirus. La cancha del local se encontraba en mal estado y el partido arrancó trabado, tosco. Patronato necesitaba ganar para salir de la zona de descenso, San Lorenzo hacer lo propio para prenderse en la lucha por la clasificación a la Copa Libertadores.

En el comienzo del encuentro, el ciclón mal que bien lograba dominar el juego y esbozar algunas buenas combinaciones. Como con Lanús, existieron buenas sociedades entre los Romero y Bareiro, pero el mediocampo seguía inconexo y poco ágil a la hora de frenar los ataques del rival. Sin situaciones de gol en los primeros 20, apenas una buena combinación de Ángel que Bareiro no supo definir, San Lorenzo controlaba sin profundizar. 

A los 24 del primer tiempo y de tiro libre, el jugador Chicco puso un sablazo maestro y la colocó en el ángulo superior derecho de un Cóndor que voló sin éxito. El rival se ponía en ventaja.

El empate no tardaría en llegar. 10 minutos más tarde, el ciclón reaccionó y luego de una exquisita asistencia de Ángel, el perdonado Adam aplicó un autopase por el costado del arquero para luego definir solo frente al arco y poner el 1 a 1. El primer tiempo terminó empatado y con la extraña sensación que genera un partido sin público y con pocas situaciones de gol. San Lorenzo no jugaba lindo y creaba poco, pero era protagonista.

El segundo tiempo arrancó distinto. En el minuto 1, Ángel enganchó en el área y definió de zurda, pero Ibáñez tapó lo que hubiese sido el segundo tanto del ciclón. El encuentro se volvía a trabar y la secretaría técnica jugaba la carta cantada: ingresaba el “tanque” Gaich en lugar de Bareiro, autor del primer gol. 

El tanque le dio aire y entusiasmo al partido, el ciclón buscaba la ventaja. A los 33 ingresaba Menossi, ya parece una obviedad destacar que es él quien ordena mejor que ningún otro el mediocampo y que no debe salir del 11 titular. 

Minutos más tarde, luego de un desborde lírico de Gaich, Oscar frenaba el centro atrás y definía de derecha para poner el 2 a 1. Golazo y abrazo generalizado del plantel que, a 7 minutos del final, se estaba llevando los 3 puntos de Paraná. 

Ahí nomás, minuto 43‘, sucedió aquello que hasta este momento no podemos dejar de mirar en loop: Oscar Romero frotó la lámpara y pateó de atrás de mitad de cancha, la puso donde quiso y anotó el golazo que daría por concluido el evento. Doblete para el intratable.

Mariano Soso, el nuevo DT azulgrana, observó en solitario el partido desde la tribuna. En el próximo de local -si la pandemia no impide jugarlo- tendremos la posibilidad de ver a este moderno estudioso del fútbol dirigir al club que amamos. La vara quedó alta: Tocalli logró 9 de 9 y dejó un equipo ordenado con jerarquías individuales consolidadas y ¿por qué no? algo de fortuna. Tanto Gaich como Bareiro cumplieron y Soso deberá elegir quién jugará el próximo partido en el Nuevo Gasómetro frente al conjunto que dirige Diego Armando Maradona.

Tercera victoria consecutiva, el santo de Boedo tiene aureola y vocación. Avanza, pero al viento de la historia hay que empujarlo. Allá vamos.

La crónica Soriana del triunfo azulgrana en Paraná, en la tinta de Mateo Barros. 

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