A simple vista

A simple vista es solo una bufanda parecida. La lleva una mujer, una linda mujer que es más linda ahora que le acomoda el gorro a su hijo de tres años. A simple vista es un nene al que se le caen los mocos y se sostiene de la mano de su mamá mientras juega a subir y bajar un escalón de un salto. A simple vista el nene pide upa y la madre obedece.

Van cero a cero en un horrible partido de domingo. Anochece, frío, y Olimpo está todo atrás. Viene un centro a la olla. Un defensor anónimo la saca, torpe, al córner. La gente muestra un mínimo entusiasmo levantando el volúmen de sus voces. La madre canta. Su hijo a upa ahora le agarra los cachetes, las orejas, la nariz, le tironea esa bufanda azul y roja tan parecida, tan idéntica a la tuya, y la mamá hace lo posible por ver si el centro del córner lleva peligro, pero queda corto y Nahuel, porque en ese momento le dice quedate quieto Nahuel, me sonríe, acaricia la bufanda y me deja pensando si a simple vista se estarán viendo mis lágrimas.