La tarde de enero invita a la pileta, pero Aylín Pereyra accede a darnos una entrevista en el café Margot. La punta receptora de Las Matadoras, el equipo de Voley Femenino del club, mide 1,80 mts pero tiene un porte elegante que la hace parecer más alta. En el bar no hay aire acondicionado, así que nos sentamos en la ventana. Su tonada hace inocultable su origen tucumano, pero Aylín se mueve en Boedo como si fuera su casa. Antes de irse a entrenar nos cuenta cómo llegó a San Lorenzo, cómo se fue identificando con el club, el apoyo incondicional de la gente y los desafíos para este 2019, luego de perder la final en 2018

 

¿Cuál es tu primer recuerdo vinculado a San Lorenzo?

 

Cuando más o menos tenía 20 años y Mario me llamó por primera vez, yo me había ido afuera. Cuando volví de jugar mi primer temporada en europa me llamó para venir a jugar en San Lorenzo, él estaba creando un proyecto nuevo que fue cuando empezó a traer chicas del interior a sumarse. Yo en ese momento estaba jugando en otro club y mi aspiración era seguir en Europa. Después de 4 años seguí en contacto con él, me volvió a llamar y lo que más me llamó la atención era el crecimiento, porque se habían colocado entre los primeros equipos de acá en argentina al lado de gimnasia, boca, etc. Había un proyecto de crecimiento de años y eso me llamó la atención, querer estar acá, ser parte. Desde el primer día cuando entré por la puerta del club me sentí como en casa, me trataron super bien, la gente, mis compañeras en ese momento y, de a poco, con el día a día, una se va enamorando de los colores y formando parte de esta locura y esta pasión por los colores.

 

¿Cómo arrancaste a jugar al voley?

 

En mi ciudad, que se llama Aguilares, que queda al sur de la capital de Tucumán, empecé yendo a ver a mi hermano a jugar. Entonces siempre iba y me escapaba porque quedaba cerca de casa. Nunca tenía compañeras para jugar, a veces se organizaban torneos mixtos. Mi mamá trabajaba en la dirección de deportes, entonces se organizaban torneos abiertos mixtos y yo llevaba compañeras de mi colegio y jugábamos con los varones.

Nunca tuve inferiores por así decirlo, hasta que con 13 años jugaba en primera división con jugadoras consagradas de acá de tucumán, pero yo tenía 13 y ellas 30 años. Y yo estaba a la par de ellas. Un año se juntaron para jugar y yo me sumé, ahí empecé a jugar al voley y sentir lo que era estar con compañeras adentro de la cancha.

Eran todas consagradas, reconocidas en Tucumán, yo era parte de eso y me sentía feliz, sobre todo porque podía compartir con mis compañeras dentro de la cancha, ir a entrenar.

Después empezó una movida, se fueron sumando chicas. Pero siempre nos fuimos mudando, porque en mi ciudad no hay un club que se dedique a eso, en un momento jugaba en Ferrocarril Oeste que era un playón al lado de las vías al que llamábamos así. Cuando llovía no podíamos jugar, cuando dejaba de llover iba a secarlo temprano para poder entrenar; no teníamos nada, todo al aire libre.

 

Después jugué seis meses en Gimnasia de Tucumán, que es un club consagrado de la capital de Tucumán y ahí en una clínica deportiva me vio el entrenador de Boca y me trajeron después de una prueba. Me dijeron que había quedado y que había que hablar con mis padres. Yo en ese momento le dije que seguro me dejaban porque siempre aspiré a jugar algo más, en mi categoría. A jugar con chicas de mi edad, de poder viajar, no sabía lo que era un torneo, copa, no jugaba a ese nivel.

 

¿Cómo es la experiencia de jugar en San Lorenzo?

 

Es una alegría enorme porque he recibido el cariño y el amor de mucha gente. Nunca me había pasado en otros clubes. La gente ahora a través de la redes sociales puede tener mayor contacto con vos, hablar más y yo siempre soy de interactuar; sobre todo porque pienso que sin ellos, si la gente no nos acompaña, nosotras no estaríamos acá, el voley no tendría la difusión que tiene. En la última final contra Boca que perdimos me fui y fue como el momento de ver el mundo en que estoy, metida dentro del club, mucha gente al salir me la encontré en la calle y me decían “Pereyra, te vi, aguante San Lorenzo, vamos la revancha” apoyándote todo el tiempo y para mí fue una alegría, un orgullo, fue saber que realmente estás representando a una institución grande, muy grande, que tiene un alcance enorme. No solo acá, tenes las peñas que te escriben, las de Tucumán que te mandan saludos, te escriben, gente que te dice “este fin de semana te vamos a ver”. Un sábado a las 11 de la mañana sabés que va a haber gente en el Pando acompañándonos. Me parece que es un hermoso mundo al que logré entrar, que la gente acompaña y con el que me siento realmente identificada.

 

 

¿Cómo se vienen preparando de cara a un año muy movido?

 

La verdad es que tuvimos un descanso pero nunca terminamos de cortar del todo, físicamente nos seguimos entrenando porque este año tenemos objetivos grandes. Sabemos que tenemos que llevar a San Lorenzo a lo más alto, ser protagonistas todo el tiempo en todos los torneos en que compitamos. Tenemos la liga que empieza el 2 de febrero y el Sudamericano de clubes, que es la primera vez que San Lorenzo va a competir en una instancia internacional así, tenemos que estar a la altura y ser protagonistas; volvimos el 7 de enero con doble turno para llegar de la mejor manera.

 

Contale a las y los cuervos dónde y cuándo se juega el sudamericano

 

En Belo horizonte, del 19 al 24 o 25 de febrero.

 

Este año los chicos del futsal tienen la libertadores; el básquet la liga sudamericana y la intercontinental, hay mucho nivel internacional en San Lorenzo

 

Sí, en todas las disciplinas, es un crecimiento muy grande. Te posiciona de otra manera a lo que es la institución, deja de ser solamente un club de fútbol y te das cuenta que otras disciplinas te representan, la gente se da cuenta y te sigue, te acompaña y está a full apoyando eso.

 

Vos tenés experiencia en roce internacional.

 

Cuando jugaba en Boca jugué intercontinental y jugué en la selección muchos años y en Europa, así que he tenido la oportunidad de viajar, de conocer el roce internacional del voley.

 

¿Notás mucha diferencia en la competición europea y la argentina?

 

Yo creo que la diferencia está desde el deporte en sí, como se lo ve, desde el profesionalismo. Ahí no es solamente una actitud, están en un crecimiento constante, te pagan de acuerdo a lo que jugás, tenes un marketing enorme que te sigue y te apoya. Acá en Argentina todavía somos amateur, estamos un poco lejos de ser profesionales, estamos en busca de eso y cada vez se suman más sponsors, gente que está interesada se suma y apoya, que aporta. Nosotras damos ese empujón sabiendo que también ser profesionales es una actitud, mantenerte, tener una determinada vida, más allá de que el dinero no es el que se mueve en el fútbol. En Europa el nivel es mucho más alto que acá, se contratan muchas chicas extranjeras, acá se está buscando elevar un poco el nivel y buscar que las jugadoras que se van quieran quedarse pero es difícil porque cuando te vas afuera tenes un sueldo en dólares o en euros y es una diferencia abismal.

 

El voley masculino sí es profesional, lo que pasa en el fútbol pasa también en el voley.

 

Sí, uno de los grandes equipos, UPCN, fue campeón sudamericano, jugaron mundiales de clubes, tienen jugadores de Italia, de Cuba, realmente es otra cosa. Muchos jugadores que representan el país en la selección deciden quedarse acá y aún así falta crecer, pero año a año la liga de varones crece. Nosotras por ahí es difícil, se busca de todas maneras buscar el crecimiento continuo pero es mucho más difícil, más a pulmón.

 

¿Por qué crees que es así?

 

En algún momento dirigencialmente cuando yo era mucho más chica existía otra federación que había jugadoras que estaban en Italia y elegían quedarse acá. Se buscaba potenciar de otra manera pero hubo un quiebre en esa federación, malos manejos y se creó otra; la federación que se creó ahora da mucho menos apoyo a las mujeres. En qué va la diferencia no la sé, pero sí hay mucho más apoyo a los hombres, más movimiento de dinero. Hay jugadoras que están en Italia y han venido a la selección, pero no hay un crecimiento íntegro, no tienen donde descansar, donde dormir. Hay una brecha importante, se hace mucho por el amor a la camiseta y al deporte pero las condiciones no son las mismas; mientras los varones tienen un sueldo que les permite alquilarse un departamento temporario las mujeres no, duermen en el CENARD, algunas ni siquiera eso y se modifica el crecimiento y el entrenamiento en base al descanso que tengan. Si no hay lugar para dormir se entrena un solo turno entonces hay muchas trabas por todos lados.

De igual manera hoy en todo lo que es marketing, periodismo hay mucha gente que está buscando que esto crezca, salir en televisión es ir ganando un espacio, es buscar que esto deje de ser ese amateurismo y se dé un salto de calidad. Yo creo que se están dando saltos de calidad pequeños y que tiene que ser así para que siga sostenido y para volver a poner a Argentina dentro de los tops mundiales, que el voley crezca y se profesionalice, como está pasando ahora con Macarena Sanchez, la jugadora de fútbol de la UAI, estamos en la misma situación.

 

¿Creés que lo que está pasando con la búsqueda de profesionalización en el fútbol femenino les sirve también a las otras disciplinas?

 

Principalmente a las femeninas, nosotras representamos el máximo nivel de Argentina y aún no somos profesionales, no tenemos un contrato, no tenemos nada. De la mano de esto va que muchas jugadoras dejan de jugar porque no se pueden solventar. No todos los equipos tienen una infraestructura como la que tiene San Lorenzo, que acompaña el desarrollo íntegro de las jugadoras, que te da un lugar donde vivir, un viático para que te puedas mantener. En algún momento tenés que empezar a trabajar, ponderar tu vida y dejar de lado el deporte. Por eso también se han perdido muchas jugadoras de esta manera, no había manera de acompañar su desarrollo deportivo.

 

¿Ayudan los cambios culturales y sociales que se están viviendo a través del feminismo?

 

Sí, creo que es la manera de visibilizar lo que está sucediendo, de poner en la mesa las situaciones que vivimos como deportistas, como ciudadanas. Esto no es de ahora, pasó siempre. Pero ahora hay una lucha constante y un empoderamiento de saber cuáles son tus derechos, lo que te corresponde. Porque si no después te dejan sin trabajo a mitad de año como le pasó a Macarena.

No es solamente que se habla de fútbol, hoy estamos hablando de esto pero que engloba todos los deportes que se encuentran en la misma situación y mientras más nos sumemos a esta rueda más vamos a ser escuchadas y en algún momento finalmente se va a caer el patriarcado, la diferencia. Creo que hay cosas que son importantes pero que son la punta del iceberg, por ejemplo estuvo buenísimo que se incorpore a las jugadoras de San Lorenzo a la presentación de las camisetas pero no hay que quedarse sólo en eso. Eso es la parte de afuera, por dentro hay que empezar a socavar y construir algo mucho más profundo y ver que cada jugadora y cada integrante deportiva de la institución este día a día mejor, creo que es lo que todos buscamos.

 

 

Las veíamos en la final del futsal femenino con Huracan, ¿cómo es la relación con el resto de las deportistas mujeres?

 

Acompañando el desarrollo, creo que una disciplina no se puede salvar sola. Si acompañas el desarrollo y pedís por una generalidad del deporte, del femenino, los resultados van a venir. También es llenar la cancha, llevar gente, ir a ver los partidos, sentirse acompañadas y estar en la lucha porque una persona no va a hacer nada por más ganas que tengas o por mucho que lo intentes. Es una mentalidad de años y es una manera de pararse frente al deporte.

Ahora están otra vez con el proyecto de rematar el CENARD, el centro de alto rendimiento, donde las mejores deportistas se desarrollan, viven y están ahí, a cambio de un emprendimiento inmobiliario. El deporte es algo inestable, todo el tiempo tenés que estar luchando.

 

Hay un aspecto importante  de esto que decís, de contención de los deportistas, de los chicos que van al club ¿Qué opinás de el proyecto de implementar las sociedades anónimas en los clubes?

 

Para mí los clubes son sociales y deportivos, representan al hincha, tienen acciones sociales. Voley, futbol, futsal, tenemos acciones sociales, se buscan chicos y se integran, hay niños que van por esparcimiento y en el momento en que sacas eso es una locura. Los clubes son de los socios, del hincha y tienen que mantenerse así.

Creo que los clubes tienen que ser sociales, que los clubes que son de barrio puedan tener un pedazo de cemento donde los chicos puedan jugar. Como clubes de AFA tenés que abrazar a los pibes, que vengan, no se droguen y que estudien. Para mí es una contención donde los podés sacar de todos los vicios, no tengo dudas.

 

Volviendo un poco a San Lorenzo, ¿Cuál es el balance que hacen del gran 2018 que tuvieron y qué objetivos tienen para este 2019?

 

El balance para mí es positivo, siendo protagonistas todo el tiempo, de un crecimiento integral como equipo. Vinieron jugadoras que se incorporaron y pudimos hacerles sentir el sentido de pertenencia del club, que se identificaron con nuestra manera de juego. Si bien no llegamos a tener el primer puesto, que era lo que queríamos, estuvimos ahí y se dejó todo. Cuando se deja todo no hay nada que reprocharse y desde ahí viene la tranquilidad que tuvimos en el 2018.

Ahora tenemos que redoblar la apuesta, a San Lorenzo lo tenes que tener siempre protagonista, jugando finales y si no las jugás es porque sabes que dejaste todo y alcanzó hasta ahí. Siempre desde que llegué me asombró mucho cómo la gente nos acompañó todo el tiempo, desde la liga, el metro, llenando los estadios, escribiéndonos. Todo eso es super importante. Nosotras lo agradecemos mucho. Yo ahora estoy en Boedo y voy al super y la gente me pregunta, me dice que va a ir a verme. Esa locura que se genera la generamos nosotras dentro de la cancha pero que la gente se siente identificada con lo que hacemos porque dejamos todo en cada partido, en cada final que jugamos. El 2019 tenemos que mejorar todo lo que hicimos en el 2018 y redoblar la apuesta para seguir mejorando desde lo deportivo y desde lo social, incluir a la gente que te acompañe y se sienta identificada con lo que es San Lorenzo y el estilo, la forma de juego de las matadoras.

 

¿Cómo definirías esa forma de juego?

 

Una forma de jugar agresiva, somos jugadoras muy potentes en lo que es ataque y bloqueo, buscamos esa agresividad y mantener ese juego. Podemos ganar o perder pero mientras nosotras mantengamos eso y bajemos el margen de error, ajustando otras cualidades técnicas como la defensa, que lo estamos trabajando mucho con Mario, sabemos que podemos dar ese salto de calidad que nos está faltando para ser primeras en Argentina.

Queremos diferenciarnos, y de hecho lo hacemos, por ser muy agresivas todo el tiempo. Ser agresivas con el ataque, con el bloqueo y nunca jugar a esperar el error del otro. Por ahí por eso mismo nos cargamos de errores y tenemos que saber bajar eso pero los entrenamientos y el día a día nos va a llevar a los resultados que todos queremos.

 

Ping pong

 

Matias Lammens: un ícono en San Lorenzo. Creo que desde que llegó cambió un montón de cosas y lo veo como un ícono en el club.

 

Cheli Allende: es nuestra capitana hace años, es la que empezó el proyecto acá. Es nuestra referente y la que representa a San Lorenzo.

 

Julio Velasco: en Argentina tuvo que venir él a hablar y decir muchas cosas que otros entrenadores han dicho, pero acá se necesita tener muchos títulos para que realmente tu palabra sea avalada y aún así se criticó mucho el proceso de él porque somos muy exitistas. Se gana o se gana y si no ganaste sos lo peor. Ojalá realmente hayamos aprendido porque él dejó muchos cosas buenas. Velasco en Italia es una eminencia, ídolo total y ha podido cambiar un montón de cosas. Acá cambiar la mente del argentino es muy difícil, nos creemos que sabemos todo. Él cuando estuvo acá dio un montón de charlas y la verdad que te sacas el sombrero con las cosas que escuchas de el.

 

¿Te gustaría ser entrenada por Velasco?

Sería un orgullo, la exigencia sería muy alta pero es uno de los mejores entrenadores.