Juan Antonio:

La última vez, después del partido contra los santiagueños, me tocó escribir esta misma crónica, y dentro de lo que pude intenté cubrirte las espaldas. Fui muy crítico, por supuesto, porque la situación no me permitía mirar para otro lado, pero dirigí mis críticas a lo que nos viene pasando como club -de fútbol- en estos últimos años: a la imposibilidad manifiesta de sostener en el tiempo un proyecto futbolístico que involucre el laburo de inferiores -que se supone que existe- y de coordinar eficientemente las ideas de todos los actores que se encargan del asunto. Es decir: casi ni hablé de lo que se había visto en la cancha -nos comimos cuatro contra un equipo ignoto- ni de lo que venía insinuando nuestro equipo -tu equipo- durante los últimos encuentros. Hoy no, hoy me parece que es totalmente inevitable, y completamente necesario, referirse sin rodeos a lo que somos dentro de la cancha.

Perdimos 2 a 0 contra Huracán. Por si hay algún desprevenido, en algún sector del planeta. La jugada de gol más clara que tuvimos, creo, fue un remate de Fértoli desde media distancia que pasó a más de un metro del palo derecho, y que, si hubiera habido público nuestro en el estadio, apenas hubiera despertado un “uh” cortito, casi de compromiso. El juego que está haciendo San Lorenzo es una sombra y se arrima a pasos agigantados a la categoría de “bochorno”: a juzgar por los nombres que integran este plantel, me atrevo a decir que la situación es incluso más desconcertante de lo que fue durante la gestión Almirón, cuya figura descollante era Román Martínez.

Arrancamos con vientito de cola durante las primeras fechas, y nos ilusionamos con nada. Recuerdos, al pasar: del Bosque nos trajimos un triunfo que pudo haber sido cualquier cosa; en Sarandí jugamos, creo, el mejor partido de la temporada, sin sufrir, contra un rival duro; con Unión, de local, nos floreamos 20 minutos, nos pusimos en ventaja, y al cabo de ese oasis el partido fue un parto; a partir de ahí, bola de nieve, nube negra que nos sigue a todas partes, juguemos donde juguemos. A vos, Juan, no te puedo endilgar lo mal que la venimos pasando desde hace tres años a esta parte, pero sí tenés mucho que ver con lo mal que la estamos pasando ahora. Tenés muchísimo que ver, porque, insisto, tenés material para no hacer los papelones que estás haciendo. Tenés material y no lo estás sabiendo usar: no estás sabiendo conducir. Yo podría entender tu filosofía de rotar y de usar el plantel largo que tenés, haciendo que ningún jugador se crea que tiene el puesto ganado: la podría entender si el partido con Colón en Santa Fe no hubiera sido derrota y si todo lo que vino después de eso hubiera sido distinto. Quiero decir: si un equipo funca, si viene agarrando confianza, si convence, uno puede darse el lujo de meter cambios de piezas, de participar a todos los jugadores según lo que pide cada partido y blablablá. Ahora, la pregunta se cae de maduro: ¿vos decís, Juan, que éste es un equipo confiado? ¿Realmente ves eso?

No preciso ni que me contestes. Este equipo está devastado moralmente, y eso se traduce enseguida en el rendimiento dentro del campo. ¿Y entonces qué? Entonces, simple: hay que dejarse de joder con la rotación de los elementos y hay que encontrar el equipo titular. Esto es así y punto. Porque, si mal no recuerdo, de la Libertadores nos bajamos en Asunción, y -si mal no recuerdo también- de la Copa Argentina nos bajó uno de remera verde y blanca en la cancha de la pindonga. Todo lo que tenemos que hacer es poner un equipo decente los fines de semana y empezar a sacar puntos en el torneo local. No hay mucha vuelta que darle a esto. En la semana leía en los portales amigos que todavía tenemos chances de jugar una copa en 2020: nada más hay que ganar un torneo donde vamos a jugar contra todos los campeones de la Libertadores. “Ah, ¡una pavada!”, pensé, si total a Central Córdoba de Santiago del Estero le metimos 7 como local y a Huracán le llenamos la canasta en la Quema. Jugando así, esa copita se queda en Boedo.

Juan, no somos River y vos no sos Gallardo. Dejanos de romper las bolas. Ponete el overol, armá un equipo competitivo con todo lo que tenés y empezá a sacar puntos, que lo único que nos falta es volver a hundirnos en la franja roja de la tabla de posiciones. Yo, desde acá, no voy a pedir tu cabeza. Yo quiero que le vaya bien a San Lorenzo, y si es con vos mejor. Ahora, si te terminás yendo porque no le encontrás la vuelta a los quilombos que vos mismo armaste -¿quién te manda a defender así los tiros libres en contra?-, entonces me gustaría que venga un técnico trabajador, porque me parece que se nos está acabando el crédito de los dts progres. Si lo tengo que poner yo, lo traigo al Ruso Zielinsky, y si les tengo que decir -a él, a vos o al que sea-, qué equipo poner, bueno, agarren la lapicera: Navarro; Herrera, Coloccini, medalomismo, Pitton; Óscar, Menossi, Poblete, Ramírez; Ángel y Gaich. 4-4-2. Si vamos ganando, lo metés al pibe Insaurralde para reforzar el mediocampo y lo corrés a Menossi, que cubra la derecha; si vamos perdiendo, lo bajás a Ángel para que arranque de atrás y ponés a Blandi para hacer fuerza arriba. Y listo. Basta de inventos. Hay que darle rodaje a un equipo si querés que funcione.

Obviamente, no hace falta ni aclarar, ya ninguno de nosotros se ilusiona con pelear este torneo. Siguen pasando los años y seguimos hundiéndonos en el río de la impotencia, tirando manotazos de ahogado. Hay poca cuerda para seguir boludeando. Ojalá te des cuenta, Pizzi. Y sino, te va a llevar la correntada. Acabás de declarar que no tenés pensado renunciar. Me parece perfecto. Ahora, dejá de inventar pavadas y laburá con 11 jugadores que jueguen de entrada.

PD: un amigo me jugó un fernet, uno de marca. Le dije que sí. No pensé que íbamos a ganar, pero me dije que un empate, de esa cancha, nos podíamos traer. En el chino está arriba de 200 mangos. Te pido encarecidamente que me ubiques, así combinamos y me lo hacés llegar. Que tenga que gastar esa guita, con lo lastimoso que juega tu equipo, me parece injusto, como mínimo.