A simple vista

8/May/18

A simple vista es solo una bufanda parecida. La lleva una mujer, una linda mujer que es más linda ahora que le acomoda el gorro a su hijo de tres años. A simple vista es un nene al que se le caen los mocos y se sostiene de la mano de su mamá mientras juega a subir y bajar un escalón de un salto. A simple vista el nene pide upa y la madre obedece.

Van cero a cero en un horrible partido de domingo. Anochece, frío, y Olimpo está todo atrás. Viene un centro a la olla. Un defensor anónimo la saca, torpe, al córner. La gente muestra un mínimo entusiasmo levantando el volúmen de sus voces. La madre canta. Su hijo a upa ahora le agarra los cachetes, las orejas, la nariz, le tironea esa bufanda azul y roja tan parecida, tan idéntica a la tuya, y la mamá hace lo posible por ver si el centro del córner lleva peligro, pero queda corto y Nahuel, porque en ese momento le dice quedate quieto Nahuel, me sonríe, acaricia la bufanda y me deja pensando si a simple vista se estarán viendo mis lágrimas.

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La genealogía

8/May/18

Hay un carnet de cuero marrón que exhibo en mi biblioteca no solo como un tesoro, sino como un trofeo. “Mirá que yo vengo de una familia cuerva, eh. Mi abuelo era tano, cayó a la Argentina y se hizo del Ciclón. Ennio se llamaba.”

El carnet de cuero en la biblioteca es como ir a la cancha con la camiseta del ´95. Tenés historia.

Tu amigo futbolero te mira azorado… “nahhh, mirá lo que es ese carnet”. Y te remata ese momento de gloria con la pregunta obvia, la que sigue, la única, la indispensable

Che… y ¿por qué se hizo de San Lorenzo?

….

Lo mirás avergonzada porque sabés que el viejo vino a la Argentina, se hizo cuervo, sos cuerva gracias a él y nunca, pero nunca, le preguntaste por qué.

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El Principito de Boedo

29/Mar/18

[vc_row][vc_column width=”2/3″][vc_column_text]Otras mudanzas trajeron otras historias azulgranas; me voy a detener en la última. Esta vez perdimos, ya ni recuerdo con quién. Pero algunas semanas después, encasillando libros en la biblioteca me encontré con El Principito, probablemente el primer libro que haya tenido. Me lo compraron cuando tenía 6 años. Recuerdo que, a esa edad, empecé a leerlo y no lo entendí; pero decidí terminarlo igual, porque ya en mi más tierna infancia padecía la torturadora manía de tener que terminar casi todo lo que empiezo. Me impresionó encontrármelo de nuevo, así que lo ojeé. Encontré algunos manuscritos (mi nombre esbozado con un garabateo infantil que aún conservo), dibujos y pinturas sobre las ilustraciones. Me llamó la atención ésta:

Entre los trazos delineados sobre el libro estaba San Lorenzo. Me impactó pensar que San Lorenzo siempre ha estado en mi vida. Siempre: mis primeras pasiones, mis primeros recuerdos, mis primeras experiencias con mi viejo. Una de mis primeras imágenes de mi vida es en cancha de Ferro, un partido contra Talleres que empatamos 1-1. Recuerdo bien que en el entretiempo le pedí a mi viejo ir a ver los dibujitos. Tenía 3 años. El segundo recuerdo que tengo es el reboleo que sufrí cuando mi viejo gritó el empate mientras me tenía arriba suyo.

Mi viejo decía que había dejado de seguir a San Lorenzo hasta que mi hermano y yo nacimos y volvió a ir a la cancha. También decía que nunca nos insistió para que fuéramos cuervos ni futboleros. Presentaba las cosas como si nuestro sanlorecismo fuera innato y lo hubiera arrastrado a él también a una euforia futbolera que afortunadamente compartimos por algunos años. Yo no sé si habrá sido así, pero de lo que estoy seguro es que, desde chiquitito, al mundo lo pinto de azulgrana.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/3″][vc_single_image media=”73012″ media_width_percent=”100″][/vc_column][/vc_row]

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