Dentro de la cancha

Que pase el que sigue: La crónica de Gonza Gamallo de la caída ante Racing

Poco importa ya lo que pasó en la cancha. San Lorenzo perdió 1 a 0 con Racing de local, los nervios del público explotaron, el equipo se vio superado por la parada, paralizado por el nerviosismo, amontonando jugadores en la cancha y todo indica que otro DT se irá acusado de inútil, incapaz y verde para superar la misión de dirigir futbolísticamente a nuestro amado club.
Vendrá otro. Algún colegiado que supo hacer el curso de DT y tendrá que entrenar este plantel en medio del éxtasis histérico que produce la acumulación de frustraciones, el deseo de mucha gente de ver buen fútbol, gente que busca algo estético, un cambio de frente, una pared, un desborde y una pelota inflando la red.
Honestamente creo que desconocen de dónde viene San Lorenzo y creo que sobredimensionan a dónde va. Pero mi tarea aquí es ser cronista de partidos y no puedo permitirme disgregar sobre el exitismo desmesurado, la impaciencia y la incongruencia de todos los que pidieron por Almirón y por Pizzi y ahora piden por ZIelinsky y por Alfaro. Vendrá un mister o vendrá Caruso, acá no hay que sorprenderse.
Monarriz plantea partidos ideales para ir 0 a 0. En esos momentos estamos expectantes. Más allá de ese tiro en el palo de ese gran jugador de apellido Rojas. San Lorenzo estaba en partido. Tuvo dos aproximaciones y varias contras que no terminaron bien. Angel y Palacios jugaron un buen primer tiempo. Torito y Ramirez estaban bien. Gaich jugó horrible, Coloccini también, a Gonzalo le costó el partido. De una jugada tonta y con lo que cuesta hacer un foul nos metieron un gol de pelota parada. Con todo lo que cuesta en este país todo es dramático que te hagan un gol de pelota parada. En Off Side. Estamos tan mal que no podemos ni ver cómo nos bombearon últimamente.
Muchos fuimos los que pensamos que Reniero había hecho el gol y que una tormenta de caca nos estaba cayendo en la cabeza por designo de los dioses. Esos vengadores y karmáticos señores que se encargan de señalarte los errores. No fue el príncipe destratado. Fue otro muchacho. El golpe se llevó puesto el primer tiempo y no tuvimos más reacción. La gente o se medicó demasiado o no tomó la pastilla antes de ir. La fatalidad se hizo presente y el nerviosismo se apoderó de los jugadores.
Parecemos Independiente: estamos llenos de deseos de grandeza y añoranzas de un pasado de lujos. No podemos asumir la humildad de nuestro club. La gente putea, putea y putea.
Esperemos que en esta lotería de elegir un DT la fichita caiga del lado de la alegría.
Hay muches que nos desean lo peor.
La intolerancia, la impaciencia y el cambio de rumbo permanente no ayudan a nadie. Ni a los Romero, ni a Gaich, ni a cualquier DT que traigas, ni a los juveniles, ni al Torito. Este equipo necesita ayuda, asistencia psicológica. Apoyo de la gente. Puede venir Mandrake. Es lo mismo.
El equipo se defendió demasiado atrás y permitió mucho espacio para que Racing maneje las pelotas. Le cuesta horrores salir, sino emboca un pelotazo no progresa. Cuando retrocede lo hace mal y cuando avanza no logra juntar gente en posición de gol nunca. No patea al arco. Hace como 2 años que San Lorenzo no patea al arco. Los laterales- volantes corrieron 400 kms cada uno al pedo.
No es raro perder con Racing, San Lorenzo nunca es demasiado superado ni supera demasiado a nadie. Eso hace que todo sea peor: Pizzi era horrible, era superado por todos los equipos. Almirón tenía tanto la pelota que se desinflaba.
En el segundo tiempo intentamos apretar con Piatti y Oscar. El Monje amontonó tipos pero no hubo caso. No pateamos al arco y el chileno Diaz se hizo una fiesta. Tocó para acá, tocó para allá.
Se va Monarriz, un tipo que puso la cara por el club cuando los expertos y laureados técnicos que se disputaban los grandes equipos del mundo fracasaron estrepitosamente.
Qué pase el que sigue.


El comediante que no divierte: la crónica de Gus De Rosa de la derrota en Córdoba

Hace poco fui al cine a ver Joker, grandísima película que trata la vida de un comediante que trabaja en actos sin importancia y aspira con ser reconocido y admirado, sus risas son exageradas y fantasea con algo en lo cual no está capacitado. Quiere ser como su ídolo, un presentador televisivo que es el dueño del prime time.

Sábado a la noche, fernet y San Lorenzo. En la previa un excelente combo que lamentablemente ya se sabe como termina. Hablando con gente histórica de la tribuna que no fue a Córdoba les pregunté porqué no iban, la respuesta fue "tengo cero motivación": eso genera San Lorenzo últimamente, apatía y desmotivación, basta ver la Platea Sur vacía desde hace por lo menos 6 años. El hincha de San Lorenzo no acompaña. Las excusas son muchas, que Guede, que Biaggio, que Almirón, que la dirigencia, que las entradas caras, que la inseguridad en el Bajo Flores, que bla bla, si el equipo generara un mínimo de empatía con el hincha no habría dudas que la convocatoria no baja de 30 mil personas de local.

Del partido poco para comentar, lo que ya vimos, parado atrás, tratando de salir de contra, pero a diferencia del anterior partido de visitante contra Newell's, Talleres mereció abrir el marcador , Torrico sacó varias y el palo le negó la oportunidad al local. Nuevamente echan a un jugador nuestro en el primer tiempo y todo se hace cuesta arriba. Todo dependía de algún milagro que nunca ocurrió, se ven nuevamente situaciones claras de gol nuestras no convertidas, los laterales llegan a posición de gol con facilidad pero con mala resolución.

¿Se le puede achacar este presente futbolístico a la dirigencia? Sin dudas el armado del plantel a Biaggio y Almirón fue horrible pero ahora uno ve los nombres, el banco de suplentes y lo comparo con ,por ejemplo Huracán, que ayer de local con Aldovisi fue una murga de la cual no conozco a 8 de 11 jugadores y no lo puedo creer. El globo arranca con los mismos puntos que CASLA en el promedio del próximo torneo.

¿La elección del DT fue equivocada? Posiblemente sí pero las últimas experiencias con DTs de renombre tampoco resultaron.

¿Porqué Zaracho en Racing vuelve del sub 23, no sólo juega sino que convierte, mientras tanto Gaich (que no jugó el último partido de la Selección) y Herrera tienen que arrancar en el banco de suplentes? Cosas que solamente pasan en este club

Urge un San Lorenzo protagonista, que salga a buscar los partidos; con Monarriz posiblemente esto no pase nunca, uno ya sabe lo que va a ver, partidos parejos en los cuales gana o pierde por un gol dependiendo la suerte o individualidad de algún jugador. No sé lo que pasó en ese entretiempo entre los Romeros y el DT pero parece una relación desgastada, la dirigencia y el Consejo de Fútbol tienen que estar muy finos para solucionar ese problema. Todo indicaría que el DT tiene las horas contadas, punto para los guaraníes pero alguien les tiene que decir que no tienen las llaves del club, si Oscar no genera nada tiene que ser reemplazado como cualquier otro. Piatti espera paciente su oportunidad, si está en un nivel parecido al del 2014 el paraguayo pedirá solo el cambio.

La clasificación a la próxima Libertadores por acumulación de puntos es una utopía y ya es una realidad el bajo promedio para la próxima temporada. Faltan 3 fechas para la finalización del torneo. La Copa Superliga y la Copa Argentina son objetivos principales.

Así en la película como en la vida real el final parece ser el mismo, la comedia no divierte, es más bien un drama con un triste desenlace.


Un milagro más te pido: la crónica de Gonza Gamallo de la derrota en Rosario

Hierven los nervios en cada portal azulgrana y en cada grupo de Whatsapp. Los y las cuervas parecen sentirse destruidos por el ruido del cristal de la ilusión que se rompe. Quizás esperaban ver a los Romero conducir el equipo hacia la belleza. Se ilusionaban con los cambios de ritmo que un baterista como Monarriz puede plasmar en sus jugadores. Uno no sabe si cuando putean al DT por no hacer cambios esperan secretamente que Menossi ingrese, tome el balón, gambetee a cuatro rivales y asista de taco al pequeño Fernandez.

Para este cronista la situación es tal cual prometía ser: San Lorenzo planteando partidos parejos que puede ganar 1 a 0, perder 1 a 0 o empatar 0 a 0. Quizás en el fondo estamos soñando con la escuela del Ajax, con ver a los pibes pararla y jugar tranquilos. Lo que por ahí cuesta ver es que con los laureados y europeístas DT tampoco pateábamos al arco y es más: el equipo ni siquiera jugaba partidos parejos. Era superado por cualquier rival, grande y chico. De local y de visitante. Salía bien del fondo pero transmitía una apatía difícil de sobrellevar.

San Lorenzo perdió 1 a 0 en su visita a Rosario. Tuvo una situación inmejorable a los 14 minutos producto de una trepada de Peruzzi quien tuvo el gol y remató por encima del travesaño. En esa primera mitad tuvimos la pelota, no fuimos profundos ni generamos situaciones pero presionando bien y recuperando rápidamente el esférico. En este tipo de partidos y en esta situación de extrema paridad necesitamos imperiosamente convertir cada pequeña situación que generamos.

Newells tuvo una sola en el segundo tiempo, producto de un bombazo de larga distancia de este pibe que no sé por qué no está en el Sub 23 y se llevó los 3 puntos. El partido fue como una relación plagada de silencios y de cosas que no se dicen. Todo conducía al letargo y hubo un sacudón. Pero nadie pudo decir más nada.

Hay muchas cosas en el debe. San Lorenzo no encuentra juego en el ritmo cancino de los paraguayos. Sólo Ramirez muestra algo distinto cuando pasa a un rival en velocidad y toca. El resto es posesión estéril sin la prolijidad que mostraba Almirón o Pizzi. Lo que muestra ahora es carácter para disputar cada pelota. Es amarrete y combativo, como el futbol argentino. Poco para destacar en las individualidades, importante Poblete aunque por momentos superpuesto con Torito Rodriguez. Uvita no tiene nada de 9. No lo siente, no le sale, no es lo suyo. A San Lorenzo le cuesta avanzar porque su defensa no avanza cuando ataca y los mellizos se retrasan demasiado para comenzar las jugadas. El doble 5 no cumple su función ahí. Oscar es un jugadorazo en tres cuartos y un jugador de correcto para abajo cuando baja a jugar de espaldas. No lo siente, no le sale. Eso que te daba Senesi hoy es agua en el desierto.

Ojalá podamos calmarnos entre los cuervos, apretar los dientes y bajar el exitismo. No estamos para maravillas aunque vimos que el torneo se pudo pelear y que el objetivo de entrar a Copa Libertadores se empieza a complicar: el fixture no acompaña y daría la sensación que somos más débiles con 4 defensores que con 5. Aunque no les guste a los ultraofensivos ni a los dominantes por naturaleza. Podemos pedir la cabeza del DT todo el tiempo de nuestras vidas o podemos confiar en el Papa Francisco y en algún milagro proveniente de las más altas esferas de la vida espiritual.

Así es la democracia, así es la vida, así es nuestra realidad. A apretar los puños y pelear como hicimos siempre a lo largo de nuestra sufrida historia sanlorencista.


Fideos sin queso: la crónica de Gonza Gamallo del empate ante Estudiantes

Amainaba el sol y apenas corría una brisa. El caluroso verano porteño daba una pequeña tregua y los de Monarriz saltaban al regado césped del Bidegain para enfrentar al siempre duro Estudiantes de La Plata.
Ahora que Gallardo empezó a usar la línea de 5 decidimos volver a la de 4: Peruzzi (Herrera está en el sub 23 porque Batista no se atreve a llamar a Montiel), Coloccini y Donati y el atractivo, sensual y comprador Pittón.
Tres en el medio: el torito, Poblete y Ramírez.
Arriba los mellizos y el presidencial Fernández.
El primer tiempo fue verdaderamente horrible. Apenas un cabezazo del debutante Donatti que pegó en el travesaño y no mucho más. Ambos equipos lucían faltos de fútbol, con imprecisiones e inconsistencias varias.
Fue un 0 a 0 con corte de luz incluído que no dejaba nada de tela para cortar. Dos equipos sin profundidad.
San Lorenzo mejoró un poquito en el segundo tiempo. Pateó Oscar, pateó Ramírez. Fue a los 17 del complemento que San Lorenzo enebró una mágica jugada de arco a arco donde Ramírez demostró porque es el jugador distinto: cambia la marcha. Tocó y recibió una pared mágica de Uvita, erró el mano a mano pero en el rebote el infalible Pittón anotó su sexto gol del torneo. Es rubio, ganador y goleador: todo lo que quieren las guachas.
Estaba todo dado: Estudiantes no podía lastimar a nadie hasta que sacaron al fantasmal Cauteruccio.
En la tribuna no nos pudimos poner de acuerdo si el gol se lo come Coloccini o Torrico.
Algunos teóricos dicen que el arquero no salió. Otros en cambio aseguran que el central cubrió horrible al chico Retegui.
Cuestión que sin ningún esfuerzo y con un pelotazo frontal Estudiantes empató y de ahí no se movió el score.
Cuesta todo mucho en este fútbol argentino como para regalar goles.
Donatti estuvo seguro en defensa y mal con la pelota. El torito mostró mucho carácter. A uvita le costó el partido pero participó del gol.
Para conseguir más juego habrá que entregar un 5 de marca aunque por el nivel de entrega que muestran los mellizos en defensa parece una tarea muy dura para el DT. Prácticamente no marcan.
San Lorenzo muestra una cara mejor que con Pizzi sin embargo parece que para campeonar faltan variantes y que de una vez por todas dejemos de hacernos los goles. Fue un 1 a 1 con gusto a poco. Como una cerveza sin alcohol, como los fideos sin queso, como el amor sin besos.


El bandoneón de Monarriz: La crónica de Facu Baños del triunfazo en el Monumental

Bien, míster. Muy bien. Se tenía que hacer y se hizo. No era cuestión de guapeza ni de grandeza. Las ideologías aplicadas al fútbol las podemos dejar para más adelante. A River no se le juega de otra manera. Lo dicen los números: te aplasta de visitante, porque en casa todos salen a buscar el partido sin ver quién está enfrente, pero le cuesta de local, cuando el rival sube la guardia y aguanta los embates, esperando un descuido del campeón para conectar.

A los 15, Adolfo bajó la pelota en el área y en el mismo movimiento dejó pagando a Pinola. Alguien más intentó frenarlo infructuosamente, y Armani será buen arquero pero tampoco la pavada. Bombazo al techo de la red y a cobrar. La cosa empezaba a darnos resultado. San Lorenzo jugó todo el partido igual. No es que arrancó de una manera y mutó según el resultado. No. Jugó a lo que jugó, como todos vimos.

Hay una remontada anímica y actitudinal. En Tucumán, dos fechas atrás, creí estar viendo la misma película de todos los fines de semana, desde hacía un par de años. Una tipo La Ciénaga, de esas que te ponen al borde del ataque de pánico. Después, con Patronato, qué sé yo, fue una cosa extraña, pero uno tenía la impresión de que esa mini rachita virtuosa era clave para fugar de la caverna y reencontrarnos con el mundo luminoso. Venía River, y todos sabíamos que íbamos a Núñez a jugar nuestra ficha, perdidos por perdidos. No hace falta recordar las nefastas estadísticas que llevábamos en la mochila. Bien Monarriz. Un aplauso para nuestro DT.

Me hubiera gustado, si me pongo fino, haber podido sostener la bocha durante el agregado, cuando ya estábamos con dos tipos más en cancha. Intentar llevar el partido hasta la mitad y a los rincones del campo. Bah, si es por pedir, me hubiera gustado que entre la que tuvo Menossi para liquidar el match: ¡qué panzada hubiera sido! Pero, bueno, ya estaba la suerte echada. El problema lo tenían ellos, y nosotros morimos con la nuestra.

Vienen de remontada los hermanos Romero. Óscar se los comió anímicamente durante los últimos 20 minutos de juego y ese barullo mental que se armaron nos dio un poco de oxigenación. De la mano de Gonzalo y Coloccini, la defensa se empieza a acomodar. Más allá de esos dos bombazos que nos cayeron al área en tiempo de descuento y que no fueron gol porque el diosito estaba de nuestro lado, me dio la impresión de que no sufrimos tanto las marcas como nos venía pasando. Es más, estamos generando un buen poderío cuando tenemos pelotas paradas a favor, porque incluso Ángel y Pitton demuestran ser agresivos en el juego aéreo.

Me sigue gustando el planteo de Monarriz. Dota al equipo de mucha elasticidad, para plegarse y para atacar en bloque, como si fuésemos un bandoneón, y me parece una apuesta práctica e inteligente. Cuando todavía nos seguíamos fumando a Pizzi (¡qué cosa increíble!), reclamábamos a gritos que ponga un equipo y se la banque. Bueno, eso es lo que hace este entrenador: pone un equipo y se la banca. Este abroquelamiento defensivo era menester, para salir del pozo al que nos había mandado el DT de las ideas progres. Había que rearmar el equipo de atrás para adelante. Había que lograr que nuestros jugadores hundan los pies en la tierra y sepan a qué están jugando, porque, por más que se le quiera dar vueltas al asunto, esa es la manera de agarrar confianza y de que la cosa funcione. Ojo, con una pretemporada encima y un plantel más afianzado, el concepto de equipo puede variar, y tampoco vería mal que así fuera. No pienso en ninguna locura, sencillamente en mover ese tercer central hacia la mitad de la cancha. Pero el míster es el míster y yo tanto de fútbol no sé. Por lo pronto, soy de la idea de valorar el trabajo hecho, cuando uno ve que las cosas se empiezan a dar.

Como pasó en su momento con el Pampa, este entrenador tiene un ojo puesto en las canteras del club. A diferencia del Pampa, creo que este entrenador tiene una idea más sólida de lo que pretende. Repetimos equipo después de mil años, y ese equipo que no se tocó, ganó los dos partidos que jugó. Pienso que no necesitamos ningún refuerzo, a menos que se nos desarmen las líneas. Hay que seguir dándole confianza y rodaje a los jugadores que tenemos, que son buenos. Si logramos esa amalgama perfecta entre experiencia y juventud, como diría Arjona, pienso que vamos a andar muy bien. Tienen que volver a enamorarse de la camiseta y a sacrificarse en cada pelota, como anoche. Porque, como dice el Indio, “un par de sienes ardientes, son todo el tesoro”.


Trabajen: La crónica de Facu Baños del empate en Tucumán

Se me hizo tarde para la crónica, pero la voy a hacer igual porque llevo varios partidos sin escribir. Pude haber aprovechado el triunfo en casa contra el Bicho y no lo hice. Mejor, porque no hubiese sabido cómo arrancar a describir un partido que no nos hizo sufrir. El sábado a la noche, en cambio, nos sentimos como en casa, con ese juego que hicimos en Tucumán, por momentos discreto, por momento lastimoso. Tuvimos la buena idea de juntarnos a verlo, en la casa de un compañero de La Soriano que se quedó con el freezer lleno de latitas de birra. Muy cerca de El Imaginario, mítico barcito esquinero del Abasto donde todos los que superamos la franja de los 35, todos y todas, hemos llevado compañías, en plan de forjar una cercanía. El éxito siempre es dispar: uno se pone a pensar en las citas que ha tenido, y en el caldo de esos recuerdos conviven el sinsabor de las decepciones y las espléndidas alegrías. Con San Lorenzo, en cambio, la cosa es más sencilla: siempre nos va más o menos como el ojete.

Comentario que sale como piña, cada vez que nos juntamos a ver un partido entre amigos cuervos: “Che, jugamos horrible, ¡pero tenemos buenos jugadores!”. Ahora, yo me pregunto, ¿tiene fecha de vencimiento la percepción de que son buenos jugadores, o es algo que ya está establecido? Porque, uno bien podría pensar: si un hombre que trabaja de jugador de fútbol, juega mal durante el transcurso de un tiempo equis -un año, ponele-, bueno, quizá debamos pensar que no era tan bueno como habíamos creído. El sábado, en algún momento del segundo tiempo, le comenté esto mismo a un compañero: los trabajadores que integran nuestro plantel de fútbol, evidentemente, no están haciendo bien su trabajo. Y eso sin ponernos a divagar sobre los salarios que perciben, que ya sabemos cómo es el asunto y no le encuentro sentido a seguir dándole vueltas: lo tomamos o lo dejamos. Me quiero detener en lo otro; ¿por qué nuestros jugadores -trabajadores- no hacen bien su trabajo? No es una cuestión de ahora, ni de este último tiempo, sino algo que viene de arrastre y que da la impresión de que no hay quién lo pare. Para colmo de males, pareciera ser contagioso, porque, si me apurás un poco, tengo que empezar a criticar a Gonzalo y a Coloccini.

Los chabones jugaron mil años en las ligas más importantes de Europa y fueron referentes de sus equipos. No les vamos a exigir que corran como Iván Córdoba, porque está claro que no les da el lomo para ese tipo de aventuras, pero, viejo, ¿pueden tomarse el trabajo de seguir alguna marca en las pelotas paradas, por el amor de dios? Me vuelvo loco, cada vez que tenemos un tiro libre en contra. Es una de las peores cosas que me pueden pasar en la semana. Yo le doy la derecha a Monarriz, con el sistema que metió: me parece que encaja bastante bien con las características de nuestros jugadores, sobre todo de los laterales, que efectivamente tienen aguante para surcar sus respectivas bandas -imprecisiones del pibe Herrera al margen-; obviamente que es todo materia de debate. A esta altura del partido, si hay algo que queda claro es que nadie tiene la verdad revelada en esto del fobal. Yo, en principio, elijo darle la derecha al dt. Después, si tiene que seguir o no como conductor de la primera, no sé, ese es otro cantar.

Insisto con lo que dije antes: tengo la impresión de que no hay nada ni nadie que le pueda poner coto a la pobre actitud de los trabajadores que integran nuestro plantel. Hace mucho tiempo que vemos la misma película, una y otra, y otra vez. Un equipo desganado, sin alma, sin ganas de luchar. En estos días, todo el mundo hace hincapié en el funcionamiento de un mediocampo que parece estar desguarnecido con un solo cinco. Es parte del debate futbolero: reforzás atrás y en esa apuesta desprotegés otro sector del campo, inevitablemente. Cuando digo que, en principio, banco la jugada de Monarriz, pienso también en el pasado inmediato: los últimos partidos dirigidos por Pizzi fueron un desconcierto absoluto, como pocas veces hemos visto, y entonces, a mi entender, era menester rearmar el equipo de atrás para adelante, como suele decirse; banco esa primera línea defensiva formada por tres caudillos. Dicho esto, si después se quedan jugando a las estatuas en cada pelota que cae en el área, bueno, ahí ya se me acaba el argumento como a Shakira.

De la mitad para adelante, los hermanos Romero intentan buscar y ocupar espacios, pero, de nuevo, la impresión es que el terreno de juego nos queda siempre grande, por más que juguemos en el Diego Maradona de La Paternal. Se cansan nuestros muchachos, bajan los brazos, se desploman, no les da el cuero. Cuando el equipo rival avanza con pelota dominada, no oponemos resistencia, el nivel de presión que podemos ejercer es bajísimo. Cuando un jugador nuestro avanza con pelota dominada, no encuentra compañero para descargar, somos incapaces de armar una pared porque el hombre que suelta la pelota no se dispone a seguir participando de la jugada, se desentiende, ya cumplió. El equipo que viste la camiseta azul y roja, es decir, la nuestra, es muy poco solidario, y esto ocurre, lamentablemente, desde hace mucho tiempo. Todos se lavan las manos. Deben pensar que, si hay diez “compañeros” más en la cancha, entonces alguno más se encargará de resolver el asunto. Eso es lo que se ve desde afuera, y es sumamente triste. Cuando ves a otros equipos, salta a la vista la filosofía inversa: dámela, me hago cargo, depende de mí; jugadores que se sacrifican por el colectivo, que buscan y siguen buscando, que no bajan los brazos, que son fuertes mentalmente. Nada de eso encuentro en mi San Lorenzo.

No sé cuál es la solución. Entiendo que no es sencilla. Quizá seguir apostando a los pibes del club nos resuelva una parte del asunto. Pero eso tampoco es garantía de lo contrario. Espero, como sea, que seamos capaces de revertir esta bola de nieve, que viene de hace rato y se lleva todo puesto. Ah, ¿el empate? Bien, gracias.


La historia sin fin: La crónica de Gonza Gamallo de la derrota en Avellaneda

De blanco salió al césped de la doble visera el equipo que tanto amamos, por el que penamos y por el que nos alegramos (muy cada tanto). El baterista Monarriz disupuso que la primera juege con el esquema clásico de las inferiores. 3 centrales con Coloccini de líbero y Cachila y Vegini de stoppers; un doble cinco con Poblete y Ramírez; Herrera y Pitton haciendo las bandas; los mellizos flotando y el tanque Gaich arriba.
Los quinieleros y los sociólogos dirán que era un planteo más defensivo: tal vez no erren. San Lorenzo se plantó de visitante a esperar y meter pelotazos de Vergini a Gaich. El primer tiempo fue muy parejo. Hubo una jugada al minuto en la que Óscar Romero remató desviado. Tuvo una Pablo Pérez que pasó muy cerquita a los 28.
Todos los cuervos que estábamos ahí sabíamos que el reloj era nuestro aliado y que en algún momento esa bomba de tiempo llamada "paladar negro" iba a comenzar a explotar.
Algo sucede en los clubes grandes cuando las cosas van mal: la gente no lo puede soportar. Toda una vida de status estallada en un instante de realidad. Como si lo aspiracional y la verdad de la milanesa se chocaran en un aleph de angustia y estupidez.
Gritan los hinchas, insultan, algunos toman pastillas. Otros patean asientos. Otros creen que insultando a ese muchacho de 20 años que corre por el lateral quizás el muchacho de 20 años que aún corre por el lateral levante su nivel.
Y transcurría el primer tiempo como un verdadero clásico: a pierna fuerte, con pocos espacios y con los dos equipos tratando de aprovechar alguna desatención del rival.
Eso ya fue mucho más que lo que mostró San Lorenzo contra Boca y contra Huracán y durante prácticamente todo el ciclo de Almirón y de Pizzi.
En nuestro mejor momento Independiente hizo una jugada muy previsible, lenta y paseó la pelota por todo el campo sin oposición cuerva.
Centro atrás es medio gol, decían los antiguos. Centro atrás de Sanchez Miño y golazo del Romero del rojo.
A los 5 del segundo tiempo encontramos una jugada igual a la del gol de ellos. Centro atrás de Pitton y remate veloz de Oscar. A los 8 Ángel pierde un gol que podría haber detonado la bomba de la depresión del rojo. Gaich pivotea y habilita al mellizo quien con el balón picando y ante un Campaña que dudó en la salida hizo lo peor que podría haber hecho y pateó al bulto. Contra Boca también perdió una chance muy clara para empatar, de cabeza. De ese córner vino un zapatazo de Coloccini al travesaño y todos los ánimos en la cancha del rojo estaban por estallar.
Esa pobre gente de Independiente que vio el descenso tras el gol de Angelito Correa empezó a sentir el fruncimiento de su alma y solos se metían adentro del arco a pedir por favor. Ya tenían el kerosenne listo, los fósforos. Estaban dispuestos a fagocitarse.
Esa pobre gente que tuvo de ídolo a Bochini y ahora se rompe las manos por Nico Domingo: hablemos de devaluación.
Sin embargo a Cachila se le ocurrió anunciar que se iba a tirar al suelo con un pasacalle. Desde la cancha de Racing se podía apreciar que el tipo se iba a tirar al piso en el área innecesariamente. Tardó tanto que a Romero le avisaron por mensaje de internet. Chequeó el mensaje, engachó, penal por mano. Gol de Silvio y ahí sí nos hicieron precio.
Lo único rescatable fue el partido de Herrera y el partido de Ramírez. Gaich no debió salir y en general los cambios no aportaron demasiado.
La estadística no falla: San Lorenzo perdió 7 de sus últimos 8 partidos y no estamos locos si empezamos a revisar los promedios para el próximo torneo con algo más que conciencia.
Sólo Dios sabe si te conviene vender a Senesi para desarmar toda la defensa y después traer 2 centrales malos y muy caros que te obligan a comprar 2 centrales el próximo campeonato.
Ayer San Lorenzo mostró mucho más de lo que venía mostrando. Por lo menos pateó al arco, puso la pata. Sobre el final se lo llevó puesto, sin claridad ni orden, pero con algo más de lo que mostró en los últimos tiempos de la mano de los laureados técnicos que hemos contratado.
Como si aquellas cosas que les enseñan en los cursos de DT no tuvieran validez en nuestro suelo: como la izquierda y la derecha. Para jugar en Argentina hace falta coraje. Lo esquemático, las posiciones fijas y estancas y la rigidez táctica conducen indefectiblemente a una derrota previsible.
Ojalá el próximo técnico sea una persona sencilla que pueda inspirar a nuestros jugadores a jugar con la camiseta de San Lorenzo. Y ojalá pueda sumar muchos y necesarios puntos.


Carta abierta a Pizzi: Facu Baños analiza la derrota en la Quema

Juan Antonio:

La última vez, después del partido contra los santiagueños, me tocó escribir esta misma crónica, y dentro de lo que pude intenté cubrirte las espaldas. Fui muy crítico, por supuesto, porque la situación no me permitía mirar para otro lado, pero dirigí mis críticas a lo que nos viene pasando como club -de fútbol- en estos últimos años: a la imposibilidad manifiesta de sostener en el tiempo un proyecto futbolístico que involucre el laburo de inferiores -que se supone que existe- y de coordinar eficientemente las ideas de todos los actores que se encargan del asunto. Es decir: casi ni hablé de lo que se había visto en la cancha -nos comimos cuatro contra un equipo ignoto- ni de lo que venía insinuando nuestro equipo -tu equipo- durante los últimos encuentros. Hoy no, hoy me parece que es totalmente inevitable, y completamente necesario, referirse sin rodeos a lo que somos dentro de la cancha.

Perdimos 2 a 0 contra Huracán. Por si hay algún desprevenido, en algún sector del planeta. La jugada de gol más clara que tuvimos, creo, fue un remate de Fértoli desde media distancia que pasó a más de un metro del palo derecho, y que, si hubiera habido público nuestro en el estadio, apenas hubiera despertado un “uh” cortito, casi de compromiso. El juego que está haciendo San Lorenzo es una sombra y se arrima a pasos agigantados a la categoría de “bochorno”: a juzgar por los nombres que integran este plantel, me atrevo a decir que la situación es incluso más desconcertante de lo que fue durante la gestión Almirón, cuya figura descollante era Román Martínez.

Arrancamos con vientito de cola durante las primeras fechas, y nos ilusionamos con nada. Recuerdos, al pasar: del Bosque nos trajimos un triunfo que pudo haber sido cualquier cosa; en Sarandí jugamos, creo, el mejor partido de la temporada, sin sufrir, contra un rival duro; con Unión, de local, nos floreamos 20 minutos, nos pusimos en ventaja, y al cabo de ese oasis el partido fue un parto; a partir de ahí, bola de nieve, nube negra que nos sigue a todas partes, juguemos donde juguemos. A vos, Juan, no te puedo endilgar lo mal que la venimos pasando desde hace tres años a esta parte, pero sí tenés mucho que ver con lo mal que la estamos pasando ahora. Tenés muchísimo que ver, porque, insisto, tenés material para no hacer los papelones que estás haciendo. Tenés material y no lo estás sabiendo usar: no estás sabiendo conducir. Yo podría entender tu filosofía de rotar y de usar el plantel largo que tenés, haciendo que ningún jugador se crea que tiene el puesto ganado: la podría entender si el partido con Colón en Santa Fe no hubiera sido derrota y si todo lo que vino después de eso hubiera sido distinto. Quiero decir: si un equipo funca, si viene agarrando confianza, si convence, uno puede darse el lujo de meter cambios de piezas, de participar a todos los jugadores según lo que pide cada partido y blablablá. Ahora, la pregunta se cae de maduro: ¿vos decís, Juan, que éste es un equipo confiado? ¿Realmente ves eso?

No preciso ni que me contestes. Este equipo está devastado moralmente, y eso se traduce enseguida en el rendimiento dentro del campo. ¿Y entonces qué? Entonces, simple: hay que dejarse de joder con la rotación de los elementos y hay que encontrar el equipo titular. Esto es así y punto. Porque, si mal no recuerdo, de la Libertadores nos bajamos en Asunción, y -si mal no recuerdo también- de la Copa Argentina nos bajó uno de remera verde y blanca en la cancha de la pindonga. Todo lo que tenemos que hacer es poner un equipo decente los fines de semana y empezar a sacar puntos en el torneo local. No hay mucha vuelta que darle a esto. En la semana leía en los portales amigos que todavía tenemos chances de jugar una copa en 2020: nada más hay que ganar un torneo donde vamos a jugar contra todos los campeones de la Libertadores. “Ah, ¡una pavada!”, pensé, si total a Central Córdoba de Santiago del Estero le metimos 7 como local y a Huracán le llenamos la canasta en la Quema. Jugando así, esa copita se queda en Boedo.

Juan, no somos River y vos no sos Gallardo. Dejanos de romper las bolas. Ponete el overol, armá un equipo competitivo con todo lo que tenés y empezá a sacar puntos, que lo único que nos falta es volver a hundirnos en la franja roja de la tabla de posiciones. Yo, desde acá, no voy a pedir tu cabeza. Yo quiero que le vaya bien a San Lorenzo, y si es con vos mejor. Ahora, si te terminás yendo porque no le encontrás la vuelta a los quilombos que vos mismo armaste -¿quién te manda a defender así los tiros libres en contra?-, entonces me gustaría que venga un técnico trabajador, porque me parece que se nos está acabando el crédito de los dts progres. Si lo tengo que poner yo, lo traigo al Ruso Zielinsky, y si les tengo que decir -a él, a vos o al que sea-, qué equipo poner, bueno, agarren la lapicera: Navarro; Herrera, Coloccini, medalomismo, Pitton; Óscar, Menossi, Poblete, Ramírez; Ángel y Gaich. 4-4-2. Si vamos ganando, lo metés al pibe Insaurralde para reforzar el mediocampo y lo corrés a Menossi, que cubra la derecha; si vamos perdiendo, lo bajás a Ángel para que arranque de atrás y ponés a Blandi para hacer fuerza arriba. Y listo. Basta de inventos. Hay que darle rodaje a un equipo si querés que funcione.

Obviamente, no hace falta ni aclarar, ya ninguno de nosotros se ilusiona con pelear este torneo. Siguen pasando los años y seguimos hundiéndonos en el río de la impotencia, tirando manotazos de ahogado. Hay poca cuerda para seguir boludeando. Ojalá te des cuenta, Pizzi. Y sino, te va a llevar la correntada. Acabás de declarar que no tenés pensado renunciar. Me parece perfecto. Ahora, dejá de inventar pavadas y laburá con 11 jugadores que jueguen de entrada.

PD: un amigo me jugó un fernet, uno de marca. Le dije que sí. No pensé que íbamos a ganar, pero me dije que un empate, de esa cancha, nos podíamos traer. En el chino está arriba de 200 mangos. Te pido encarecidamente que me ubiques, así combinamos y me lo hacés llegar. Que tenga que gastar esa guita, con lo lastimoso que juega tu equipo, me parece injusto, como mínimo.


Salí de ahí, maravilla: La crónica de Facu Baños de la derrota con Central Córdoba

Tengo que escribir una crónica sobre un partido que jugamos en nuestra cancha, contra Central Córdoba de Santiago del Estero, y que perdimos 4 a 1. Ok, una pavada. Lo primero que se me viene a la mente es un mensaje de corte netamente poético, que leí ayer a la tarde en el grupo de WhatsApp de La Soriano: “Cuando menos te lo esperás, San Lorenzo te caga la vida”. No sé si es textual la cita que estoy haciendo, pero el espíritu del mensaje era ese. Y yo, antes de asentir, le voy a poner un par de filtros, como en Instagram -sí, hace poco me abrí uno y ahora hago metáforas como si fuera un instagramer: bien de treintañero haciéndose el pendejo-. En fin, iba a decir que no creo que San Lorenzo te arruine la vida, porque me suena un poco border; ni siquiera pienso que te arruine la semana, porque me suena un poco emo; ahora, que te arruina la tarde, te la arruina. Ahí le pongo el gancho.

Lo que me parece más duro -y a esta altura de las cosas creo que ya podemos afirmar esto también-, es todo este proceso que venimos haciendo de reacomodarnos a una mediocridad que, por un momento, tuvimos la impresión de haber dejado atrás. Así como Vélez creyó en los noventa sumarse al lote de los grandes, nosotros creímos hace un par de años que nos íbamos a despegar de los amigos de Avellaneda y que nos íbamos a acercar un poco más -futbolísticamente hablando- al nivel de Boca y de River, disputándoles cosas en serio y con constancia. Una suerte de Atlético de Madrid tercermundista, ponele. Bah, qué sé yo, por ahí todos ustedes que están leyendo sabían que esto no iba a ocurrir y el único nabo que me comí el caramelo fui yo. Puede ser.

Siento que estamos atravesando un túnel negro, como el que dijo Michetti, y que no tenemos ni puta idea adónde vamos a ir a parar. Siento que es una lástima, estar así, porque sinceramente esa oportunidad de ir a más, existió. Siento, concretamente, que el cachetazo del Monumental contra Lanús, y la salida de Guede después, fue un parteaguas, y que después de eso quedamos medio groggies. Hasta hoy. Lo peor es que vivimos de ilusiones: nos pasó cuando vino Almirón, nos pasó ahora con Pizzi. Pero la realidad nos acomoda enseguida y nos vuelve a incrustar en ese túnel oscuro, interminable. Boca y River, mientras tanto, insoportablemente lejos y acumulando poder de una manera desopilante, como esas empresas de telefonía y de banda ancha, que no paran de fusionarse y de meternos el dedo en nuestras partes pudendas. Boca, por ahora, mal que le pese sigue viviendo a los tropezones, por el simple hecho de no haber encontrado un técnico que dé la talla. De River no hace falta hablar. Pero sí tenemos que rescatar algo: más allá de las virtudes de Gallardo como líder, es la única experiencia del fútbol argentino moderno de un dt que haya permanecido en su cargo durante cinco años, ininterrumpidamente.

Voy a esto: en el caso de River, no es tanto la fastuosidad en sus manejos de dinero, sino el acierto institucional de bancar el proyecto, sumado a la suerte de haber encontrado la persona indicada. Sus últimos dos mercados de pase, fueron más bien austeros, si mal no recuerdo, mientras que nosotros trajimos 21 players. Un verdadero despropósito. Y en esto, creo que llegó la hora de hacer pública una crítica a la dirigencia. En primer lugar, aclaro que creo en la honestidad intelectual de Lammens, casi de un modo absoluto, en tanto que avalo, como ciudadano cuervo, el laburo hecho en nuestra institución durante todos estos años. Dicho esto, no hay una política precisa en el ámbito del fútbol. Es harto evidente que, en algún punto, la propia dirigencia marcha detrás de la coyuntura y se marea, y nos marea a todos los hinchas. Nos jactamos de tener a Tocalli, del laburo de Kuyumchoglu, y al final, todo lo sólido se desvanece en el aire.

Voy a tratar de ser más concreto todavía:

Es inadmisible que lo bajen a Gaich a la reserva, después de haberse destacado en los seleccionados y de que el mundo del fútbol haya posado los ojos en él. Del mismo modo, en cualquier momento voy a salir a imprimir carteles de Wanted con la cara del pibe Insaurralde, que, mientras jugó, demostró que está a la altura de las circunstancias, no digo para ser titular indiscutible en la mitad de cancha, pero sí para que funcione como una alternativa válida. Lo único que diré, sobre el partido de ayer, es que precisamente fue eso lo que nos faltó, ¿cierto? Un Manuel Insaurralde salvando las papas en el mediocampo. Entonces, me hago esta pregunta, como hincha: ¿Está mal, en términos éticos, que la dirigencia converse con el entrenador acerca de estas cuestiones, sabiendo que atañe al patrimonio del club? ¿El Director Técnico debería enojarse, si algo así sucediera? Son cosas que, sinceramente, no sé cómo se resuelven, pero, lo que siento, es que debería primar una mirada más integradora de lo que nos está pasando -el laberinto, desde arriba-, y que esa mirada, lamentablemente, hace tiempo que no está.

Yo seguiré confiando en Pizzi. Pienso que, con un proyecto serio, como ese que tienen en Núñez, él podría convertirse en el entrenador serio que necesitamos. Pero sabiendo que un proyecto serio indica una conexión real, fluida, sincera, entre el DT, sus pares de las divisiones inferiores y la dirigencia del club. No creo que sea una locura, esto que planteo, de hecho creo que es, finalmente, lo que piden todos los hinchas. Sean coherentes, muchachos. Ahora, evidentemente, hay que transitar de la mejor forma posible este lapsus hasta las próximas elecciones. Ojalá que el oficialismo pueda continuar su proyecto de club, y ojalá que pueda poner en valor, otra vez, nuestro proyecto futbolístico, igual que se hizo allá por 2013/14.


No soy actor de lo que fui: La crónica de Facu Baños de la derrota contra Boca

Bueno, esta crónica no se va a escribir sola, así que vamos a tratar de meterle ganas. Por lo pronto les cuento que dejé que se fuera el día de ayer para escribirla. Domingo a la mañana, mate recién hecho, cielo claro, el perro mirando la calle por la ventana: mejor escribirla así, con otra perspectiva de la vida. Pero, así y todo, es una crónica difícil, no por haber perdido, sino porque realmente siento que no tengo de dónde agarrarme para analizar el partido de ayer.

Trato de rebobinar un poco la cinta y pienso en “las llegadas” que tuvimos: una fue el cabezazo de Ángel, sobre el final, que pudo haber sido el empate, pero que tapó Andrada relativamente fácil. Una jugada aislada, claramente. La otra, también en el segundo tiempo, en realidad fue una “casi llegada” porque un defensor de Boca adivinó el pase final y pellizcó la pelota justo cuando le iba a quedar a Óscar (creo) para definir mano a mano con el arquero. No estoy cien por ciento seguro de lo que digo porque no volví a repasar las acciones del match -te agradezco-, sino que recurro a lo que retuvo mi frágil memoria.

Qué quieren que les diga, amigos. Fue flojísimo el rendimiento de San Lorenzo. Muy por debajo de lo que todos y todas esperábamos. La otra sensación que tengo es de no haber podido detectar realmente dónde estuvieron las fallas del funcionamiento. Que la defensa era improvisada, ya lo sabíamos desde antes. No hacía falta que el árbitro pite el comienzo del juego para sacar esa conclusión. Que nos podían embocar otra vez en una pelota parada, también lo sabíamos, porque no precisamos ser Gambetitas Latorres para pescar esa mojarrita. Ahora bien, el medio campo era titularísimo: si me preguntan a mí, pienso que no hay, entre todas las combinaciones posibles que ofrece nuestro plantel, una mejor que “Poblete, Menossi; Romero, Belluschi, Romero”. Y lo sigo sosteniendo hoy, con el resultado puesto, el mate caliente y el perro mirando por la ventana. Y entonces, ¿qué? Bueno, si por un lado tenés una defensa que es un flan, porque la armaste con lo que pudiste, y por el otro tenés un medio campo que es tu caballito de batalla, y resulta que todos -pero todos- jugaron igual de mal, entonces siento que tiene más culpa el medio campo que la defensa, porque siempre me pongo del lado del más débil, como Lanata.

Lo que yo vi fue esto: los jugadores que tenían la responsabilidad de armar juego, de mover la bocha, de hacer un lindo espectáculo y de tratar de pensar para que el equipo gane, lo único que hicieron desde el minuto uno fue dedicarse a faulear, poner la piernita un poquito de más, tiki, pechearse con los rivales y mostrarles que acá los guapos éramos nosotros. ¿Cómo nos fue? Ya sabemos. Habría que hacerles entender que ellos, lo único que tienen que hacer, es dedicarse a jugar a la pelota: no interesa si la cancha está reventada, si hay 45 lucas o 20, no interesa el fervor que traiga la hinchada, tampoco si el rival es Boca o Defensores de Cambaceres. Un equipo serio tiene que jugar a la pelota y listo, concentrado, sabiendo que si entra en el mambo de los hinchas, lo más probable es que nos pase lo de ayer. Es decir, que perdamos todos.

¿Y el DT? Bueno, qué sé yo, el cambio de Gaich por Belluschi, al margen de que el Rasta había tenido un mal partido, no entendí de qué manera podía traducirse en un equipo más afilado y en la posibilidad más certera de llegar al empate. Tampoco entendí cómo el pibe Herrera no ocupó un lugar en el banco de los suplentes -quizá me perdí de algo, quizá tenía alguna molestia y no pudo ser de la partida, en cuyo caso me retracto-. Está claro que la lesión del Tucumano es un imprevisto y que no pueden cubrirse todos los imprevistos. Pero también está claro que haber puesto al joven Pittón a cubrir la banda derecha fue un acto improvisado, y me parece que ahí hay algo para repensar. Se sabe que, en esta clase de partidos, no hay mucho margen de error: el mismo Pizzi lo declaró en la previa. La pregunta sería: ¿qué sentido tiene sentar en el banco a Blandi y a Gaich? ¿Tan distintos son? Si ayer no ingresaron los dos, con lo acuciante que estuvo el partido, significa que es prácticamente inexistente el contexto que amerite esas variantes. Entonces, ¿no es mejor considerar escenarios más posibles, como el que efectivamente sucedió?

Volvimos a perder con Boca de local, y esta vez, a diferencia de la anterior, brindando un espectáculo bastante lamentable. Tengo una mala noticia: el historial se va a seguir ajustando, por una razón muy sencilla de entender: el poderío que nos distancia de Boca y de River es cada vez más amplio, y eso se va a seguir traduciendo en actuaciones y resultados. El asunto de “ganar con la camiseta” es muy ochentoso y me parece que tendríamos que ir dejándolo un poco de lado. Disfrutemos de la paternidad -en definitiva, nadie nos quita lo bailado- mientras dure, pero mi consejo es que bajemos un cambio y que no nos la demos tanto de guapos, porque los tiempos que corren son difíciles, porque el fútbol es un terreno cada vez más desnivelado, y porque nada indica que la cosa no se vaya a acentuar cada vez más. No es tan grave, es parte del fútbol. Como solemos decir, desde este humilde portal, San Lorenzo es más que 90 minutos, y eso es lo que nos tiene que enorgullecer.