Dentro de la cancha

La historia sin fin: La crónica de Gonza Gamallo de la derrota en Avellaneda

De blanco salió al césped de la doble visera el equipo que tanto amamos, por el que penamos y por el que nos alegramos (muy cada tanto). El baterista Monarriz disupuso que la primera juege con el esquema clásico de las inferiores. 3 centrales con Coloccini de líbero y Cachila y Vegini de stoppers; un doble cinco con Poblete y Ramírez; Herrera y Pitton haciendo las bandas; los mellizos flotando y el tanque Gaich arriba.
Los quinieleros y los sociólogos dirán que era un planteo más defensivo: tal vez no erren. San Lorenzo se plantó de visitante a esperar y meter pelotazos de Vergini a Gaich. El primer tiempo fue muy parejo. Hubo una jugada al minuto en la que Óscar Romero remató desviado. Tuvo una Pablo Pérez que pasó muy cerquita a los 28.
Todos los cuervos que estábamos ahí sabíamos que el reloj era nuestro aliado y que en algún momento esa bomba de tiempo llamada "paladar negro" iba a comenzar a explotar.
Algo sucede en los clubes grandes cuando las cosas van mal: la gente no lo puede soportar. Toda una vida de status estallada en un instante de realidad. Como si lo aspiracional y la verdad de la milanesa se chocaran en un aleph de angustia y estupidez.
Gritan los hinchas, insultan, algunos toman pastillas. Otros patean asientos. Otros creen que insultando a ese muchacho de 20 años que corre por el lateral quizás el muchacho de 20 años que aún corre por el lateral levante su nivel.
Y transcurría el primer tiempo como un verdadero clásico: a pierna fuerte, con pocos espacios y con los dos equipos tratando de aprovechar alguna desatención del rival.
Eso ya fue mucho más que lo que mostró San Lorenzo contra Boca y contra Huracán y durante prácticamente todo el ciclo de Almirón y de Pizzi.
En nuestro mejor momento Independiente hizo una jugada muy previsible, lenta y paseó la pelota por todo el campo sin oposición cuerva.
Centro atrás es medio gol, decían los antiguos. Centro atrás de Sanchez Miño y golazo del Romero del rojo.
A los 5 del segundo tiempo encontramos una jugada igual a la del gol de ellos. Centro atrás de Pitton y remate veloz de Oscar. A los 8 Ángel pierde un gol que podría haber detonado la bomba de la depresión del rojo. Gaich pivotea y habilita al mellizo quien con el balón picando y ante un Campaña que dudó en la salida hizo lo peor que podría haber hecho y pateó al bulto. Contra Boca también perdió una chance muy clara para empatar, de cabeza. De ese córner vino un zapatazo de Coloccini al travesaño y todos los ánimos en la cancha del rojo estaban por estallar.
Esa pobre gente de Independiente que vio el descenso tras el gol de Angelito Correa empezó a sentir el fruncimiento de su alma y solos se metían adentro del arco a pedir por favor. Ya tenían el kerosenne listo, los fósforos. Estaban dispuestos a fagocitarse.
Esa pobre gente que tuvo de ídolo a Bochini y ahora se rompe las manos por Nico Domingo: hablemos de devaluación.
Sin embargo a Cachila se le ocurrió anunciar que se iba a tirar al suelo con un pasacalle. Desde la cancha de Racing se podía apreciar que el tipo se iba a tirar al piso en el área innecesariamente. Tardó tanto que a Romero le avisaron por mensaje de internet. Chequeó el mensaje, engachó, penal por mano. Gol de Silvio y ahí sí nos hicieron precio.
Lo único rescatable fue el partido de Herrera y el partido de Ramírez. Gaich no debió salir y en general los cambios no aportaron demasiado.
La estadística no falla: San Lorenzo perdió 7 de sus últimos 8 partidos y no estamos locos si empezamos a revisar los promedios para el próximo torneo con algo más que conciencia.
Sólo Dios sabe si te conviene vender a Senesi para desarmar toda la defensa y después traer 2 centrales malos y muy caros que te obligan a comprar 2 centrales el próximo campeonato.
Ayer San Lorenzo mostró mucho más de lo que venía mostrando. Por lo menos pateó al arco, puso la pata. Sobre el final se lo llevó puesto, sin claridad ni orden, pero con algo más de lo que mostró en los últimos tiempos de la mano de los laureados técnicos que hemos contratado.
Como si aquellas cosas que les enseñan en los cursos de DT no tuvieran validez en nuestro suelo: como la izquierda y la derecha. Para jugar en Argentina hace falta coraje. Lo esquemático, las posiciones fijas y estancas y la rigidez táctica conducen indefectiblemente a una derrota previsible.
Ojalá el próximo técnico sea una persona sencilla que pueda inspirar a nuestros jugadores a jugar con la camiseta de San Lorenzo. Y ojalá pueda sumar muchos y necesarios puntos.


Carta abierta a Pizzi: Facu Baños analiza la derrota en la Quema

Juan Antonio:

La última vez, después del partido contra los santiagueños, me tocó escribir esta misma crónica, y dentro de lo que pude intenté cubrirte las espaldas. Fui muy crítico, por supuesto, porque la situación no me permitía mirar para otro lado, pero dirigí mis críticas a lo que nos viene pasando como club -de fútbol- en estos últimos años: a la imposibilidad manifiesta de sostener en el tiempo un proyecto futbolístico que involucre el laburo de inferiores -que se supone que existe- y de coordinar eficientemente las ideas de todos los actores que se encargan del asunto. Es decir: casi ni hablé de lo que se había visto en la cancha -nos comimos cuatro contra un equipo ignoto- ni de lo que venía insinuando nuestro equipo -tu equipo- durante los últimos encuentros. Hoy no, hoy me parece que es totalmente inevitable, y completamente necesario, referirse sin rodeos a lo que somos dentro de la cancha.

Perdimos 2 a 0 contra Huracán. Por si hay algún desprevenido, en algún sector del planeta. La jugada de gol más clara que tuvimos, creo, fue un remate de Fértoli desde media distancia que pasó a más de un metro del palo derecho, y que, si hubiera habido público nuestro en el estadio, apenas hubiera despertado un “uh” cortito, casi de compromiso. El juego que está haciendo San Lorenzo es una sombra y se arrima a pasos agigantados a la categoría de “bochorno”: a juzgar por los nombres que integran este plantel, me atrevo a decir que la situación es incluso más desconcertante de lo que fue durante la gestión Almirón, cuya figura descollante era Román Martínez.

Arrancamos con vientito de cola durante las primeras fechas, y nos ilusionamos con nada. Recuerdos, al pasar: del Bosque nos trajimos un triunfo que pudo haber sido cualquier cosa; en Sarandí jugamos, creo, el mejor partido de la temporada, sin sufrir, contra un rival duro; con Unión, de local, nos floreamos 20 minutos, nos pusimos en ventaja, y al cabo de ese oasis el partido fue un parto; a partir de ahí, bola de nieve, nube negra que nos sigue a todas partes, juguemos donde juguemos. A vos, Juan, no te puedo endilgar lo mal que la venimos pasando desde hace tres años a esta parte, pero sí tenés mucho que ver con lo mal que la estamos pasando ahora. Tenés muchísimo que ver, porque, insisto, tenés material para no hacer los papelones que estás haciendo. Tenés material y no lo estás sabiendo usar: no estás sabiendo conducir. Yo podría entender tu filosofía de rotar y de usar el plantel largo que tenés, haciendo que ningún jugador se crea que tiene el puesto ganado: la podría entender si el partido con Colón en Santa Fe no hubiera sido derrota y si todo lo que vino después de eso hubiera sido distinto. Quiero decir: si un equipo funca, si viene agarrando confianza, si convence, uno puede darse el lujo de meter cambios de piezas, de participar a todos los jugadores según lo que pide cada partido y blablablá. Ahora, la pregunta se cae de maduro: ¿vos decís, Juan, que éste es un equipo confiado? ¿Realmente ves eso?

No preciso ni que me contestes. Este equipo está devastado moralmente, y eso se traduce enseguida en el rendimiento dentro del campo. ¿Y entonces qué? Entonces, simple: hay que dejarse de joder con la rotación de los elementos y hay que encontrar el equipo titular. Esto es así y punto. Porque, si mal no recuerdo, de la Libertadores nos bajamos en Asunción, y -si mal no recuerdo también- de la Copa Argentina nos bajó uno de remera verde y blanca en la cancha de la pindonga. Todo lo que tenemos que hacer es poner un equipo decente los fines de semana y empezar a sacar puntos en el torneo local. No hay mucha vuelta que darle a esto. En la semana leía en los portales amigos que todavía tenemos chances de jugar una copa en 2020: nada más hay que ganar un torneo donde vamos a jugar contra todos los campeones de la Libertadores. “Ah, ¡una pavada!”, pensé, si total a Central Córdoba de Santiago del Estero le metimos 7 como local y a Huracán le llenamos la canasta en la Quema. Jugando así, esa copita se queda en Boedo.

Juan, no somos River y vos no sos Gallardo. Dejanos de romper las bolas. Ponete el overol, armá un equipo competitivo con todo lo que tenés y empezá a sacar puntos, que lo único que nos falta es volver a hundirnos en la franja roja de la tabla de posiciones. Yo, desde acá, no voy a pedir tu cabeza. Yo quiero que le vaya bien a San Lorenzo, y si es con vos mejor. Ahora, si te terminás yendo porque no le encontrás la vuelta a los quilombos que vos mismo armaste -¿quién te manda a defender así los tiros libres en contra?-, entonces me gustaría que venga un técnico trabajador, porque me parece que se nos está acabando el crédito de los dts progres. Si lo tengo que poner yo, lo traigo al Ruso Zielinsky, y si les tengo que decir -a él, a vos o al que sea-, qué equipo poner, bueno, agarren la lapicera: Navarro; Herrera, Coloccini, medalomismo, Pitton; Óscar, Menossi, Poblete, Ramírez; Ángel y Gaich. 4-4-2. Si vamos ganando, lo metés al pibe Insaurralde para reforzar el mediocampo y lo corrés a Menossi, que cubra la derecha; si vamos perdiendo, lo bajás a Ángel para que arranque de atrás y ponés a Blandi para hacer fuerza arriba. Y listo. Basta de inventos. Hay que darle rodaje a un equipo si querés que funcione.

Obviamente, no hace falta ni aclarar, ya ninguno de nosotros se ilusiona con pelear este torneo. Siguen pasando los años y seguimos hundiéndonos en el río de la impotencia, tirando manotazos de ahogado. Hay poca cuerda para seguir boludeando. Ojalá te des cuenta, Pizzi. Y sino, te va a llevar la correntada. Acabás de declarar que no tenés pensado renunciar. Me parece perfecto. Ahora, dejá de inventar pavadas y laburá con 11 jugadores que jueguen de entrada.

PD: un amigo me jugó un fernet, uno de marca. Le dije que sí. No pensé que íbamos a ganar, pero me dije que un empate, de esa cancha, nos podíamos traer. En el chino está arriba de 200 mangos. Te pido encarecidamente que me ubiques, así combinamos y me lo hacés llegar. Que tenga que gastar esa guita, con lo lastimoso que juega tu equipo, me parece injusto, como mínimo.


Salí de ahí, maravilla: La crónica de Facu Baños de la derrota con Central Córdoba

Tengo que escribir una crónica sobre un partido que jugamos en nuestra cancha, contra Central Córdoba de Santiago del Estero, y que perdimos 4 a 1. Ok, una pavada. Lo primero que se me viene a la mente es un mensaje de corte netamente poético, que leí ayer a la tarde en el grupo de WhatsApp de La Soriano: “Cuando menos te lo esperás, San Lorenzo te caga la vida”. No sé si es textual la cita que estoy haciendo, pero el espíritu del mensaje era ese. Y yo, antes de asentir, le voy a poner un par de filtros, como en Instagram -sí, hace poco me abrí uno y ahora hago metáforas como si fuera un instagramer: bien de treintañero haciéndose el pendejo-. En fin, iba a decir que no creo que San Lorenzo te arruine la vida, porque me suena un poco border; ni siquiera pienso que te arruine la semana, porque me suena un poco emo; ahora, que te arruina la tarde, te la arruina. Ahí le pongo el gancho.

Lo que me parece más duro -y a esta altura de las cosas creo que ya podemos afirmar esto también-, es todo este proceso que venimos haciendo de reacomodarnos a una mediocridad que, por un momento, tuvimos la impresión de haber dejado atrás. Así como Vélez creyó en los noventa sumarse al lote de los grandes, nosotros creímos hace un par de años que nos íbamos a despegar de los amigos de Avellaneda y que nos íbamos a acercar un poco más -futbolísticamente hablando- al nivel de Boca y de River, disputándoles cosas en serio y con constancia. Una suerte de Atlético de Madrid tercermundista, ponele. Bah, qué sé yo, por ahí todos ustedes que están leyendo sabían que esto no iba a ocurrir y el único nabo que me comí el caramelo fui yo. Puede ser.

Siento que estamos atravesando un túnel negro, como el que dijo Michetti, y que no tenemos ni puta idea adónde vamos a ir a parar. Siento que es una lástima, estar así, porque sinceramente esa oportunidad de ir a más, existió. Siento, concretamente, que el cachetazo del Monumental contra Lanús, y la salida de Guede después, fue un parteaguas, y que después de eso quedamos medio groggies. Hasta hoy. Lo peor es que vivimos de ilusiones: nos pasó cuando vino Almirón, nos pasó ahora con Pizzi. Pero la realidad nos acomoda enseguida y nos vuelve a incrustar en ese túnel oscuro, interminable. Boca y River, mientras tanto, insoportablemente lejos y acumulando poder de una manera desopilante, como esas empresas de telefonía y de banda ancha, que no paran de fusionarse y de meternos el dedo en nuestras partes pudendas. Boca, por ahora, mal que le pese sigue viviendo a los tropezones, por el simple hecho de no haber encontrado un técnico que dé la talla. De River no hace falta hablar. Pero sí tenemos que rescatar algo: más allá de las virtudes de Gallardo como líder, es la única experiencia del fútbol argentino moderno de un dt que haya permanecido en su cargo durante cinco años, ininterrumpidamente.

Voy a esto: en el caso de River, no es tanto la fastuosidad en sus manejos de dinero, sino el acierto institucional de bancar el proyecto, sumado a la suerte de haber encontrado la persona indicada. Sus últimos dos mercados de pase, fueron más bien austeros, si mal no recuerdo, mientras que nosotros trajimos 21 players. Un verdadero despropósito. Y en esto, creo que llegó la hora de hacer pública una crítica a la dirigencia. En primer lugar, aclaro que creo en la honestidad intelectual de Lammens, casi de un modo absoluto, en tanto que avalo, como ciudadano cuervo, el laburo hecho en nuestra institución durante todos estos años. Dicho esto, no hay una política precisa en el ámbito del fútbol. Es harto evidente que, en algún punto, la propia dirigencia marcha detrás de la coyuntura y se marea, y nos marea a todos los hinchas. Nos jactamos de tener a Tocalli, del laburo de Kuyumchoglu, y al final, todo lo sólido se desvanece en el aire.

Voy a tratar de ser más concreto todavía:

Es inadmisible que lo bajen a Gaich a la reserva, después de haberse destacado en los seleccionados y de que el mundo del fútbol haya posado los ojos en él. Del mismo modo, en cualquier momento voy a salir a imprimir carteles de Wanted con la cara del pibe Insaurralde, que, mientras jugó, demostró que está a la altura de las circunstancias, no digo para ser titular indiscutible en la mitad de cancha, pero sí para que funcione como una alternativa válida. Lo único que diré, sobre el partido de ayer, es que precisamente fue eso lo que nos faltó, ¿cierto? Un Manuel Insaurralde salvando las papas en el mediocampo. Entonces, me hago esta pregunta, como hincha: ¿Está mal, en términos éticos, que la dirigencia converse con el entrenador acerca de estas cuestiones, sabiendo que atañe al patrimonio del club? ¿El Director Técnico debería enojarse, si algo así sucediera? Son cosas que, sinceramente, no sé cómo se resuelven, pero, lo que siento, es que debería primar una mirada más integradora de lo que nos está pasando -el laberinto, desde arriba-, y que esa mirada, lamentablemente, hace tiempo que no está.

Yo seguiré confiando en Pizzi. Pienso que, con un proyecto serio, como ese que tienen en Núñez, él podría convertirse en el entrenador serio que necesitamos. Pero sabiendo que un proyecto serio indica una conexión real, fluida, sincera, entre el DT, sus pares de las divisiones inferiores y la dirigencia del club. No creo que sea una locura, esto que planteo, de hecho creo que es, finalmente, lo que piden todos los hinchas. Sean coherentes, muchachos. Ahora, evidentemente, hay que transitar de la mejor forma posible este lapsus hasta las próximas elecciones. Ojalá que el oficialismo pueda continuar su proyecto de club, y ojalá que pueda poner en valor, otra vez, nuestro proyecto futbolístico, igual que se hizo allá por 2013/14.


No soy actor de lo que fui: La crónica de Facu Baños de la derrota contra Boca

Bueno, esta crónica no se va a escribir sola, así que vamos a tratar de meterle ganas. Por lo pronto les cuento que dejé que se fuera el día de ayer para escribirla. Domingo a la mañana, mate recién hecho, cielo claro, el perro mirando la calle por la ventana: mejor escribirla así, con otra perspectiva de la vida. Pero, así y todo, es una crónica difícil, no por haber perdido, sino porque realmente siento que no tengo de dónde agarrarme para analizar el partido de ayer.

Trato de rebobinar un poco la cinta y pienso en “las llegadas” que tuvimos: una fue el cabezazo de Ángel, sobre el final, que pudo haber sido el empate, pero que tapó Andrada relativamente fácil. Una jugada aislada, claramente. La otra, también en el segundo tiempo, en realidad fue una “casi llegada” porque un defensor de Boca adivinó el pase final y pellizcó la pelota justo cuando le iba a quedar a Óscar (creo) para definir mano a mano con el arquero. No estoy cien por ciento seguro de lo que digo porque no volví a repasar las acciones del match -te agradezco-, sino que recurro a lo que retuvo mi frágil memoria.

Qué quieren que les diga, amigos. Fue flojísimo el rendimiento de San Lorenzo. Muy por debajo de lo que todos y todas esperábamos. La otra sensación que tengo es de no haber podido detectar realmente dónde estuvieron las fallas del funcionamiento. Que la defensa era improvisada, ya lo sabíamos desde antes. No hacía falta que el árbitro pite el comienzo del juego para sacar esa conclusión. Que nos podían embocar otra vez en una pelota parada, también lo sabíamos, porque no precisamos ser Gambetitas Latorres para pescar esa mojarrita. Ahora bien, el medio campo era titularísimo: si me preguntan a mí, pienso que no hay, entre todas las combinaciones posibles que ofrece nuestro plantel, una mejor que “Poblete, Menossi; Romero, Belluschi, Romero”. Y lo sigo sosteniendo hoy, con el resultado puesto, el mate caliente y el perro mirando por la ventana. Y entonces, ¿qué? Bueno, si por un lado tenés una defensa que es un flan, porque la armaste con lo que pudiste, y por el otro tenés un medio campo que es tu caballito de batalla, y resulta que todos -pero todos- jugaron igual de mal, entonces siento que tiene más culpa el medio campo que la defensa, porque siempre me pongo del lado del más débil, como Lanata.

Lo que yo vi fue esto: los jugadores que tenían la responsabilidad de armar juego, de mover la bocha, de hacer un lindo espectáculo y de tratar de pensar para que el equipo gane, lo único que hicieron desde el minuto uno fue dedicarse a faulear, poner la piernita un poquito de más, tiki, pechearse con los rivales y mostrarles que acá los guapos éramos nosotros. ¿Cómo nos fue? Ya sabemos. Habría que hacerles entender que ellos, lo único que tienen que hacer, es dedicarse a jugar a la pelota: no interesa si la cancha está reventada, si hay 45 lucas o 20, no interesa el fervor que traiga la hinchada, tampoco si el rival es Boca o Defensores de Cambaceres. Un equipo serio tiene que jugar a la pelota y listo, concentrado, sabiendo que si entra en el mambo de los hinchas, lo más probable es que nos pase lo de ayer. Es decir, que perdamos todos.

¿Y el DT? Bueno, qué sé yo, el cambio de Gaich por Belluschi, al margen de que el Rasta había tenido un mal partido, no entendí de qué manera podía traducirse en un equipo más afilado y en la posibilidad más certera de llegar al empate. Tampoco entendí cómo el pibe Herrera no ocupó un lugar en el banco de los suplentes -quizá me perdí de algo, quizá tenía alguna molestia y no pudo ser de la partida, en cuyo caso me retracto-. Está claro que la lesión del Tucumano es un imprevisto y que no pueden cubrirse todos los imprevistos. Pero también está claro que haber puesto al joven Pittón a cubrir la banda derecha fue un acto improvisado, y me parece que ahí hay algo para repensar. Se sabe que, en esta clase de partidos, no hay mucho margen de error: el mismo Pizzi lo declaró en la previa. La pregunta sería: ¿qué sentido tiene sentar en el banco a Blandi y a Gaich? ¿Tan distintos son? Si ayer no ingresaron los dos, con lo acuciante que estuvo el partido, significa que es prácticamente inexistente el contexto que amerite esas variantes. Entonces, ¿no es mejor considerar escenarios más posibles, como el que efectivamente sucedió?

Volvimos a perder con Boca de local, y esta vez, a diferencia de la anterior, brindando un espectáculo bastante lamentable. Tengo una mala noticia: el historial se va a seguir ajustando, por una razón muy sencilla de entender: el poderío que nos distancia de Boca y de River es cada vez más amplio, y eso se va a seguir traduciendo en actuaciones y resultados. El asunto de “ganar con la camiseta” es muy ochentoso y me parece que tendríamos que ir dejándolo un poco de lado. Disfrutemos de la paternidad -en definitiva, nadie nos quita lo bailado- mientras dure, pero mi consejo es que bajemos un cambio y que no nos la demos tanto de guapos, porque los tiempos que corren son difíciles, porque el fútbol es un terreno cada vez más desnivelado, y porque nada indica que la cosa no se vaya a acentuar cada vez más. No es tan grave, es parte del fútbol. Como solemos decir, desde este humilde portal, San Lorenzo es más que 90 minutos, y eso es lo que nos tiene que enorgullecer.


Sabalo a la noche: la crónica de Gonza Gamallo de la derrota del Ciclón en Santa Fe

Sabalo a la noche

Desde lo alto de la tabla fue el Ciclón de Pizzi a visitar la ciudad de los lisos. Lo que se trajo es un puñado de dudas y alguna que otra certeza. San Lorenzo perdió el invicto y aunque se fue al vestuario conservando la punta cuesta creer que no la vaya a perder tambièn.
El parte médico decía que ni Blandi ni Coloccini ni el goleador Pitton podìan jugar. Los melli venian cansados de la fecha FIFA al igual que los juveniles del sub 23 y así fue que Juan Antonio mostró un dibujo diferente. Con el otro Pitton en el medio y con sólo 2 jugadores de punta.
El primer tiempo fue trabado y sin mucha luz, San Lorenzo tenía la pelota pero no logró atacar nunca. El planteo mezquino nos regaló un primer tiempo mezquino que sólo sufrió un sobresalto cuando Poblete hizo una tonta mano en el àrea que el Pulga Rodriguez transformó en el gol de Colón.
En el vestuario se oyeron los consejos sabios de nuestro DT y a la cancha saltó el 92.
En sólo 2 minutos San Lorenzo enebró una jugada màgica nacida en los pies de Menossi quien filtró para el ex rasta. Este tocó con la sutileza de los dulces para que Romerito convierta tras la floja respuesta del golero con cara de sapo del sabalero.
San Lorenzo volvió al dibujo que más frecuenta (cuesta hablar de tradiciones cuando se trata del rosarino nacionalizado español) y tuvo dos chances muy claras. Una de Belluschi y una de Salazar que luego el apàtico Bareiro no pudo rematar.
Preocupa la falta de lateral izquierdo ante la lesión de Pitton. Hubo que hacer movimientos extraños (saliò Peruzzi por Herrera) y ya conocemos la merma en el nivel del Tucu cuando tiene que cambiar de 4 a 3.
San Lorenzo tuvo un contrataque de gol que Cerutti desperdició tontamente haciendo un foul que devino en un tiro libre para el local. Siesta total en la defensa. Un pelotìn bombeadito y suave, mala coordinación, unos salieron y otros retrocedieron para que el muchacho solamente tenga que tocarla y sentenciar la victoria de Colón.
Flojìsimo lo de Bareiro y lo de Cerutti. Una vez que salió Menossi y entró Oscar Romero San Lorenzo perdió completamente la pelota. Da la sensación que Oscar es un jugador para jugar suelto en las puntas y no en el mediocampo del equipo. No fluye la cosa ahì.
San Lorenzo pudo haber ganado y hasta quizás lo mereció en algún momento pero lo terminó perdiendo en dos jugadas aisladas que volvieron a poner sobre la mesa la fragilidad defensiva que venimos arrastrando.
El tema del lateral izquierdo es un problema bastante grande. Encontrarle la posición a Oscar. Hacernos fuertes en defensa. Para campeonar será fundamental resolver estas cuestiones aunque lo ùnico que importa hoy es volver a ganarle a Boca.


Perdón y gracias. La crónica de Gonza Gamallo del triunfo ante Unión

Como si le hubieran avisado a Juan Antonio que se venía el corralito, los muchachos pasaron por el cajero y estaban dulces. No pasaron 3 minutos que Oscar tiró un córner fuerte y bien tirado, de esos que hace 5 años que no vemos en el Bidegain y Ángel saltó y frenteó con la guapeza del que mezcla el mate con jugo y lo toma bien frio y a cobrar. Fueron diez minutos de lujo y vulgaridad, de un lado al otro de la cancha. Unión parecía desconsolado, corría la pelota de un lado al otro como un perrito viejo. Menossi, Poblete, tiki tiki, Oscar, los laterales, Senesi, Colocha, todos tocaban y se movían. Todos menos el capitán, quien ofrecía su estatismo al servicio del resto.
Entre los 10 y los 16 minutos San Lorenzo volvió a mostrar esas anomalías defensivas. Esos lapsus en los cuales muestra su fragilidad. Comienza perdiendo pelotas tontas y termina estático y evidenciando que sólo 6 jugadores no pueden contener 10 rivales. "Destape" Navarro tapó una pelota tremenda, de gol, con un chiquito de Unión llamado Comas con la pelota bajo la suela en la puerta del area chica: a su lado el canterano Damián Martinez pedía a gritos la pelota luego de hacer una buena jugada. No fue gol.
Pasó lo peor y otra vez Ángel frotó la lámpara tras una jugada formidable de todo el equipo, de muchos toques, de un lado al otro, como jugaba Almirón pero con el botón de la cámara rápida apretada. Parece que en Boedo hay un ángel que quiere dejar de ser la sombra del hermano. Puso un caño divino para que el Tucu Salazar meta su segunda asistencia consecutiva. Fue Pitón, el gran goleador del semestre, quien paró la pelota y metió un balazo que afortunadamente se desvió y puso el 2 a 0.
Mucha dulzura, azulgrana... El equipo ganaba y cuando entraba en sintonía da gusto verlo jugar, con la precisión y la velocidad que tiene.
El resultado era holgado y transmitia una justicia inexistente. Unión fue enebrando toques y metiendose en campo azulgrana. Comprendió que si a San Lorenzo lo atacás frontalmente lo superas en número rápido y lo complicás. Así las cosas con tres toques precisos nos metieron un bonito gol que nos obligó a pedir la hora e irnos rápido a la ducha. El descanso llegó en el momento indicado. Luego de que nuestro esbelto golero saque otra pelota complicada.
En el entretiempo Pizzi tomó la decisión de sacar a Blandi y poner a Ramirez. La idea de acomodar al 92 de los Romero bien de punta y de sumar gente en el medio no trajo buenos dividendos. San Lorenzo debe mejorar el plan de juego defensivo: ese que la vida misma te lleva a necesitar en determinados momentos. Como con Cerro salió a jugar 20 metros más atrás.
Todo parecía una metáfora del sueldo mensual de un laburante promedio.
Sale del cajero, se pone en ventaja, calcula los gastos que tiene por delante, paga las cuentas, desperdicia su dinero, se queda sin nada, sufre, se deprime, comienza el mes siguiente.
Unión no logró apretar del todo pero el segundo tiempo fue pura incomodidad para San Lorenzo.
Llama la atención la repelencia de Juan Antonio con los 9 clásicos: él, que era un 9 clásico. Llama la atención porque el equipo juega mejor cuando hay un tipo clavado reteniendo a los centrales rivales. Sin esa referencia y extrañando mucho a Belluschi y con la impresión de que Oscar no está para el mediocampo en un fútbol tan físico, todo se hizo cuesta arriba. Tal vez la entrada del otro Pitton debió ser si la idea era ceder la pelota y apostar a una contra que nunca llegó.
El partido se resolvió cuando Poblete guapeó una pelota y tiró una magia frente al canterano Martínez quién agradecido por toda la formación que le brindamos en inferiores cometió una clara falta y fue bendecido con la segunda amarilla.
Pero no fue el único que tuvo ganas de devolvernos algo de lo que hicimos por él. Jonny Bottinelli le tiró un pelotazo al caído Poblete. Amarilla. Al verla en el aire le dijo a Lamolina "¿No ves que me formé acá? ¡echame ya mismo!" .
Y así, en psicomágico acto, se retiraron los formados en el club. Quedará para que reflexionemos los hinchas si aún cuando una persona comete un acto tan noble como hacerse echar para que ganemos tenemos que seguir puteandolo.
Este cronista envía sus más calurosos saludos a ellos dos y a Madelón.
Fue 2 a 1. San Lorenzo sigue siendo puntero y contruyendo un equipo que entusiasma, que aún debe consolidarse defensivamente. Pero que está dulce y tiene viento a favor.


Una clase de historia: La crónica compartida de Gonza Gamallo y Facu Baños del triunfo en Sarandí

Complicada visita al viaducto. Tengo la impresión de que los partidos de viernes a la noche siempre se nos ponen difíciles, y en la previa, este no era la excepción. Pero, sobre todo, era una noche complicada para estos cronistas de La Soriano: uno laburando, otro en la facultad, no daban los números para garantizar que este tendal de palabras finalmente sería escrito. Pero acá estamos. No somos gente de andar rindiéndose frente a la primera dificultad.

Recién llegaba a casa, el segundo tiempo a punto de arrancar, y mi camarada Gamallo, en un esfuerzo supremo, me hacía llegar por WhatsApp unas líneas sobre la primera mitad que yo no había podido apreciar:

“San Lorenzo viajó a Sarandí mientras Juan Antonio continúa amasando su once ideal. Redondeó un primer tiempo muy contundente frente al sorprendente recién ascendido Arsenal, que demuestra más entereza que la AFA a la hora de sobrellevar la partida de Don Julio.

Los primeros treinta minutos fueron muy disputados. San Lorenzo proponía y circulaba rápido, encontrando en su doble cinco -Poblete y Menossi- el órgano central de su sistema futbolístico. Hubo una formidable tapada del bueno de Navarro: tiro libre fuerte y bien direccionado que sacó estirando su mano derecha con fotogénica plasticidad.

Fue el casi rubio Menossi quien cortó una salida del rival y metió un toque diagonal quirúrgico para la entrada del debutante Ramírez. Dichoso éste de definir de caño y transformarse en goleador, cuando, hasta ese mismísimo instante, había pasado prácticamente desapercibido.

Y el equipo se relajó. Y por momentos daba la impresión de que todos estaban jugando bien.

Menossi se vistió de frac y galera. Poblete cortaba y tocaba bien. Belluschi preciso. Y la muestra de este ciclo virtuoso llegaría cerca del pitazo final, con esa tremenda y sagaz trepada de Salazar -acumulador de buenas intenciones- luego de un mágico toque del otrora rasta. El Tucu traba y gana, quiebra hacia adentro superando a un segundo rival. Lo vislumbra al capitán. El capitán chuta al segundo palo y la pelota toca mansa la red. Merecido festejo y al descanso: se lució la juanantonieta. Por delante, el mayor enemigo del ciclón: los segundos tiempos”.

Y ahí es cuando meto mano yo para ponerle el cierre a esta crónica, y en el segundo tiempo pasó lo mejor que nos podía pasar: nada. Si quieren les puedo contar que me clavé un par de fernecitos con la panza semi vacía y que estoy sufriendo las consecuencias. Si quieren les puedo hablar de la clase de historia que tuve, ahí en la sede de Miguelete. Sobre el pupitre tenía el celular y, en la pantalla, promiedos me iba cantando el resultado. El profe, mientras tanto, nos hablaba de un texto de Thompson, un marxista inglés que dice que hay que analizar la historia con la gente adentro, con la cultura que van creando los trabajadores y la conciencia que toman, a propósito de su propia condición. Se enoja, el amigo británico, con esos estructuralistas que dicen que la clase está definida por una serie de posiciones sociales que están ahí, invariablemente, y que quienes se sienten en esas sillas serán, pues, proletariado. Él cree que la única definición de clase es la que inscriben los hombres y las mujeres reales, viviendo, relacionándose, trabajando, identificándose. El asunto es que a las nueve y media el profesor bajó la persiana y que a las 2135 prendí la radio de mi auto: recupera Menossi, gol de Ramírez. Maravilloso momento.

Y antes de llegar a casa, el amigo Blandi sellaba el resultado. Esto ya lo contó mi compañero, lo sé. En algún pasaje del segundo tiempo, puedo agregar, rajaron a alguien del equipo local, por manotear infantilmente a un Belluschi que iba al frente como un Schumacher de Fórmula 1. A las duchas, caballero. Y un rato más tarde se me cumplió la profecía de la última crónica: Óscar, Perro, Belluschi. Mediocampo prometedor.

Tenemos un gran equipo. Es cierto que, si se va Senesi, será una baja que podemos llegar a sentir, porque es ese, precisamente, el único sector del campo donde no tenemos recambio. Ojalá se quede con nosotros, al menos hasta que llegue Papa Noel a bordo de sus renitos. Por el resto, estamos para pelearla, y lo digo con firmeza. Es una pena, porque asistimos al desmoronamiento de la regla de los seis años: ‘95, ‘01, ‘07, ‘13, y ahí nos quedamos. Bah, salvo que nos permitamos una trampita. A ver qué les parece: tomemos el 2014, año hermoso si los hay, y empecemos a contar de nuevo desde ahí. Total, ¿quién se va a andar fijando? Y, en todo caso, si alguien viene a alardear con estadísticas, parafrasearemos al filósofo Chango: “¿Y qué problema hay? Si es un concurso de marihuana, no es Miss Universo. ¿Qué pasa si no entendemos nada?”. Saludos, cuervos, cuervas, los queremos mucho.


Hay equipo: La crónica de Facu Baños del empate contra Central

¿De qué juega Reniero? ¡Por dios! No acompaña al nueve, no agarra la pelota, ¡menos mal que lo sacaron! (Ahre). Perdón, es la costumbre. Escribí sobre Reniero cerca de veinte crónicas y en las últimas ya me sentía como Popeye sin espinaca. Por suerte, ahora el problema lo tienen nuestros colegas racinguistas (por cierto, ¡cómo me gustaría leer esa crónica de Avellaneda!).

En lo que a mí me toca, vengo a traerles una buena noticia: ¡Tenemos un equipo de fútbol competitivo! Todo bien con la vitrina del Básquet y con el Pipo pateando tiros libres en el Senior, pero ya era hora de que nos pongamos a tono en el césped del Pedro Bidegain. Bueno, tampoco es que lo que vimos hoy es el éxtasis futbolero, me dirán, y yo les daré la razón. Un dos a dos contra Central en condición de local, no parece la punta del Everest. Me refiero a esto: me da la impresión de que, ahora sí, está habiendo una comunión entre jugadores y cuerpo técnico, y de que ahora sí -enhorabuena- se está viendo un equipo comprometido con el juego, filoso, concentrado en la presión que ejerce sobre el rival para hacerse del balón y con un ritmo más incisivo con la redonda en los pies. Me pasé dos años viendo pases intrascendentes que se evaporaban en tres cuartos de cancha. Cada vez que jugaba San Lorenzo lo veía a mi perro asomado a la ventana, mirando la calle, y sentía que aprovechaba el tiempo mucho mejor que yo.

¡Y encima después me tenía que sentar a escribir una crónica para tratar de explicar eso que todos, y todas, habíamos visto! Hablame de trabajo insalubre.

Pero acá estamos, queridos sanlorencistas, con las esperanzas renovadas, pensando en las crónicas que vendrán. Debe ser que se acerca la primavera, y no me refiero al clima. Debe ser que no me tendré que quemar más la gorra pensando en el Príncipe Reniero. Mientras escribo esto, explota el grupo de WhatsApp de La Soriano: “¡Muerte a Bareiro!”, leo por ahí. “¡No al punitivismo!”, baja la espuma otro compañero. ¿Qué pienso yo? Creo que me dio menos bronca el penal que todo lo que vino después: su exagerado fastidio, su inmensa culpa, su rostro compungido cada vez que la cámara lo ponchaba. No amigo, me parece que no es la manera de arreglar la cagada que te mandaste. Podés lamentarte un minuto, dos, pero después dejá de rompernos las pelotas con tu sobre teatralización, olvidate de las cámaras -me parece que le cuesta- y tratá de seguir jugando a la pelota. Terminó el primer tiempo, lavo los platos, arreglo el mate, me vuelvo a sentar para ver el segundo, sale el equipo a la cancha, ¡y lo veo a este muchacho que se arranca la venda de la muñeca y sigue diciendo no con la cabeza! No voy a comentar más nada sobre su rendimiento porque está a tiempo de demostrar todo lo que tiene para dar. Lo único que espero es que sosiegue y que se guarde el espamento en el bolsillo, porque después de todo lo que me fumé a Bottita, ya andaba pensando en dejar el tabaco.

El primer tiempo fue una bizarreada. Nos llegaron dos veces y las dos nos embocaron. Navarro parecía Torrico en Paraguay: tocaba la pelota nada más que para sacarla de la red y alcanzársela a sus compañeros para que saquen del medio. Un minuto después del segundo de ellos, vino el primero nuestro. Lo hizo Belluschi desde afuera, jusssssstito cuando la tribuna se había resuelto a abuchearlo. No hay mucha paciencia con el Rasta. Yo creo que es el diferente de los nuestros. No necesariamente es el mejor, pero es el que ve cosas distintas, el que sabe más sobre espacios vacíos y el que mejor remata desde media distancia. No es un fantasma que acaba de llegar y vende humo, es un chabón que nos regaló fútbol y nos dio alegrías. Tuvo una lesión rarísima y le costó volver, es cierto. Pero acá lo tenemos. El Perrito jugó un gran partido hoy: su sacrificio ya lo conocemos, sabemos también que tiene gambeta y velocidad. Fértoli no desentonó, pero pienso que es él quien debería dejar el campo cuando entre Óscar Romero.

Me entusiasma esa mitad de cancha: Poblete y Menossi; Barrios, Belluschi y Romero. Me gustan los laterales: Pittón y el Tucumano; creo que redondean una defensa sólida, al margen de las desatenciones que evidentemente hubo durante la primera mitad. El segundo tiempo decayó, pero, así y todo, tuvimos chances de ganarlo. Ahora me acuerdo de la de Bareiro, y de una del Perrito cerca del final. Se consolida un buen equipo. Me gusta lo que veo. Le tengo fe a este técnico que ya nos sacó campeón. Ojalá se vengan lindos momentos de fútbol. El pueblo cuervo lo estaba esperando.


6 de 6: La crónica de Facu Baños del triunfo del Ciclón en el Bosque.

Partido raro ganó San Lorenzo. Un primer tiempo para el olvido y un segundo tiempo bastante más decente, sin haber sido la gran cosa. Qué manera de desorientarme este equipo. Cuando estoy a punto de tomar una decisión irrevocable, pasa algo que desmorona toda mi estructura teórica. Ponele, Reniero: si hubiera escrito esta crónica durante el entre tiempo, no hubiera vacilado en afirmar que ese muchacho no tiene que vestir nunca más la bonita camiseta azul y roja. Que se vaya a trotar a los bosques de Palermo o que haga cinta en un gym mientras mira el programa de Mariana Fabbiani, pero que no nos joda más a nosotros. Y después resulta que mete un segundo tiempo aceptable, a tono con la levantada grupal, juega criteriosamente algunas pelotas y logra que uno se ponga a pensar “ok, ahora sí, está recuperando la confianza”. No sé. Me declaro incompetente. 

Es como que lo queremos bancar, porque sabemos que tiene potencial, pero no sabemos dónde carajo ponerlo. Y no sé por qué intuyo que los dts no deben estar muy lejos de esta sensación del hincha. Es como Massa: lo queremos adentro aunque no sepamos qué hacer con él. De 9 ya sabemos que no va, porque hay otros jugadores para ese puesto; atrás del 9 creemos que podría andar pero nunca lo ponen ahí, y por la punta no le rinde al juego que quiere Pizzi. El Pochito, incluso con la visión obstaculizada por el balde que tiene en la cabeza, le puede ser más útil al equipo, a la hora de desbordar y a la hora de presionar la salida del rival. 

La presión de San Lorenzo no es nada. Es insignificante. Se manda uno a cubrir un poquito y por ahí se acerca otro pero con menos convicción que votante de Lavagna -perdón, es que se acercan las PASO-. Ya sé, ya sé, “esto es San Lorenzo”, “váyanse a hacer política a otra parte”. En fin. Vuelvo a la presión absurda que ejerce nuestro equipo sobre la salida del rival: lo veíamos a Pizzi mover los brazos como si fuera José Meolans, tratando de que sus delanteros hagan eso de atorar la defensa contraria como si fueran algo más que anfibios. Pero, yo siento eso: que les cuesta levantar las patas a nuestros muchachos. Anoche vi un rato del primer tiempo de Vélez vs Racing: eso es presionar, lo que hacen los pibes de Vélez; no solo van sobre la pelota para que la salida ajena se vuelva incómoda, sino que lo hacen en bloque y con inteligencia, anticipándose al pase que está por hacer el otro. Lo nuestro, por ahora, se desvanece en una intención y en las brazadas locas de Juan Antonio. Quizá en las prácticas les salga bien, vaya uno a saber.

Durante la primera etapa y algunos cuantos minutos de la segunda, el fantasma de Almirón merodeaba en mi cabeza. Ese avance al trotecito, esa colectiva falta de convencimiento, la sensación de preferir dormirse una siesta antes que seguir mirando ese bodrio. Todo eso, claro, sin ponerse a pensar en el salario de los jugadores. Hay dos cosas en las que no es aconsejable pensar demasiado: en la muerte y en lo que cobran los futbolistas.

Una cosa que parece una pavada pero que me parece que no lo es: cada vez que hace un cambio, Pizzi abraza al jugador que sale y tiene un breve intercambio con él. Almirón ni los miraba: les pasaban por al lado y él siempre con su postura parca. Qué sé yo. Para mí habla de otro tipo de relación entre cuerpo técnico y jugadores: una sobre la cual debe ser más fácil construir. Por último, creo que tendría que decir algo sobre el cambio de Vergini por el Perrito. Lo voy a decir: a mí me gustó. Había que defender el resultado y se defendió. Nos metimos todos atrás y nos trajimos los tres puntos. Corta la bocha. Lo banco al dt. Tampoco es que se hizo a los 20 del segundo tiempo. Se hizo para aguantar los últimos embates triperos, sabiéndolos inevitables. “La mejor defensa es el ataque”: bueno, a veces no se puede, por más que se desgarren las vestiduras los troskos que nunca tocaron un balón.

6 de 6. Lo bueno de haber quedado afuera de la copa, es que nos vamos a olvidar rápidamente de la tabla de los descensos. Igual, pienso en el partido del otro día y me pongo a llorar.


Los pies en la tierra. La crónica de Facu Baños de la dura eliminación de San Lorenzo.

Esta es la diferencia que hay entre San Lorenzo y River o Boca: el partido de hoy. Es decir, una definición fuera de casa por Copa. Esa es la diferencia que separa a un grande del fútbol argentino de los dos más grandes, de los que están muchos cuerpos por encima nuestro. Duele, lo sé, y lo que digo da para la gastada, también lo sé. Bueno, la gastada es parte del fútbol, no? Qué le vamos a hacer.

Por supuesto que no me puse a escribir esto después del pitazo final. Tan lúcido no soy. Me fui a duchar, me negué a sumarme a una salida familiar, y ahora que pasó un rato del calvario paraguayo, me senté a escribir como les había prometido a mis compañeros. Y ahora me voy convenciendo de esto que les decía recién: aceptemos nuestro lugar. Aceptemos esos muchos cuerpos de distancia que nos separan de Boca y de River. Lo que pasó hace un rato en Paraguay nos marca la línea. Si ellos hubieran hecho el excelente primer tiempo que hicimos nosotros, y si se hubieran ido al descanso un gol arriba y con la clasificación en el bolsillo, ni Dios se las sacaba. O lo liquidan de contra y se vienen floreados, con un 3 a 0, o se plantan en su campo y andá a cantarle a Gardel. Sí, yo sí creo que existe la mística copera, y lamentablemente nosotros no la tenemos, por más que el 2014 nos haya hecho creer que era posible colarse en esas rendijas.

A nosotros nos pasa muy a menudo cosas como esta de hoy: nos vamos 1 a 0 al descanso, el partido está controladísimo y ese resultado nos mete en cuartos, pero tenemos cinco minutos fallidos, nos mandamos dos cagadas (dos) y en un abrir y cerrar de ojos nos vemos otra vez en el infierno, frente a la tv. Torrico, si mal no recuerdo, no tocó una pelota en todo el partido. Literalmente. Sin contar la contra del final, cuando ya estaba todo resuelto, Cerro Porteño nos llegó dos veces. Suficiente para volvernos a casa con las manos vacías y un panorama complejo por delante. Y a volver a ver la acción americana por Fox, y a ver qué pasa esta vez entre Boca y River.

¿Para qué contar que el primer tiempo fue estupendo? ¿Para qué decir que no sé cuánto tiempo hacia que no lo veía tan bien a San Lorenzo? ¿Para qué? Todos festejamos el sorteo, cuando salió la bolilla del falso ciclón, y ahí nos prendimos fuego, en la olla paraguaya, ingenuos y pecadores.

Pizzi tiene que demostrar ahora su muñeca como técnico: tenemos mucho equipo para tan diminuta competencia. Hasta la copa argenta nos birlaron. Es ingrato el fútbol. Insisto en esto de saber de qué madera estamos hechos. Para ser mejores de lo que somos, hay que poner los pies en la tierra