Dentro de la cancha

Sabalo a la noche: la crónica de Gonza Gamallo de la derrota del Ciclón en Santa Fe

Sabalo a la noche

Desde lo alto de la tabla fue el Ciclón de Pizzi a visitar la ciudad de los lisos. Lo que se trajo es un puñado de dudas y alguna que otra certeza. San Lorenzo perdió el invicto y aunque se fue al vestuario conservando la punta cuesta creer que no la vaya a perder tambièn.
El parte médico decía que ni Blandi ni Coloccini ni el goleador Pitton podìan jugar. Los melli venian cansados de la fecha FIFA al igual que los juveniles del sub 23 y así fue que Juan Antonio mostró un dibujo diferente. Con el otro Pitton en el medio y con sólo 2 jugadores de punta.
El primer tiempo fue trabado y sin mucha luz, San Lorenzo tenía la pelota pero no logró atacar nunca. El planteo mezquino nos regaló un primer tiempo mezquino que sólo sufrió un sobresalto cuando Poblete hizo una tonta mano en el àrea que el Pulga Rodriguez transformó en el gol de Colón.
En el vestuario se oyeron los consejos sabios de nuestro DT y a la cancha saltó el 92.
En sólo 2 minutos San Lorenzo enebró una jugada màgica nacida en los pies de Menossi quien filtró para el ex rasta. Este tocó con la sutileza de los dulces para que Romerito convierta tras la floja respuesta del golero con cara de sapo del sabalero.
San Lorenzo volvió al dibujo que más frecuenta (cuesta hablar de tradiciones cuando se trata del rosarino nacionalizado español) y tuvo dos chances muy claras. Una de Belluschi y una de Salazar que luego el apàtico Bareiro no pudo rematar.
Preocupa la falta de lateral izquierdo ante la lesión de Pitton. Hubo que hacer movimientos extraños (saliò Peruzzi por Herrera) y ya conocemos la merma en el nivel del Tucu cuando tiene que cambiar de 4 a 3.
San Lorenzo tuvo un contrataque de gol que Cerutti desperdició tontamente haciendo un foul que devino en un tiro libre para el local. Siesta total en la defensa. Un pelotìn bombeadito y suave, mala coordinación, unos salieron y otros retrocedieron para que el muchacho solamente tenga que tocarla y sentenciar la victoria de Colón.
Flojìsimo lo de Bareiro y lo de Cerutti. Una vez que salió Menossi y entró Oscar Romero San Lorenzo perdió completamente la pelota. Da la sensación que Oscar es un jugador para jugar suelto en las puntas y no en el mediocampo del equipo. No fluye la cosa ahì.
San Lorenzo pudo haber ganado y hasta quizás lo mereció en algún momento pero lo terminó perdiendo en dos jugadas aisladas que volvieron a poner sobre la mesa la fragilidad defensiva que venimos arrastrando.
El tema del lateral izquierdo es un problema bastante grande. Encontrarle la posición a Oscar. Hacernos fuertes en defensa. Para campeonar será fundamental resolver estas cuestiones aunque lo ùnico que importa hoy es volver a ganarle a Boca.


Perdón y gracias. La crónica de Gonza Gamallo del triunfo ante Unión

Como si le hubieran avisado a Juan Antonio que se venía el corralito, los muchachos pasaron por el cajero y estaban dulces. No pasaron 3 minutos que Oscar tiró un córner fuerte y bien tirado, de esos que hace 5 años que no vemos en el Bidegain y Ángel saltó y frenteó con la guapeza del que mezcla el mate con jugo y lo toma bien frio y a cobrar. Fueron diez minutos de lujo y vulgaridad, de un lado al otro de la cancha. Unión parecía desconsolado, corría la pelota de un lado al otro como un perrito viejo. Menossi, Poblete, tiki tiki, Oscar, los laterales, Senesi, Colocha, todos tocaban y se movían. Todos menos el capitán, quien ofrecía su estatismo al servicio del resto.
Entre los 10 y los 16 minutos San Lorenzo volvió a mostrar esas anomalías defensivas. Esos lapsus en los cuales muestra su fragilidad. Comienza perdiendo pelotas tontas y termina estático y evidenciando que sólo 6 jugadores no pueden contener 10 rivales. "Destape" Navarro tapó una pelota tremenda, de gol, con un chiquito de Unión llamado Comas con la pelota bajo la suela en la puerta del area chica: a su lado el canterano Damián Martinez pedía a gritos la pelota luego de hacer una buena jugada. No fue gol.
Pasó lo peor y otra vez Ángel frotó la lámpara tras una jugada formidable de todo el equipo, de muchos toques, de un lado al otro, como jugaba Almirón pero con el botón de la cámara rápida apretada. Parece que en Boedo hay un ángel que quiere dejar de ser la sombra del hermano. Puso un caño divino para que el Tucu Salazar meta su segunda asistencia consecutiva. Fue Pitón, el gran goleador del semestre, quien paró la pelota y metió un balazo que afortunadamente se desvió y puso el 2 a 0.
Mucha dulzura, azulgrana... El equipo ganaba y cuando entraba en sintonía da gusto verlo jugar, con la precisión y la velocidad que tiene.
El resultado era holgado y transmitia una justicia inexistente. Unión fue enebrando toques y metiendose en campo azulgrana. Comprendió que si a San Lorenzo lo atacás frontalmente lo superas en número rápido y lo complicás. Así las cosas con tres toques precisos nos metieron un bonito gol que nos obligó a pedir la hora e irnos rápido a la ducha. El descanso llegó en el momento indicado. Luego de que nuestro esbelto golero saque otra pelota complicada.
En el entretiempo Pizzi tomó la decisión de sacar a Blandi y poner a Ramirez. La idea de acomodar al 92 de los Romero bien de punta y de sumar gente en el medio no trajo buenos dividendos. San Lorenzo debe mejorar el plan de juego defensivo: ese que la vida misma te lleva a necesitar en determinados momentos. Como con Cerro salió a jugar 20 metros más atrás.
Todo parecía una metáfora del sueldo mensual de un laburante promedio.
Sale del cajero, se pone en ventaja, calcula los gastos que tiene por delante, paga las cuentas, desperdicia su dinero, se queda sin nada, sufre, se deprime, comienza el mes siguiente.
Unión no logró apretar del todo pero el segundo tiempo fue pura incomodidad para San Lorenzo.
Llama la atención la repelencia de Juan Antonio con los 9 clásicos: él, que era un 9 clásico. Llama la atención porque el equipo juega mejor cuando hay un tipo clavado reteniendo a los centrales rivales. Sin esa referencia y extrañando mucho a Belluschi y con la impresión de que Oscar no está para el mediocampo en un fútbol tan físico, todo se hizo cuesta arriba. Tal vez la entrada del otro Pitton debió ser si la idea era ceder la pelota y apostar a una contra que nunca llegó.
El partido se resolvió cuando Poblete guapeó una pelota y tiró una magia frente al canterano Martínez quién agradecido por toda la formación que le brindamos en inferiores cometió una clara falta y fue bendecido con la segunda amarilla.
Pero no fue el único que tuvo ganas de devolvernos algo de lo que hicimos por él. Jonny Bottinelli le tiró un pelotazo al caído Poblete. Amarilla. Al verla en el aire le dijo a Lamolina "¿No ves que me formé acá? ¡echame ya mismo!" .
Y así, en psicomágico acto, se retiraron los formados en el club. Quedará para que reflexionemos los hinchas si aún cuando una persona comete un acto tan noble como hacerse echar para que ganemos tenemos que seguir puteandolo.
Este cronista envía sus más calurosos saludos a ellos dos y a Madelón.
Fue 2 a 1. San Lorenzo sigue siendo puntero y contruyendo un equipo que entusiasma, que aún debe consolidarse defensivamente. Pero que está dulce y tiene viento a favor.


Una clase de historia: La crónica compartida de Gonza Gamallo y Facu Baños del triunfo en Sarandí

Complicada visita al viaducto. Tengo la impresión de que los partidos de viernes a la noche siempre se nos ponen difíciles, y en la previa, este no era la excepción. Pero, sobre todo, era una noche complicada para estos cronistas de La Soriano: uno laburando, otro en la facultad, no daban los números para garantizar que este tendal de palabras finalmente sería escrito. Pero acá estamos. No somos gente de andar rindiéndose frente a la primera dificultad.

Recién llegaba a casa, el segundo tiempo a punto de arrancar, y mi camarada Gamallo, en un esfuerzo supremo, me hacía llegar por WhatsApp unas líneas sobre la primera mitad que yo no había podido apreciar:

“San Lorenzo viajó a Sarandí mientras Juan Antonio continúa amasando su once ideal. Redondeó un primer tiempo muy contundente frente al sorprendente recién ascendido Arsenal, que demuestra más entereza que la AFA a la hora de sobrellevar la partida de Don Julio.

Los primeros treinta minutos fueron muy disputados. San Lorenzo proponía y circulaba rápido, encontrando en su doble cinco -Poblete y Menossi- el órgano central de su sistema futbolístico. Hubo una formidable tapada del bueno de Navarro: tiro libre fuerte y bien direccionado que sacó estirando su mano derecha con fotogénica plasticidad.

Fue el casi rubio Menossi quien cortó una salida del rival y metió un toque diagonal quirúrgico para la entrada del debutante Ramírez. Dichoso éste de definir de caño y transformarse en goleador, cuando, hasta ese mismísimo instante, había pasado prácticamente desapercibido.

Y el equipo se relajó. Y por momentos daba la impresión de que todos estaban jugando bien.

Menossi se vistió de frac y galera. Poblete cortaba y tocaba bien. Belluschi preciso. Y la muestra de este ciclo virtuoso llegaría cerca del pitazo final, con esa tremenda y sagaz trepada de Salazar -acumulador de buenas intenciones- luego de un mágico toque del otrora rasta. El Tucu traba y gana, quiebra hacia adentro superando a un segundo rival. Lo vislumbra al capitán. El capitán chuta al segundo palo y la pelota toca mansa la red. Merecido festejo y al descanso: se lució la juanantonieta. Por delante, el mayor enemigo del ciclón: los segundos tiempos”.

Y ahí es cuando meto mano yo para ponerle el cierre a esta crónica, y en el segundo tiempo pasó lo mejor que nos podía pasar: nada. Si quieren les puedo contar que me clavé un par de fernecitos con la panza semi vacía y que estoy sufriendo las consecuencias. Si quieren les puedo hablar de la clase de historia que tuve, ahí en la sede de Miguelete. Sobre el pupitre tenía el celular y, en la pantalla, promiedos me iba cantando el resultado. El profe, mientras tanto, nos hablaba de un texto de Thompson, un marxista inglés que dice que hay que analizar la historia con la gente adentro, con la cultura que van creando los trabajadores y la conciencia que toman, a propósito de su propia condición. Se enoja, el amigo británico, con esos estructuralistas que dicen que la clase está definida por una serie de posiciones sociales que están ahí, invariablemente, y que quienes se sienten en esas sillas serán, pues, proletariado. Él cree que la única definición de clase es la que inscriben los hombres y las mujeres reales, viviendo, relacionándose, trabajando, identificándose. El asunto es que a las nueve y media el profesor bajó la persiana y que a las 2135 prendí la radio de mi auto: recupera Menossi, gol de Ramírez. Maravilloso momento.

Y antes de llegar a casa, el amigo Blandi sellaba el resultado. Esto ya lo contó mi compañero, lo sé. En algún pasaje del segundo tiempo, puedo agregar, rajaron a alguien del equipo local, por manotear infantilmente a un Belluschi que iba al frente como un Schumacher de Fórmula 1. A las duchas, caballero. Y un rato más tarde se me cumplió la profecía de la última crónica: Óscar, Perro, Belluschi. Mediocampo prometedor.

Tenemos un gran equipo. Es cierto que, si se va Senesi, será una baja que podemos llegar a sentir, porque es ese, precisamente, el único sector del campo donde no tenemos recambio. Ojalá se quede con nosotros, al menos hasta que llegue Papa Noel a bordo de sus renitos. Por el resto, estamos para pelearla, y lo digo con firmeza. Es una pena, porque asistimos al desmoronamiento de la regla de los seis años: ‘95, ‘01, ‘07, ‘13, y ahí nos quedamos. Bah, salvo que nos permitamos una trampita. A ver qué les parece: tomemos el 2014, año hermoso si los hay, y empecemos a contar de nuevo desde ahí. Total, ¿quién se va a andar fijando? Y, en todo caso, si alguien viene a alardear con estadísticas, parafrasearemos al filósofo Chango: “¿Y qué problema hay? Si es un concurso de marihuana, no es Miss Universo. ¿Qué pasa si no entendemos nada?”. Saludos, cuervos, cuervas, los queremos mucho.


Hay equipo: La crónica de Facu Baños del empate contra Central

¿De qué juega Reniero? ¡Por dios! No acompaña al nueve, no agarra la pelota, ¡menos mal que lo sacaron! (Ahre). Perdón, es la costumbre. Escribí sobre Reniero cerca de veinte crónicas y en las últimas ya me sentía como Popeye sin espinaca. Por suerte, ahora el problema lo tienen nuestros colegas racinguistas (por cierto, ¡cómo me gustaría leer esa crónica de Avellaneda!).

En lo que a mí me toca, vengo a traerles una buena noticia: ¡Tenemos un equipo de fútbol competitivo! Todo bien con la vitrina del Básquet y con el Pipo pateando tiros libres en el Senior, pero ya era hora de que nos pongamos a tono en el césped del Pedro Bidegain. Bueno, tampoco es que lo que vimos hoy es el éxtasis futbolero, me dirán, y yo les daré la razón. Un dos a dos contra Central en condición de local, no parece la punta del Everest. Me refiero a esto: me da la impresión de que, ahora sí, está habiendo una comunión entre jugadores y cuerpo técnico, y de que ahora sí -enhorabuena- se está viendo un equipo comprometido con el juego, filoso, concentrado en la presión que ejerce sobre el rival para hacerse del balón y con un ritmo más incisivo con la redonda en los pies. Me pasé dos años viendo pases intrascendentes que se evaporaban en tres cuartos de cancha. Cada vez que jugaba San Lorenzo lo veía a mi perro asomado a la ventana, mirando la calle, y sentía que aprovechaba el tiempo mucho mejor que yo.

¡Y encima después me tenía que sentar a escribir una crónica para tratar de explicar eso que todos, y todas, habíamos visto! Hablame de trabajo insalubre.

Pero acá estamos, queridos sanlorencistas, con las esperanzas renovadas, pensando en las crónicas que vendrán. Debe ser que se acerca la primavera, y no me refiero al clima. Debe ser que no me tendré que quemar más la gorra pensando en el Príncipe Reniero. Mientras escribo esto, explota el grupo de WhatsApp de La Soriano: “¡Muerte a Bareiro!”, leo por ahí. “¡No al punitivismo!”, baja la espuma otro compañero. ¿Qué pienso yo? Creo que me dio menos bronca el penal que todo lo que vino después: su exagerado fastidio, su inmensa culpa, su rostro compungido cada vez que la cámara lo ponchaba. No amigo, me parece que no es la manera de arreglar la cagada que te mandaste. Podés lamentarte un minuto, dos, pero después dejá de rompernos las pelotas con tu sobre teatralización, olvidate de las cámaras -me parece que le cuesta- y tratá de seguir jugando a la pelota. Terminó el primer tiempo, lavo los platos, arreglo el mate, me vuelvo a sentar para ver el segundo, sale el equipo a la cancha, ¡y lo veo a este muchacho que se arranca la venda de la muñeca y sigue diciendo no con la cabeza! No voy a comentar más nada sobre su rendimiento porque está a tiempo de demostrar todo lo que tiene para dar. Lo único que espero es que sosiegue y que se guarde el espamento en el bolsillo, porque después de todo lo que me fumé a Bottita, ya andaba pensando en dejar el tabaco.

El primer tiempo fue una bizarreada. Nos llegaron dos veces y las dos nos embocaron. Navarro parecía Torrico en Paraguay: tocaba la pelota nada más que para sacarla de la red y alcanzársela a sus compañeros para que saquen del medio. Un minuto después del segundo de ellos, vino el primero nuestro. Lo hizo Belluschi desde afuera, jusssssstito cuando la tribuna se había resuelto a abuchearlo. No hay mucha paciencia con el Rasta. Yo creo que es el diferente de los nuestros. No necesariamente es el mejor, pero es el que ve cosas distintas, el que sabe más sobre espacios vacíos y el que mejor remata desde media distancia. No es un fantasma que acaba de llegar y vende humo, es un chabón que nos regaló fútbol y nos dio alegrías. Tuvo una lesión rarísima y le costó volver, es cierto. Pero acá lo tenemos. El Perrito jugó un gran partido hoy: su sacrificio ya lo conocemos, sabemos también que tiene gambeta y velocidad. Fértoli no desentonó, pero pienso que es él quien debería dejar el campo cuando entre Óscar Romero.

Me entusiasma esa mitad de cancha: Poblete y Menossi; Barrios, Belluschi y Romero. Me gustan los laterales: Pittón y el Tucumano; creo que redondean una defensa sólida, al margen de las desatenciones que evidentemente hubo durante la primera mitad. El segundo tiempo decayó, pero, así y todo, tuvimos chances de ganarlo. Ahora me acuerdo de la de Bareiro, y de una del Perrito cerca del final. Se consolida un buen equipo. Me gusta lo que veo. Le tengo fe a este técnico que ya nos sacó campeón. Ojalá se vengan lindos momentos de fútbol. El pueblo cuervo lo estaba esperando.


6 de 6: La crónica de Facu Baños del triunfo del Ciclón en el Bosque.

Partido raro ganó San Lorenzo. Un primer tiempo para el olvido y un segundo tiempo bastante más decente, sin haber sido la gran cosa. Qué manera de desorientarme este equipo. Cuando estoy a punto de tomar una decisión irrevocable, pasa algo que desmorona toda mi estructura teórica. Ponele, Reniero: si hubiera escrito esta crónica durante el entre tiempo, no hubiera vacilado en afirmar que ese muchacho no tiene que vestir nunca más la bonita camiseta azul y roja. Que se vaya a trotar a los bosques de Palermo o que haga cinta en un gym mientras mira el programa de Mariana Fabbiani, pero que no nos joda más a nosotros. Y después resulta que mete un segundo tiempo aceptable, a tono con la levantada grupal, juega criteriosamente algunas pelotas y logra que uno se ponga a pensar “ok, ahora sí, está recuperando la confianza”. No sé. Me declaro incompetente. 

Es como que lo queremos bancar, porque sabemos que tiene potencial, pero no sabemos dónde carajo ponerlo. Y no sé por qué intuyo que los dts no deben estar muy lejos de esta sensación del hincha. Es como Massa: lo queremos adentro aunque no sepamos qué hacer con él. De 9 ya sabemos que no va, porque hay otros jugadores para ese puesto; atrás del 9 creemos que podría andar pero nunca lo ponen ahí, y por la punta no le rinde al juego que quiere Pizzi. El Pochito, incluso con la visión obstaculizada por el balde que tiene en la cabeza, le puede ser más útil al equipo, a la hora de desbordar y a la hora de presionar la salida del rival. 

La presión de San Lorenzo no es nada. Es insignificante. Se manda uno a cubrir un poquito y por ahí se acerca otro pero con menos convicción que votante de Lavagna -perdón, es que se acercan las PASO-. Ya sé, ya sé, “esto es San Lorenzo”, “váyanse a hacer política a otra parte”. En fin. Vuelvo a la presión absurda que ejerce nuestro equipo sobre la salida del rival: lo veíamos a Pizzi mover los brazos como si fuera José Meolans, tratando de que sus delanteros hagan eso de atorar la defensa contraria como si fueran algo más que anfibios. Pero, yo siento eso: que les cuesta levantar las patas a nuestros muchachos. Anoche vi un rato del primer tiempo de Vélez vs Racing: eso es presionar, lo que hacen los pibes de Vélez; no solo van sobre la pelota para que la salida ajena se vuelva incómoda, sino que lo hacen en bloque y con inteligencia, anticipándose al pase que está por hacer el otro. Lo nuestro, por ahora, se desvanece en una intención y en las brazadas locas de Juan Antonio. Quizá en las prácticas les salga bien, vaya uno a saber.

Durante la primera etapa y algunos cuantos minutos de la segunda, el fantasma de Almirón merodeaba en mi cabeza. Ese avance al trotecito, esa colectiva falta de convencimiento, la sensación de preferir dormirse una siesta antes que seguir mirando ese bodrio. Todo eso, claro, sin ponerse a pensar en el salario de los jugadores. Hay dos cosas en las que no es aconsejable pensar demasiado: en la muerte y en lo que cobran los futbolistas.

Una cosa que parece una pavada pero que me parece que no lo es: cada vez que hace un cambio, Pizzi abraza al jugador que sale y tiene un breve intercambio con él. Almirón ni los miraba: les pasaban por al lado y él siempre con su postura parca. Qué sé yo. Para mí habla de otro tipo de relación entre cuerpo técnico y jugadores: una sobre la cual debe ser más fácil construir. Por último, creo que tendría que decir algo sobre el cambio de Vergini por el Perrito. Lo voy a decir: a mí me gustó. Había que defender el resultado y se defendió. Nos metimos todos atrás y nos trajimos los tres puntos. Corta la bocha. Lo banco al dt. Tampoco es que se hizo a los 20 del segundo tiempo. Se hizo para aguantar los últimos embates triperos, sabiéndolos inevitables. “La mejor defensa es el ataque”: bueno, a veces no se puede, por más que se desgarren las vestiduras los troskos que nunca tocaron un balón.

6 de 6. Lo bueno de haber quedado afuera de la copa, es que nos vamos a olvidar rápidamente de la tabla de los descensos. Igual, pienso en el partido del otro día y me pongo a llorar.


Los pies en la tierra. La crónica de Facu Baños de la dura eliminación de San Lorenzo.

Esta es la diferencia que hay entre San Lorenzo y River o Boca: el partido de hoy. Es decir, una definición fuera de casa por Copa. Esa es la diferencia que separa a un grande del fútbol argentino de los dos más grandes, de los que están muchos cuerpos por encima nuestro. Duele, lo sé, y lo que digo da para la gastada, también lo sé. Bueno, la gastada es parte del fútbol, no? Qué le vamos a hacer.

Por supuesto que no me puse a escribir esto después del pitazo final. Tan lúcido no soy. Me fui a duchar, me negué a sumarme a una salida familiar, y ahora que pasó un rato del calvario paraguayo, me senté a escribir como les había prometido a mis compañeros. Y ahora me voy convenciendo de esto que les decía recién: aceptemos nuestro lugar. Aceptemos esos muchos cuerpos de distancia que nos separan de Boca y de River. Lo que pasó hace un rato en Paraguay nos marca la línea. Si ellos hubieran hecho el excelente primer tiempo que hicimos nosotros, y si se hubieran ido al descanso un gol arriba y con la clasificación en el bolsillo, ni Dios se las sacaba. O lo liquidan de contra y se vienen floreados, con un 3 a 0, o se plantan en su campo y andá a cantarle a Gardel. Sí, yo sí creo que existe la mística copera, y lamentablemente nosotros no la tenemos, por más que el 2014 nos haya hecho creer que era posible colarse en esas rendijas.

A nosotros nos pasa muy a menudo cosas como esta de hoy: nos vamos 1 a 0 al descanso, el partido está controladísimo y ese resultado nos mete en cuartos, pero tenemos cinco minutos fallidos, nos mandamos dos cagadas (dos) y en un abrir y cerrar de ojos nos vemos otra vez en el infierno, frente a la tv. Torrico, si mal no recuerdo, no tocó una pelota en todo el partido. Literalmente. Sin contar la contra del final, cuando ya estaba todo resuelto, Cerro Porteño nos llegó dos veces. Suficiente para volvernos a casa con las manos vacías y un panorama complejo por delante. Y a volver a ver la acción americana por Fox, y a ver qué pasa esta vez entre Boca y River.

¿Para qué contar que el primer tiempo fue estupendo? ¿Para qué decir que no sé cuánto tiempo hacia que no lo veía tan bien a San Lorenzo? ¿Para qué? Todos festejamos el sorteo, cuando salió la bolilla del falso ciclón, y ahí nos prendimos fuego, en la olla paraguaya, ingenuos y pecadores.

Pizzi tiene que demostrar ahora su muñeca como técnico: tenemos mucho equipo para tan diminuta competencia. Hasta la copa argenta nos birlaron. Es ingrato el fútbol. Insisto en esto de saber de qué madera estamos hechos. Para ser mejores de lo que somos, hay que poner los pies en la tierra


Mejor que parecer. La columna de Gonza Gamallo.

Desde hace bastante tiempo no se veía a San Lorenzo superior a un rival.
No faltará el mufa que diga que Godoy Cruz está jugando copa y que puso un equipo muy verde. Sin embargo hubo sobrados casos durante los últimos años, en Copa Argentina y en el mismo campeonato que hemos enfrentado rivales muy inferiores sin poder dominarlos cabalmente.
El equipo de Pizzi presiona alto y lo hace bien, logra recuperar rápido la pelota y exige a sus jugadores a moverla rápido. Ocupa espacios y encuentra pase: logra posesión y que no te duermas como en el ciclo anterior.
A los 5 minutos se juntaron Pitton y Reniero y construyeron una jugada hermosa con el barbado Peruzzi. Dos paredes, pasa el lateral haciendo un surco, llega al fondo: tira un centro perfecto para que Alexander convierta su gol, el chico pifia pero la número 5 le queda perfecta al perrito quien esquina con fuerza un remate que infla la red. Lindo gol de factura holandesa el del equipo de Pizzi.
San Lorenzo mereció más en aquella primera parte. Muy bien Pitton y el Turbo Maciel. Muy bien Reniero y el Perro. Alexander es capaz de aguantar una heladera con la espalda. Se la recontra banca ¡Hasta el Rúben Botta jugó bastante bien!
Un primer tiempo muy bueno, tanto desde los rendimientos individuales como desde el funcionamiento táctico. Mereció más. Pizzi está parando un 4-2-3-1 que lo muestra bien compensado en todos los sectores del campo.
El complemento comenzó con la misma tónica. Toda la superioridad moral que te hace perder elecciones, que nubla le vista y que confunde las sensaciones se expresó. San Lorenzo estaba para golear. Tocaba, se floreaba, mostraba dinámica y confianza.
La realidad se expresa en un instante. Es sólo un momento, como dice Vicentico. Abrí los ojos y los cerré y perdíamos 2 a 1. Era inexplicable, un balón al fondo del Morro, centro y toque. Pelotazo desde el fondo a espaldas de Peruzzi, una serie de rebotes y gol.
Todo mal. El fantasma del equipo que nunca maduró, otra vez sopa.
San Lorenzo se sostuvo con Reniero y Barrios.
Con la categoria del Turbo (no erró un pase). Pizzi movió las fichas. Puso a Cerruti: un montón de inadaptados chiflaron a Botta. Hay mejores maneras de canalizar la angustia que maltratando a un muchacho que juega lo mejor que puede. La tv lo mostró llorando. Lamentable. No jugó mal Ruben, para nada.
Juan Antonio ubicó a Insaurralde por derecha y a Peruzzi por izquierda: fue el galán Gino quien sorprendió con un cabezazo y empató el partido.
San Lorenzo se encontró con la victoria gracias a un penal inventado por el referí que la última vez que vino al Bidegain hizo una payasada y expulsó a Coloccini.
Fue Blandi, el castigado Nicolás, y ubicó la pelota junto al palo.
Mejor que parecer es ser: San Lorenzo mereció ganar con comodidad un partido que complicó su inmadurez. Sin embargo, con algunas armas leales y la colaboración del juez, pudo sobreponerse y llevarse lo que mereció. En el debe quedará la necesidad de expresar el momento favorable y ese momento lunar de diez minutos en los cuales toda la noche se nos vino encima como un piano que cae desde un edificio muy alto. Cae lento y seguro de destruirse contra el suelo.
Hoy por hoy Barrios y Reniero están para titulares: sería una picardía vender a cualquiera de los dos.
Bien por Juan Antonio: embocó en los cambios y en el planteo inicial. Se nota cómodos a los jugadores y en algunos casos inclusive mostrando su mejor versión desde que llegaron al club.
Ahora a concentrar la energia en embocar un golcito en Asunción y pasar la fase.
No será un miércoles cualquiera.


Pantallita imaginaria

Atragantados de manija y ganas de volver a ver a su San Lorenzo querido los cuervos y las cuervas colmaron las tribunas del remozado Pedro Bidegain para asistir al despegue de este cohete llamado Pizzi; nada más ni nada menos que en un octavos de final de Copa Libertadores.
Ya con ganas de evacuar todo el container de emociones que nos dejó la vuelta al barrio, la partida de Almirón, la llegada de Pizzi, los refuerzos, Lammens, la ciudad y la posibilidad de trepar un poquito en el torneo continental.
Fue un 0 a 0 discreto y disputado.
Desde temprano y ante cada duda miles de fanáticos dibujaban en el aire una pantallita como solicitándole a las divinidades que el señor referí vaya y chequee el VAR y nos de un penal de esos que acostumbran a darle a River. Hubo algo, no tanto, pero hubo algo.
El partido fue parejo, Cerro no regala nada y como poseído por un jeque árabe tiene jugadores taquilleros con desnivelados curriculums.
El San Lorenzo de Pizzi mostró algunas cosas que lo lucen superior al San Lorenzo de Almirón. Presiona más arriba y circula más rápido el balón. Logra recuperar rápido la pelota y nadie juega a más de dos toques. Ya sin el lastre de toda la falopa que trajo Bergamik pudimos ver en acción a los chicos nuevos.
Bien Pitton. Bien parado y fuerte en la marca, inclusive llegó a posición de gol un par de veces. Bien Menossi, pide la pelota, juega, se anima y tiene marca. El 9 Bareiro tiene el partido mas difícil.
Podría jugar yo y sería lo mismo.
Al ciclón le sigue costando mucho superar la valla de los 3/4. Mueve rápido, toca, parece que va a lastimar y todo termina en algún centro intrascendente de Salazar. Sin gambetear rivales es imposible desnivelar. Podría jugar el Beto Acosta, así como está, y sería lo mismo. Debe ser horrible ser el 9 de un equipo que tiene la pelota pero no llega. Blandi entró un ratito y no tocó la pelota. Y no es necesariamente su culpa.
Hubo unas 3 llegadas para cada lado. La más clara de San Lorenzo fue un tiro de Menossi que bien contuvo Carrizo y luego algunas aproximaciones que no llegaron a ser tan claras.
Torrico tuvo dos formidables intervenciones en el primer tiempo. Y cuando se derrumbaba la pared que separa la felicidad de la tristeza, en el promedio del segundo tiempo, Coloccini salvó una pelota de esas que pueden valer mucho más que un gol. Ojalá. Como aquella de Morel Rodríguez en el Centenario. Estiró su blonda cabellera y elevando sus rulos al viento desvió lo que en toda Asunción ya era gol.
Hubiera sido raro encontrarse con un equipo que sea un violín, con tantos jugadores nuevos (especialmente en la zona de ataque) y con técnico nuevo. Flojito lo de Cerutti y apenas correcto lo de Fértoli. Bien Poblete. A Belluschi le puede llegar a costar la velocidad que pretende Juan Antonio. Dependerá de él.
El resultado deja la serie abierta y lista para ir a disputarse allá. Siempre es más fácil meterse atrás y jugar a la contra que tener la responsabilidad de llevar el partido.
Habrá que hacer al menos un gol.
En un momento finalmente se dió: el juez fue al VAR y sorprendió a todes expulsando un jugador de Cerro. Casi nos ganan y casi lo ganamos si el VAR nos cobraba uno de esos agarrones raros. O esas manos imperceptibles.
Todos jodíamos con la pantallita invisible: el futuro llegó a Boedo. Hace rato.


Opaco

Otro momento mágico de argentinidad hizo que el partido se demorara una hora por problemas relacionados al vestuario. Argentinos Juniors trajo la negra, dijo que iba a traer la blanca. San Lorenzo ya no usa el clásico y tradicional pantalón y medias blancas (producto de vicisitudes de marketing y la necesidad de inventar modelos destinados a un casi desaparecido consumo interno) y entre negociaciones y la mar en coche se picó el partido.

El primer tiempo fue una auténtica guerra. Hubo amonestados por todos lados. Por lo demás, lo de siempre. San Lorenzo teniendo el balón de acá para allá proponiendo un partido de 21 hombres metidos en campo rival que siempre termina con Coloccini o Senesi de lanzadores y la incapacidad generalizada de preocupar a los rivales. Ninguna llegada de nuestro lado y dos muy claras para la visita. Un mano a mano que el blondo delantero desperdicio lanzando el balón al palo y una atajada mágica de Monetti en la última bola del inicial. Poco para destacar en un partido parejísimo y muy disputado en cada pelota. Violentado por el circo de las cábalas y la idiotez.

Clima feo y pronóstico reservado. Lluvia, dia gris y nerviosismo.

Almirón sacó a Botta y puso a Alexander Díaz quien aportó más que 9 de los 10 refuerzos que trajeron. Por lo menos no juega asustado. Encara como una fiera y se bancó a los dos grandotes esos que juegan en la zaga central del bicho. Argentinos tuvo otra carambola loca desde un despeje que dejó mano a mano al hijo del funcionario del Pro y ex jugador de Boca Mac Allister, quien tuvo tanto tiempo para pensar que la tiró afuera. Dos veces nos tuvieron para knoquearnos y nos perdonaron.

Las tensiones mal encausadas, la frustración del afuera, la incertidumbre electoral y el riesgo país. La pava empezó a hervir en la norte y por todos lados se oían reclamos para el DT, para los jugadores, para los dirigentes. Nunca vi una persona mejorar porque la putean: la falta de respuesta del equipo, las poquísimas victorias del ciclo y el apagado poder de fuego incineraban la mente de desesperadas personas. La histeria del deporte en su máxima expresión. Todo ese tuco se disipó cuando tras un córner el chico Herrera capturó un rebote, envolvió el diario del lunes que hablaba de tragedia, fracaso y depresión y envolvió la pelota con un extraño y magnífico efecto que se metió de emboquillada por sobre la cabeza del arquero. San Lorenzo ganaba 1 a 0, forzaba los penales y el visitante parecía golpeado.

Fiel a su espíritu exitista el hincha de fútbol cambió su perspectiva y comenzó a celebrar, olvidando toda la indignación del mundo exterior. La calesita de las emociones nacionales siempre tiene una vueltita más.

Tiro libre para el bicho: desde la casa más o menos. Todos esos hombres horribles que tanto habían castigado a nuestros jugadores fueron a buscarlo. Increíblemente cabeceó solo el más feo y pelado de ellos, de apellido Quintana. Se tiró el rubio, palo, rebote para el sin cuello Hauche, zapatazo y gol. Yo me muero como viví.

El fanático volvió a insultar a todo el mundo. A los dirigentes, a Moyanito, al DT, a los colombianos, a Dios y la Virgen. Alguno se acordó de Gaich y de por qué no está ni en el banco. Otros reprochaban haber dejado a Insaurralde y a Pereyra sin mundial juvenil. Los silbidos se escucharon fuerte y terminaron por no poder opacar nada, puesto que no había nada por opacar. San Lorenzo es opaco.

La serie fue muy cerrada, contra el último de la tabla y se perdió. Empate en uno y a viajar a Brasil. Si le ganamos acá, les podemos ganar allá. Tampoco son el Santos de Pelé. 


Diván

Bueno, ¡menos mal que entró Bottita a jugar el descuento y hacerse amonestar! Ahora sí, me quedo más tranquilo. Segunda derrota por la mínima de este equipo de Almirón: un equipo raro, que se para raro, que maneja la pelota raro, que avanza raro y que define raro. Lamentablemente, ya nos acostumbramos, los y las hinchas del Ciclón, a esta manera de jugar displicente, como si los chabones estuvieran ahí porque no les queda otra, pero en realidad quisieran estar jugando a la escoba de 15 con alguna tía abuela. Pero, yo creo que ni siquiera es cosa de Almirón. ¿Cuánto hace que no nos rompemos las manos para aplaudir a nuestros jugadores? Si me apuro, tendría que remontarme a la época de Guede. Recuerdo un primer tiempo en el Gasómetro contra River: los pasamos por encima, les comimos los tobillos y los bailamos; esa noche nos fuimos al descanso un gol arriba por una jugada que tuvo un pase magistral de Ortigoza, una corrida de Mas y una buena ejecución de Blandi. Me acuerdo de la patadita al palo con bronca de Trapito Barovero, que ya había tapado un par de bochas antes, pero con esa no pudo hacer nada. ¿Cómo terminó ese equipo de Guede? Como todos sabemos, vapuleado en el Monumental, por la máquina implacable de Almirón.

Nos habíamos acostumbrado los cuervos a un equipo que tenía una solidez criminal, durante la era de Bauza y un poco más también. Peleando todo y ganando cosas importantes. Y esta vez nos toca acostumbrarnos a algo que tiene mal sabor: a un juego cooptado por la apatía general, sin ganas de morder, sin despliegue de fútbol, con un ritmo cansino que, daría la impresión, nos condena a no pelear nunca más por un título, al menos mientras no vuelva a haber otro volantazo anímico, una inyección de vitalidad en las venas de los muchachos que visten nuestros colores.

Como hemos dicho en el transcurso de nuestras crónicas, nos parece indescifrable este equipo de Almirón. Pero no solamente por los once que para el dt de cara a un partido u otro, sino justamente por lo que se ve después, en el campo de juego. La última crónica que me había tocado escribir, fue la del partido versus Palmeiras, y honestamente esa noche sentía que, bueno, por fin habíamos puesto primera, por fin había aparecido el armado titular y habíamos podido ver a nuestros players agarrando confianza con el balón en los pies. Creí que estaban las condiciones dadas para que empiece algo parecido a lo que todos esperábamos cuando Almirón se calzó el buzo azulgrana. ¿Qué pasó después? Pasó que ese partido, en vez de un arranque, acabó siendo un pico de rendimiento, un pico de solidez, un pico por cierto bastante mediocre. Si era suelo, era un suelo prometedor, pero como pico, fue un pico verdaderamente pedorro.

El partido de hoy me dejó con bronca, pero incluso más con el rendimiento de algunos jugadores que con el armado del dt. Creo que, en la previa, el equipo despertaba simpatías, sin ser un amor salvaje, entre la mayoría de los hinchas: Herrera como lateral consolidado y el pibe Ferrari que había mostrado buenas cosas; Insaurralde acompañando al colombiano en la media cancha; Fértoli y el Perro viboreando en la delantera para nutrir al inmenso Gaich. Más o menos estábamos bien, ¿o no? Sí, el medio campo lo completaba Ariel Rojas, claro, y ahí residía el primer dolor de cabeza para mis sufridos compatriotas del Pueblo Azulgrana. En ningún tramo del partido supimos de qué carajo jugó el ex River -el ex, a secas-: en cada avance nuestro, curiosamente, el hombre andaba boyando por un sector distante de la pelota, ¡y mirá que es chica la cancha de La Paternal, ehh! Si mi olfato no me engaña, no tiene muchas ganas de hacer lo que está haciendo, es decir, de “ser futbolista”. Por otra parte, dudo que esa posición de “interno” sea la que mejor le cabe al pibe Insaurralde: cuando lo puso el Pampa, demostró sus buenos dotes jugando como pulpito, en el lugar de la cancha que hoy ocupa Loaiza, con todo el campo en el radar; aquí, recibe muchas veces de espalda, y en todo caso se tendrá que acostumbrar a los forcejeos que esta posición implica.

Pérez sumó su granito de arena a la apatía de la que hablaba antes. Hay cosas que uno no puede entender, de un futbolista profesional que ya dejó atrás su etapa de juvenil: promediando el segundo tiempo, un atacante de Argentinos cubría una pelota que salía mansita por la banda y tenía destino de lateral en ataque para el rival. Este muchacho Pérez, no tuvo mejor idea que barrerlo desde atrás, estimo que para adueñarse del balón, y lo único que consiguió fue transformar ese lateral en contra en un peligroso tiro libre que luego cayó en el área de Monetti, por suerte sin consecuencias. Perdón que haya gastado tantos renglones en describir una jugada aparentemente intrascendente, pero lo remarco porque considero que es un cabal ejemplo de cómo algunos de nuestros jugadores no se toman su trabajo con seriedad. Papelito Fértoli, pobrecito, lo soplaban y se desplomaba. Nos engañó en sus primeras dos o tres apariciones con la casaca cuerva, porque, incluso, venía de marcar algunos goles en Ñuls, pero, evidentemente, ahí tenemos otro caso de diván, que se le suma a Botta, a Alexis Castro, a Maguito Merlini, a Facundito Quignon, y siguen las firmas. Y tengo que hacer una mención especial para el tremendo de Castellani: entró a jugar los últimos 45 e hizo “todo mal”, y le pongo comillas para que se entienda que fue exactamente así: todo mal. Creo que la única bola que no perdió fue una que jugó hacia la derecha, aprovechando una subida de Herrera. Excepto esa, las dilapidó todas, al estilo Mussis, y pudo habernos generado muchísimos más quilombos de los que tuvimos.

Otra tarde para el olvido. Muchos jugadores que no dan la talla del club. Historias que se repiten hasta el cansancio. Dirán que el DT tampoco da la talla. Quizá tengan razón, todavía no lo sé. Yo quisiera que el propio Almirón tenga pasta para dar vuelta la tortilla e imprimirle a nuestro San Lorenzo una identidad futbolera que se le arrime a ese Lanús que nos comió crudos en Núñez. Lo cierto es que hemos vuelto a subirnos a la cuerda floja, solitos, sin ninguna ayuda. A veces, pareciera que nos gusta estar ahí, cerca del abismo.