Made in Ortigoza

9/Nov/20

Y bueno, me volví a ilusionar. Listo, me está pasando. No es algo que uno decida hacer. No es que haya estado reflexionando sobre eso: “Vamos a ver, ¿me ilusiono de vuelta como un gil, o sigo criticando todo, haciéndome el capo?”. Anoche, después del partido, comentábamos con un amigo que nos habíamos pasado los 90 minutos escuchando las pavadas que gritaba un tipo evidentemente mediocre -y por cierto mala persona, como ha demostrado ser durante su carrera como futbolista- como es el Chavo Desábato. “¡Tranquilo! ¡Atento! ¡Eso, eso!”: todo el tiempo así. O sea, dennos el carné de deté a los hinchas, si es tan fácil. A Soso, mientras tanto, casi no le conocemos el timbre de voz. Habrá dado sus indicaciones, claro, pero entre los gritos y las pataleadas del otro muchacho, el nuestro pasó desapercibido.

El que no pasó desapercibido fue su equipo, que se plantó en el terreno del Bidegain, impuso las condiciones, se hizo fuerte de atrás para adelante y por momentos mostró un buen fútbol. Bah, qué será eso del “buen fútbol”, ¿no? Podríamos escribir una crónica cada hincha y tendríamos casi tantas respuestas como crónicas escritas. No es que haya sido increíblemente vistoso, San Lorenzo, pero fue práctico, eficaz, manejó los hilos del partido, mostró firmeza en la marca sin correr de más, tuvo el balón durante varios pasajes, pero, más importante, tuvo el cronómetro en la mano, manipuló el tiempo de juego según su propia necesidad.

Voy y vengo entre el documento de Word y la transmisión de mando de Lucho Arce, en Bolivia, acá, en la ventanita de al lado. Porque, como ya sabrán, me propuse con esta columna que me puteen un toque en los comentarios. Y ahí está entrando el Presidente a la Plaza Murillo. Se abraza con unas cholas que lo estaban esperando, levanta la mano saludando a la gente que acompaña de lejos. “¿Jura por la Patria, por los próceres de la independencia, por nuestra Madre Tierra, por los dioses de nuestros ancestros, por nuestras hermanas y hermanos que dieron su vida por la democracia y la igualdad, desempeñar las altas funciones de presidente de Estado Plurinacional de Bolivia?”. Qué linda pregunta. Están pasando cosas que no creímos que iban a volver a pasar tan pronto: una defensa sólida, laterales que saben acompañar el ataque, un medio campo que está aprendiendo a contener, y las pinceladas de los mellizos que se traducen en cartulinas rojas para el rival y porotos que se quedan en casa. Es un placer, cada vez que ven venir la murra de un tipo que no se los fuma más y se anticipan, juntando los talones y pegando ese saltito, revolcándose de dolor. Qué felicidad. ¡A las duchas, señor! Son dos cracks y tienen ojos en la nuca. Saben perfectamente lo que hacen y sacan de quicio a cualquier defensa. Y después te clavan esa asistencia made in Ortigoza, y te la rematan con un bombazo de tiro libre que el arquero ni se gasta en tratar de agarrar.

Pero, ¿sabés qué es lo que me deja más tranquilo? La nerca que tenemos en el banco para tirar a la parrilla. A veces echás una mirada a los suplentes y eso alcanza para sacar algunas conclusiones: Nacho, el pibe Sabella, los hermanos Palacios, pronto va a estar el Uva, también Coloccini si es que no se retira. Es un montón. Vendrán los sabelotodo a decir que es demasiado plantel para lo que estamos jugando. Bueno, hermano, qué sé yo, ¡no me rompas las bolas! Vamos a ver si podemos suplir en Mar del Plata a las figuritas paraguayas y sostener la solidez que mostró ayer el equipo.

Les iba a decir algo más, pero me olvidé. Es que estoy que voy y vengo con los quehaceres dominicales y echando un ojo de refilón al asunto este de Bolivia, que me interesa. Y ahí está Alberto, como corresponde, acompañando la asunción de una democracia que le habían arrebatado a la región y que hoy, con lucha y organización, se pudo recuperar. Y hablándoles un poco en serio, me cabe esto aprovechar las crónicas para tirar algunas puntas de las cosas que están pasando. No me interesa en lo más mínimo que piensen como yo. Lo que sí nos parece importante, y me atrevo a decirlo en nombre de mis compañeros, es que entendamos que no se le va la vida a nadie en el fútbol. Saquémonos el balde de la cabeza, que la vida no es tan larga como parece y están pasando todo el tiempo un montón de cosas. Amo a San Lorenzo y sufro como un ganso cuando nos va mal, o sea casi siempre, y me entusiasmo como un perejil cuando siento que esta vez nos puede llegar a ir bien, o sea que casi siempre también. Después, claro, nos estrellamos contra esa pared sin corazón que se llama realidad.

Me gusta el deté que tenemos. Está mostrando pragmatismo, no iluminismo. Buena señal. Me gusta sentir que da frutos el laburo que se hace en inferiores, y me gusta sospechar que con este equipo bien podríamos pelear algunas cosas. Después, claro, hay que pelar, y ahí vamos a ver cuánta nafta tenemos en el tanque.

La columna de opinión del triunfo frente a Estudiantes en la pluma de Facu Baños. 

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Esperando nacer

4/Jul/20

Osvaldo Soriano, en su libro Artistas, locos y criminales , le dedicó unas páginas breves y emocionantes al nacimiento de nuestro club y a la consolidación de su pertenencia barrial. Particularmente, este texto propone algo que podríamos llamar una suerte de reparación histórica literaria con dos personajes perdidos en la historia azulgrana: los jugadores Francisco Xarau y Luis Giannella. ¿Los conocés?

Francisco Xarau era centro delantero, zurdo pero hábil con la derecha y trabajaba de canastero, en el rubro de la construcción. Gianella, por su parte, jugaba de wing izquierdo y era el goleador del equipo. Ambos formaron parte de aquel grupo que escribió las primeras páginas de nuestra historia: los Forzosos de Almagro.

El 1 de enero de 1915, Los forzosos se enfrentaban a Honor y Patria, un club de la localidad de Bernal que en ese entonces jugaba en Primera. El partido se disputaba en la vieja cancha de Ferro -la de las tribunas de tablón que muchos cuervos y cuervas recuerdan- y terminó 3 a 0. Xarau y Giannella marcaron los goles que permitieron la victoria y el ascenso a la primera A.
Soriano dirá que esa mañana, que inauguraba el año 1915, la barriada de Almagro ya tenía un club que la identificara. El ciclón había ascendido a la primera división del fútbol profesional y el sueño, fundado formalmente en abril de 1908, se materializaba 7 años después.

“Desde entonces, la aventura que había nacido en 1907, en la esquina de México y Treinta y Tres, con el nombre de Forzosos de Almagro, creció hasta alcanzar en 1930 su esplendor. En la euforia del triunfo, pocos sabían que dos de aquellos pibes que integraron el equipo de los Forzosos, cuando se fundó, en 1907, y cuando ascendió en 1915, están vivos y abandonados por su hijo presuntuoso. Xarau vive en la pobreza de un cuarto. Giannella, de setenta y siete años, está ciego, sordo y apenas puede mover sus piernas. ” (Osvaldo Soriano; Artistas, locos y criminales; 1973)

Con la prepotencia de un relámpago rajando el cielo, los pibes del patio de la iglesia marcaron a fuego esa pertenencia barrial que el ciclón mantuvo y mantiene a lo largo de su historia. El rápido crecimiento del club, los éxitos futbolísticos y el cúmulo de emociones que habían provocado en el desarrollo de la vida barrial, habían transformado a esos reos del buen fútbol amateur en futbolistas profesionales que todo el barrio concurría a alentar los fines de semana. Ya no eran los jóvenes de ayer -albañiles, carboneros o canasteros-, se habían transformado en protagonistas de una historia que cada domingo congregaba más gente.

Sin embargo, cuenta Soriano en referencia a Xarau y Gianella, todo lo que les dejó San Lorenzo fue un carnet para entrar gratis al club y una medalla de oro . Estos personajes fundacionales -por tomar azarosamente a 2 tipos de ese grupo- fueron en gran medida olvidados. Hoy en día probablemente muy pocas personas conozcan en fino la historia del nacimiento del club, y seguramente -112 años después- nadie que haya vivido ese tiempo está vivo para contarlo.
Decía el escritor Leopoldo Marechal: “ El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria ”. Quizá suene un tanto delirante, pero ¿por qué no pensar una analogía atemporal entre Xarau, Giannella, el mismo padre Lorenzo y Adolfo Res, uno de los más destacados abanderados de la vuelta a Boedo? Una analogía, también, entre esos 100.000 hinchas cuervos que coparon la Plaza de Mayo el 8 de marzo de 2012 y los fundadores de este glorioso club. En cierto modo, los muertos se agarran a los vivos porque no quieren morir definitivamente, los locos de ayer se vuelven a animar en los locos de hoy, que se rehúsan a olvidar esa época que casi parece una alucinación.

¿No es acaso la vuelta a Boedo ese segundo nacimiento que los cuervos y cuervas añoramos para saldar -de una vez por todas- la deuda histórica que tenemos con ese pedazo de suelo arrebatado y con esos tipos que amaron tanto a San Lorenzo como lo amamos nosotros? ¿Por qué no recoger de los sótanos de la historia azulgrana esas botellas que se arrojan al agua y se pierden?

Estamos cada vez más cerca, pareciese, de la ansiada restitución histórica que hace tantos años reclamamos en las tribunas y en las calles. Desde este reducto, seguimos aferrados a esa utopía de la que somos peregrinos, con la seguridad de que la lucha por la vuelta a Boedo es la mejor manera de homenajear a nuestros héroes olvidados: dándoles sentido en nuestra vida, para que puedan prolongar la suya.

Por Mateo Barros, socio refundador N° 11172.

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El fútbol va a ser de todes

19/Jun/20

Junio es el mes del orgullo LGTB, en conmemoración de los enfrentamientos en Stonewall entre la policía y la comunidad LGTB en Estados Unidos. Argentina es pionera en la lucha por la igualdad y fue ejemplo para el resto de la región con las leyes de Matrimonio Igualitario -sancionada en 2010- y la de Identidad de género -sancionada en 2011-. Pero a pesar de esto, las instituciones deportivas y especialmente el fútbol siguen siendo espacios históricamente negados al colectivo LGTBIQ: no solo no son incluídxs, sino que son el objeto de burla. 

En este panorama, Mara Gómez espera, una vez que AFA la habilite, convertirse en la primera futbolista trans del fútbol femenino (semi)profesional de primera división. Médicxs, periodistas, jugadorxs y ex jugadorxs, técnicos, entre otrxs muchxs, retoman un debate que no es para nada nuevo en el deporte. Desde la década del 60 que el Comité Olímpico Internacional fue cambiando la reglamentación respecto de los parámetros dentro de los cuales se podían competir. No solamente las identidades trans quedan por fuera de estos parámetros, uno de sus primeros casos fue la velocista Klobukowska a quien se le prohibió competir por presentar un nivel de hormonas masculinas altas a pesar de que luego fue comprobado que genética y biológicamente era una mujer. 

Desde el 2015, el COI, reglamentó que las mujeres trans debían tener una determinada cantidad de testosterona para poder competir, un límite de lo que la institución considera justo. Esto solamente puede ser logrado si las mujeres se someten a terapias hormonales que generan grandes cambios corporales en relación a su fuerza, masa corporal, entre otras.

Nuestra ley dice que debe respetarse la identidad de género autopercibida, sin necesidad de exámenes físicos, hormonales ni jurídicos. Mara, como tantxs otrxs, tiene su DNI que exige que sea tratada como una mujer, igual que cualquier otra. A la espera de que la AFA tome una decisión al respecto de su fichaje, se abre el debate: ¿puede una mujer trans jugar en una liga profesional? ¿es “justo” para sus compañeras cisgénero?. 

Para quienes entendemos el fútbol, y el deporte en sí, como una herramienta de inclusión social no hay ningún tipo de duda de que las discusiones biologicistas no nos llevan a buen término. Así como sostenemos que no hay diferencias físicas naturales que lleven a que un varón sea mejor jugando al fútbol que una mujer, y que el problema es la falta de oportunidades, lo mismo sucede con las identidades trans. Las diferencias en la calidad y cantidad de entrenamiento, de preparación, seguimiento por parte de cuerpos técnicos/médicos, entre otro montón de variables, signan el rendimiento personal y colectivo. 

San Lorenzo es ejemplo en la lucha por la igualdad de géneros: fue el primer equipo en profesionalizar a sus jugadoras mujeres, uno de los primeros en tener cupo para los cargos en Comisión Directiva y Asamblea, en armar un Protocolo de Prevención y Acción Institucional contra la violencia de género y en realizar capacitaciones para todas las personas que transitan el club. Vemos ahora como las más chicas empiezan a tener de ídolas a Maca, Eli, Rocío y a soñar con un día defender la azulgrana, no podemos seguir negando el acceso al juego y al disfrute a ninguna persona más, sin importar su identidad de género. 

PH: Abriendo la Cancha.

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¿La política es mala palabra en San Lorenzo?

4/Jun/20

Hace unos días, un medio digital reconocido por el entorno cuervo publicó una entrevista a los referentes de esta organización de hinchas. Con el título “Hacer política es la única manera de hacer más grande a San Lorenzo”, el medio Mundo Azulgrana publicó dicha entrevista a La Soriano y despertó dentro de las redes sociales algunos debates efusivos, de esos que hacen más pasajera la cuarentena. Con sorpresa para los menos optimistas, las reacciones en las redes fueron positivas e incluso hubo varios halagos.

Pero como siempre, los usuarios desbocados contra “la política y los políticos” se sumaron a construir esa “idea común” de la política como algo negativo, con frases trilladas como: “Política a otro lado… cualquiera sea… ésto es San Lorenzo!!! Ni unos ni otros…”; “Vayan a laburar, San Lorenzo no tiene color político”; “¡La única manera de hacer grande a un club, es trabajando y siendo honestos, no haciendo política!”.

Para aquellos que tenemos una visión diferente sobre la política responder estos comentarios en las redes sociales resulta tedioso. Sobre todo, alrededor de un tema complejo como el fútbol. Aunque es particular si uno habla de San Lorenzo: un club que tiene en su historia varios sucesos en donde, para bien o para mal, la política es protagonista. Y es que más allá de sus gestas deportivas, que lo consagran en los más alto del fútbol argentino, existen grandes hitos cruzados por cuestiones políticas que son fundantes de la identidad azulgrana.

Es posible pensar en la identidad azulgrana ¿sin tener en cuenta la venta de los terrenos del Viejo Gasómetro y su posterior batalla incansable para volver al barrio que nos vio nacer? ¿O las malas decisiones dirigenciales que regalaron la primera edición de la Copa Libertadores y nos condenaron al descenso? ¿O existe otro caso, en donde un equipo de fútbol festeja su día del hincha por la fecha en la que se evitó que el club se convirtiera en una Sociedad Anonima?.

Y es que todos estos hechos, así como los himnos que tiene una nación, son los que cuentan nuestras canciones. Y es que para muchos capaz sea extraño, pero las canciones de nuestro club no cuentan de partidos emocionantes o campeonatos heroicos. Sino que muestran la historia de un club y de una hincha, que hizo y hace mucho, para defender su institución y sus orígenes. Y en todas, la política tiene un rol fundamental.

Vayamos a la primera, una de las más famosas por propios y ajenos, es la lucha incansable por volver a levantar el estadio cuervo en los terrenos de Av. La Plata. La historia dice que en los ’60, San Lorenzo recibió las tierras del Parque Almirante Brown en el Bajo Flores, y la idea de una Ciudad Deportiva y de un estadio de cemento prendió en algunos directivos del club. Ante esto, el Viejo Gasómetro no tuvo por años ampliación ni remodelaciones. Y el golpe de gracia ocurrió en 1979: la última dictadura militar intimó al club con la apertura de la calle Avellino Díaz, que cortaba la cancha en dos partes desde la entrada principal de Avenida La Plata. También proyectaban construir viviendas populares. Ese fue el final. El 2 de diciembre de ese año San Lorenzo y Boca jugaron el último partido en el viejo Gasómetro. Aburrieron, no hubo goles y Hugo Gatti le contuvo un penal a Hugo Coscia. La cancha se terminó de desmantelar en 1982, sin que ninguna de las obras pautadas se llevara a cabo. Para que luego, la cadena de supermercados francesa Carrefour adquiriera el terreno y montara allí un enorme negocio.

El rol de la política está claro, en este caso es negativo. Una dirigencia más cercana al dinero y alejada del barrio y del rol social de club, se unió a un gobierno dictatorial antipopular que optó por el negocio de una multinacional extranjera. La falta de participación activa por parte de los socios durante esos años, nos condenó a vagar por estadios ajenos, transitando un descenso y varios años de malaria institucional y deportiva. Pero también en los años 60´ existe otro suceso que condicionaría la historia del club.

La deuda pendiente que tenía nuestro club hasta el 2014, era la de ganar la mítica Libertadores de América. Lo paradigmático de esto, es que San Lorenzo fue el primer club argentino en jugar esa copa en el año 1960. Como campeón del torneo de 1959, el equipo de Boedo se ganó el derecho a participar de la primera “Copa de Campeones de América”, de la que participó junto a seis equipos: Bahía (Brasil), Jorge Wilstermann (Bolivia), Universidad de Chile (Chile), Millonarios (Colombia), Olimpia (Paraguay) y Peñarol (Uruguay). Quiso el fixture que el rival en semifinales fuera Peñarol, una de las potencias del continente. La llave fue muy pareja, al punto tal de que igualaron 1 a 1 en Uruguay y en el desquite, jugado seis días después, tampoco se sacaron ventajas. El 0 a 0 derivó en un desempate. El reglamento establecía que se definía en un tercer partido en campo neutral, en este caso en Santiago de Chile. Sin embargo, Peñarol propuso que se jugase en el estadio Centenario de Montevideo. Aquí fue donde los dirigentes del conjunto charrúa tuvieron la lucidez de notar la importancia que la competición iba a tener a futuro. Pero Alberto Bove, entonces presidente de San Lorenzo, aceptó la oferta, y a cambio de 50.000 pesos el partido se disputó en el estadio Centenario, como en la ida. La historia es conocida, y el primer campeón finalmente fue Peñarol.

Decisiones políticas construyeron en gran parte la historia del club, en casos como estos, de manera erróneas, en otros tantos, como por ejemplo en las acciones de Pedro Bideghain, lo fortalecieron. Aunque también existe otra política, la política de la participación, del empuje y de la lucha. Y esa es también fundante de la historia azulgrana.

El día del hincha de San Lorenzo se originó hace casi 20 años atrás y no se eligió por motivos deportivos. En aquella jornada del 30 de noviembre de 2000, cientos de socios que se movilizaron al Nuevo Gasómetro impidieron que el club fuera gerenciado por la empresa suiza de marketing deportivo, International Sport and Leisure (ISL). La Comisión Directiva estaba a punto de cerrar el acuerdo que le otorgaba a ISL los derechos de TV, merchandising, publicidad estática, indumentaria e internet del club por diez años, con una prórroga a una década más. Además, existía una cláusula de confidencialidad que no le permitía a los socios del Ciclón acceder a lo que se estaba por firmar. En ese contexto, los socios marcharon hasta Bajo Flores con el lema “San Lorenzo no se vende” y ejercieron presión en una noche en la que no faltaron piedrazos, gases lacrimógenos, heridos y detenidos. Con todo, el por entonces presidente Fernando Miele (que junto a sus vocales firmó esa noche el acuerdo), debió ceder al pedido de los hinchas y de parte de la dirigencia opositora que, tras presentar un recurso de amparo, consiguió que se declaré ilegitima la concesión. Meses más tarde, en mayo de 2001, la empresa suiza quebró.

Esa movilización, esa participación, es la misma que en los últimos años logro que una empresa multinacional entregará los terrenos de Av. La Plata, haciendo cada vez más cercana la idea de volver a Boedo. Los bloqueos al supermercado, las movilizaciones a Plaza de Mayo y a la Legislatura, fueron fundamentales para esto.

Como vemos la política esta presente desde hace más de un siglo en nuestro club y seguirá estando. “La política es la herramienta más poderosa que tiene el humano”, dice un amigo con el que jugaba al futbol antes del COVID-19. Es la posibilidad de disputar un tipo de institución (aunque muchas veces parezca algo imposible). Y en el caso de San Lorenzo es la posibilidad de construir un proyecto de club participativo, que priorice lo deportivo y social por sobre los negocios. Por eso seguiremos haciendo política, para hacer más grande a San Lorenzo.

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Bambino, el ídolo que violó

10/Oct/18

En el fragmento de una entrevista televisiva, que pueden buscar en YouTube, le preguntan a Malena Candelmo si cree que hubiera sido una persona distinta, de no haber sufrido una violación cuando todavía era un varón pre adolescente. Ella se sincera y dice que siempre piensa en eso: en hasta qué punto ese episodio traumático habrá sido determinante en la conformación de su personalidad y en la identidad que después decidió adoptar. El 17 de octubre de 1987, Héctor Veira fue denunciado por abuso de menores. Malena Candelmo es hoy una mujer trans, pero entonces tenía 13 años y se llamaba Sebastián. A la inmensa gravedad del hecho se sumó la inmediata y total mediatización del caso, y ambos ingredientes configuraron un cóctel fatal para ese chico cuyo carácter apenas comenzaba a formar, como ocurre con cualquier pibe o piba de esa edad. En octubre de 1991, Veira ingresó a prisión para purgar una condena de seis años. 11 meses después, la Corte Suprema de Justicia determinó que la violación, en realidad, había sido “intento de violación”, basándose en nuevas pericias médicas efectuadas a la víctima. Las heridas que el Bambino Veira le había producido a Sebastián, en el ano, para entonces ya habían cicatrizado, y eso fue prueba suficiente para el supremo tribunal, que apuraría el cambio de carátula y pondría al director técnico en libertad.

Inmediatamente volvió a trabajar en San Lorenzo. El Bambino era abrazado por un ambiente futbolero que no acusaba recibo de nada de lo que había pasado. Mientras tanto, en algún rincón oscuro, el pibe Candelmo sufría las secuelas psicológicas de la violación más comentada de la historia de nuestro país, y de la recobrada popularidad de su siniestro violador.

Como hinchas de San Lorenzo, nos jactamos de un compromiso que excede lo que ocurre dentro del campo de juego: habitamos el despojo de la dictadura, resistimos la pretendida privatización del club y encendimos la maquinaria para recuperar los terrenos de Avenida La Plata, el corazón de nuestra historia. Pero, como hinchas de San Lorenzo, tenemos una deuda, con ese joven estropeado y abandonado por uno de nuestros héroes reivindicado incluso hasta hoy: el Bambino que nos sacó campeón en el ‘95, después de 21 años de sequía.

Yo estoy lleno de contradicciones, igual que cualquiera que esté leyendo esta nota. Me hago cargo. Miro los videos del ‘95 y me emociono con el cabezazo del Gallego y con el abrazo entre el Bambino y Orteguita mientras decía “vamos Pampa, vamos Pampa”,  porque creía que él había cabeceado al gol. No soy un paladín de la buena moral ni me la doy de nada. Lo que propongo es que deberíamos reflexionar, y tal vez hacer un mea culpa, quienes creamos que nos cabe esa responsabilidad. Después de salir campeón con nosotros, Veira se fue a dirigir a Boca, y cuando venía a jugar al Gasómetro le dedicábamos un cantito que todes recordamos: “Esta es tu hinchada, la que siempre te bancó. Esa hinchada, te gritaba violador”. Yo era pibe y tengo la sensación de cantarla con el pecho inflado de orgullo, por esa fidelidad que demostraba tener nuestra hinchada y que entonces me parecía un gran valor. Hoy puedo decir cabalmente que eso que cantábamos era una vergüenza y una canallada. En todo caso, si la hinchada de Boca efectivamente le había gritado violador, bienvenido sea que en ese momento haya habido una hinchada que se atrevió a gritar las cosas como fueron, escrachando a un tipo que había violado a una criatura y haciéndole pasar, aunque sea, un mal rato, hasta que volvía a encontrar refugio bajo el techo del banco de los suplentes.

Tampoco significa que la hinchada de Boca era pionera en cuestiones de Derechos Humanos, porque está claro que esos cantitos a favor y en contra del Bambino cabían en el marco de una disputa futbolera, de esas que suelen obturar la capacidad de razonamiento de los que están inmersos en su tribuna. Si Veira hubiese sido ídolo de Boca y no de San Lorenzo, seguramente los roles hubiesen sido invertidos. Pero, insisto, nos toca hacernos cargo de ese papel tristísimo que nos tuvo como protagonistas durante muchos, muchos años. Al que le quepa el saco, que se lo ponga. Y también insisto en esto: que no se trata de juzgar los sentimientos o los impulsos que supimos tener. Quizá se trate, más bien, de pensar cómo serían las cosas ahora, si tuviéramos que reaccionar frente a una situación de ese calibre. Ahí puede haber una respuesta, a la hora de ensayar una autocrítica por todo ese daño del que, decididamente, fuimos cómplices.

Y, mientras escribo, pienso otra vez en ese cantito, vuelvo a recordarme cantándolo. Esa época estaba a años luz de la actualidad, en cuestiones de género y en la empatía que socialmente se podía esperar con la víctima de un abuso sexual. “¡Esa hinchada te gritaba violador!”, cantábamos, pretendiendo negar un hecho nefasto que había sido largamente probado. Incluso una sobrina del Bambino terminó presa por falso testimonio, porque durante el juicio había declarado su presencia en el departamento, queriendo desmentir la versión de Candelmo.

Soy un defensor acérrimo de nuestra hinchada, no por llevar más gente que otra, no por alentar más ni por correr a nadie, sino porque estoy convencido de un compromiso social y político que está estrechamente ligado con el devenir de nuestra historia y con la identidad barrial que tenemos como club. El día que la Vuelta a Boedo se consume definitivamente, ese compromiso azulgrana se sentirá a flor de piel, acaso como nunca. Mientras tanto, yo, personalmente, voy a estar más orgulloso todavía de la hinchada cuerva si empezamos a enterrar a un ídolo cruel e injustamente venerado. Los muchachos del Grupo Artístico de Boedo ya dieron el primer paso: debajo de la popular ya no está el mural que homenajeaba al Bambino, porque fue tapado. En su lugar, pintaron el instante maravilloso del gol que nos consagró en Rosario esa vez. Sigamos el ejemplo. Seamos mejores personas.

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Pequeñas escenas de una victoria histórica

29/Mar/18

[vc_row][vc_column][vc_column_text]La gran gesta sanlorencista del 12 de septiembre se pudo leer en todos los medios: el bicampeón del basket argentino le ganó un amistoso al Real Madrid por 84 a 81. (N. del E.: luego vencería a su par de Barcelona). Después de cuarenta y seis  años, San Lorenzo empezaba su gira por España y se presentaba en el estadio municipal de Arganda del Rey como parte de las fiestas patronales. Se supo de los logros deportivos y vía televisión y redes, se hizo notar el apoyo de los ciento cincuenta cuervos que llenaron de color, alegría y sorpresa a los vecinos de este municipio a veintidós kilómetros de Madrid. Tras el primer partido de la gira, ya se sabe la gran historia, pero existen muchas más por contar.

 

Fue la historia de Andrés, a quien sus amigos apodan Koe, que se vino desde Valladolid a alentar por primera vez al Ciclón. Koe nunca salió de su España natal, pero tiene un tatuaje de un cuervo y el escudo en su pecho. Todo empezó hace cinco años, cuando accidentalmente se puso a ver un partido de fútbol con su abuelo. Vio el juego, a la gente y prometió hacerse hincha de ese club. Esa tarde, el resultado fue 3 a 2; el partido queda como adivinanza para el lector.

 

Fue la historia de Sergio, Jorge y Osvaldo, miembros fundadores de la peña Osvaldo Soriano de Madrid, que tuvieron que cambiarse de camiseta en el entretiempo. Tras una primera parte gracias al sudor, en el intermedio hicieron los honores formales de entregar y recibir plaquetas para el club y el ayuntamiento. En el segundo tiempo, volvió la transpiración.

 

Fue la historia de Carlos Perroni, que se sorprendió y emocionó de recibir los honores por parte de los hinchas de San Lorenzo en el entretiempo. No se lo esperaba, pero se lo merecía.

 

Fue la historia de Leo, con su gorra y con el clásico bombo de la peña de Madrid, que tanto ritmo puso en la plaza de Marrakech. Acompañado en los redoblantes por su hijo Valentino y por Jorge de Alcalá, no hubo canción que quedara por cantar. A mediados del primer tiempo, tanto el bombo como las banderas hicieron gala a modo de desfile en el corredor central de la platea para goce de los vecinos de Arganda y para hinchas del Real Madrid.

 

Fue la historia de Alejandro y Lydia, que se vinieron desde Málaga junto a cinco amigos más. Los Cuervos de la Costa del Sol son como los pingüinos de “Madagascar”. Son muchos, vienen juntos, con misma camiseta y encima están en el Twitter de Marcelo Hugo (Tinelli, Vicepresidente de San Lorenzo) Junto con Edu, que no sabemos si llegó a estar a las ocho de la mañana en el trabajo, agasajaron a la cuervada en el Soccer Bar con generosas docenas de facturas.

 

Fue la historia de Damián y de Fernando, también de la Osvaldo Soriano, que reclamaban la finalización del partido cuando San Lorenzo ganaba 2 a 0.  “La hora, juez”, se escuchó.

 

Fue la historia de Juan Cruz, a quien no conocíamos hasta el sábado pasado. En la reunión para ver el partido contra Rosario Central, ante una gran convocatoria en la pizzería La Muzza, accidentalmente fue a cenar ahí y se encontró con un parque temático sanlorencista. Sorprendido a más no poder, aún conserva el asombro y sumó a su hermano Martín al partido.

 

Fue la historia de Facundo Campazzo, que tuvo una sonrisa pícara cuando desde la tribuna le gritaron “erralo Campazzo, que vos sos argentino”.

 

Fue la historia de Denis, puntano que vive en Granada hace 15 años, también vio a San Lorenzo por primera vez. Arribado a Atocha con el tiempo justo, con poca batería en el teléfono y bajo uso de redes sociales, en el listado de entrega de tickets se dudaba de su llegada. Estuvo firme al grito de “dale Ciclón” y se volvió contento a su ciudad a la una de la mañana.

 

Detrás de un gran evento, hay pequeñas grandes historias y faltaría relatar las otras tantas. San Lorenzo hizo un gran esfuerzo para venir a España. El club se brindó con los hinchas, haciéndolos partícipes en los entrenamientos, acudiendo a reuniones y gestionando a última hora mejores lugares en el estadio. El ayuntamiento trató a los cuervos de excelente manera, con entrega de entradas y una gran cordialidad: ellos no se olvidarán de nosotros y viceversa.

 

Vinieron de todos lados. Vino gente de Israel, que los relatores españoles describían su sorpresa de movilización en la TV. Vino gente de toda España, a saber: Barcelona, Málaga, Valencia, Alicante, Granada, Valladolid, Gijón y Toledo. Vino gente de la Embajada argentina. Vino mucha gente de Madrid: los de siempre de la Peña Osvaldo Soriano, los que están hace poco, los que nos conocen hace semanas y los que nos conocieron ayer. Detrás de ellos, hay argentinos que vinieron hace mucho tiempo y se hicieron su lugar; hay argentinos que llevan poco tiempo y están haciendo sus primeros pasos como emigrantes; hay argentinos que están estudiando, que saben que están de paso; y también hay españoles, que aun teniendo un club cercano en sus ciudades, se hacen un lugar en su corazón para la pasión azulgrana.

 

Tras cinco días con actividades desde el arribo al aeropuerto hasta las últimas cervezas después del partido, estamos felices por cómo sucedió todo. ¡Encima ganó San Lorenzo! No queda otra cosa más que agradecer a todos por lo bien que lo hemos pasado.

 

¡Vamos San Lorenzo! Y gracias de corazón a todos.

 

 

(*) En representación de la peña Osvaldo Soriano[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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Ya está, viejo

29/Mar/18

Un jardinero azul. Un gorrito. El Fiat 600 blanco que era el primer auto de la familia. La recorrida por el barrio y los alrededores del Viejo Gasómetro: “esta es la esquina de San Juan y Boedo”, “esta es la iglesia donde se fundó San Lorenzo”, “ahí está el almacén de Diego García que jugó en el primer equipo campeón en 1933”. En el viaje de San Justo a Boedo hablamos de la hazaña de la B y me mostraste que ya había afiches de Alfonsín en las calles. Recuerdo que llegamos a Avenida La Plata y caminamos por la vereda del estadio. Allí estaba todavía el templo de aquellas hazañas que me habías contado. Llevabas a Christian que apenas podía caminar en brazos. Recuerdo mis pasos cortitos y el calor de tu mano que me guiaba. Intentamos entrar. Faltaba poco para que empezaran a desarmar las tribunas. El club creo que ya estaba cerrado y vos hablaste largo tiempo con alguien en un portón. Le rogabas que nos dejara entrar a pisar el campo de juego.

 

Tengo en la memoria la soledad y el eco de lo que hablábamos nosotros tres. Nos mostraste dónde estaba el Gimnasio General San Martín, nos hiciste subir a una de las tribunas, fuimos al campo de juego. “En aquel arco Sanfilippo hizo un gol de taquito”. “Una tarde el Bambino Veira le metió cuatro goles a Boca en un tiempo”… Con esas manitos pequeñas tomé un puñado de pasto que me costó arrancar tanto como les costó a “los hijos de puta de la dictadura que nos obligaron a esto, por suerte se están yendo”… Guardé ese manojo de césped en un bolsillo. En algún lugar de la casa de la infancia está guardada la bolsita con esas ramitas secas.

 

Son fragmentos. Piezas de una historia. Algunas cosas creo que me las acuerdo, otras las fuimos hablando con los años, algunas quizás las imagino. Tenía esa edad en la cual guardás recuerdos pero perdés el orden de las cosas. Conservo esos momentos y la foto descolorida que nos sacó un señor al que le explicaste cómo usar la vieja cámara de fotos y que tardamos en encontrar porque casi no había nadie en el lugar.

 

Con los años fui uniendo esos fragmentos como piezas de un rompecabezas. Crecí en canchas ajenas, sufrí los años sin vueltas, entendí y comprendí la historia de aquel estadio, descreí de los locos que me querían ilusionar con volver, me sumé a la lucha, soñé, pero aquella tarde de los albores de la democracia, medio desordenada, medio entre la realidad y la imaginación, se fue transformando en un suceso trascendental de mi historia.

 

Hoy no te tengo para ir juntos a Avenida La Plata, pero lo primero que sentí cuando se confirmó que los franceses dijeron “sí”, fue tu mano apretándome fuerte. Sé que si andás por ahí estarás disfrutando este momento. Yo solo puedo decirte, más de treinta años después, “Volvimos. Ya está, viejo”.

 

* Periodista, editor, comunicador. Socio refundador de  San Lorenzo. Autor de “Postales de una pasión”. Coautor de “San Lorenzo: Del Infierno al Cielo”, donde aparece originalmente este artículo, y “Campeón de América”. (@carloscordoni)

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La universidad popular de Boedo

29/Mar/18

Recién a los veintiséis años, allá por 1969, Osvaldo Soriano pudo conocer el Gasómetro. Se lo había imaginado mil veces, pegado a la radio, releyendo crónicas de El Gráfico, gastando con la mirada la misma foto donde Sanfilippo –su ídolo de siempre– le hacía un gol de taquito a Boca. Cuando pisó los tablones invencibles, todavía sin imaginar su futuro de best-seller y reverenciado escritor, se sintió en el Coliseo Romano. Porque el Gasómetro, más que una cancha, era un mito.

 

Recién a los 29, allá por el 1929 (porque nació al compás del Siglo XX), Roberto Arlt fue por primera vez a una cancha de fútbol. En serio. Y así comenzó su relato: “Ustedes dirán que soy el globero (mentiroso) más extraordinario que ha pisado (el diario) El Mundo por lo que voy a decirles: ayer fue el primer partido de fútbol que vi en mi vida; es decir, en los 29 años de existencia que tengo, si no se cuentan como partidos de fútbol esos con pelota de mano que juegan los purretes y que todos, cuando menores, hemos ensayado con detrimento del calzado y la ropa…”.

 

Su debut fue en el Gasómetro, para la final de la Copa América que ganaría Argentina. Así tenía que ser. El hombre que partió en dos la narrativa argentina, enarbolando como bandera una de las prosas más potentes jamás escritas por estos lares, se entusiasmó poco por el fútbol. Pero quedó admirado con el Templo. Y algo más: “¡La pucha si hay lindas muchachas en esta Avenida La Plata!”, cerró su comentario. A lo Arlt.

 

Para él, ése coloso de madera y hierro resultó una revelación. Tratándose del perspicaz Roberto, no poco orgullo nos envuelve. José González Castillo fue uno de los inventores del tango tal como lo conocemos hoy. Poeta, dramaturgo, director de teatro, fundó la segunda universidad popular de la Argentina: la Universidad Popular de Boedo. Miles de maravillosos creadores pasaron por sus aulas. Se inauguró apenas dos meses después de que San Lorenzo firmara el boleto de compraventa por los terrenos del Gasómetro, en 1928. En ambos escenarios, bajo el mismo cielo diáfano de Boedo, los maestros daban cátedra: el Ciclón era, en ese momento, el primer campeón tras la unificación del fútbol argentino. Cátedra de Artes. Cátedra de Fútbol.

 

En los cafés de Boedo conversaron Homero Manzi y Cátulo Castillo; en la biblioteca Miguel Cané –la primera Municipal de Buenos Aires– Jorge Luis Borges escribió algunos de sus cuentos más célebres. Bajo las estrellas de este barrio, a Leónidas Barletta se le ocurrió crear el Teatro del Pueblo. Y en las manos de sus lectores, las páginas de la editorial Claridad olían a lunfardo, a perfume anarco, a proletariado vivo y representado al fin, en la vereda del Grupo Literario donde Castelnuovo, Yunque y Tiempo se tiraban a los pies, rasposos, antes cada firulete de Florida. Y ganaban a lo San Lorenzo.

 

Me contaron de las milongas de Troilo y Pugliese, de los carnavales iluminados por Sandro, de los novios que se enamoraron allí, bajo las lucecitas de la Avenida interminable… Y de aquella vez, en 1973, cuando un joven llamado Gustavo Cerati fue al primer recital de su vida: tenía catorce años y tocaba Carlos Santana… en el Gasómetro, claro.

 

Ahora sabemos de los encuentros de Viggo Mortensen –actor, poeta, embajador multicultural del saber sanlorencista– y Fabián Casas, siempre en el bar San Lorenzo, en Avelino Díaz y Avenida La Plata… Y de las pinceladas imbatibles del Grupo Artístico de Boedo, las estrofas de la Escuela de Tablones, la prosapia fantástica de los Cuervos de Poe (al olvido, un rotundo nervermore) y el manifiesto azulgrana de La Soriano, porque esto sigue, muchachos, esto es eterno, el sentimiento y el aire que se respira, tan dulce como una gambeta del Pipi. Pronto, muy pronto, la última utopía emergerá de su propio destino. Y allí enfrente, con pies de cemento y alas de Cuervo, se posará un nuevo estadio, igual y distinto, para inspiración de estos pibes que aprendieron a amar a San Lorenzo.

 

*Periodista y escritor

Autor de “Hermano Cuervo”

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