Me acabo de clavar un cuarto de helado: mascarpone, sambayón y dulce de leche tentación, uno que trae trocitos de merengue. Con algo tenía que bajar el gran triunfo de hoy, en un match que en los papeles pintaba como el más duro de las últimas semanas. De hecho, si en la previa nos servían la planilla con el empate, yo creo que un gran porcentaje de cuervos estampábamos firma y aclaración. Lo cierto es que, mientras se arrima la medianoche, ingreso a promiedos, clickeo en la pestaña de la Copa Libertadores, deslizo lentamente el mouse hasta las inmediaciones del Grupo F, y ahí está el líder San Lorenzo, primereando la tabla, aventajando incluso al temible Palmeiras. Y sí, estimados, estimadas, algunos me acompañarán en el sentimiento, otros no, pero yo me dispongo a reivindicar al equipo de Almirón, en esta epístola cibernética basada en lo que hemos visto en la tardenoche del Bidegain. Como le expresé hace un rato a mi compañero Gamallo, cronista estrella de La Soriano, pienso que es un buen momento para dar rienda al optimismo en Boedo. Sin especular con el devenir de los acontecimientos, que en definitiva esto se trata de fútbol. En síntesis, propongo que disfrutemos un poco de este momento.

 

Me sincero: algunas fechas atrás, no daba dos mangos por el pibe Herrera. Me pareció haberlo visto desconcertado en un par de ocasiones, incluso desganado, y aquella roja infantil contra Argentinos Juniors, en un momento delicado del equipo, me había hecho enojar con él. Es cierto que ya insinuaba las ganas de pasar al ataque, con la torpeza propia del que está haciendo sus primeras armas. Bueno, bienvenida sea la monumental tapada de boca que me está pegando. El pibe de Corrientes se está plantando en una banda derecha que, de a poco, comienza a tener su nombre tallado. Se manda al frente como loco y nos está acostumbrando a esas diagonales que quiebran los esquemas y que lo ponen en las cercanías del arco rival. Y te sacude lindo. Y andá a cantarle a Gardel. En la otra banda, el tucumano Salazar pasó la prueba de jugar a pie cambiado, lo hizo bien y dejó la cancha dándole puñetazos a la camilla, porque tenía ganas de seguir demostrando lo que tiene para dar. Coloccini y Senesi son dos centrales del carajo que tenemos la suerte de contar entre nuestras filas: son los primeros armadores de juego, incrustándose en el campo contrario y buscando un pase filtrado que habitualmente llega a destino. Si los laterales siguen afianzándose -Pérez también se mostró seguro cuando ocupó la banda izquierda-, tengo la impresión de que vamos camino a tener una defensa muy sólida. El colombiano Loaiza se acopla bien en esa estructura, cuando los centrales comienzan a cranear el ataque azulgrana.

 

Delante del 5, Castellani no se termina de soltar y alterna buenas y malas. Su rol como socio de Román Martínez todavía parece insuficiente, y eso se pone de manifiesto en la falta de alternativas de mitad de cancha hacia adelante, porque nadie va a negar que no tenemos un ataque holgado ni una galera llena de trucos en posición ofensiva. Estamos con lo justo: la buena noticia es que, por el momento, nos está alcanzando para zafar de esta racha que parecía eterna, y para empezar a proyectarnos con un poco más de calma. Román demuestra partido a partido la calidad de jugador que es, marcando goles, aclarando el panorama como Arjona, habilitando compañeros, generando infracciones cuando el partido lo pide -como hoy- y colgándole amarillas al rival. Mismo mérito para el capitán, que, a falta de situaciones concretas para marcar, en el segundo tiempo se las ingenió para provocar la embestida de los verdes y bajar el fuego de la hornalla cuando lo necesitábamos. Lamentablemente, volvió a salir con una dolencia muscular que seguramente será desgarro y parate.

 

Una vez que abrimos el marcador, con el zapatazo de Herrera, el equipo aguantó el trámite del cotejo sin aprisionarse contra su arquero Monetti. Hubo, incluso, un manejo sobrio del balón durante los últimos diez minutos de juego. Nos falta dar ese paso, atrevernos a liquidar los partidos. No era hoy la ocasión de andar haciéndonos los guapos. Creo que se jugó el partido que se tenía que jugar. Si no me equivoco, de los últimos cinco disputados, ganamos 3, empatamos 2 y no hemos sido derrotados, ¿verdad? Dirán que los ganamos de pedo y que no marcamos más de un gol. Bueno, siempre dirán algo. Yo remarco mi entusiasmo por el momento del equipo. La buena noticia de hoy no es solo que se va afianzando un once titular, sino que en este golpe de confianza se empieza a forjar el plantel. Ferrari, Elías, Insaurralde, Gaich, Barrios, incluso Alexander Díaz, están a tiro, para entrar y jugar. La otra buena noticia, por cierto, es que el viernes se acaba el martirio de la Superliga. Que se alargue entonces la racha en Tucumán.