Una vez más (seguramente no sea la última), los hinchas y unos pocos dirigentes con valentía dieron la pelea contra el avance privatizador en el futbol argentino. Esta vez fue especial. No fue como aquella votación de Comité Ejecutivo en 1999 que terminó con 34 votos en contra y uno, el de Mauricio Macri, a favor. Eran los años 90 y las privatizaciones parecían ser la solución a todo, es cierto, pero la AFA estaba dirigida por el hombre con más poder de la historia del fútbol argentino y Macri todavía no hacía pie en el fútbol. Hoy Macri es el presidente, tiene mucho peso en AFA y controla los resortes de la justicia. Al menos por ahora el empresario no podrá concretar algo que ya es una obstinación.

Fue todo sólo un rumor, y tal vez haya sido el intento que más posibilidades tuvo de terminar abriéndole la puerta a las Sociedades Anónimas al fútbol argentino. Se decía que en la próxima reunión de Comité Ejecutivo se iba a convocar a una asamblea extraordinaria para reformar el estatuto para permitir su ingreso. Nadie nunca lo hizo oficial. No hubo ninguna declaración institucional ratificando o negando lo que todo el mundo sabía a voces. Se escudaron detrás de un silencio que olía a podrido: una práctica habitual del operador en la justicia del gobierno, Daniel Angelici. Pero al silencio oficial le siguió el silencio de la mayoría de los dirigentes. Rumores de todo tipo y poroteos (siempre extraoficiales) empezaron a preocupar a los hinchas. Los que decían estar en contra del ingreso de las SAD no decían públicamente que iban a votar en contra del proyecto. Circularon versiones de presiones de todo tipo. El anhelo de Macri parecía cerca de concretarse.

Pero la movilización de diversas agrupaciones involucradas en La Coordinadora de Hinchas, de la que formamos parte junto con la Subcomisión del Hincha del CASLA, comenzó a visibilizar el problema Y un grupo valiente de dirigentes salió a dar la cara y se opuso abiertamente. Los cuervos y cuervas tuvimos un rol clave. Una publicación en las redes de Matías Lammens rechazando el proyecto provocó en pocas horas decenas de miles de adhesiones. La declaración de Lammens, casi en soledad, fue crucial; porque era el primer rechazo explícito de un club grande de Primera (días después se sumaría el descargo de nuestro vice, Marcelo Tinelli) y porque contenía argumentos sólidos. Lammens se constituyó de hecho como el líder del grupo opositor.

Las voces de rechazo comenzaron a propagarse y los dirigentes de Vélez, Independiente, Gimnasia, Lanús y varios del ascenso expresaron públicamente su rechazo. Sin embargo, lo que terminó de resolver el asunto fue el repudio generalizado que comenzó a aparecer en forma de cantitos en las canchas. Fue la popular de Vélez la que inició las protestas al grito de “El club es de los socios”. La estocada final la dimos otra vez los cuervos el lunes: “Macri delincuente / San Lorenzo no se vende” prometía ser el nuevo hit del verano, algo que al gobierno no le agradó escuchar.

Finalmente, el martes se conoció que el Comité Ejecutivo no incluyó el tema en el orden del día de la Asamblea Extraordinaria que se realizará el 29 de noviembre. Una gran victoria para aquellos que nos resistimos a la compra-venta de nuestros colores. Una lucha más en la que los cuervos y cuervas nos destacamos. Porque vamos a defender hasta lo último los colores de nuestros padres y abuelos, incluso si intentaran volver más adelante con el mismo proyecto o similares. Porque estamos orgullosos de ser del club bandera de la resistencia contra la privatización del fútbol.