Los que esperábamos ver la consolidación de una idea nos tuvimos que quedar con las ganas durante el primer tiempo. Un año del Pampita en el banco, octavos de final de copa Sudamericana, chárter a Montevideo y parece mentira pero nos enrolamos en un quilombo total.
Arrancó muy bien la pampaneta con una triangulación que inclusive invitó a otorgarle al DT un gran mérito retrasando a Reniero quien devolvió sutilmente una pared con Mouche, centro al fondo y volea de Botta apenas desviada. Un error tonto del mayor de los Rojas con el equipo desplegado en ataque produjo un innecesario contraataque que termino con gol de Zunino. 1 a 0 para el local en 10´. Si había algo que había que impedir era que te metan un gol en los primeros quince minutos. San Lorenzo mostró su peor rostro: no defendió inteligentemente, no se cuidó, sus delanteros extremos siguen sin presionar a los laterales rivales y estos constantemente nos bombardean a centros con nuestra defensa indefensa cerca del arquero. Se mostró desabrido. Ni controló el partido desde la posesión ni se colgó del travesaño con dignidad. Fue sorprendido por la tormenta más anunciada del siglo. Una pena: mostró una cara insípida e incomprensible. Para colmo de males el capitán Blandi se retiró lesionado.
Mucho para conversar. Mucho para replantearse, Pampita.
El segundo tiempo tuvo una tónica parecida. Nuestra escuadra se lució endeble. Sin consistencia, sin liderazgo y con poca fortuna. El fútbol sudamericano es localista y así fue este partido, muy rara y discutible la expulsión a Merlini y todas las divididas para el local. No hay manera de ganar cometiendo errores infantiles como el que desembocó en el gol de Bergessio. Otra pelota perdida en salida agarrando al equipo mal parado, pelotazo, mano a mano y gol. Teléfono para el Pampa. San Lorenzo repitió todos sus defectos y ninguna de sus virtudes. Se lo pudo observar desordenado, con muy flojos rendimientos individuales, sin presionar, defendiendo mal y tarde, desangelado y sin personalidad. Estático frente al esfuerzo del compañero. Dubitativo en la salida. Como en aquella llave con Aguirre contra Lanús por Libertadores fue muy superior en la ida y muy inferior en la vuelta.
Nos traemos un 2 a 0 justo y merecido que pone las cosas en su lugar.
El sueño de pasar la llave y avanzar en la copa, de consolidar este proceso con un técnico del club, con jugadores de las inferiores estaba latente. Es siempre una posibilidad. El proceso del Pampa ha mostrado momentos líquidos que exponen la inmadurez del plantel. O el Pampa no encuentra interlocutores entre sus jugadores más experimentados o el mensaje no existe. Ninguno de ellos es capaz de asumir el liderazgo dentro del campo y manejar los tiempos de un equipo. El equipo ha tenido momentos gaseosos. Ha sido explosivo y ha mostrado su poder de gol y su practicidad para complicar rivales. Con toque y gol, de la nada, como una reacción química.
Seria fácil exponer simplemente a Biaggio y decir que cómo pudo pensar que Alexis Castro iba a comandar al equipo en un momento de tormenta. Pero es real que no hay mucho para poner en el banco. Qué sentido tiene hablar ahora de lo estéril que es Mouche y del llamativo bajón en el rivel del mayor de los Rojas. Poblete jugó mal y el equipo en general se mostró descoordinado y sobrepasado por el marco. Los laterales se muestran frágiles y los hombres que tienen adelante sistemáticamente y sean quienes sean no los ayudan. Perdemos un sin número de pelotas en la salida. Qué sentido tiene ahora entre tanto vacío reparar en que estuvimos tan cerca de algo que quizás nunca nos merecimos. El fútbol es todo presente. Los que esperábamos ver la consolidación de una idea, un camino, un modo de hacer las cosas o al menos una forma de jugar nos tendremos que quedar con las ganas. El tiempo del Pampa ha sido líquido, ha sido gaseoso pero no ha logrado ser sólido. El equipo no termina de aparecer más que por momentos. Dura derrota, Ciclón. Ojalá sirva.