Bien, míster. Muy bien. Se tenía que hacer y se hizo. No era cuestión de guapeza ni de grandeza. Las ideologías aplicadas al fútbol las podemos dejar para más adelante. A River no se le juega de otra manera. Lo dicen los números: te aplasta de visitante, porque en casa todos salen a buscar el partido sin ver quién está enfrente, pero le cuesta de local, cuando el rival sube la guardia y aguanta los embates, esperando un descuido del campeón para conectar.

A los 15, Adolfo bajó la pelota en el área y en el mismo movimiento dejó pagando a Pinola. Alguien más intentó frenarlo infructuosamente, y Armani será buen arquero pero tampoco la pavada. Bombazo al techo de la red y a cobrar. La cosa empezaba a darnos resultado. San Lorenzo jugó todo el partido igual. No es que arrancó de una manera y mutó según el resultado. No. Jugó a lo que jugó, como todos vimos.

Hay una remontada anímica y actitudinal. En Tucumán, dos fechas atrás, creí estar viendo la misma película de todos los fines de semana, desde hacía un par de años. Una tipo La Ciénaga, de esas que te ponen al borde del ataque de pánico. Después, con Patronato, qué sé yo, fue una cosa extraña, pero uno tenía la impresión de que esa mini rachita virtuosa era clave para fugar de la caverna y reencontrarnos con el mundo luminoso. Venía River, y todos sabíamos que íbamos a Núñez a jugar nuestra ficha, perdidos por perdidos. No hace falta recordar las nefastas estadísticas que llevábamos en la mochila. Bien Monarriz. Un aplauso para nuestro DT.

Me hubiera gustado, si me pongo fino, haber podido sostener la bocha durante el agregado, cuando ya estábamos con dos tipos más en cancha. Intentar llevar el partido hasta la mitad y a los rincones del campo. Bah, si es por pedir, me hubiera gustado que entre la que tuvo Menossi para liquidar el match: ¡qué panzada hubiera sido! Pero, bueno, ya estaba la suerte echada. El problema lo tenían ellos, y nosotros morimos con la nuestra.

Vienen de remontada los hermanos Romero. Óscar se los comió anímicamente durante los últimos 20 minutos de juego y ese barullo mental que se armaron nos dio un poco de oxigenación. De la mano de Gonzalo y Coloccini, la defensa se empieza a acomodar. Más allá de esos dos bombazos que nos cayeron al área en tiempo de descuento y que no fueron gol porque el diosito estaba de nuestro lado, me dio la impresión de que no sufrimos tanto las marcas como nos venía pasando. Es más, estamos generando un buen poderío cuando tenemos pelotas paradas a favor, porque incluso Ángel y Pitton demuestran ser agresivos en el juego aéreo.

Me sigue gustando el planteo de Monarriz. Dota al equipo de mucha elasticidad, para plegarse y para atacar en bloque, como si fuésemos un bandoneón, y me parece una apuesta práctica e inteligente. Cuando todavía nos seguíamos fumando a Pizzi (¡qué cosa increíble!), reclamábamos a gritos que ponga un equipo y se la banque. Bueno, eso es lo que hace este entrenador: pone un equipo y se la banca. Este abroquelamiento defensivo era menester, para salir del pozo al que nos había mandado el DT de las ideas progres. Había que rearmar el equipo de atrás para adelante. Había que lograr que nuestros jugadores hundan los pies en la tierra y sepan a qué están jugando, porque, por más que se le quiera dar vueltas al asunto, esa es la manera de agarrar confianza y de que la cosa funcione. Ojo, con una pretemporada encima y un plantel más afianzado, el concepto de equipo puede variar, y tampoco vería mal que así fuera. No pienso en ninguna locura, sencillamente en mover ese tercer central hacia la mitad de la cancha. Pero el míster es el míster y yo tanto de fútbol no sé. Por lo pronto, soy de la idea de valorar el trabajo hecho, cuando uno ve que las cosas se empiezan a dar.

Como pasó en su momento con el Pampa, este entrenador tiene un ojo puesto en las canteras del club. A diferencia del Pampa, creo que este entrenador tiene una idea más sólida de lo que pretende. Repetimos equipo después de mil años, y ese equipo que no se tocó, ganó los dos partidos que jugó. Pienso que no necesitamos ningún refuerzo, a menos que se nos desarmen las líneas. Hay que seguir dándole confianza y rodaje a los jugadores que tenemos, que son buenos. Si logramos esa amalgama perfecta entre experiencia y juventud, como diría Arjona, pienso que vamos a andar muy bien. Tienen que volver a enamorarse de la camiseta y a sacrificarse en cada pelota, como anoche. Porque, como dice el Indio, “un par de sienes ardientes, son todo el tesoro”.