La previa del partido contra el Madrid venía difícil. Un solo supermercado, Carrefour (ejem), y toda la bebida caliente. Esto hacía que extrañara al chino de la esquina de casa. A medida que circulaba el alcohol subía la temperatura.
Para ir a la cancha conseguimos una especie de moto con caja atrás en la que entraban 8 personas y ahí fuimos: la primera loma de burro tuvimos que bajar dos para empujar.
Faltando 20 cuadras para llegar a la cancha nos paró un semáforo y el cuervazo que iba atrás con la bandera era el que estaba más borracho de todos. Entonces no fue difícil para el niño de aproximadamente 8 años robársela y salir corriendo.
En ese segundo se bajaron cuatro y una señorita (que estaba embarazada y no lo sabía todavía) en búsqueda de aquel travieso marroquí.
Esa corrida fue inolvidable, con varios kilos y bebida de más fue difícil atraparlo entre calles laberínticas.La corrida desembocó en un especie de barrio marginal que estaba lleno de gente que se sorprendió al ver 4 personas vestidos enteramente de azulgrana. No tardaron un minuto en rodearnos. Entre insulto va, insulto viene y sin entendernos absolutamente nada, presagiamos un final oscuro.
Fue en ese instante que apareció milagrosamente el conductor de nuestro viaje ynos hizo unas señas que entendimos perfectamente. La traducción fue mas o menos así: “déjense de romper los huevos, vuelvan a la moto que yo les arreglo esto”
Y sí. A los 5 minutos volvió con nuestra bandera. Absolutamente nadie le preguntó como la consiguió, total no íbamos a entender nada.
El viaje siguió y el resto es otra historia.