“En algunas tertulias en la web y en los programas de estudio de profesores se habla de una nueva camada de escritores argentinos. Hablan, pero no los leen. De ese montón de jóvenes escribas irreconocibles, Enzo Maqueira es el que más se destaca. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, sabe escribir y sobre todo tiene un gran don para todo novelista que se precie de tal: sabe de qué escribir y cómo hacerlo”. Es la definición que Washington Cucurto da de Enzo Maqueira (1978, Buenos Aires), a raíz de su libro “Electrónica” (2014), en el que describe con agudeza los problemas urbanos de la clase media argentina, su relación con la trascendencia, las muertes, las drogas, el sexo, el reviente, las salidas.

Enzo es hincha de San Lorenzo, compilador de “Cuentos Cuervos”, y suele ver los partidos del Ciclón desde la Platea Sur del Pedro Bidegain. Como todas y todos, sufrió la larga sequía de partidos sin ganar y ahora se toma revancha. En este ida y vuelta con La Soriano, habla de su temprana vinculación con el club, repasa sus inicios en la escritura, y da cuenta de su relación con Boedo, Soriano y el mundo de la literatura.

¿Cuál es tu primer recuerdo de San Lorenzo? ¿Se vincula en algo con el mundo de las letras? ¿Tiene un origen familiar/barrial?

 

Hay una foto en algún cajón de la casa de mis padres: soy yo, a los ocho o nueve años, posando con una pelota de fútbol, el short y la camiseta de San Lorenzo. Esa foto es mi primer recuerdo. Es que al principio no me gustaba el fútbol y San Lorenzo era nada más (y nada menos) que el club del que era hincha mi papá y, por lo tanto, también yo. Pero eso era todo. Me había puesto la camiseta y la pelota para la foto. Después hay otro: un domingo, de paseo con papá, me mostró el solar donde había estado el Gasómetro (creo que todavía no habían construido el Carrefour). Y el tercer recuerdo más antiguo fue cuando por fin me empezó a gustar el fútbol, y con papá escuchábamos por radio los partidos de la Liguilla 1991 que le ganamos a Boca, goles de Carrizo en la primera final y del Yaya Rossi en la segunda. Por entonces yo tenía 13 años, y San Lorenzo -que era una pasión heredada-, se convirtió en mi pasión también.

 

¿Cómo y cuándo empezás a escribir? ¿Qué fue lo que te motivó? ¿Qué contexto político-social había en ese entonces?

 

Poco tiempo después de que mis maestras de Primaria me enseñaran a combinar las letras, ya quise escribir algo parecido a la literatura. Creo que me motivó ser un chico bastante tímido, retraído, que se sentía ajeno a sus compañeros. Como dije, no me gustaba el fútbol; y no era lo único que no compartía con ellos. En general, era un chico bastante raro. Me aislaba y me sentía incomprendido, y tampoco comprendía a los demás. Todo eso fue en el contexto de un colegio católico de varones, en el final de la dictadura y el comienzo de la democracia. Sentí más la opresión de la primera que la liberación de la segunda. El clima en el colegio era bastante marcial. Creo que mi tendencia a aislarme y el contexto opresivo y represivo sentaron las bases para que necesitara expresarme a través de la literatura.

– Electrónica (2014) y Hágase usted mismo (2018) tienen elementos comunes: la juventud que ya deja de ser tal para los protagonistas, problemas familiares de diversa índole, la pregunta sobre la trascendencia, los vicios, etc. ¿Son dos novelas continuadas? ¿Estás trabajando en algo que pueda terminar una trilogía?

 

No están pensadas como novelas continuadas. Son parte de una obra que, sin que nunca me lo propusiera, está yendo por ese lado: una especie de testimonio de las obsesiones de los hijos de la clase media aspiracional. Mi educación formal e informal, incluso mi educación sentimental, floreció en el menemismo. Mi familia hizo el recorrido hoy utópico desde la pobreza hasta el departamento propio, el Renault 12 y el viaje a Miami. Clarín fue nuestra Biblia. Éramos “la gente”. Y no importa qué escriba, cuál sea el tema, cuáles los personajes o las motivaciones, todo eso aparece, lo busque o no.

– Osvaldo Soriano fue uno de los escritores más grandes que dio este país. Y además fue un fanático de San Lorenzo, que intentó, cada vez que podía, camuflar sanlorencismo en crónicas, cuentos, novelas. ¿Qué valoración tenés sobre su obra y su legado?

 

Todo lo que leí de él, que no fue tanto como se merece, me emocionó, me hizo pensar y todavía lo recuerdo. Son tres pilares en la valoración que uno puede hacer de un autor. Quizás nunca me impactó, como sí lo hicieron algunos otros autores. Pero sin dudas Soriano está presente cada vez que un penal se alarga más de la cuenta, o cuando busco referencias de los vínculos entre literatura y periodismo, o cuando intento comprender una época.

– ¿Con qué otros escritores/as cuervos tenés vínculo? ¿Se comunican después de los partidos, como supo hacer Fabián Casas con Viggo Mortensen?

 

Tenemos un grupo con los autores de Cuentos Cuervos, la antología de relatos escrita por y para hinchas de San Lorenzo que salió en 2014 (y con cuyas regalías compramos varios metros cuadrados para la Vuelta a Boedo). Este último tiempo nos cansamos de putear, pero ahí estamos. Con Horacio Convertini, además, compartimos un chat de la Platea Sur. También muchas veces nos sentamos juntos. Lo mismo con Carlos Santos Sáez, poeta y editor, mi compañero de cancha desde hace diez años. Y nos cruzamos más de una vez con Haidu Kowski. Otros que veo seguido son Loyds, Carlos Battilana, Luciana de Luca, Santiago Craig, Diego Paszkowski. Con Marcelo Luján, que vive en España, estamos siempre en contacto.

– San Lorenzo tiene un fuerte arraigo con el barrio de Boedo, del cual fue expulsado durante la última dictadura cívico-militar. ¿Qué es para vos Boedo, que supo ser también el nombre de un grupo de los intelectuales más destacados del Siglo XX de nuestro país?

 

Una tierra mítica. Nuestro paraíso perdido. Cuando pienso en Boedo, pienso en que es uno de los últimos barrios donde todavía uno puede ver vecinos tomando mate en la vereda. Tiene algo de familiaridad, de calma, que me provoca mucha nostalgia de una Buenos Aires que ya no existe, pero que vive en esas calles. Poner un pie en Boedo es entrar en otra realidad, en un mundo que no salió tan mal como esperábamos.

– Del 5 al 14 de Julio próximo competís en la Semana Negra de Gijón, el festival de literatura policial más antiguo de España, con “Hágase usted mismo”. ¿Qué expectativas tenés? ¿Te pone más nervioso concursar o ver una tanda de penales del Ciclón por Copa Libertadores?

 

Nada en la vida me puso más nervioso que una tanda de penales de San Lorenzo (excepto cuando los pateaba Ortigoza), así que no creo que eso cambie. Tengo pocas o nulas expectativas. No soy un tipo acostumbrado a los premios, ni siquiera a las nominaciones. Hace años que no participo de ningún concurso. Este caso fue una excepción y estoy tan sorprendido como si hubiera sido un gol del Roli Escudero.

Ping Pong:

Matias Lammens

Un gran presidente. Una persona en la cual confío. Un tipo honesto y comprometido.

Fabián Casas

Nunca lo sentí como una gran influencia, pero me paso citando poemas o frases suyas. A la larga me di cuenta de que sí, que fue una especie de hermano mayor para mí y para buena parte de mi generación.

Claudia Piñeiro

Una gran persona y una talentosa escritora. En el último tiempo, además, una escritora comprometida. Claudia vino a terminar con esa idea muy retro posmoderna de que los escritores no tienen que comprometerse con su realidad. Recuperó el legado histórica de grandes como Cortázar o Lugones, por citar sólo a dos de tantos.

Viggo Mortensen

El mejor actor del mundo. El yanqui más amado. El cuervo más famoso. Además es lector, escribe y dicen que es un tipazo.

Julio Cortázar

Un padre literario. Una influencia. Una ética. Una filosofía. Tengo un cuadro con su imagen y le hablo seguido. O eso quiero creer.