¿De qué juega Reniero? ¡Por dios! No acompaña al nueve, no agarra la pelota, ¡menos mal que lo sacaron! (Ahre). Perdón, es la costumbre. Escribí sobre Reniero cerca de veinte crónicas y en las últimas ya me sentía como Popeye sin espinaca. Por suerte, ahora el problema lo tienen nuestros colegas racinguistas (por cierto, ¡cómo me gustaría leer esa crónica de Avellaneda!).

En lo que a mí me toca, vengo a traerles una buena noticia: ¡Tenemos un equipo de fútbol competitivo! Todo bien con la vitrina del Básquet y con el Pipo pateando tiros libres en el Senior, pero ya era hora de que nos pongamos a tono en el césped del Pedro Bidegain. Bueno, tampoco es que lo que vimos hoy es el éxtasis futbolero, me dirán, y yo les daré la razón. Un dos a dos contra Central en condición de local, no parece la punta del Everest. Me refiero a esto: me da la impresión de que, ahora sí, está habiendo una comunión entre jugadores y cuerpo técnico, y de que ahora sí -enhorabuena- se está viendo un equipo comprometido con el juego, filoso, concentrado en la presión que ejerce sobre el rival para hacerse del balón y con un ritmo más incisivo con la redonda en los pies. Me pasé dos años viendo pases intrascendentes que se evaporaban en tres cuartos de cancha. Cada vez que jugaba San Lorenzo lo veía a mi perro asomado a la ventana, mirando la calle, y sentía que aprovechaba el tiempo mucho mejor que yo.

¡Y encima después me tenía que sentar a escribir una crónica para tratar de explicar eso que todos, y todas, habíamos visto! Hablame de trabajo insalubre.

Pero acá estamos, queridos sanlorencistas, con las esperanzas renovadas, pensando en las crónicas que vendrán. Debe ser que se acerca la primavera, y no me refiero al clima. Debe ser que no me tendré que quemar más la gorra pensando en el Príncipe Reniero. Mientras escribo esto, explota el grupo de WhatsApp de La Soriano: “¡Muerte a Bareiro!”, leo por ahí. “¡No al punitivismo!”, baja la espuma otro compañero. ¿Qué pienso yo? Creo que me dio menos bronca el penal que todo lo que vino después: su exagerado fastidio, su inmensa culpa, su rostro compungido cada vez que la cámara lo ponchaba. No amigo, me parece que no es la manera de arreglar la cagada que te mandaste. Podés lamentarte un minuto, dos, pero después dejá de rompernos las pelotas con tu sobre teatralización, olvidate de las cámaras -me parece que le cuesta- y tratá de seguir jugando a la pelota. Terminó el primer tiempo, lavo los platos, arreglo el mate, me vuelvo a sentar para ver el segundo, sale el equipo a la cancha, ¡y lo veo a este muchacho que se arranca la venda de la muñeca y sigue diciendo no con la cabeza! No voy a comentar más nada sobre su rendimiento porque está a tiempo de demostrar todo lo que tiene para dar. Lo único que espero es que sosiegue y que se guarde el espamento en el bolsillo, porque después de todo lo que me fumé a Bottita, ya andaba pensando en dejar el tabaco.

El primer tiempo fue una bizarreada. Nos llegaron dos veces y las dos nos embocaron. Navarro parecía Torrico en Paraguay: tocaba la pelota nada más que para sacarla de la red y alcanzársela a sus compañeros para que saquen del medio. Un minuto después del segundo de ellos, vino el primero nuestro. Lo hizo Belluschi desde afuera, jusssssstito cuando la tribuna se había resuelto a abuchearlo. No hay mucha paciencia con el Rasta. Yo creo que es el diferente de los nuestros. No necesariamente es el mejor, pero es el que ve cosas distintas, el que sabe más sobre espacios vacíos y el que mejor remata desde media distancia. No es un fantasma que acaba de llegar y vende humo, es un chabón que nos regaló fútbol y nos dio alegrías. Tuvo una lesión rarísima y le costó volver, es cierto. Pero acá lo tenemos. El Perrito jugó un gran partido hoy: su sacrificio ya lo conocemos, sabemos también que tiene gambeta y velocidad. Fértoli no desentonó, pero pienso que es él quien debería dejar el campo cuando entre Óscar Romero.

Me entusiasma esa mitad de cancha: Poblete y Menossi; Barrios, Belluschi y Romero. Me gustan los laterales: Pittón y el Tucumano; creo que redondean una defensa sólida, al margen de las desatenciones que evidentemente hubo durante la primera mitad. El segundo tiempo decayó, pero, así y todo, tuvimos chances de ganarlo. Ahora me acuerdo de la de Bareiro, y de una del Perrito cerca del final. Se consolida un buen equipo. Me gusta lo que veo. Le tengo fe a este técnico que ya nos sacó campeón. Ojalá se vengan lindos momentos de fútbol. El pueblo cuervo lo estaba esperando.