Opaco

Otro momento mágico de argentinidad hizo que el partido se demorara una hora por problemas relacionados al vestuario. Argentinos Juniors trajo la negra, dijo que iba a traer la blanca. San Lorenzo ya no usa el clásico y tradicional pantalón y medias blancas (producto de vicisitudes de marketing y la necesidad de inventar modelos destinados a un casi desaparecido consumo interno) y entre negociaciones y la mar en coche se picó el partido.

El primer tiempo fue una auténtica guerra. Hubo amonestados por todos lados. Por lo demás, lo de siempre. San Lorenzo teniendo el balón de acá para allá proponiendo un partido de 21 hombres metidos en campo rival que siempre termina con Coloccini o Senesi de lanzadores y la incapacidad generalizada de preocupar a los rivales. Ninguna llegada de nuestro lado y dos muy claras para la visita. Un mano a mano que el blondo delantero desperdicio lanzando el balón al palo y una atajada mágica de Monetti en la última bola del inicial. Poco para destacar en un partido parejísimo y muy disputado en cada pelota. Violentado por el circo de las cábalas y la idiotez.

Clima feo y pronóstico reservado. Lluvia, dia gris y nerviosismo.

Almirón sacó a Botta y puso a Alexander Díaz quien aportó más que 9 de los 10 refuerzos que trajeron. Por lo menos no juega asustado. Encara como una fiera y se bancó a los dos grandotes esos que juegan en la zaga central del bicho. Argentinos tuvo otra carambola loca desde un despeje que dejó mano a mano al hijo del funcionario del Pro y ex jugador de Boca Mac Allister, quien tuvo tanto tiempo para pensar que la tiró afuera. Dos veces nos tuvieron para knoquearnos y nos perdonaron.

Las tensiones mal encausadas, la frustración del afuera, la incertidumbre electoral y el riesgo país. La pava empezó a hervir en la norte y por todos lados se oían reclamos para el DT, para los jugadores, para los dirigentes. Nunca vi una persona mejorar porque la putean: la falta de respuesta del equipo, las poquísimas victorias del ciclo y el apagado poder de fuego incineraban la mente de desesperadas personas. La histeria del deporte en su máxima expresión. Todo ese tuco se disipó cuando tras un córner el chico Herrera capturó un rebote, envolvió el diario del lunes que hablaba de tragedia, fracaso y depresión y envolvió la pelota con un extraño y magnífico efecto que se metió de emboquillada por sobre la cabeza del arquero. San Lorenzo ganaba 1 a 0, forzaba los penales y el visitante parecía golpeado.

Fiel a su espíritu exitista el hincha de fútbol cambió su perspectiva y comenzó a celebrar, olvidando toda la indignación del mundo exterior. La calesita de las emociones nacionales siempre tiene una vueltita más.

Tiro libre para el bicho: desde la casa más o menos. Todos esos hombres horribles que tanto habían castigado a nuestros jugadores fueron a buscarlo. Increíblemente cabeceó solo el más feo y pelado de ellos, de apellido Quintana. Se tiró el rubio, palo, rebote para el sin cuello Hauche, zapatazo y gol. Yo me muero como viví.

El fanático volvió a insultar a todo el mundo. A los dirigentes, a Moyanito, al DT, a los colombianos, a Dios y la Virgen. Alguno se acordó de Gaich y de por qué no está ni en el banco. Otros reprochaban haber dejado a Insaurralde y a Pereyra sin mundial juvenil. Los silbidos se escucharon fuerte y terminaron por no poder opacar nada, puesto que no había nada por opacar. San Lorenzo es opaco.

La serie fue muy cerrada, contra el último de la tabla y se perdió. Empate en uno y a viajar a Brasil. Si le ganamos acá, les podemos ganar allá. Tampoco son el Santos de Pelé. 


Diván

Bueno, ¡menos mal que entró Bottita a jugar el descuento y hacerse amonestar! Ahora sí, me quedo más tranquilo. Segunda derrota por la mínima de este equipo de Almirón: un equipo raro, que se para raro, que maneja la pelota raro, que avanza raro y que define raro. Lamentablemente, ya nos acostumbramos, los y las hinchas del Ciclón, a esta manera de jugar displicente, como si los chabones estuvieran ahí porque no les queda otra, pero en realidad quisieran estar jugando a la escoba de 15 con alguna tía abuela. Pero, yo creo que ni siquiera es cosa de Almirón. ¿Cuánto hace que no nos rompemos las manos para aplaudir a nuestros jugadores? Si me apuro, tendría que remontarme a la época de Guede. Recuerdo un primer tiempo en el Gasómetro contra River: los pasamos por encima, les comimos los tobillos y los bailamos; esa noche nos fuimos al descanso un gol arriba por una jugada que tuvo un pase magistral de Ortigoza, una corrida de Mas y una buena ejecución de Blandi. Me acuerdo de la patadita al palo con bronca de Trapito Barovero, que ya había tapado un par de bochas antes, pero con esa no pudo hacer nada. ¿Cómo terminó ese equipo de Guede? Como todos sabemos, vapuleado en el Monumental, por la máquina implacable de Almirón.

Nos habíamos acostumbrado los cuervos a un equipo que tenía una solidez criminal, durante la era de Bauza y un poco más también. Peleando todo y ganando cosas importantes. Y esta vez nos toca acostumbrarnos a algo que tiene mal sabor: a un juego cooptado por la apatía general, sin ganas de morder, sin despliegue de fútbol, con un ritmo cansino que, daría la impresión, nos condena a no pelear nunca más por un título, al menos mientras no vuelva a haber otro volantazo anímico, una inyección de vitalidad en las venas de los muchachos que visten nuestros colores.

Como hemos dicho en el transcurso de nuestras crónicas, nos parece indescifrable este equipo de Almirón. Pero no solamente por los once que para el dt de cara a un partido u otro, sino justamente por lo que se ve después, en el campo de juego. La última crónica que me había tocado escribir, fue la del partido versus Palmeiras, y honestamente esa noche sentía que, bueno, por fin habíamos puesto primera, por fin había aparecido el armado titular y habíamos podido ver a nuestros players agarrando confianza con el balón en los pies. Creí que estaban las condiciones dadas para que empiece algo parecido a lo que todos esperábamos cuando Almirón se calzó el buzo azulgrana. ¿Qué pasó después? Pasó que ese partido, en vez de un arranque, acabó siendo un pico de rendimiento, un pico de solidez, un pico por cierto bastante mediocre. Si era suelo, era un suelo prometedor, pero como pico, fue un pico verdaderamente pedorro.

El partido de hoy me dejó con bronca, pero incluso más con el rendimiento de algunos jugadores que con el armado del dt. Creo que, en la previa, el equipo despertaba simpatías, sin ser un amor salvaje, entre la mayoría de los hinchas: Herrera como lateral consolidado y el pibe Ferrari que había mostrado buenas cosas; Insaurralde acompañando al colombiano en la media cancha; Fértoli y el Perro viboreando en la delantera para nutrir al inmenso Gaich. Más o menos estábamos bien, ¿o no? Sí, el medio campo lo completaba Ariel Rojas, claro, y ahí residía el primer dolor de cabeza para mis sufridos compatriotas del Pueblo Azulgrana. En ningún tramo del partido supimos de qué carajo jugó el ex River -el ex, a secas-: en cada avance nuestro, curiosamente, el hombre andaba boyando por un sector distante de la pelota, ¡y mirá que es chica la cancha de La Paternal, ehh! Si mi olfato no me engaña, no tiene muchas ganas de hacer lo que está haciendo, es decir, de “ser futbolista”. Por otra parte, dudo que esa posición de “interno” sea la que mejor le cabe al pibe Insaurralde: cuando lo puso el Pampa, demostró sus buenos dotes jugando como pulpito, en el lugar de la cancha que hoy ocupa Loaiza, con todo el campo en el radar; aquí, recibe muchas veces de espalda, y en todo caso se tendrá que acostumbrar a los forcejeos que esta posición implica.

Pérez sumó su granito de arena a la apatía de la que hablaba antes. Hay cosas que uno no puede entender, de un futbolista profesional que ya dejó atrás su etapa de juvenil: promediando el segundo tiempo, un atacante de Argentinos cubría una pelota que salía mansita por la banda y tenía destino de lateral en ataque para el rival. Este muchacho Pérez, no tuvo mejor idea que barrerlo desde atrás, estimo que para adueñarse del balón, y lo único que consiguió fue transformar ese lateral en contra en un peligroso tiro libre que luego cayó en el área de Monetti, por suerte sin consecuencias. Perdón que haya gastado tantos renglones en describir una jugada aparentemente intrascendente, pero lo remarco porque considero que es un cabal ejemplo de cómo algunos de nuestros jugadores no se toman su trabajo con seriedad. Papelito Fértoli, pobrecito, lo soplaban y se desplomaba. Nos engañó en sus primeras dos o tres apariciones con la casaca cuerva, porque, incluso, venía de marcar algunos goles en Ñuls, pero, evidentemente, ahí tenemos otro caso de diván, que se le suma a Botta, a Alexis Castro, a Maguito Merlini, a Facundito Quignon, y siguen las firmas. Y tengo que hacer una mención especial para el tremendo de Castellani: entró a jugar los últimos 45 e hizo “todo mal”, y le pongo comillas para que se entienda que fue exactamente así: todo mal. Creo que la única bola que no perdió fue una que jugó hacia la derecha, aprovechando una subida de Herrera. Excepto esa, las dilapidó todas, al estilo Mussis, y pudo habernos generado muchísimos más quilombos de los que tuvimos.

Otra tarde para el olvido. Muchos jugadores que no dan la talla del club. Historias que se repiten hasta el cansancio. Dirán que el DT tampoco da la talla. Quizá tengan razón, todavía no lo sé. Yo quisiera que el propio Almirón tenga pasta para dar vuelta la tortilla e imprimirle a nuestro San Lorenzo una identidad futbolera que se le arrime a ese Lanús que nos comió crudos en Núñez. Lo cierto es que hemos vuelto a subirnos a la cuerda floja, solitos, sin ninguna ayuda. A veces, pareciera que nos gusta estar ahí, cerca del abismo.


Haciendo pruebitas

Ellos parecían malos. Por donde se los mire. Los centrales revoleaban la pelota asustados. Su mejor jugador tiene un nombre que rima con pedófilo: una letrina. No habían convertido ningún gol en la competición y nosotros no habíamos recibido ninguno. Era obvio lo que iba a pasar.

En medio de esta variopinta situación salió a la cancha el equipo de Jorge. No creo ser el único que no logra entender cuál es el partido importante y cuál no, cuál importa más que el otro. Si los titulares son estos o si eran los otros o si en realidad es todo un plan maestro de Jorge "El Desconcertante".

Los más entusiastas soñaron con un partido de esos aletargados y monótonos a los que nos tiene acostrumbrados caslita. El balón de acá para allá y ni un tiro por lado. 0 a 0 y a sellar la clasificación. Era obvio que no.

Acostumbrados a jugar con un montón de defensores nos sorprendimos con la posición de Peruzzi: wing derecho. Algunos dirán que fue un falso 4: no será este humilde cronista quién diga eso.

También sorprende la virtud que Almirón observa en Salazar jugando con el perfil cambiado.

Como en aquel espejito espejito de la leyenda de Blancanieves: esa belleza solo es perceptible para el sensible y laureado conductor de nuestro equipo. En la era de la auto percepción nadie puede negarle a Jorge el derecho de decir: a mi me gusta ese muchacho jugando con el perfil cambiado.

Pasaron dos cosas solamente en esos 45 miuntos. Un gol típico de los que le convertían al pampita: centro llovido de fácil lanzamiento desde tres cuartos con cabezazo light (perfecto y sorpresivo para el enanito verde) de un jugador de Junior que no vale la pena traer al caso aunque su apellido recuerda a una famosa tribu.

Nos metieron un gol sin demasiado esfuerzo.

Rentería por su parte tuvo una situación clarísima que para su mala fortuna y la de 4 millones de personas, se fue besando el palo. Era de papi fútbol. Toque atrás de Salazar, control (fue muy parecida a la que se comió con Huracán) y definición.

Ojalá el robusto colombiano pueda pronto romper el maleficio que hace que sólo veamos sus limitadas condiciones futbolísticas. Un 9 necesita goles para ser esbelto: un 9 necesita confianza. La gente te trata como te ve, Rente.

Claramente no fue su noche. No parece tener sintonía con los jóvenes. O ellos no la tienen con él. O simplemente es sapo de otro pozo. O por ahí son mis ganas de que le quiten sus privilegios.

Mucho tuvo para hablar Jorge en el entretiempo.

Saltó Gonzalo Castellani y el minúsculo Barrios por Poblete y Peruzzi.

Armó el equipo usual. Con un contención y dos fantásticos en el medio, Salazar y Herrera se definieron como laterales y adelante siguió con la obstinada idea de desaprovechar a Reniero pegado a la raya.

Tuvimos el balón. Ellos no eran la gran cosa. Tenían miedo.

Sólo Barrios nos depertaba cada tanto de la modorra cuando gambeteaba rivales y generaba algo llamado velocidad.

La velocidad es una relación que se establece entre el espacio que recorre un objeto (o persona en este caso) y el tiempo que le demanda. San Lorenzo no tiene nada que ver con la velocidad. Son dos cosas totalmente diferentes.

Gaich ilusionó con diagonales y empujones pero tuvo poco tiempo para mostrarse.

Sobre la hora Rentería selló su mal momento haciéndose echar tontamente un instante antes del pitido final del referí.

Ellos eran malos y nos ganaron con muy poco. San Lorenzo careció de la rebeldía que se necesita. Tal vez por los intépretes. Tal vez por regalar un tiempo con nuevos y asombrosos experimentos. Con extravagancias.

Llegar sin la soga al cuello a la ante última fecha del grupo de Copa es algo inusual para el sanlorencismo. Haber rifado la posibilidad de ganar el grupo también. Una de cal y una de arena.


Compremos a Barrios

En la previa no se sabía quién quería jugar menos este clásico: si Almirón o Mohamed. Ambos han tenido que enfrentarse al comenzar el semestre y tampoco querian hacerlo. La oportunidad de vapulear al clásico rival y ganar un poco de aire en medio de las sinuosas campañas no parecía ser seductor para ninguno de los dos: o parecía imposible. Sin ganas de convertirme en un humano ampliado puedo afirmar que nunca un DT en CASLA empató 3 veces seguidas con el globo. Diría más, nunca un DT no le ganó cada 3 enfrentamientos. Y me animo a otra: nunca vi un San Lorenzo tan metido atrás en el Ducó.

A favor de Jorge El Laureado podemos decir que hace 9 partidos que no pierde ni recibe goles. Desde el papelón en cancha de Boca ha cerrado su arco. Es un punto muy alto y valorable en este fútbol argentino que define los partidos en pequeños descuidos de su rival. El asunto le costó el puesto a Biaggio quien cuando perdió su solidez defensiva vio resquebrajar todo su plan de juego.

El partido fue levemente menos aburrido que el de la ida. San Lorenzo no tuvo una de esas noches calladas y silenciosas en las que toca el balón de lado a lado sin parar ni conseguir profundidad alguna. Como un largo monólogo de Stand Up que no logra hacer reir ni identificación alguna entre la audiencia.

Llamó mucho la atención la conformación del once inicial y del banco de suplentes. Ni Gaich, ni Blandi, ni Insaurralde, ni Salazar. Tampoco estaba Torres. Botta y Rentería de entrada. El banco era Gonzalo, Damian Perez, Poblete, Peruzzi, Reniero y el Tano Ferrari. 2 centrales, 2 laterales, un 5 y un delantero. El equipo no parecía diseñado más que para defenderse y buscar los penales. No logró patear al arco, el arquero rival no atajó nunca un balón durante los 90 minutos. Lo mejor del equipo fue nuevamente el Perrito Barrios. Flojísimo primer tiempo de Loaiza y Castellani. El equipo se vio superado durante los primeros 15 hasta que hizo pie. Sin embargo no logró controlar el partido. Pudo convertir en alguna bartola de Rentería.

El segundo tiempo ya no tuvo al local presionando sino que fue más parejo y aburrido. Entraron Gamba y Barrios para Huracán. Poblete por Castellani (no estuvo a la altura nunca) y Gonza por Román y Reniero por el mágico Botta que estaba empezando a enfintar a propios y extraños con sus vertiginosos cambios de planes.

No se entendió el planteo. En general no se entendió la idea de ir a colgarse del travesaño a la cancha de Huracán. Parece que por momentos Don Jorge no entiende algunas cuestiones que los hinchas de San Lorenzo tenemos muy adentro de nuestro ADN.

Los clásicos son partidos importantes que hay que jugar con los dientes apretados, mucho más con Huracán y con Boca. Todas las respuestas que estás buscando están en el interior del club. Castellani no es mejor que Insaurralde, ni le pesa menos la camiseta. Rentería no está por encima de Gaich. Así como Herrera y Barrios te demostraron que entienden mejor las situaciones del club que Peruzzi y Fértoli.

No somos el Real Madrid ni pobres aspiracionistas como los del rojo: pero no te colgués del travesaño así, amigo. A mi me prometieron que venía un DT lírico y ofensivo y tenemos un experto en cerrojos defensivos.

Sobre el final del match apareció todo el karma que hace de Huracán el club más triste del país. Tiene 25 estrellas que no se saben de dónde salieron. Regaló entradas y no pudo completar ninguna tribuna ¿No tienen un gimnasio techado para jugar? Quizás ese si lo puedan llenar.

Pitana muñequeó y le dió un penal sobre la hora al equipo del turco. Todo el plan horrible de Almirón se puso negro. Si perdíamos este partido jugando con tamaña amargura lo iban a putear de todas las meneras posibles.

Barrios nunca había errado un penal en primera división. Fue, miró al arquero como Ortigoza, canchero y decidido. Nuestro petiso nervioso y fachero arquero esperó hasta el final y como un superhéroe decidido a consagrarse desvió el penal maravillosamente. Esto solamente le pasa a Huracán.

Fuimos a los penales y a favor de Almirón diremos que Rentería definió maravillosamente el de la victoria. Que Monetti atajó otro y que Barrios falló su segundo penal en primera división. Es el momento ideal para comprarlo o bien trocarlo por Torres y Rentería. También les podríamos comprar a Roa y a Gamba. Son 3 jugadores que nos vendrían muy bien y seguramente preferirán dejar de ser por siempre hijos nuestros.


Síganme los buenos

Ahora que ya no tenemos más el corazón en la boca, ahora que el alma nos volvió al cuerpo, sirvámonos una copa de vino y digamos la verdad: ¡qué lindo es el fútbol! Cuando más lo estábamos detestando, cuando creíamos que ya era una cosa irreconciliable, viene y nos sonríe, y nos dá una caricia, y nos demuestra que tal vez nosotros también estábamos un poco equivocados, siempre tan apurados, siempre pretenciosos y malhumorados. Por suerte nuestra hinchada no es tan histérica como otras -amén de lo que pase en las redes sociales- y por suerte nuestra dirigencia volvió a demostrar temple cuando la situación se pone border -amén de las cagadas que se pudieron haber mandado, sobre todo con algunas decisiones de los últimos mercados de pases-. Lo cierto es que fuimos capaces de aguantar la crudeza del invierno y de a poco empiezan a florecer en Boedo los primeros brotes de una prematura primavera.

El mejor partido de Almirón en su corto ciclo al frente de San Lorenzo. Se confirmó una levantada que venía siendo sostenida y que hoy alcanzó un pico. Un pico que, esperamos, no sea la cumbre definitiva de este equipo, sino un eslabón más de esta cadena de buenos rendimientos que ahora sí se puede ver. Ya me meto con los nombres, pero quiero rescatar la que, a mi entender, es la muestra más notoria del crecimiento futbolístico: San Lorenzo hoy fue punzante, los pases no fueron blandos como venían siendo sino que fueron decididos, firmes, bien direccionados la gran mayoría de las veces, incluso buscando el vacío para vulnerar la defensa rival. Y cuando tuvimos que tener la pelota para que transcurra el partido, ahí tampoco fue un toqueteo intrascendente, sino que hubo juego, hubo cabeza, hubo convicción.

Sinceramente, no encuentro que haya habido algún punto flojo entre nuestros once. Gonzalo fue un gran reemplazante de Senesi, al margen de la conversión. Monetti no tuvo grandes problemas, incluso en el primer tiempo sacó al córner un remate de larga distancia que parecía complejo, como consecuencia del único error que cometió Raúl Loaiza, el cinco que volvió a su mejor nivel y que se consagró como una de las figuras de la cancha. Delante suyo, quiero rescatar a Castellani, que arrancó torcido los primeros 15 minutos pero que después se acopló y acompañó bien, ahora sí, a Román Martínez, la otra figura que tiene este equipo de Almirón. Los laterales volvieron a mostrarse firmes y Camilo jugó un gran primer tiempo, atreviéndose, encarando con solidez y complicando a los peruanos. El Perrito Barrios y Nicolás Reniero demostraron, en una sola jugada, el potencial que tienen para nutrir de fútbol el ataque azulgrana: balón recuperado y dominado por el Príncipe, pasados los cuarenta del segundo, triangulación con Nahuel, centro de rastrón, y el petiso que dominó con la suela y la clavó en el segundo palo. Si hasta la semana pasada decíamos que a este equipo le faltaba cerrar los partidos, bueno, una cosa más para que vayamos tachando de la lista.

10 puntos en el grupo F de la Copa Libertadores y una racha de 7 u 8 partidos sin conocer la derrota. Estábamos en el infierno, ardiendo entre las llamas y recibiendo latigazos de propios y extraños, y ahora estamos en alguna laguna escondida, al rayo del sol, rodeados de cantos de sirenas. Es lindo el fútbol. Ojalá el equipo pueda seguir ratificando el rumbo, tenemos con qué. Como tarea, falta consolidar el equipo muletto: el otro día en Tucumán, el que saltó a la cancha no dio la impresión de ser el mejor suplente que podíamos presentar, sino, más bien, un rejunte medio pelo de jugadores que no están con todas las pilas puestas. La base de ese equipo alternativo tiene estar conformada por los pibes del club que alternan hoy entre la reserva y la primera y que andan con ganas de llevarse todo puesto. Tenemos un primer equipo que está primero en la copa y encontrando su mejor nivel, y una reserva que acaba de salir campeona por varios cuerpos de distancia. El horizonte es bueno, más que bueno quizá, por más que nos hayamos llegado a creer que estábamos cubiertos de mierda. Todos queremos más, todos ansiamos volver a festejar en la mítica San Juan y Boedo. Yo vuelvo a sugerir que disfrutemos de lo que conseguimos y que sigamos acompañando como siempre para que las cosas se sigan dando. Mientras tanto, cada vez falta menos para el primero de julio, y ahí también tenemos un buen motivo para juntarnos a brindar.


Punto y aparte

Cuando peleaba Tyson la gente se juntaba, compraba papitas, maní y cerveza. Un quesito Adler y un salamín. Una preparación de horas para un evento que finalmente duraba 10 segundos. El grone salía, le daba una viaba a su rival y listo. El partido del viernes a la noche fue todo lo contrario. Fue lento, aburrido, friccionado. Como una navidad con gente que te cae mal.

A despedir a San Martín de Tucumán fue San Lorenzo a jugar su último compromiso en este olvidable campeonato de primera división. Saltó al campo con la mente puesta en el compromiso del martes por Copa Libertadores con su equipo muletto. La vuelta de Botta y de los colombianos Renteria y Torres como lo más novedoso y con el resto del equipo que viene alternando.

Hubo muy poco para rescatar durante la primera mitad. Practicamente sin llegadas en ninguno de los arcos. El minúsculo Barrios fue lo mejorcito, seguido de cerca por Poblete (quien tuvo la más clara con un tiro bombeado que casi se mete por el segundo palo). San Lorenzo tuvo la pelota pero no logró profundizar ni generar situaciones claras de gol, no corrió demasiados sobresaltos aunque hubo una jugada que bien pudo ser penal para el local pero que el referí no pitó desatando la furia del querido y siempre bien recordado Caruso Lombardi.

0 a 0 y al descanso.

El segundo tiempo tuvo una tónica similar al primero.

Barrios metió magia a los 9 minutos: tiró un caño y gambeteó a un rival. Encaró de izquierda a derecha y tocó para que Renteria defina al medio y permita que el golero rival se luzca aunque sea un poco frente a su público. Hubo otra de Botta. Rubén necesita un gol como un paquero necesita el paco. Es tal vez el único de los que juegan para los suplentes al que no se lo termina de identificar nítidamente como un suplente: es un jugador que se puede recuperar o tal vez ubicar en un lugar del terreno donde pueda desplegar mejor su juego. Este cronista sigue creyendo en vos, Bottita.

Pensando en el martes salió el perrito. En tirar alguna finta con diagonal y asistencia. Hacer un amago y clavarsela al Melgar. En seguir alimentando el mito copero del Bidegain.

El partido termino como empezó, con poquitas llegadas y sin ese soporífero dominio del balón de San Lorenzo. Se arrimó un poquito el santo tucumano pero no llegó a asustar a nadie.

Se termino el torneo, el peor de nuestra historia tal vez.

No es poca cosa. Se habla de que se irán muchos jugadores y no está claro si podremos incorporar. El panorama ilusiona en Libertadores y preocupa en torno a la permanencia. Es una verdadera paradoja la que tendremos que afrontar los sanlorencistas y sobre todo aquellos hombres y mujeres que deben tomar decisiones en estas horas. Ojalá se iluminen y acierten. El mercado de pases será clave y nuestro prestigioso DT debe estar con ganas de contar con algun que otro jugador magistral que le de a este equipo (que logra jugar de la misma manera siempre y eso es algo loable) una gambeta, una cosa imprevista, algo que nos permita por fin tener situaciones de gol en medio de este mar de posesión permanente.

El fútbol tiene estas cosas, uno se dispone a disfrutar de un trago, se sienta en su mejor sillón con expectativas y ganas de desenchufarse de la dura realidad nacional y lo que le devuelve la pantalla es una cosa que dificilmente pueda llamarse "espectáculo" sino que se percibe más nítidamente como un "bodrio" o lisa y llanamente como una cosa aburridísima.


Cómodo lider

Me acabo de clavar un cuarto de helado: mascarpone, sambayón y dulce de leche tentación, uno que trae trocitos de merengue. Con algo tenía que bajar el gran triunfo de hoy, en un match que en los papeles pintaba como el más duro de las últimas semanas. De hecho, si en la previa nos servían la planilla con el empate, yo creo que un gran porcentaje de cuervos estampábamos firma y aclaración. Lo cierto es que, mientras se arrima la medianoche, ingreso a promiedos, clickeo en la pestaña de la Copa Libertadores, deslizo lentamente el mouse hasta las inmediaciones del Grupo F, y ahí está el líder San Lorenzo, primereando la tabla, aventajando incluso al temible Palmeiras. Y sí, estimados, estimadas, algunos me acompañarán en el sentimiento, otros no, pero yo me dispongo a reivindicar al equipo de Almirón, en esta epístola cibernética basada en lo que hemos visto en la tardenoche del Bidegain. Como le expresé hace un rato a mi compañero Gamallo, cronista estrella de La Soriano, pienso que es un buen momento para dar rienda al optimismo en Boedo. Sin especular con el devenir de los acontecimientos, que en definitiva esto se trata de fútbol. En síntesis, propongo que disfrutemos un poco de este momento.

 

Me sincero: algunas fechas atrás, no daba dos mangos por el pibe Herrera. Me pareció haberlo visto desconcertado en un par de ocasiones, incluso desganado, y aquella roja infantil contra Argentinos Juniors, en un momento delicado del equipo, me había hecho enojar con él. Es cierto que ya insinuaba las ganas de pasar al ataque, con la torpeza propia del que está haciendo sus primeras armas. Bueno, bienvenida sea la monumental tapada de boca que me está pegando. El pibe de Corrientes se está plantando en una banda derecha que, de a poco, comienza a tener su nombre tallado. Se manda al frente como loco y nos está acostumbrando a esas diagonales que quiebran los esquemas y que lo ponen en las cercanías del arco rival. Y te sacude lindo. Y andá a cantarle a Gardel. En la otra banda, el tucumano Salazar pasó la prueba de jugar a pie cambiado, lo hizo bien y dejó la cancha dándole puñetazos a la camilla, porque tenía ganas de seguir demostrando lo que tiene para dar. Coloccini y Senesi son dos centrales del carajo que tenemos la suerte de contar entre nuestras filas: son los primeros armadores de juego, incrustándose en el campo contrario y buscando un pase filtrado que habitualmente llega a destino. Si los laterales siguen afianzándose -Pérez también se mostró seguro cuando ocupó la banda izquierda-, tengo la impresión de que vamos camino a tener una defensa muy sólida. El colombiano Loaiza se acopla bien en esa estructura, cuando los centrales comienzan a cranear el ataque azulgrana.

 

Delante del 5, Castellani no se termina de soltar y alterna buenas y malas. Su rol como socio de Román Martínez todavía parece insuficiente, y eso se pone de manifiesto en la falta de alternativas de mitad de cancha hacia adelante, porque nadie va a negar que no tenemos un ataque holgado ni una galera llena de trucos en posición ofensiva. Estamos con lo justo: la buena noticia es que, por el momento, nos está alcanzando para zafar de esta racha que parecía eterna, y para empezar a proyectarnos con un poco más de calma. Román demuestra partido a partido la calidad de jugador que es, marcando goles, aclarando el panorama como Arjona, habilitando compañeros, generando infracciones cuando el partido lo pide -como hoy- y colgándole amarillas al rival. Mismo mérito para el capitán, que, a falta de situaciones concretas para marcar, en el segundo tiempo se las ingenió para provocar la embestida de los verdes y bajar el fuego de la hornalla cuando lo necesitábamos. Lamentablemente, volvió a salir con una dolencia muscular que seguramente será desgarro y parate.

 

Una vez que abrimos el marcador, con el zapatazo de Herrera, el equipo aguantó el trámite del cotejo sin aprisionarse contra su arquero Monetti. Hubo, incluso, un manejo sobrio del balón durante los últimos diez minutos de juego. Nos falta dar ese paso, atrevernos a liquidar los partidos. No era hoy la ocasión de andar haciéndonos los guapos. Creo que se jugó el partido que se tenía que jugar. Si no me equivoco, de los últimos cinco disputados, ganamos 3, empatamos 2 y no hemos sido derrotados, ¿verdad? Dirán que los ganamos de pedo y que no marcamos más de un gol. Bueno, siempre dirán algo. Yo remarco mi entusiasmo por el momento del equipo. La buena noticia de hoy no es solo que se va afianzando un once titular, sino que en este golpe de confianza se empieza a forjar el plantel. Ferrari, Elías, Insaurralde, Gaich, Barrios, incluso Alexander Díaz, están a tiro, para entrar y jugar. La otra buena noticia, por cierto, es que el viernes se acaba el martirio de la Superliga. Que se alargue entonces la racha en Tucumán.


El final es en donde partí

Los supermercados chinos y los quioscos de la 1-11-14 no vendieron tanta cerveza como es habitual. El alikal para los trasnochados de anoche y un juguito de frutas o bien un agua saborizada: nadie recomienda la gaseosa por la mañana. Amanecidos los cuervos y las cuervas se acercaron al Bidegain para ver al equipo de Almirón. En este extraño momento de tensa calma. San Lorenzo fue duramente sancionado por el comité de la agarola que considera apócrifos nuestros libros contables.

En el verde pañuelo apareció ese equipo de jóvenes del club que tanto ilusiona las almas del sanlorencismo. No es lo mismo que el Perrito Barrios quiera tirar una finta mágica y le rebote en el otro pie y se vaya cual blooper afuera que le pase lo mismo a un jugador X que no voy a nombrar para no herir suceptibilidades pero que uno no tiene la certeza de si está donde está porque hay un representante misterioso que trajo al DT (entonces atrás te traigo todos estos paquetes que tengo guardados acá en el depósito). Con los pibes en la cancha no hay suspicacias posibles. Si yo hago pan y queso y tengo que elegir entre Merlini y el jugador X no tengo dudas a quien elijo.

Los cuatro defensores del club (Rojas, Senesi, Ferrari, Herrera), el lobito Insaurralde, Nahuel Barrios y el Tanque Gaich y el partido fue más o menos igual (o un poco mejor) que los que disputa el equipo “titular”. San Lorenzo tuvo la pelota todo el tiempo, profundizó muy poco pero pudo haber convertido en aquella primera mitad. Como un amante de los números perfectos Jorge logra que sus jugadores armen triángulo sobre triángulo y vayan construyendo simetrías por todos lados. Sin embargo en el fútbol hay un arte mágico llamado gambeta que es la clave con la que se abren las puertas de la vida.

Sin gambeta no hay chance de gol. Tuvo una Fértoli en un córner y tuvo una Insaurralde en un tiro cruzado. 0 a 0 y al descanso.

El segundo tiempo fue un calco del primero. Cuatrocientos ochenta y cinco pases laterales, doscientos cincuenta centros  mal tirados desde tres cuartos, un puñado de situaciones de gol para cada lado y no mucho más. Gimnasia defendiéndolo con todo y San Lorenzo tocando sin profundidad. Debe ser sencillo enfrentar a San Lorenzo. No hay que hacer nada más que pararse en el área y cabecear centros. Gimnasia aprovechó una huevada de esas que signaron todo el ciclo Biaggio y luego de ganar una dividida salió rápido de contra y antes de que San Lorenzo se acomode a los cambios el morocho Hurtado le ajustó un poquito la cuerda a nuestro enflaquecido cuello. Salió Senesi y Ariel Rojas y entraron Gonzalo y Reniero.

El camino era este Jorge. Apostar a continuar el proceso anterior. Rentería también juega cagado. Nadie podía sospechar que el ciclo Lammens-Tinelli iba a terminar en un espiral de permanencia y sufrimiento.

Cuando todo parecía encaminarse a una derrota desesperante la figura de nuestro mediodía, el chico Herrera, enganchó, pateó de afuera del área, ya sobre el pitido final y con toda la fortuna del mundo logró el empate tras un desvío en un defensor.

Lo positivo es haber vuelto a servirnos del azar. Como con Central.  Sobre la hora se rescata un punto. Buen partido de Poblete y en general de todos los pibes (buena aparición de Alexis Díaz). Fértoli no se tiene que caer, tiene que seguir intentando e intentando. Esto es fútbol. El técnico no cambió a los laterales y uno de ellos empató ¿Obra divina? ¿Otro milagro de Jorge de Bajo Flores? 


Enzo Maqueira: “Poner un pie en Boedo es entrar en otra realidad”

"En algunas tertulias en la web y en los programas de estudio de profesores se habla de una nueva camada de escritores argentinos. Hablan, pero no los leen. De ese montón de jóvenes escribas irreconocibles, Enzo Maqueira es el que más se destaca. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, sabe escribir y sobre todo tiene un gran don para todo novelista que se precie de tal: sabe de qué escribir y cómo hacerlo". Es la definición que Washington Cucurto da de Enzo Maqueira (1978, Buenos Aires), a raíz de su libro "Electrónica" (2014), en el que describe con agudeza los problemas urbanos de la clase media argentina, su relación con la trascendencia, las muertes, las drogas, el sexo, el reviente, las salidas.

Enzo es hincha de San Lorenzo, compilador de "Cuentos Cuervos", y suele ver los partidos del Ciclón desde la Platea Sur del Pedro Bidegain. Como todas y todos, sufrió la larga sequía de partidos sin ganar y ahora se toma revancha. En este ida y vuelta con La Soriano, habla de su temprana vinculación con el club, repasa sus inicios en la escritura, y da cuenta de su relación con Boedo, Soriano y el mundo de la literatura.

¿Cuál es tu primer recuerdo de San Lorenzo? ¿Se vincula en algo con el mundo de las letras? ¿Tiene un origen familiar/barrial?

 

Hay una foto en algún cajón de la casa de mis padres: soy yo, a los ocho o nueve años, posando con una pelota de fútbol, el short y la camiseta de San Lorenzo. Esa foto es mi primer recuerdo. Es que al principio no me gustaba el fútbol y San Lorenzo era nada más (y nada menos) que el club del que era hincha mi papá y, por lo tanto, también yo. Pero eso era todo. Me había puesto la camiseta y la pelota para la foto. Después hay otro: un domingo, de paseo con papá, me mostró el solar donde había estado el Gasómetro (creo que todavía no habían construido el Carrefour). Y el tercer recuerdo más antiguo fue cuando por fin me empezó a gustar el fútbol, y con papá escuchábamos por radio los partidos de la Liguilla 1991 que le ganamos a Boca, goles de Carrizo en la primera final y del Yaya Rossi en la segunda. Por entonces yo tenía 13 años, y San Lorenzo -que era una pasión heredada-, se convirtió en mi pasión también.

 

¿Cómo y cuándo empezás a escribir? ¿Qué fue lo que te motivó? ¿Qué contexto político-social había en ese entonces?

 

Poco tiempo después de que mis maestras de Primaria me enseñaran a combinar las letras, ya quise escribir algo parecido a la literatura. Creo que me motivó ser un chico bastante tímido, retraído, que se sentía ajeno a sus compañeros. Como dije, no me gustaba el fútbol; y no era lo único que no compartía con ellos. En general, era un chico bastante raro. Me aislaba y me sentía incomprendido, y tampoco comprendía a los demás. Todo eso fue en el contexto de un colegio católico de varones, en el final de la dictadura y el comienzo de la democracia. Sentí más la opresión de la primera que la liberación de la segunda. El clima en el colegio era bastante marcial. Creo que mi tendencia a aislarme y el contexto opresivo y represivo sentaron las bases para que necesitara expresarme a través de la literatura.

- Electrónica (2014) y Hágase usted mismo (2018) tienen elementos comunes: la juventud que ya deja de ser tal para los protagonistas, problemas familiares de diversa índole, la pregunta sobre la trascendencia, los vicios, etc. ¿Son dos novelas continuadas? ¿Estás trabajando en algo que pueda terminar una trilogía?

 

No están pensadas como novelas continuadas. Son parte de una obra que, sin que nunca me lo propusiera, está yendo por ese lado: una especie de testimonio de las obsesiones de los hijos de la clase media aspiracional. Mi educación formal e informal, incluso mi educación sentimental, floreció en el menemismo. Mi familia hizo el recorrido hoy utópico desde la pobreza hasta el departamento propio, el Renault 12 y el viaje a Miami. Clarín fue nuestra Biblia. Éramos "la gente". Y no importa qué escriba, cuál sea el tema, cuáles los personajes o las motivaciones, todo eso aparece, lo busque o no.

- Osvaldo Soriano fue uno de los escritores más grandes que dio este país. Y además fue un fanático de San Lorenzo, que intentó, cada vez que podía, camuflar sanlorencismo en crónicas, cuentos, novelas. ¿Qué valoración tenés sobre su obra y su legado?

 

Todo lo que leí de él, que no fue tanto como se merece, me emocionó, me hizo pensar y todavía lo recuerdo. Son tres pilares en la valoración que uno puede hacer de un autor. Quizás nunca me impactó, como sí lo hicieron algunos otros autores. Pero sin dudas Soriano está presente cada vez que un penal se alarga más de la cuenta, o cuando busco referencias de los vínculos entre literatura y periodismo, o cuando intento comprender una época.

- ¿Con qué otros escritores/as cuervos tenés vínculo? ¿Se comunican después de los partidos, como supo hacer Fabián Casas con Viggo Mortensen?

 

Tenemos un grupo con los autores de Cuentos Cuervos, la antología de relatos escrita por y para hinchas de San Lorenzo que salió en 2014 (y con cuyas regalías compramos varios metros cuadrados para la Vuelta a Boedo). Este último tiempo nos cansamos de putear, pero ahí estamos. Con Horacio Convertini, además, compartimos un chat de la Platea Sur. También muchas veces nos sentamos juntos. Lo mismo con Carlos Santos Sáez, poeta y editor, mi compañero de cancha desde hace diez años. Y nos cruzamos más de una vez con Haidu Kowski. Otros que veo seguido son Loyds, Carlos Battilana, Luciana de Luca, Santiago Craig, Diego Paszkowski. Con Marcelo Luján, que vive en España, estamos siempre en contacto.

- San Lorenzo tiene un fuerte arraigo con el barrio de Boedo, del cual fue expulsado durante la última dictadura cívico-militar. ¿Qué es para vos Boedo, que supo ser también el nombre de un grupo de los intelectuales más destacados del Siglo XX de nuestro país?

 

Una tierra mítica. Nuestro paraíso perdido. Cuando pienso en Boedo, pienso en que es uno de los últimos barrios donde todavía uno puede ver vecinos tomando mate en la vereda. Tiene algo de familiaridad, de calma, que me provoca mucha nostalgia de una Buenos Aires que ya no existe, pero que vive en esas calles. Poner un pie en Boedo es entrar en otra realidad, en un mundo que no salió tan mal como esperábamos.

- Del 5 al 14 de Julio próximo competís en la Semana Negra de Gijón, el festival de literatura policial más antiguo de España, con "Hágase usted mismo". ¿Qué expectativas tenés? ¿Te pone más nervioso concursar o ver una tanda de penales del Ciclón por Copa Libertadores?

 

Nada en la vida me puso más nervioso que una tanda de penales de San Lorenzo (excepto cuando los pateaba Ortigoza), así que no creo que eso cambie. Tengo pocas o nulas expectativas. No soy un tipo acostumbrado a los premios, ni siquiera a las nominaciones. Hace años que no participo de ningún concurso. Este caso fue una excepción y estoy tan sorprendido como si hubiera sido un gol del Roli Escudero.

Ping Pong:

Matias Lammens

Un gran presidente. Una persona en la cual confío. Un tipo honesto y comprometido.

Fabián Casas

Nunca lo sentí como una gran influencia, pero me paso citando poemas o frases suyas. A la larga me di cuenta de que sí, que fue una especie de hermano mayor para mí y para buena parte de mi generación.

Claudia Piñeiro

Una gran persona y una talentosa escritora. En el último tiempo, además, una escritora comprometida. Claudia vino a terminar con esa idea muy retro posmoderna de que los escritores no tienen que comprometerse con su realidad. Recuperó el legado histórica de grandes como Cortázar o Lugones, por citar sólo a dos de tantos.

Viggo Mortensen

El mejor actor del mundo. El yanqui más amado. El cuervo más famoso. Además es lector, escribe y dicen que es un tipazo.

Julio Cortázar

Un padre literario. Una influencia. Una ética. Una filosofía. Tengo un cuadro con su imagen y le hablo seguido. O eso quiero creer.


Caballeros del Zodíaco

El San Lorenzo de Almirón tiene una energía muy pisciana: cuesta mucho diferenciar el adentro del afuera, se mezcla, no se sabe si los que jugaban en Rosario eran los titulares o los suplentes aunque todo indicaba que era el equipo muletto. El pisciano generalmente puede ser muy bueno en varias cosas, aunque tal vez le cueste generar un todo convincente y claro. Suelen tener variados problemas de comunicación y una clara tendencia al escabio y la poesía. Durante la primera mitad fue dominado por uno de los peores equipos del campeonato. Salió a jugar como embriagado de conceptos. A partir de los 20 minutos pudo empezar a hacer algo de pie y a controlar el balón con la lentitud y la previsibilidad que tanto lo caracteriza.

Este tema del 5 de contención con los dos creativos, este tema de camuflar con los laterales la falta de dinámica de dos jugadores como Botta y Castellani, o como Belluschi y Martinez es un tema que los sanlorencistas venimos padeciendo desde hace por lo menos dos gestiones en el banco. Este tema se cargó varios jugadores ya: expuestos e indefensos en la dinámica actual lo más probable es que todo el mundo le caiga a Bottita, o al rasta o a Castellani o a Mussis o a Mercier o a Moyanito y una larga fila de chiflidos. Fue un 0 a 0 esperable en el cual prácticamente no rematamos al arco. Loaiza y Herrera fueron lo mejorcito.

Vale la pena repasar la fatídica serie con Nacional de Uruguay del año pasado. El pampita puso aquí un 4-4-2 férreo y peleador con Mouche y Botta por los costados y Reniero y Blandi arriba. Ganó con una claridad que los biaggianos recordamos como uno de los grandes hitos de la gloriosa gestión de Claudio Darío. Luego fue a Uruguay con estos sistemas inventados, combinado con la falta de experiencia y la dura realidad de una eliminación vergonzante y autoinflingida. Los procesos en San Lorenzo no vienen acumulando ladrillo sobre ladrillo: son todas paredes nuevas.

En La Soriano hacemos gala de la alternancia porque sentimos que de alguna manera tenemos que soslayar esta  falta de continuidad que hay en nuestros procesos con los directores técnicos, en la sinuosa marcha de la economía nacional (proteccionistas, oligarcas y liberales) y en la simple cuestión de que hay una grieta que nos divide entre abogados de Almirón y detractores de Almirón. Nuestra línea editorial es pluralista y democrática.

Como si estuviera leyendo esta crónica, el mister llamó a Fertoli, movió el esquema y a los 2 minutos casi el chico Herrera tuvo una chance tras un gran toque de Loaiza. El cambio hizo que el equipo deje de presionar y se refugie en su campo sin prácticamente poder sostener la posesión del balón. Por suerte Central no era el Barcelona. La entrada de Ortigoza para el local produjo lo más claro de Central cuando puso una mágica pelota para Zampedri que Torrico desvió milagrosamente.

San Lorenzo no hizo absolutamente nada para ganarlo: los extraños cambios de Almirón hacen que este cronista no llegue a convencerse ni de que es un chanta ni de que es un genio incomprendido del fútbol, alguien que ve algo que los demás no vemos. Alguien como Neo, el de Matrix. Por noveno partido sacó un lateral y puso otro ¿Será una cábala? ¿Una forma de desperdiciar un cambio para que los suplentes que están trotando no se ilusionen que van a entrar? Se defendió en su campo y apostó por algo que no sucedía. No sucedía y nada parecía hacer sospechar que sucediera y sucedió: tuvo una contra sobre la hora y ganó el partido. Román puso la bocha sobre la alfombra larga para que Salazar se redima de la cobarde decisión que había tomado minutos antes y pudiendo vencer todos sus miedos, ya resuelto en sus múltiples formas el Príncipe de los piscianos, tranquilo y apacible, detuvo el balón y tocó a la red. A los pisicianos les gusta viajar, desenvolverse en lugares exóticos y por eso Nicolás anota solamente de visitante y en remotos y diferentes parajes ¡Grande Nico: habías jugado un partido horrible pero te amo!

Los melones se acomodan andando. El frondozo y pisciano mundo interno de Almirón es un misterio para este cronista. Hoy San Lorenzo se llevó un premio que no mereció y que simplemente consiguió porque enfrente hubo un equipo que hizo mejor las cosas pero que está pasando un momento peor. Se enfrentaron los sobrevivientes de Hiroshima contra los de Chernobyl; los rotos versus los descosidos; se enfrentó uno al que le falta una mano con uno al que le faltan los dientes. Por primera vez en mucho tiempo San Lorenzo ganó de pedo un partido. Eso es lo más importante, torcer ese designo maléfico que algún Dios pagano, católico, el destino o la cuestión astral viene signando uno y cada uno de nuestros pasos.