La Soriano: Un espacio en construcción para un San Lorenzo cada vez más grande

Se iba la primavera de 2011 en alguna cortada entre Boedo, Pompeya y el Bajo Flores. Parecía que se iba a la B nuestro querido San Lorenzo. En la religiosa “previa” a los partidos de local se compartían utopías, deseos y plegarias. San Lorenzo nos había congregado para combatir la soledad en los rituales. De ir a la cancha solos o de a dos, a que las alegrías y, sobre todo, las tristezas se experimentaran mejor con otra gente. Empezamos a conocernos: amigos de amigas, hermanos y hermanas de conocidos, compañeros de laburo, familiares lejanos pero cercanos en el corazón azulgrana. Nos encontramos para ir juntos a nuestro hermoso Nuevo Gasómetro, pero también para organizarnos para sacar entradas, reunirnos alrededor del televisor cuando nos prohibieron ir a otras canchas o mirar la tabla de posiciones y especular con resultados ajenos.

 

Las hazañas sanlorencistas nos hermanaron. Transitamos aquel 2012 con el corazón en la boca y con la certeza de que, pasara lo que pasara, a San Lorenzo lo hacía grande -muy grande- su gente. Fuimos parte de los 100.000 cuervos y cuervas que reventaron la Plaza de Mayo aquel inolvidable 8 de marzo, construyendo el hito fundacional de la Vuelta a Boedo. A pesar de que ninguno de nosotros conoció el Viejo Gasómetro, no concebimos a San Lorenzo afuera de Boedo. Por su historia, la de todos los deportes y la familia en el club, de los bailes y carnavales que atraían a gente de todos lados; por su presente, por los cientos de pibes y pibas haciendo deportes en el Polideportivo; por el futuro, por nuestra tercera cancha y por la posibilidad de volver a hacer de Av. La Plata un faro deportivo y cultural en Boedo, Buenos Aires y el mundo.

 

Luego de tocar fondo en 2012 los cuervos nos levantamos y logramos la recuperación institucional de nuestro club, el campeonato de 2013, el fideicomiso por la Vuelta a Boedo, la inolvidable Libertadores de 2014, la ampliación de obras en nuestra Ciudad Deportiva, el 4-0 a Boca en Córdoba, la construcción del polideportivo Roberto Pando en Boedo, entre otras cosas que son la demostración de que estamos creciendo. Hoy aquel grupo de hinchas que en 2012 se juntaba para engañar a la tristeza se transformó en agrupación para sumar a este crecimiento, no sólo en el fútbol, sino en todos los deportes y todas las actividades del club. En 2016, al calor de debates internos y reuniones largas se terminó de forjar La Soriano, un espacio de participación abierto y plural con el objetivo de construir un San Lorenzo cada vez más grande. Dimos hace poco un paso fundacional, erigiéndonos como agrupación con metas, ideas y propuestas claras; con el desafío de organizarnos no sólo para alentar a nuestros colores sino también para que nuestros esfuerzos estén al servicio de objetivos mayores para el club.

 

Nuestro nombre recupera el legado cultural del gran Osvaldo Soriano, periodista, escritor excelso y azulgrana enfermo. El nombre del Gordo sintetiza buena parte de nuestros valores rectores, sentimientos e ideas que desplegó desde su pluma a lo largo de toda su obra. Como hombres y mujeres jóvenes, nos sentimos parte de una nueva generación que, tras haber visto como viejas dirigencias arrastraban al club a distintas crisis económicas, futbolísticas e institucionales, no quiere repetir viejos errores. Nos sentimos herederos de aquellos socios e hinchas que el 30 de noviembre del año 2000 le dijeron NO al gerenciamiento de nuestro club. Desde aquel año, todos los 30 de noviembre los cuervos y cuervas celebramos el Día Internacional del Hincha de San Lorenzo en honor a ésa gesta heroica que nos salvó de la catástrofe. Para nosotros, la defensa de los clubes como sociedades civiles sin fines de lucro es la única manera de preservar a nuestro San Lorenzo y a nuestro fútbol de especulaciones económicas que lo único que logran es enriquecer a unos pocos a costa de nuestras finanzas. Al concebir a los clubes como espacios de socialización y recreación, sostenemos que un San Lorenzo grande debe vincularse con la comunidad, particularmente con los barrios del sur de la ciudad, los más postergados de nuestra querida Buenos Aires, promoviendo la participación e inclusión de los pibes y pibas de los barrios cercanos en los deportes y las actividades del club.

 

El lanzamiento de esta web es un paso más en este camino que emprendimos. Nos proponemos, más que hablar “de” San Lorenzo, hablar “desde” San Lorenzo. Es decir, desde lo que para nosotros representa una identidad, un modo de ver el mundo y habitar en él. Porque ser de San Lorenzo, además de una locura, es un modo de ser. Abrimos este canal de comunicación apostando al contenido y a las formas, a que sea un espacio de reflexión y de debate. Trataremos también desde aquí de constituirnos en un medio por el que puedan transitar cuervos y cuervas que representen el sentir por estos colores: dirigentes, jugadores, glorias, trabajadores del club, cuervos reconocidos en el mundo que tengan algo para decirnos. Por historia, somos un club vinculado a los deportes, las artes y la cultura. Desde este lugar nos sumamos a la rica vida cultural que florece alrededor de San Lorenzo, con el objetivo de potenciar y amplificar el trabajo de muchos colectivos de todo tipo que aportan a los colores algo más que noventa minutos de aliento.

 

A La Soriano la hacemos día a día, a pura alma y nervio, un grupo de cuervos y cuervas que en bandada despliegan sus banderas, sus líneas rectoras, puntos de partida; un grupo nutrido de jóvenes con distintas experiencias, oficios y profesiones, voces y maneras de ver el mundo. Una bandada que piensa y siente por igual. Nuestro común denominador es el amor por estos colores. La Soriano es una manera de hacer las cosas, de mirarnos a nosotros mismos, los cuervos, de trazar un puente hacía lo que viene. La Soriano piensa más allá de la línea de cal y la formación inicial, más allá de los noventa minutos (¡pero sin esos noventa minutos no puede respirar!). La Soriano se organiza porque entiende que la organización vence al tiempo. Y en este tiempo quien anide solo tendrá menos lugar para soñar. Mejor en bandada, mejor en colectivo. La Soriano es el barrio de nacimiento y el putativo, es la larga caminata de los sueños de Boedo hacia el sur. Y si “Boedo tiene quien le escriba” queremos

ser pluma negra y tinta de esta historia. Somos, por definición, una agrupación sanlorencista de base. Un espacio abierto, en construcción, reflexivo y activo, una nueva voz para hacer un club cada vez más participativo. Para hacer un San Lorenzo cada vez más grande.


Siniestro total

En la crónica del partido frente al Tiburón de la Costa Atlántica, mi compañero Gonza Gamallo señaló, no sin razón, que daba la impresión de que los jugadores se sentían más cómodos con esta nueva propuesta, pero que los frutos del método Almirón aparecían solo de a ratos, sin la regularidad que se precisa para eso de ganar un partido. Mientras escribo esta nota, Facebook me avisa que se está transmitiendo en vivo la conferencia de prensa del DT azulgrana. Decido no verla y sigo con lo mío. ¿Qué puede decirme George que no sepa? El 95% de las declaraciones post partidos son completamente inútiles, y me parece que estoy siendo generoso. Déjenme decir algo, de una vez por todas: ¡Al fin terminó este año siniestro, por dios! ¿No queda más nada, cierto? Dediquémonos a los deportes que se dirimen en el Pando, que ahí es todo color de rosas. Bueno, pero hay que charlar del partido de hoy, es cierto.

 

Lo primero que tengo para decir es que se pareció muchísimo al de Mar del Plata. De hecho, me vi tentado de hacer copy paste con la nota de Gonza, total, si pasa pasa. Pero a último momento apelé a mi honestidad intelectual y acá estoy, arremangado frente a la pc. Igual que el otro día, la primera media hora del equipo fue de buena a muy buena: toques de primera, laterales proyectados, el triángulo de la mitad de cancha aceitado, los tres pibes de la defensa ordenadísimos, Insaurralde pidiendo titularidad y un Belluschi desplegando alas. Gen Almirón activado: bien el Ciclón. Como en Mar del Plata, no alcanzó. Todo el juego plasmado y la intención manifiesta de quebrar al rival no se tradujeron en un beso a la red.

 

En ese rato de buen juego, se los vio cómodos a Botta y a Belluschi: daría la impresión de que esta ubicación en el terreno favorece el despliegue y la conducción que ambos, pero sobre todo Fernando, están en condiciones de ofrecer. Antes se veían obligados a esperar el balón encerrados contra la raya, divorciados uno del otro y con poca capacidad de generar juego, más allá de algún lateral pasándoles por la espalda. Ahora se hacen dueños de la pelota casi a la par del chico Insaurralde, que se muestra capaz de iniciar los ataques con precisión, y desde ahí pueden avanzar con un panorama más claro de lo que ocurre en el frente de ataque. Reniero abandonaba su posición de área y bajaba a triangular con ellos dos, mientras Salazar y Pereyra se mostraban como receptores por ambas bandas. Esta línea flexible de tres o cinco defensores, permite que ambos puedan proyectarse a la vez, sabiendo que la defensa no se va a desarticular por completo. Así, son seis los jugadores azulgranas que trabajan en la elaboración del juego. Por otra parte, cuando el rival avanza con dominio, los laterales se acoplan a la línea defensiva, conformando un bloque para proteger a Navarro. De todas maneras, la primera herramienta defensiva tiene que ver con recuperar la pelota rápidamente en la mitad de la cancha, y de eso también han dado cuenta Belluschi e Insaurralde, raspando y robando varias. Hasta acá, todo bárbaro. En el último tramo del primer tiempo, el equipo se pinchó un poco y las acciones se emparejaron, pero no pasaría mucho más.

 

¿Y en el segundo? Bué, hablemos del segundo. San Lorenzo encontró la ventaja rápido. El rasta y el pibe Gaich intentaron una pared en el área y un muchacho de Estudiantes metió la mano donde no debía. Penal y buena conversión de Botta. Y una vez que logramos la ansiada ventaja y que ponemos en el rival la responsabilidad de hacerse cargo del partido, generando los espacios para jugar tranquilos, resulta que empezamos a hacer todo al revés. El mismo equipo que muestra serenidad para abrir el marcador, intentando generar buen juego, se enloquece con la ventaja a favor y empieza a hacer todo mal. Claramente, acá hay un factor emocional; estos muchachos vienen sintiendo la presión de una racha adversa que ya ni me acuerdo cuándo empezó, y necesitaban como el agua que pasen dos cosas: ganar o que se termine el año. Una no se consiguió, la otra gracias a dios sí.

 

Al que no tenemos nada para agradecerle es al fenómeno de Mouche, que entró, se hizo el que se ponía el equipo al hombro y decidió hacerse cargo del segundo penal que nos había cobrado el refereé. Botta, Belluschi, Reniero: cualquiera de ellos pudo haberlo ejecutado. Pero el caprichoso de Pablito agarró la pelota y se la alcanzó a Andujar. Después de eso, lo que decíamos: el desorden, el nerviosismo y los errores no forzados que empezaron a aparecer en todas las líneas y que le dieron al Pincha la chance de agrandarse y de empezar a generar peligro en ataque. Pereyra no tocó una pelota por la izquierda; Salazar metió pero no prosperó y terminó dejando el campo dolorido. Almirón trató de meter un volantazo y de ordenar al equipo con las clásicas dos líneas de cuatro: para eso lo hizo ingresar a Ariel Rojas, que volvió a no hacer nada productivo. Estudiantes lo empató de penal cerca del final, igual que nos pasó en Mar del Plata, y durante los últimos minutos del partido pasaron cosas extrañísimas en las que no me voy a detener. Chau 2018, gracias por todo. Y si se lo cruzan a Pablito Mouche por la calle o haciendo compras en el chino del barrio díganle que le mando saludos.


Hagan sus apuestas

Ya más de 30 días pasaron desde que el Var puso a River en la fatídica y famosa superfinal de un siglo que recién comienza. La superfinal de un siglo horrible será.
Piedrazos, lluvias y, en el medio, los únicos que deben haber suspirado son los miembros de nuestro cuerpo técnico y los jugadores. Un tiempo más para amalgamar la idea no venía mal; de qué serviría probar este nuevo y atrapante modelo de San Lorenzo y someterlo a un hipotético mal paso en el clásico de barrio más grande del universo. De nada: para darle de comer a la runfla que sueña con vernos caer.
La ansiedad tuvo un pequeño bálsamo cuando nos dijeron que podíamos ir a MDQ a ver a nuestro querido San Lorenzo. Y como si la bosta esa de Boca- River no fuera suficiente, vinieron los principales líderes del mundo y chuparon a toda la policía para sí. Sin su gloriosa hinchada saltó a la cancha entonces el equipo del mudo Almirón.
Lo primero que vale la pena rescatar es que el DT usó ropa deportiva: este cronista banca las camperas. ¿Qué mierda tendrán que ver los trajes y la etiqueta con el fútbol? Nadie lo sabe. Vas a la cancha, está todo meado, los policías te empujan, la gente está sacada, pero los técnicos están de traje ¿A quién se le ocurre?
San Lorenzo jugó 25 minutos que deben enorgullecer a don Jorge. Por la mañana discutíamos si el equipo era más ofensivo o más defensivo que el de Biaggio: en los papeles salía un volante y entraba un defensor. Los dos laterales se encontraron visiblemente más cómodos en esta situación de partir desde el mediocampo para atacar y retroceder hasta la posición para defender. A Biaggio le tiraron 950.000 centros.
Reniero tuvo 3 chances para convertir durante la primera etapa. Una a los 13, tras una jugada hermosa que hizo delirar a los amantes de la belleza. Dos toques por aquí, dos toques por allá, todo a dos toques: ese es el mejor aderezo que le puso Almirón a este panchito. La bocha fue y se estroló en el travesaño. Luego a los 22 y a los 30. Situaciones claras. El chico un día de estos se va a despachar y va a empezar a hacer goles sin parar. Su mechón rubio no lo ayudó.
San Lorenzo jugó 25 minutos casi muy buenos y luego la merma física se hizo evidente. Tuvo una Aldosivi en los pies del reggeatonero Ozuna que no fue gol por muy poco.
El método del DT requiere gran despliegue y buen control de balón. Hay que tocar y buscar el espacio. Circulación y ocupación del territorio, mostrarse, pedir el balón.
Durante el segundo tiempo pasó de todo menos aquello que tan famoso lo hizo a Jorge. Nunca tuvimos ni la circulación ni la destreza que tanto lo engalana. Nos hicieron un gol lindo a los 4, dedicado a todo el menottismo aspiracional. Toqueteo por derecha, desborde, centro, un poco de orto y el muchacho Villalba entró de frente y le pegó con alma y vida. Lo empata el tanito Ferrari en un gol de pelota parada: hacía como 25 años que no metíamos un gol de pelota parada. Como tocado por la varita mágica desoye el mandato del sistema al minuto 20. En vez de privilegiar la tenencia y todo ese tipo de detalles que nada aseguran en la vida revoleó una pelota hacia la misma nada. El balón sobró al líbero de Aldosivi y nuestro misionero teutón Gaich aprovechó y dio vuelta el partido.
La vida es cruel y paradójica: ¿qué le hubieran dicho al pampita si sacaba al 9 para poner otro volante de marca? Así, colgado del travesaño y todo, no pudimos aguantar el resultado. El negrito Chávez nos empató el partido sobre la hora. Es una pena que no esté en nuestro club.
El debate está en la mesa.
San Lorenzo ha mejorado en algunos aspectos y ha empeorado en otros. Por momentos mostró cosas buenas pero siempre por breves lapsos. El planteo de hoy lució más cómodo a prácticamente todos los jugadores. La idea del DT seduce pero, como todo en la vida, no garantiza nada. Necesita rodaje, crédito y acompañamiento. Se lo daremos, que nadie tenga dudas.
En nuestro país esta discusión es vieja: están los que creen que el fútbol bello otorga más posibilidades de ganar y estamos los que creemos que el fútbol bello da más posibilidades para perder. Hagan sus apuestas, cuervos y cuervas pero por favor: no subestimemos más al fútbol defensivo.


Stranger Things

Si antes del partido nos alcanzaban papel y birome y nos ofrecían el 0 a 0 en Liniers, ¿agarrábamos? “De ninguna manera, ¡San Lorenzo es un grande y su obligación es buscar los tres puntos en todas las canchas!”. Okey, esa es una respuesta posible -fácil, por cierto, pero válida-. La otra respuesta, no tan abstracta y más relacionada con la realidad que atraviesa el equipo, podía ser que un debut sin derrota de Jorge Almirón, de visitante y frente a un Vélez que sabíamos aceitado, no era un mal negocio. Más si consideramos que se vienen dos partidos de local y uno de esos es Huracán. Y más si asumimos que, en lo que va del torneo -que no es poco-, Navarro no había terminado ningún partido con la valla invicta.

Lo pudimos ver a Almirón, en el primer tiempo, en la intención de jugar a un toque, siempre que se pudo, y se pudo bastante más de lo que se venía pudiendo. Lo vimos a Almirón, avanzando desde el fondo con pelota dominada, y lo vimos también buscando presionar a Vélez, no desde la línea de salida pero si en la mitad del campo, mordiendo y robando con éxito en algunas oportunidades. Está claro que Heinze y Almirón juegan a cosas parecidas, con la diferencia lógica de que el de Vélez ya tiene sobre sus espaldas un tiempo prudente de trabajo, mientras que Almirón apenas comienza su camino al frente del Ciclón.

Cuando el equipo de Liniers cruzaba la mitad del campo con pelota dominada, se dibujaba en la defensa de San Lorenzo la famosa línea de 3/5, con Senesi como líbero de Gabriel Rojas y Coloccini, y con Salazar y Ariel Rojas encargándose de cubrir las bandas. Sin ir más lejos, Gallardo paró en La Boca un esquema similar, durante la primera final copera. Uno de los sellos de Almirón, que marcará una ruptura si consideramos el juego que venía haciendo San Lorenzo de un tiempo a esta parte, ocurre en la mitad de la cancha: no va más el doble cinco. Esa función recaerá en un solo hombre, y todo indica que el elegido es Gerónimo Poblete. Y ese único cinco tiene sus laderos, que ayer a la noche fueron Belluschi y el Rojas proveniente de River. Digámoslo de una vez: mala noche de Belluschi, que no pudo engranar en todo el partido, mala noche de Ariel Rojas y de Merlini, que no pudieron engranar en todo el semestre. Botta tuvo una buena primera etapa, con ansias de protagonismo y sin ese fastidio que solía mostrar últimamente, pero, parece adrede, que cuando uno quiere arrancar no encuentra compañía porque el resto anda torcido. En vez de un conjunto, lo que tenemos hasta ahora es una suma de individualidades: a veces se enciende una lamparita y otras veces se enciende otra, como en Stranger Things. Estamos todes a la expectativa de que se prendan un par de luces a la vez, cuando tenemos la pelota en nuestro poder, a ver si de una vez por todas se desata el monstruo azulgrana.

El segundo tiempo fue un martirio, de principio a fin. Vélez salió fresquito, como si el partido recién arrancara, y San Lorenzo parecía que estaba jugando el alargue de un cruce de copa en Brasil. Todos con la lengua afuera. Es cierto que el equipo de Heinze está compuesto por mayoría de pibes, pero, si te fijás línea por línea, tampoco había una diferencia descomunal de edad. El asunto es que nuestros mediocampistas no están pudiendo sostener el ritmo de juego durante los segundos tiempos, y entonces cedemos tenencia, resignamos mitad de cancha y esperamos al rival en campo propio. El DT intentó con Mussis y Barrios en lugar de Rojas y Merlini, pero no pasó mucho, más allá de algún arrebato del can. Resta saber cuál es la posición que mejor le sienta a Reniero: nos hemos habituado a verlo arrancar desde más atrás, haciéndose del balón sobre alguna de las bandas y aportando no solo en la definición, sino en la construcción del ataque y en el abastecimiento. Cuando lo vemos ahí arriba, como si estuviera en penitencia, dá la impresión de que estamos desperdiciando su potencial como jugador de fútbol. Vamos a ver cómo se reordena esa línea ofensiva cuando vuelva el Capitán y cuando esté recuperado Mouche, si es que el entrenador lo considera una alternativa para el once titular. De acuerdo a sus planteos teóricos, podríamos creer que sí.

Se vienen dos de local: dos bravos, contra equipos que están prendidos arriba. Habrá que resolver el enigma de los segundos tiempos. Vimos una digna primera mitad en el Amalfitani, igual que habíamos visto en el Cilindro. No sé si nos está pasando factura el flojo entrenamiento físico o el mal lastre emocional, pero hay que salir pronto de esa encrucijada.


La reconstrucción

“¡Andate Pampa, dejá de robar!”. ¿Ah, no está más el Pampa? Bueno, denme alguien a quien insultar, ¡por el amor de dios! Igual, no se preocupen, ya tengo un nombre en la cabeza, pero lo voy a tirar un par de párrafos más abajo. Antes que nada, me gustaría aclarar algo: por lo general, hay muchas maneras de leer un partido, así como también hay muchas maneras de leer la realidad -y no hay que ser ultra sagaz para notarlo-. En este caso, el encargado de analizar un partido tiene esa extraña potestad de hundir al equipo, de destrozar a sus protagonistas, o bien de tener una actitud mesurada frente a lo que pudo observar. Bien, yo suelo apostar a la segunda, y en esto no pretendo que todo el mundo me acompañe; de hecho, ni siquiera hablo en nombre de La Soriano, porque seguro que no todes mis compañeres piensan igual que yo. Y en eso de ser mesurado, les propongo lo siguiente:

Imaginemos que el equipo que entró a jugar el segundo tiempo contra Talleres hubiese sido la base titular. Imaginemos que esos once hubieran jugado desde el minuto cero: Belluschi cerca del cinco, manejando los hilos desde la mitad, dos nueves bien definidos, incluso participando en la creación del juego, y dos volantes ofensivos como Merlini y Mouche; proponiendo ataques en bloques, con los laterales proyectándose. No está mal, ¿no? De hecho, podría coincidir con los planes del nuevo entrenador, que, según tengo entendido, suele parar sus equipos en un esquema 4-3-3. Está claro que no prosperó en esta ocasión, pero, durante  los primeros 15 minutos de la segunda etapa, tal vez 20, yo vi un equipo plantado en campo rival, avanzando con triangulaciones prolijas a pesar del aire denso que se respiraba, y ahogando a un Talleres que estaba cómodo con su ventaja. Entonces, ¿por qué no funcionó? Bueno, porque no es lo mismo salir a jugar con la tranquilidad de un partido que recién comienza, que salir a dar vuelta un resultado adverso, después de un mal primer tiempo y en el contexto de un clima áspero que ya nadie osaría disimular.

Bueno, pero cortémosla con este recorte arbitrario que estoy haciendo de la realidad y vayamos a lo que realmente pasó. La derrota frente a Talleres, en condición de local y por primera vez en la historia, tiene nombre y apellido: Franco Mussis. Un muchacho contrariado, que tensa todo innecesariamente. En la crónica del partido contra Temperley ya habíamos mencionado esas manías que tiene de filtrar pases por donde no se puede, perdiendo una cantidad enorme de balones y auspiciando contragolpes del rival, con el partido en tablas y cuando nada, pero nada, justifica correr esa clase de riesgos. Bueno, parecería que hoy entró dispuesto a redoblar la apuesta, insistiendo con esa forma de salir jugando y viendo compañeros allí donde solo hay rivales. El único gol del partido llegó tras una pérdida suya, pero me quiero quedar con una jugada que se produjo alrededor de los 35 del primer tiempo, y que grafica todavía mejor su pobre actuación: recibe una pelota contra la raya izquierda, en posición defensiva pero sin una marca asfixiante, y en lugar de intentar retenerla, o bien de despejarla hacia un sector de la cancha menos peligroso, pone el pie flojo y direcciona el balón hacia el círculo central, ofreciendo al equipo cordobés otro ataque fuera de contexto. En la misma jugada, y cuando el peligro parecía diluirse, patea a un rival desde atrás y regala un foul a dos metros del área de Navarro.

La mala noticias para Mussis no es lo que yo pueda escribir en esta crónica; en definitiva, ¿a quién le interesa esta crónica? La mala noticia es que Almirón no estaba volando hacia Buenos Aires, sino que ya había llegado anoche. Seguramente, el nuevo DT habrá seguido con atención las acciones de la tarde en el Nuevo Gasómetro. Por otra parte, Merlini cumplió a la perfección con el papel que Botta venía desarrollando durante los últimos encuentros: fastidioso todo el partido, no pudiendo engranar con Belluschi, tirando patadas a los rivales e insultándose a sí mismo y a los demás. Ya en el segundo tiempo, ingresaría Botta, y por enésima vez no gravitaría en el match. Ya en la última jugada, recibe el juego por banda derecha, con espacio, con chances de centro, pero manejó la pelota con tal displicencia que se la acabaron birlando. Belluschi, que ya venía arrastrando un calambre desde hacía varios minutos, fue al suelo y forzó la infracción que sería la última acción de la tarde para el Ciclón. Lamentablemente, la ejecutó el propio Botta, que no hizo más que servirle la bola al arquero Herrera.

En el transcurso del segundo tiempo, y en la medida que no pudo concretar las situaciones que generaba, el equipo se fue desinflando. Es lógico: es un equipo que viene golpeado desde hace bastante tiempo, y cuando es así no es sencillo sostener la moral alta y atacar incesantemente hasta conseguir dar vuelta la taba. Sobre el final, Reniero perdió el empate abajo del arco. Pero apuesto a que ningún cuervo tiene nada para reprocharle al Príncipe. Gran entrada del grandote Gaich, que demostró aptitud para pivotear y para desbordar cuando el juego lo requiere. Y no mucho más. Hay trabajo para hacer. Estamos todes a la expectativa de la era Almirón, que el próximo domingo estará sentado en el banco azulgrana, en la cancha de Liniers.


Ni el tiro del final te va a salir

Y se acabó nomás. Y fue tal como presentíamos que podía ser. El pronóstico decía lluvia, y si bien los pronósticos fallan, esta vez llovió. Volvió a llover, mejor dicho, porque dá la impresión de que vivimos en Londres, de tanto cielo gris. Bueno, pero intentemos hablar de fútbol:

Personalmente, yo tenía la sensación de que salíamos a jugar el partido con un equipo cercano al ideal, dentro del material que tenemos en el plantel. Dejando de lado la improvisación en el lateral izquierdo, que terminó cubriendo Senesi, y la ausencia de Poblete en la mitad de la cancha, era un buen equipo el que saltó al campo de juego de Lanús. En los nombres, claro. Después, una vez que la pelota hace lo suyo, los nombres se disipan y lo que queda es el rendimiento: sobre todo el colectivo. Ese que extrañamos tanto.

En el transcurso de la primera parte, fuimos testigos de mil charlas entre jugadores y cuerpo técnico, en el afán de ordenar el medio campo. Raro, porque esta vez no se trataba de una línea de volantes alternativa como la que le jugó a Racing el domingo: a esta altura del año, uno podía llegar a pensar que Mussis, Botta y Belluschi se entendían con un poco más de facilidad y sin esa necesidad desmesurada de andar reordenándose tanto en medio del partido. Bueno, eso es lo que suponíamos. Pero de nuevo cometimos un error, los que dábamos por hechas ciertas cuestiones propias del trabajo cotidiano. Los laterales nunca recibieron el auxilio de Botta y Belluschi, a la hora de defender las bandas, y así fue como llegó el centro de Temperley que abrió el marcador. A Mussis no se le puede negar la entrega, pero muestra un juego desordenado y a la hora de salir con pelota dominada se torna peligroso, dada la tendencia que tiene a filtrar pases por el medio del campo en lugar de abrir la cancha y buscar un juego más seguro. A Botta nadie le niega su habilidad con el balón, pero desde que agarró la titularidad con el Pampa, nunca pudo serenarse, nunca pudo levantar la cabeza y acompañar virtuosamente los ataques que puede generar el equipo. Belluschi no marcó la diferencia en la primera etapa y Reniero tampoco gravitó: si ellos dos no están metidos, bueno, difícil pensar en armar algo interesante. El pibe Insaurralde, de lo mejorcito. A pesar de su poca experiencia en primera, bajó a buscar el fútbol, intentó triangular y volvió a mostrar carácter. No es poco.

La única clara de San Lorenzo llegaría sobre el filo de esa primera mitad: buen centro de Senesi desde la izquierda y cabezazo del capitán que se estrelló en el travesaño. Al descanso un gol abajo, y estaba bien. El segundo tiempo se hizo de ida y vuelta y Temperley empezó a perderse algunas contras desde temprano. Belluschi salió cuando faltaba media hora para el cierre, es decir, el tramo del partido que solía disputar desde que volvió de la lesión: pero no se fue reemplazado, sino expulsado, tras una doble amonestación. Mouche entró por Mussis, a jugar lo que le faltó el domingo en Avellaneda. Con diez, San Lorenzo mostró su mejor versión: no por generar un juego deslumbrante, desde ya, sino por atacar con convicción y ahogar a su rival, que se fue metiendo atrás y ya no salía tanto de contragolpe. Las que tuvo, Coloccini las defendió con actitud. En tiempo de adición, cuando el referee ya había dado cinco, Blandi sacó un disparo de afuera del área y San Lorenzo lograba aquello de ir a los penales, merecidamente, a juzgar por lo hecho tras la expulsión de su número 10.

Las estadísticas decían que a nosotros nos iba bien en los penales y a Temperley no. Nico Navarro ya nos había dado algunas alegrías de ese estilo. Pero el pronóstico decía lluvia, y en el sur del Conurbano le iba a llover al Ciclón. Dos tiros de cada lado, 2 a 0 abajo en la tanda de penales. Irremontable. Y ni me hagan hablar de cómo pateó Ariel Rojas. No me parece relevante que Temperley juegue en una categoría menor: está claro que en nuestro fútbol ningún partido se regala. A los de nuestra categoría los habíamos eliminado, incluso jugando mejor. El asunto, acá, era que San Lorenzo se estaba viniendo a pique, y se terminó de desmoronar. El Pampa ya presentó su renuncia, no voy a hacer leña del árbol caído. Diré solamente que fue responsable del desconcierto que quedó de manifiesto mientras se disputaba el primer tiempo, no pudiendo el equipo acoplarse a las exigencias del juego. Y ese desconcierto, en definitiva, fue la constante de estos últimos meses. Con un par de excepciones, como el partido en casa contra Nacional, el cruce versus Colón, en el Bielsa, e incluso el primer tiempo del domingo en el Cilindro, cuando se intentó hacer un juego honesto. Unos pocos chispazos, pero el fuego nunca encendió. No se pudo. A pensar para adelante.


Mate lavado

Terminó el primer tiempo y el núcleo duro de La Soriano salió al balcón a recibir la luz y la calma de un mediodía auspicioso, en una ciudad que se mostraba amigable. El resto del grupo ocupaba el living a sus anchas y aprovechaba para avanzar sobre lo que quedaba del desayuno. Alguien pone la pava para arreglar el mate, las conversaciones versan sobre la vida con un optimismo poco habitual en los últimos tiempos. Es que, después de todo lo que se había hablado en la semana, San Lorenzo se mandó un primer tiempo de novela y no le metimos tres pepas al puntero porque pecamos de buena gente a la hora de definir el par de contras que tuvimos. Antes del gol, incluso, ya habíamos contado dos chances claras para abrir el marcador. Racing no le encontró nunca la vuelta al planteo que puso el Pampa: avanzaba medio a los ponchazos pero perdió siempre la mitad y San Lorenzo jugó a la contra con fuerte convicción. El fondo firme, Mussis guerrero, Mouche metido, el Príncipe crack. Reniero es un valor altísimo que tenemos la suerte de tener en nuestras filas. Cerca de los 30, San Lorenzo atacó fuerte y después de un par de rebotes la pelota le cayó llovida a los pies, como si fuera El Elegido. Le clavó los ojos y no la dejó ni tocar el suelo: “tac”, hizo, y salió a festejar rumbo al banderín del corner.

Las charlas en el departamento se pisaban y la tranquilidad era total. Alguien llama al resto para que nos vayamos acercando porque ya estaba arrancando el segundo. Estábamos en eso, fijándonos de sentarnos igual que antes, cuando alzamos la vista y lo vemos al Licha llevándose el balón y corriendo hacia el arco como venado por la pradera. Ese estado parsimonioso, casi petulante, que se había apoderado de nosotres, como si fuésemos militantes de Bolsonaro, se disipó en 15 segundos. Senesi se apuró y en el afán de tirar la pelota a cualquier parte no hizo más que apuntarle a un rival. El rebote le cayó redondo al 9 que, ya sabemos, es un gran definidor. Navarro pudo haber salido con un poco más de ímpetu, lo cierto es que el partido estaba uno a uno y que Racing se iba a venir envalentonado. Remontar el barrilete en esta tempestad, solo hará entender que ayer no es hoy, que hoy es hoy: dura realidad la que vivimos en Boedo por estos días.

Desde La Soriano preferimos ser cautos a la hora de criticarnos nosotros mismos, sin mirar para otro lado pero tampoco siendo hirientes con gente que, entendemos, quiere lo mejor para el club igual que cada une de nosotres. Antes de criticar, pienso que no está de más volver a aclarar que el Pampa fue elegido para afrontar un momento futbolístico de transición, con muchos jugadores de la vieja guardia que se alejaron en masa y con muchos pibes que fueron asomando partido a partido y que, en muchos casos, parecen estar listos para ser partícipes de un gran plantel. Sinceramente, no sé qué está pasando con el asunto de las lesiones, las sobrecargas y la mar en coche: entiendo de entrenamiento físico tanto como de botánica, pero a esta altura de los hechos me dá la impresión de que hay algo más que mala fortuna: porque no es que San Lorenzo esté atravesando una seguidilla infernal de partidos jugados, ni nada que se le parezca. La idea de plantar un equipo tan alternativo como el que se vislumbraba en la previa también habilitaba la polémica: una polémica que se diluyó después del correctísimo primer tiempo, pero que volvió fortalecida conforme transcurría el segundo. Hubo un click en el partido y ahí creemos que el Pampa falló: sacarlo a Mouche para que ingrese Belluschi, cuando el punta estaba haciendo un juego parejo y cuando Reniero ya había tenido que dejar la cancha, fue una decisión que nos debilitó profundamente. Si antes de eso éramos un equipo liviano, ahí nos convertimos en peso pluma, dependiendo otra vez, exclusivamente, de alguna pincelada del 10. El segundo de Racing llegó un minuto después de esa modificación. Al toque entró Ariel Rojas en lugar del sentido Pereyra y ahí ya nadie sabía a ciencia cierta cómo estaba parado el equipo. Era un gol de distancia, pero, moralmente, el empate no parecía una opción real.

Decimos que el Pampa le pifió en ese cambio porque no es lo mismo defenderse como en el primer tiempo, con esa convicción de salir de contra y lastimar, que quemar todos los papeles y refugiarse media hora a aguantar como sea. Te puede salir, porque en el fútbol cualquier cosa puede salir, pero digamos que no le estás poniendo onda. Y no salió, claro, porque el Rasta es un jugador exquisito pero no te va a salvar las papas todos los partidos. Hay jugadores que confirmaron su bajo nivel y otros que cumplieron un buen partido, como Gonzalo y el pibe Ferrari, que defendieron con determinación e impidieron una derrota abultada y más dolorosa. Gudiño esta vez cumplió. Se viene Temperley, ¿una final? Ponele. Un aliciente, diría. Avanzar en la Copa Argentina es la zanahoria que nos queda y ganarla sería una manera digna de terminar el año. El que viene está la copa importante y mientras tanto hay que seguir dándole rodaje a estos pibes que van a ser el sostén del próximo San Lorenzo. Lo del Pampa parece historia juzgada: antes que caerle con todo el peso, como si fuera un traidor, sería mejor agradecerle por haber puesto el pecho en este momento y ayudar a armar un equipo prácticamente desde cero. Ojalá tenga suerte como DT. San Lorenzo va a mejorar porque hay material. Aparte, no nos olvidemos, peor está el Real Madrid.


Contra todo y contra todos. Los hinchas y unos pocos dirigentes frenamos la privatización de nuestros clubes

Una vez más (seguramente no sea la última), los hinchas y unos pocos dirigentes con valentía dieron la pelea contra el avance privatizador en el futbol argentino. Esta vez fue especial. No fue como aquella votación de Comité Ejecutivo en 1999 que terminó con 34 votos en contra y uno, el de Mauricio Macri, a favor. Eran los años 90 y las privatizaciones parecían ser la solución a todo, es cierto, pero la AFA estaba dirigida por el hombre con más poder de la historia del fútbol argentino y Macri todavía no hacía pie en el fútbol. Hoy Macri es el presidente, tiene mucho peso en AFA y controla los resortes de la justicia. Al menos por ahora el empresario no podrá concretar algo que ya es una obstinación.

Fue todo sólo un rumor, y tal vez haya sido el intento que más posibilidades tuvo de terminar abriéndole la puerta a las Sociedades Anónimas al fútbol argentino. Se decía que en la próxima reunión de Comité Ejecutivo se iba a convocar a una asamblea extraordinaria para reformar el estatuto para permitir su ingreso. Nadie nunca lo hizo oficial. No hubo ninguna declaración institucional ratificando o negando lo que todo el mundo sabía a voces. Se escudaron detrás de un silencio que olía a podrido: una práctica habitual del operador en la justicia del gobierno, Daniel Angelici. Pero al silencio oficial le siguió el silencio de la mayoría de los dirigentes. Rumores de todo tipo y poroteos (siempre extraoficiales) empezaron a preocupar a los hinchas. Los que decían estar en contra del ingreso de las SAD no decían públicamente que iban a votar en contra del proyecto. Circularon versiones de presiones de todo tipo. El anhelo de Macri parecía cerca de concretarse.

Pero la movilización de diversas agrupaciones involucradas en La Coordinadora de Hinchas, de la que formamos parte junto con la Subcomisión del Hincha del CASLA, comenzó a visibilizar el problema Y un grupo valiente de dirigentes salió a dar la cara y se opuso abiertamente. Los cuervos y cuervas tuvimos un rol clave. Una publicación en las redes de Matías Lammens rechazando el proyecto provocó en pocas horas decenas de miles de adhesiones. La declaración de Lammens, casi en soledad, fue crucial; porque era el primer rechazo explícito de un club grande de Primera (días después se sumaría el descargo de nuestro vice, Marcelo Tinelli) y porque contenía argumentos sólidos. Lammens se constituyó de hecho como el líder del grupo opositor.

Las voces de rechazo comenzaron a propagarse y los dirigentes de Vélez, Independiente, Gimnasia, Lanús y varios del ascenso expresaron públicamente su rechazo. Sin embargo, lo que terminó de resolver el asunto fue el repudio generalizado que comenzó a aparecer en forma de cantitos en las canchas. Fue la popular de Vélez la que inició las protestas al grito de “El club es de los socios”. La estocada final la dimos otra vez los cuervos el lunes: “Macri delincuente / San Lorenzo no se vende” prometía ser el nuevo hit del verano, algo que al gobierno no le agradó escuchar.

Finalmente, el martes se conoció que el Comité Ejecutivo no incluyó el tema en el orden del día de la Asamblea Extraordinaria que se realizará el 29 de noviembre. Una gran victoria para aquellos que nos resistimos a la compra-venta de nuestros colores. Una lucha más en la que los cuervos y cuervas nos destacamos. Porque vamos a defender hasta lo último los colores de nuestros padres y abuelos, incluso si intentaran volver más adelante con el mismo proyecto o similares. Porque estamos orgullosos de ser del club bandera de la resistencia contra la privatización del fútbol.


Sergio Maldonado: “San Lorenzo me eligió a mí en un momento que yo lo necesitaba”

Conocimos a Sergio en la Casa de la Cultura, en una actividad organizada por la Subcomisión de DDHH. Tuvo palabras muy elogiosas respecto al club, meses después de haberse hecho socio. No era casual: San Lorenzo fue la primera institución del fútbol argentino que pidió la aparición de Santiago. Luego se juntó con el hincha más conocido del planeta -Francisco- y meses después pisó el Pedro Bidegain y el Polideportivo Roberto Pando.

Antes de irnos de esa actividad le hicimos una pregunta puntual y quedamos en conversar vía telefónica para la web de La Soriano. Semanas después salió una conversación profunda, de esas que te hacen pensar que de verdad somos más que 90 minutos: Sergio enfatiza sobre los valores del club, habla del acompañamiento de socios e hinchas y remarca “la parte humana” de nuestra institución. También da cuenta de la situación actual en relación al pedido de justicia por su hermano. Y agradece. Porque es un tipo que, a pesar de los golpes, sabe agradecer a quienes -como San Lorenzo- estuvieron siempre a su lado.

¿Cómo te vinculaste con San Lorenzo, el primer club que pidió la aparición con vida de tu hermano?

Santiago no era hincha de San Lorenzo. A él no le gustaba el fútbol directamente: no tenía un club. Lo de San Lorenzo es esto que decís vos: fue el primer club que salió a pedir la aparición con vida. Después se generó algo, no se si internamente, con esto de que el Papa es de San Lorenzo. El la recibió a mi vieja: ella y mi abuelo eran de San Lorenzo, mi abuelo iba a la cancha, en los años 50. Se había mudado a Buenos Aires y vivía ahí. Nunca me inculcó que me hiciera hincha de San Lorenzo, yo era hincha de Boca.

Pero sí me di cuenta que me había hecho hincha de San Lorenzo cuando grité el primer gol, la primera vez que fui a la cancha. Eso lo sentí, sentí el cariño de la gente. Sentí a esa hinchada, que no he visto en otro lado: que sean tan originales en las letras y canten tanto. Esa también fue una seducción para volver: yo había descreído un poco del fútbol y con esto de Santiago en diferentes lugares fui sintiendo contención. La contención la recibí de ahí, de la gente que está en DDHH: me pareció que era interesante todo lo que estaban haciendo. Ya el primer día que puse un pie en la cancha sentí ese cariño, no solo de la gente de San Lorenzo, sino de quienes trabajan ahí todos los días. Eso logró una especie de comunión con mi vieja: San Lorenzo me eligió a mí en un momento que yo lo necesitaba.

- ¿San Lorenzo te dio contención? Es un club que siempre tuvo vínculo con los organismos de DDHH

Es una mezcla de cosas. Es esa necesidad de tratar de empezar a estar un poco bien. ¿Por qué digo un poco bien? Cuando pasa lo de Santiago es como que yo personalmente me olvido de un montón de cosas. Y entrás en esa vorágine de pedir primero la aparición con vida, después seguir reclamando saber que le pasó para después poder tener justicia. Las victimas, los familiares, cuando pasa eso empezamos una especie de carrera por vencer a la justicia. Y a veces nos olvidamos de algunas cosas que teníamos nosotros: no digo placeres, pero si distracción. Y una de esas distracciones puede ser la música, el fútbol. A mi me costó reencontrarme: primero fue con ir a un recital, por ejemplo. Pero siempre se fue dando en el marco de estrechar más vínculos con esos sectores que salieron a respaldar o se pronunciaron a favor: se trataba de tener más contención.

- ¿Cómo aparece la figura del Papa Francisco en ese acercamiento con San Lorenzo?

Mi vieja es muy creyente y yo, más allá de haber ido a colegio católico, dejé un poco eso de la religión. Pero bieno, la figura del Papa es algo que trasciende todo eso. Y corta por sobre todo el resto. Eso fue en diciembre de 2017. A mi vieja le hizo muy bien. Y yo vuelvo a la cancha a fines de julio de 2018. Ahí es donde me hago socio y empiezo a ir. Pasó un tiempo, no es que fue enseguida, automático. Se fue generando un vínculo que fue generado por el. Y yo empecé a ver a la distancia todo lo que se había generado en torno a lo de Santiago.

Y digo que fue una elección porque se acercó Tamara de DDHH y ahí fue cuando empezó ese vínculo. Se fue dando: es un club identificado ya con un montón de cosas. Tal vez sea eso que estaba en que tenía que suceder: el Papa, la bandera por Santiago, la charla que di recientemente (en la Casa de la Cultura). Después fui a conocer la cancha de básquet: estaban todos jugando al ping pong, habían otras actividades. Cuando se van haciendo las cosas bien y se mantiene esa esencia de barrio. Por ahí eso es lo que necesitaba.

Y desde el club también me preguntan: “¿Cómo están tus viejos?” “¿Pasó algo en la causa?”. Por eso digo que va más allá de lo futbolístico. Hay seres humanos. Hay una parte humana que no digo que en otro club no esté, pero yo la encontré en San Lorenzo. Tal vez todos los clubes tienen lo mismo y yo nunca lo necesité. Es conmovedor y gratificante.

- ¿Es cierto que te gustaron tanto las canciones de la hinchada que te las bajaste en Spotify para aprenderlas? Contanos un poco de ese acercamiento a las canciones más originales del fútbol argentino.

Después que fui a la cancha, no enganchaba una letra. Yo venía de escuchar canciones menos elaboradas en las canchas. Estas son más complicadas: tenés que andar con una partitura más o menos. Y miraba, pero leía y no encontraba el tono. Y justó encontré en Spotify que había varias, mal grabadas pero que estaban buenas. Así que empecé a escucharlas y ya las otras veces que fui fue distinto. Y ahora las canto solo. Son muy ingeniosas: lo que me llama la atención es el cambio de ritmo que le meten. Arrancan y siguen. No se hace un bache. No hay un silencio. Y esto todo el tiempo, todo el partido, está bueno. La canción de “Si yo fuera presidente”, por ejemplo, tiene más letra que cualquier letra de música. La de “Vamos vamos Azulgrana” es el caballito de batalla mío: “porque nos fuimos a la B, porque volvimos a la A”. También “¿Qué te pasa quemero?”. Me gustan todas: no es “eh andate a la concha de tu hermana”. Hay una previa, una inteligencia en las letras.

¿En qué estado actual está el pedido de justicia por Santiago? ¿Cómo está viviendo tu familia este momento?

Nosotros seguimos insistiendo en que nos aprueben un grupo de expertos independientes que garanticen la investigación. Hoy todo depende del mismo Ministerio de Seguridad. No puede investigar Policía Federal y Prefectura cuando es parte del problema. Todos dependen del mismo Ministerio, a cargo de Patricia Bullrich. La Prefectura que mató a Rafael Nahuel no puede ser la que investigue cuando Gendarmerìa desaparece a Santiago y después aparece muerto. Todos dependen del mismo ministerio. Eso no va. Después tenés quiénes investigan, que son funcionales al gobierno: los mismos fiscales o jueces que deben investigar a Gendarmería lo hacen conmigo y con mi familia. La investigación va por otro lado. Nosotros seguimos pidiendo ampliar puntos de pericia de la autopsia, porque no dice ni cómo ni cuándo ni dónde murió Santiago. Y en base a eso seguir reforzando el pedido que se hizo de intervención de teléfonos. Nosotros seguimos pidiendo cosas y ellos las rechazan. Vamos a la Cámara, nos vuelven a rechazar. Apelamos. Y así estamos. Mientras buscábamos a Santiago nos intervenían el teléfono y nos investigaban a nosotros. Los procesos son largos: nosotros vivimos en Bariloche, la fiscal está en Esquel, la causa está en Rawson, la Cámara para apelar en Comodoro Rivadavia y la Corte Suprema en Buenos Aires. Con ese panorama tratamos de seguir viendo todos los días qué es lo que pasó. Y cuanto más tiempo pasa, más nos alejamos de la verdad.

¿Que querés decirle a los hinchas de San Lorenzo que te apoyaron durante este tiempo y ahora te sienten un cuervo más?

A los hinchas de San Lorenzo agradecerles. A ellos como a tantas otras personas que siempre nos apoyan y siguen manteniendo viva la memoria de Santiago y el pedido de Verdad y Justicia. Pero más que nada a los hinchas por el gran apoyo y por el cariño. Hay que bancar un poco al Pampa Biaggio: es un equipo nuevo, se está reencontrando. Nos quedamos afuera de la Copa (Sudamericana) pero quedan la Argentina y el Campeonato. Así que hay que meterle ahí. Más allá de eso los procesos a veces son largos: uno como hincha es lógico que quiera resultados inmediatos. Pero a veces hay que trabajar a largo plazo. Me parece que se puede esperar y tener un poco más de tolerancia, no como otros clubes donde perdés dos partidos y ya los empiezan a putear. Quedó claro con Patronato, que estuve en la cancha: jugaron los pibes, la gente alentó, los pibes respondieron y terminaron dando vuelta el partido. 


Sí se puede

El pampa en otra vida debe haber sido uno de esos boxeadores que hacían durar las peleas para mantener en vilo a la audiencia. Otra vez San Lorenzo guardó para el final una emoción y esta fue para que los tres puntos queden en casa.
Claudio Darío impuso algunas modificaciones. Abondonó el estático 4-3-3 para pasar 4 4 2 con Rojas por izquierda, Mussis e Insaurralde en el centro y Botta partiendo desde la derecha hacia un lugar desconocido y mágico.
Cuando la mano viene mal es importante entregar una muestra de sapiencia y capacidad de adaptación.
En los primeros 9 minutos pasó de todo: a San Juan le anularon bien un gol en offside, Reniero tuvo una tras una gran habilitación de Botta, el tano Ferrari salió y perdió, Senesi salió y perdió y Villaruel abrió el marcador para la visita. Cuando todos pensamos que la noche se oscurecía vino un hermoso centro de Pereyra que rebotó Reniero para que el capitán Blandi facture la única chance que tuvo en toda la noche. 1 a 1 en un pestañeo. No pasó demasiado en lo que quedó de aquella primera mitad. Mussis estaba errático y al ciclón le costaba salir y exponía su debilidad para defender pelotas aéreas en cada balón detenido en contra. El cambio de esquema le permitió a San Lorenzo aprovechar un poco mejor el ancho del terreno y no estar tan desnudo a la hora de defenderse.
El complemento se desarrolló como si no existieran ni los mediocampos ni los arcos. Ambos equipos iban frontalmente hasta tres cuartos y no lograban pasar de allí. El gasto lo hacía San Lorenzo quien manejaba la pelota un poco mejor. Saltó a la cancha Belluschi por el fatigado Rojas y Travieso Hernández hizo lo propio en lugar del ovacionado Insaurralde.
Puntito para el DT: iban 85 minutos cuando Salazar trepó como un tractor por la banda derecha y tocó atrás. Extraordinario cambio de frente de primera de Fernando el 16 y atención. El Travieso entró solo por izquierda y como quien corta una lima para adornar un trago de Gin Tonic tajeó el balón con cara externa y logró cruzar con fuerza la pelota haciendo estéril la estirada del experimentado Ardente.
2 a 1 y locura desatada en el Pedro Bidegain.
Ayer nomás el último de la tabla le dio vuelta con uno menos el partido al primero. Todo un síntoma de esta Superliga. No parece haber nunca grandes favoritos en ningún partido y la noche de anoche no fue la excepción.
No debo haber sido el único que al leer la formación a la tarde suspiró con incertidumbre.
La sugestiva visita de Beccacece de anoche no hace más que agigantar el olor a ciclo cumplido que hay en torno a la figura de Biaggio. El pampeano promovió 9 jugadores de inferiores y consolidó a otros dos. Un equipo entero nuevo. Logró clasificarnos a la Libertadores del año próximo. Le vendieron todo. Sin ningún tipo de piedad. Titulares, suplentes y jugadores caros. Todo. Y el hombre fue, puso la cara y sale a disputar los partidos con hidalguía.
Desconozco si alguien recuerda la influencia del cabezón Ruggeri en el armado del equipo campeón de 2001 pero será válido recordarlo a Pampa cuando este equipo que armó se consolide y sea una sensación. No tengan dudas cuerv@s, hay muy buen material. Salvo ese lapsus de los primeros 10 minutos Senesi jugó su mejor partido y fue un verdadero líder dentro de la cancha. Insaurralde mostró cosas muy buenas y demostró tener una gran soltura. Salazar jugó muy bien también y Pereyra además de ser un excelente lateral en ataque puede ser un sólido defensor. Una seguidilla de triunfos podría ayudar a recuperar a aquellos jugadores que están en un nivel bajo. El torneo es una locura y falta muchísimo: no se apuren en despedirse del Pampita. El hombre va a dar pelea hasta el último round.