En el último renglón de la crónica de la clasificación frente a Colón, habíamos escrito que qué lástima que no estaba Belluschi. No sé cuándo fue eso, creo que pasaron diez años. También me acuerdo que hablábamos de un equipo que estaba queriendo cambiar de piel, que buscaba esa identidad que siempre reclama el hincha. Se notaba esa búsqueda, se veían las ganas. Bueno, nada de eso pasó en el primer tiempo frente al Pincha. No se buscó presionar la salida del rival para recuperar el balón en campo contrario, no apareció el equipo aguerrido y tampoco se lo notó preciso, ni siquiera en pases de escasa dificultad. Las líneas estaban en una posición mesurada y el enorme Gaich viendo si podía rascar algo por allá arriba. Las dos primeras pelotas que le llegaron fueron contra la raya y el pibe intentó resolver de la mejor manera posible, pero bien podemos intuir que lo suyo tiene más que ver con el área que con el desborde.

Quedó claro, durante el primer tiempo, que en Mendoza se enfrentaban dos equipos que están lejos de su mejor versión. De hecho, San Lorenzo no pasó más calor precisamente porque Estudiantes no aceleró nunca y no lo puso contra las cuerdas. Un córner fue lo más apremiante y Navarro tapó una bocha bárbara. La otra intervención del uno sería ya sobre el final del match, conteniendo sin rebote un tiro libre de la Gata y cuidando la ventaja de dos. A los 20 del primero salió esguinzado el criterioso Poblete y su lugar lo ocupó Ariel Rojas. Hemos visto, posiblemente, lo mejor del ex River desde que viste la casaca cuerva. Botta volvía a mostrarse inestable y fastidioso, sin poder desplegar juego ni hacerse cargo de los potenciales ataques del equipo del Pampa. Cerca del final de la primera etapa, el pibe Gaich agarró una bola en el medio y dedujo que el trabajo colectivo no estaba siendo nuestra mayor virtud, entonces, ¿qué hizo? Metió un ole y encaró derecho por el medio. Agarró abierta a la defensa pincha y el antiguo Braña lo barrió de atrás, por más berrinche que hiciera después. Penal y gol de Mouche, el primero en el Ciclón sin contar el de la serie de cinco contra los de Santa Fe.

Estudiantes lo empató con su receta a los diez del segundo, ganando de arriba en una pelota parada, pero eso no nos interesa tanto. El asunto es que un rato después entró Belluschi a la cancha y San Lorenzo pasó de ser un equipo que por ahí sufre con Cambaceres a otro que si viene el Barsa no sé qué pasa. A Botta se lo seguía viendo incómodo hasta ahí, buscando la pelota contra la banda derecha, a pie cambiado, sin poder resolver rápido porque es más zurdo que Fidel. Pero hete aquí que entró el Rasta y al amigo Rubén se le encendió la lamparita, y empezó a hacer tiki, tiki, y empezó a dar una mano para recuperar, y acá abajo Salazar metía y pasaba al frente como loco, y resulta que de repente había un equipo que atacaba en bloque. Es raro el fútbol, no te voy a decir que no, pero a veces es de manual: cuando entra a jugar un tipo con la claridad de Belluschi, todo se vuelve sencillo.

Colocha salió con un desgarro promediando el segundo tiempo y la mala gamba que estamos teniendo con el asunto de las lesiones no te la puedo creer. En fin. El segundo gol de San Lorenzo fue, quizá, la primera jugada de ataque que combinó precisión y velocidad. Botta lo vio claro a Belluschi y el diez lo puso a correr a Reniero con un pase marca Messi. El Príncipe vulneró la resistencia de Andujar y se desquitó de un mano a mano que ya le había tapado el arquero. Cinco minutos después, Belluschi recupera y mete la contra: la bocha le cae rápidamente a Gaich que se pone a correr y se la lleva raro, igual que en la jugada del penal, al mejor estilo Martín. Es que, como Palermo en sus mejores épocas, el pibe de Córdoba puede parecer que se tropieza, puede parecer que le queda incómoda, pero las estadísticas del partido dirán que él fabricó el penal y que metió el tercero, cruzado abajo.

Estaba claro que si hoy no se ganaba se iba a poner áspera la cosa en el club, independientemente del mayor o menor apoyo que cada uno le manifieste al dt. Pero también es cierto que, en su corta carrera, el Pampa se ha acostumbrado a nadar en estas aguas, y que daría la impresión de que no se va a ahogar así nomás. Dicen los comentaristas deportivos que, cuando ganás, el equipo labura más tranquilo y hay un poco más de margen para mejorar. Digo yo que mientras Fernando Belluschi no se resienta y siga asentándose como la manija de este equipo, todo va a ser un poco más primaveral.