De blanco salió al césped de la doble visera el equipo que tanto amamos, por el que penamos y por el que nos alegramos (muy cada tanto). El baterista Monarriz disupuso que la primera juege con el esquema clásico de las inferiores. 3 centrales con Coloccini de líbero y Cachila y Vegini de stoppers; un doble cinco con Poblete y Ramírez; Herrera y Pitton haciendo las bandas; los mellizos flotando y el tanque Gaich arriba.
Los quinieleros y los sociólogos dirán que era un planteo más defensivo: tal vez no erren. San Lorenzo se plantó de visitante a esperar y meter pelotazos de Vergini a Gaich. El primer tiempo fue muy parejo. Hubo una jugada al minuto en la que Óscar Romero remató desviado. Tuvo una Pablo Pérez que pasó muy cerquita a los 28.
Todos los cuervos que estábamos ahí sabíamos que el reloj era nuestro aliado y que en algún momento esa bomba de tiempo llamada “paladar negro” iba a comenzar a explotar.
Algo sucede en los clubes grandes cuando las cosas van mal: la gente no lo puede soportar. Toda una vida de status estallada en un instante de realidad. Como si lo aspiracional y la verdad de la milanesa se chocaran en un aleph de angustia y estupidez.
Gritan los hinchas, insultan, algunos toman pastillas. Otros patean asientos. Otros creen que insultando a ese muchacho de 20 años que corre por el lateral quizás el muchacho de 20 años que aún corre por el lateral levante su nivel.
Y transcurría el primer tiempo como un verdadero clásico: a pierna fuerte, con pocos espacios y con los dos equipos tratando de aprovechar alguna desatención del rival.
Eso ya fue mucho más que lo que mostró San Lorenzo contra Boca y contra Huracán y durante prácticamente todo el ciclo de Almirón y de Pizzi.
En nuestro mejor momento Independiente hizo una jugada muy previsible, lenta y paseó la pelota por todo el campo sin oposición cuerva.
Centro atrás es medio gol, decían los antiguos. Centro atrás de Sanchez Miño y golazo del Romero del rojo.
A los 5 del segundo tiempo encontramos una jugada igual a la del gol de ellos. Centro atrás de Pitton y remate veloz de Oscar. A los 8 Ángel pierde un gol que podría haber detonado la bomba de la depresión del rojo. Gaich pivotea y habilita al mellizo quien con el balón picando y ante un Campaña que dudó en la salida hizo lo peor que podría haber hecho y pateó al bulto. Contra Boca también perdió una chance muy clara para empatar, de cabeza. De ese córner vino un zapatazo de Coloccini al travesaño y todos los ánimos en la cancha del rojo estaban por estallar.
Esa pobre gente de Independiente que vio el descenso tras el gol de Angelito Correa empezó a sentir el fruncimiento de su alma y solos se metían adentro del arco a pedir por favor. Ya tenían el kerosenne listo, los fósforos. Estaban dispuestos a fagocitarse.
Esa pobre gente que tuvo de ídolo a Bochini y ahora se rompe las manos por Nico Domingo: hablemos de devaluación.
Sin embargo a Cachila se le ocurrió anunciar que se iba a tirar al suelo con un pasacalle. Desde la cancha de Racing se podía apreciar que el tipo se iba a tirar al piso en el área innecesariamente. Tardó tanto que a Romero le avisaron por mensaje de internet. Chequeó el mensaje, engachó, penal por mano. Gol de Silvio y ahí sí nos hicieron precio.
Lo único rescatable fue el partido de Herrera y el partido de Ramírez. Gaich no debió salir y en general los cambios no aportaron demasiado.
La estadística no falla: San Lorenzo perdió 7 de sus últimos 8 partidos y no estamos locos si empezamos a revisar los promedios para el próximo torneo con algo más que conciencia.
Sólo Dios sabe si te conviene vender a Senesi para desarmar toda la defensa y después traer 2 centrales malos y muy caros que te obligan a comprar 2 centrales el próximo campeonato.
Ayer San Lorenzo mostró mucho más de lo que venía mostrando. Por lo menos pateó al arco, puso la pata. Sobre el final se lo llevó puesto, sin claridad ni orden, pero con algo más de lo que mostró en los últimos tiempos de la mano de los laureados técnicos que hemos contratado.
Como si aquellas cosas que les enseñan en los cursos de DT no tuvieran validez en nuestro suelo: como la izquierda y la derecha. Para jugar en Argentina hace falta coraje. Lo esquemático, las posiciones fijas y estancas y la rigidez táctica conducen indefectiblemente a una derrota previsible.
Ojalá el próximo técnico sea una persona sencilla que pueda inspirar a nuestros jugadores a jugar con la camiseta de San Lorenzo. Y ojalá pueda sumar muchos y necesarios puntos.