San Lorenzo volvió a decepcionar en su excursión a Varela. Perdió sobre la hora y quedó a pasitos nomás del fondo de la tabla en una situación que comienza ser desesperante. Acuciado por un síndrome peligroso: el de ser endeble para cerrar los partidos.

Las posiciones en la tabla hablaron por si solas durante el primer tiempo. San Lorenzo se vio superado por la presión y la dinámica del equipo del rubio ex ayudante de Sampaoli. Sin generar demasiadas situaciones, pero desbordándolo en todos los aspectos del juego, Defensa lo acorraló y lo tuvo maniatado en gran parte de la primera mitad. El pobre Peruzzi la pasó como el dia que Gaudio dijo “que mal la estoy pasando”. El colombiano Torres parecía desesperado por no dársela a nadie y patear al arco desde cualquier lado. Belluschi erró prácticamente todos los pases y Blandi fue un espectador de lujo. Nada para rescatar en esa primera mitad: una pelota parada y un centro cruzado del colombiano que el susodicho capitán no logró capitalizar. Mucho para reordenar tuvo el laureado DT azulgrana durante el descanso.

El complemento encontró a la visita mejor parada y a Defensa mermado en su insoportable presión. El trámite se volvió parejo; sin embargo, nunca logramos llevar peligro al arco rival. Tuvo una Márquez, luego de una contra ridícula de esas que ya acostumbra San Lorenzo cuando avanza y rifa el balón de manera inexplicable. La pelota pegó en el travesaño. Entró Alexis Castro lleno de ganas de demostrarle al runrún sanlorencista otro motivo para ir al psicólogo. Puso una pelota quirúrgica para otro mano a mano de Márquez que milagrosamente salvó Gonza cuando Monetti ya estaba vencido. Y sobre el final lo de siempre: Belluschi quiso justificar el ingreso de Mouche (no la tocó) mientras comandaba un contrataque que parecía peligroso y entregó displicente al rival que arrancó con una contra letal con todo San Lorenzo mal parado. Todo el tiempo del mundo tuvieron los atacantes de Defensa y muy solo, sin nadie que retroceda con ganas, Márquez tocó suave al costado de Monetti y adiós, a dormir sin cenar otra vez.

Este cronista no tiene ánimos de comparar a los refuerzos con los juveniles que prestamos. Ni de hacer un balance sobre qué sentido tuvo intentar afianzar jugadores del club para ahora traer gente que, en el mano a mano, hombre por hombre, puesto por puesto, no parecen ser demasiado más que los que han sido prestados o relegados a la reserva. Fértoli muestra cosas interesantes y el arquero parece ser bueno.

La mochila psicológica de que te emboquen siempre en los últimos cinco minutos parece agigantarse como para ese mochilero que a medida que trepa sobre el nivel del mar sufre la influencia negativa de la fuerza de gravedad. Agigantando su carga.

Ojalá pronto salgamos de esta ola de amargura, ciclón. Ojalá el famoso Almirón logre plasmar su revolucionaria idea y San Lorenzo deje de ser este equipo anodino que no patea al arco y no defiende bien. Había mejorado con Huracán y hoy se vio superado por una institución que apostó a consolidar un proceso con jugadores propios. Todo lo contrario a lo que hemos hecho nosotres. Tampoco parece tan extraño que el escolta del campeonato le gane a uno de los últimos: sucede que nos cuesta mucho aceptar el lugar que ocupamos hoy en la competencia oficial. Se viene el Independiente de los drones. Es tiempo de levantar cabeza y volver a la senda del triunfo antes que comience la Libertadores.