Esta es la diferencia que hay entre San Lorenzo y River o Boca: el partido de hoy. Es decir, una definición fuera de casa por Copa. Esa es la diferencia que separa a un grande del fútbol argentino de los dos más grandes, de los que están muchos cuerpos por encima nuestro. Duele, lo sé, y lo que digo da para la gastada, también lo sé. Bueno, la gastada es parte del fútbol, no? Qué le vamos a hacer.

Por supuesto que no me puse a escribir esto después del pitazo final. Tan lúcido no soy. Me fui a duchar, me negué a sumarme a una salida familiar, y ahora que pasó un rato del calvario paraguayo, me senté a escribir como les había prometido a mis compañeros. Y ahora me voy convenciendo de esto que les decía recién: aceptemos nuestro lugar. Aceptemos esos muchos cuerpos de distancia que nos separan de Boca y de River. Lo que pasó hace un rato en Paraguay nos marca la línea. Si ellos hubieran hecho el excelente primer tiempo que hicimos nosotros, y si se hubieran ido al descanso un gol arriba y con la clasificación en el bolsillo, ni Dios se las sacaba. O lo liquidan de contra y se vienen floreados, con un 3 a 0, o se plantan en su campo y andá a cantarle a Gardel. Sí, yo sí creo que existe la mística copera, y lamentablemente nosotros no la tenemos, por más que el 2014 nos haya hecho creer que era posible colarse en esas rendijas.

A nosotros nos pasa muy a menudo cosas como esta de hoy: nos vamos 1 a 0 al descanso, el partido está controladísimo y ese resultado nos mete en cuartos, pero tenemos cinco minutos fallidos, nos mandamos dos cagadas (dos) y en un abrir y cerrar de ojos nos vemos otra vez en el infierno, frente a la tv. Torrico, si mal no recuerdo, no tocó una pelota en todo el partido. Literalmente. Sin contar la contra del final, cuando ya estaba todo resuelto, Cerro Porteño nos llegó dos veces. Suficiente para volvernos a casa con las manos vacías y un panorama complejo por delante. Y a volver a ver la acción americana por Fox, y a ver qué pasa esta vez entre Boca y River.

¿Para qué contar que el primer tiempo fue estupendo? ¿Para qué decir que no sé cuánto tiempo hacia que no lo veía tan bien a San Lorenzo? ¿Para qué? Todos festejamos el sorteo, cuando salió la bolilla del falso ciclón, y ahí nos prendimos fuego, en la olla paraguaya, ingenuos y pecadores.

Pizzi tiene que demostrar ahora su muñeca como técnico: tenemos mucho equipo para tan diminuta competencia. Hasta la copa argenta nos birlaron. Es ingrato el fútbol. Insisto en esto de saber de qué madera estamos hechos. Para ser mejores de lo que somos, hay que poner los pies en la tierra