Terminó el primer tiempo y el núcleo duro de La Soriano salió al balcón a recibir la luz y la calma de un mediodía auspicioso, en una ciudad que se mostraba amigable. El resto del grupo ocupaba el living a sus anchas y aprovechaba para avanzar sobre lo que quedaba del desayuno. Alguien pone la pava para arreglar el mate, las conversaciones versan sobre la vida con un optimismo poco habitual en los últimos tiempos. Es que, después de todo lo que se había hablado en la semana, San Lorenzo se mandó un primer tiempo de novela y no le metimos tres pepas al puntero porque pecamos de buena gente a la hora de definir el par de contras que tuvimos. Antes del gol, incluso, ya habíamos contado dos chances claras para abrir el marcador. Racing no le encontró nunca la vuelta al planteo que puso el Pampa: avanzaba medio a los ponchazos pero perdió siempre la mitad y San Lorenzo jugó a la contra con fuerte convicción. El fondo firme, Mussis guerrero, Mouche metido, el Príncipe crack. Reniero es un valor altísimo que tenemos la suerte de tener en nuestras filas. Cerca de los 30, San Lorenzo atacó fuerte y después de un par de rebotes la pelota le cayó llovida a los pies, como si fuera El Elegido. Le clavó los ojos y no la dejó ni tocar el suelo: “tac”, hizo, y salió a festejar rumbo al banderín del corner.

Las charlas en el departamento se pisaban y la tranquilidad era total. Alguien llama al resto para que nos vayamos acercando porque ya estaba arrancando el segundo. Estábamos en eso, fijándonos de sentarnos igual que antes, cuando alzamos la vista y lo vemos al Licha llevándose el balón y corriendo hacia el arco como venado por la pradera. Ese estado parsimonioso, casi petulante, que se había apoderado de nosotres, como si fuésemos militantes de Bolsonaro, se disipó en 15 segundos. Senesi se apuró y en el afán de tirar la pelota a cualquier parte no hizo más que apuntarle a un rival. El rebote le cayó redondo al 9 que, ya sabemos, es un gran definidor. Navarro pudo haber salido con un poco más de ímpetu, lo cierto es que el partido estaba uno a uno y que Racing se iba a venir envalentonado. Remontar el barrilete en esta tempestad, solo hará entender que ayer no es hoy, que hoy es hoy: dura realidad la que vivimos en Boedo por estos días.

Desde La Soriano preferimos ser cautos a la hora de criticarnos nosotros mismos, sin mirar para otro lado pero tampoco siendo hirientes con gente que, entendemos, quiere lo mejor para el club igual que cada une de nosotres. Antes de criticar, pienso que no está de más volver a aclarar que el Pampa fue elegido para afrontar un momento futbolístico de transición, con muchos jugadores de la vieja guardia que se alejaron en masa y con muchos pibes que fueron asomando partido a partido y que, en muchos casos, parecen estar listos para ser partícipes de un gran plantel. Sinceramente, no sé qué está pasando con el asunto de las lesiones, las sobrecargas y la mar en coche: entiendo de entrenamiento físico tanto como de botánica, pero a esta altura de los hechos me dá la impresión de que hay algo más que mala fortuna: porque no es que San Lorenzo esté atravesando una seguidilla infernal de partidos jugados, ni nada que se le parezca. La idea de plantar un equipo tan alternativo como el que se vislumbraba en la previa también habilitaba la polémica: una polémica que se diluyó después del correctísimo primer tiempo, pero que volvió fortalecida conforme transcurría el segundo. Hubo un click en el partido y ahí creemos que el Pampa falló: sacarlo a Mouche para que ingrese Belluschi, cuando el punta estaba haciendo un juego parejo y cuando Reniero ya había tenido que dejar la cancha, fue una decisión que nos debilitó profundamente. Si antes de eso éramos un equipo liviano, ahí nos convertimos en peso pluma, dependiendo otra vez, exclusivamente, de alguna pincelada del 10. El segundo de Racing llegó un minuto después de esa modificación. Al toque entró Ariel Rojas en lugar del sentido Pereyra y ahí ya nadie sabía a ciencia cierta cómo estaba parado el equipo. Era un gol de distancia, pero, moralmente, el empate no parecía una opción real.

Decimos que el Pampa le pifió en ese cambio porque no es lo mismo defenderse como en el primer tiempo, con esa convicción de salir de contra y lastimar, que quemar todos los papeles y refugiarse media hora a aguantar como sea. Te puede salir, porque en el fútbol cualquier cosa puede salir, pero digamos que no le estás poniendo onda. Y no salió, claro, porque el Rasta es un jugador exquisito pero no te va a salvar las papas todos los partidos. Hay jugadores que confirmaron su bajo nivel y otros que cumplieron un buen partido, como Gonzalo y el pibe Ferrari, que defendieron con determinación e impidieron una derrota abultada y más dolorosa. Gudiño esta vez cumplió. Se viene Temperley, ¿una final? Ponele. Un aliciente, diría. Avanzar en la Copa Argentina es la zanahoria que nos queda y ganarla sería una manera digna de terminar el año. El que viene está la copa importante y mientras tanto hay que seguir dándole rodaje a estos pibes que van a ser el sostén del próximo San Lorenzo. Lo del Pampa parece historia juzgada: antes que caerle con todo el peso, como si fuera un traidor, sería mejor agradecerle por haber puesto el pecho en este momento y ayudar a armar un equipo prácticamente desde cero. Ojalá tenga suerte como DT. San Lorenzo va a mejorar porque hay material. Aparte, no nos olvidemos, peor está el Real Madrid.