Mis recuerdos “cuervos”

 

Tuve la buenaventura de ser 3ra. Generación de cuervos. De la mano de padres y abuelos conocí a mediados de los ´70 el Viejo Gasómetro, época en la cual el club florecía en todos los aspectos. San Lorenzo no sólo ofrecía un sinfín de actividades, sino además la tranquilidad a los padres que en el Viejo Gasómetro nada malo  podía ocurrir, de hecho todo lo bueno me ha ocurrido allí.

 

Es así que siendo aún preadolescente, fui adquiriendo cierta libertad dentro del club y participar de cuánta actividad me gustaba, primero fue la natación y sus campeonatos en  la grandiosa pileta olímpica de Av. La Plata, más tarde el  patín artístico despertó mi interés y a fuerza de giros, piruetas y mucha constancia porque era algo “patadura”, me incorporé al equipo de baile que representó al club en cuanto evento se presentaba.

 

Pero la experiencia más maravillosa la tuve en el Centro Recreativo CASLA, colonia de vacaciones que agrupó a un montón de niños que hoy tienen más de 40 años y que si leen estas líneas recordarán seguramente esa etapa con todo el cariño con que hoy la recuerdo.

Para ese entonces el Centro propició un curso de Líderes de Recreación reuniendo a un grupo de jóvenes con una edad promedio de 15 años y del cual fui partícipe desde sus orígenes. Allí y con el objetivo de secundar a los profesores durante las temporadas de vacaciones de invierno y verano, nos iniciaron en distintas actividades recreativas, deportivas y campamentiles que transmitimos a los niños bajo las consignas de respeto, responsabilidad,  amistad y libertad.

 

Los pre-carnavales y carnavales es un capítulo aparte, por allí pasaron muchos cantantes que en un futuro se convertirían en grandes artistas  tales  como Serrat, Julio Iglesias y Sandro, entre otros. Crecí en esas noches mágicas al son de la música y el encuentro.

El resto del año los bailes se hacían los sábados en el SALON SAN MARTIN y hasta las 3 de la mañana porque así era el estilo de la época, las mesas alrededor del salón con las madres que acompañaban y vigilaban discretamente nuestros movimientos y el despertar de los primeros amores cuervos.

 

Una mención especial es para la cancha del Viejo Gasómetro, que desde  sus tablones de madera, todo un símbolo de esa época, o desde la Platea de Damas, nos reunía familiarmente semana tras semana despertando mi pasión futbolera por los colores azulgranas.

 

Con el paso del tiempo la vida me llevó por otros caminos ya fuera del club, hoy tengo  dos hijos que son “cuervos de alma” y dos pequeños nietos socios refundadores, que seguramente escribirán su propia historia desde las nuevas y recuperadas tierras de Av. La Plata.

 

 

Marcela Ester Negri