Bueno, esta crónica no se va a escribir sola, así que vamos a tratar de meterle ganas. Por lo pronto les cuento que dejé que se fuera el día de ayer para escribirla. Domingo a la mañana, mate recién hecho, cielo claro, el perro mirando la calle por la ventana: mejor escribirla así, con otra perspectiva de la vida. Pero, así y todo, es una crónica difícil, no por haber perdido, sino porque realmente siento que no tengo de dónde agarrarme para analizar el partido de ayer.

Trato de rebobinar un poco la cinta y pienso en “las llegadas” que tuvimos: una fue el cabezazo de Ángel, sobre el final, que pudo haber sido el empate, pero que tapó Andrada relativamente fácil. Una jugada aislada, claramente. La otra, también en el segundo tiempo, en realidad fue una “casi llegada” porque un defensor de Boca adivinó el pase final y pellizcó la pelota justo cuando le iba a quedar a Óscar (creo) para definir mano a mano con el arquero. No estoy cien por ciento seguro de lo que digo porque no volví a repasar las acciones del match -te agradezco-, sino que recurro a lo que retuvo mi frágil memoria.

Qué quieren que les diga, amigos. Fue flojísimo el rendimiento de San Lorenzo. Muy por debajo de lo que todos y todas esperábamos. La otra sensación que tengo es de no haber podido detectar realmente dónde estuvieron las fallas del funcionamiento. Que la defensa era improvisada, ya lo sabíamos desde antes. No hacía falta que el árbitro pite el comienzo del juego para sacar esa conclusión. Que nos podían embocar otra vez en una pelota parada, también lo sabíamos, porque no precisamos ser Gambetitas Latorres para pescar esa mojarrita. Ahora bien, el medio campo era titularísimo: si me preguntan a mí, pienso que no hay, entre todas las combinaciones posibles que ofrece nuestro plantel, una mejor que “Poblete, Menossi; Romero, Belluschi, Romero”. Y lo sigo sosteniendo hoy, con el resultado puesto, el mate caliente y el perro mirando por la ventana. Y entonces, ¿qué? Bueno, si por un lado tenés una defensa que es un flan, porque la armaste con lo que pudiste, y por el otro tenés un medio campo que es tu caballito de batalla, y resulta que todos -pero todos- jugaron igual de mal, entonces siento que tiene más culpa el medio campo que la defensa, porque siempre me pongo del lado del más débil, como Lanata.

Lo que yo vi fue esto: los jugadores que tenían la responsabilidad de armar juego, de mover la bocha, de hacer un lindo espectáculo y de tratar de pensar para que el equipo gane, lo único que hicieron desde el minuto uno fue dedicarse a faulear, poner la piernita un poquito de más, tiki, pechearse con los rivales y mostrarles que acá los guapos éramos nosotros. ¿Cómo nos fue? Ya sabemos. Habría que hacerles entender que ellos, lo único que tienen que hacer, es dedicarse a jugar a la pelota: no interesa si la cancha está reventada, si hay 45 lucas o 20, no interesa el fervor que traiga la hinchada, tampoco si el rival es Boca o Defensores de Cambaceres. Un equipo serio tiene que jugar a la pelota y listo, concentrado, sabiendo que si entra en el mambo de los hinchas, lo más probable es que nos pase lo de ayer. Es decir, que perdamos todos.

¿Y el DT? Bueno, qué sé yo, el cambio de Gaich por Belluschi, al margen de que el Rasta había tenido un mal partido, no entendí de qué manera podía traducirse en un equipo más afilado y en la posibilidad más certera de llegar al empate. Tampoco entendí cómo el pibe Herrera no ocupó un lugar en el banco de los suplentes -quizá me perdí de algo, quizá tenía alguna molestia y no pudo ser de la partida, en cuyo caso me retracto-. Está claro que la lesión del Tucumano es un imprevisto y que no pueden cubrirse todos los imprevistos. Pero también está claro que haber puesto al joven Pittón a cubrir la banda derecha fue un acto improvisado, y me parece que ahí hay algo para repensar. Se sabe que, en esta clase de partidos, no hay mucho margen de error: el mismo Pizzi lo declaró en la previa. La pregunta sería: ¿qué sentido tiene sentar en el banco a Blandi y a Gaich? ¿Tan distintos son? Si ayer no ingresaron los dos, con lo acuciante que estuvo el partido, significa que es prácticamente inexistente el contexto que amerite esas variantes. Entonces, ¿no es mejor considerar escenarios más posibles, como el que efectivamente sucedió?

Volvimos a perder con Boca de local, y esta vez, a diferencia de la anterior, brindando un espectáculo bastante lamentable. Tengo una mala noticia: el historial se va a seguir ajustando, por una razón muy sencilla de entender: el poderío que nos distancia de Boca y de River es cada vez más amplio, y eso se va a seguir traduciendo en actuaciones y resultados. El asunto de “ganar con la camiseta” es muy ochentoso y me parece que tendríamos que ir dejándolo un poco de lado. Disfrutemos de la paternidad -en definitiva, nadie nos quita lo bailado- mientras dure, pero mi consejo es que bajemos un cambio y que no nos la demos tanto de guapos, porque los tiempos que corren son difíciles, porque el fútbol es un terreno cada vez más desnivelado, y porque nada indica que la cosa no se vaya a acentuar cada vez más. No es tan grave, es parte del fútbol. Como solemos decir, desde este humilde portal, San Lorenzo es más que 90 minutos, y eso es lo que nos tiene que enorgullecer.