Atragantados de manija y ganas de volver a ver a su San Lorenzo querido los cuervos y las cuervas colmaron las tribunas del remozado Pedro Bidegain para asistir al despegue de este cohete llamado Pizzi; nada más ni nada menos que en un octavos de final de Copa Libertadores.
Ya con ganas de evacuar todo el container de emociones que nos dejó la vuelta al barrio, la partida de Almirón, la llegada de Pizzi, los refuerzos, Lammens, la ciudad y la posibilidad de trepar un poquito en el torneo continental.
Fue un 0 a 0 discreto y disputado.
Desde temprano y ante cada duda miles de fanáticos dibujaban en el aire una pantallita como solicitándole a las divinidades que el señor referí vaya y chequee el VAR y nos de un penal de esos que acostumbran a darle a River. Hubo algo, no tanto, pero hubo algo.
El partido fue parejo, Cerro no regala nada y como poseído por un jeque árabe tiene jugadores taquilleros con desnivelados curriculums.
El San Lorenzo de Pizzi mostró algunas cosas que lo lucen superior al San Lorenzo de Almirón. Presiona más arriba y circula más rápido el balón. Logra recuperar rápido la pelota y nadie juega a más de dos toques. Ya sin el lastre de toda la falopa que trajo Bergamik pudimos ver en acción a los chicos nuevos.
Bien Pitton. Bien parado y fuerte en la marca, inclusive llegó a posición de gol un par de veces. Bien Menossi, pide la pelota, juega, se anima y tiene marca. El 9 Bareiro tiene el partido mas difícil.
Podría jugar yo y sería lo mismo.
Al ciclón le sigue costando mucho superar la valla de los 3/4. Mueve rápido, toca, parece que va a lastimar y todo termina en algún centro intrascendente de Salazar. Sin gambetear rivales es imposible desnivelar. Podría jugar el Beto Acosta, así como está, y sería lo mismo. Debe ser horrible ser el 9 de un equipo que tiene la pelota pero no llega. Blandi entró un ratito y no tocó la pelota. Y no es necesariamente su culpa.
Hubo unas 3 llegadas para cada lado. La más clara de San Lorenzo fue un tiro de Menossi que bien contuvo Carrizo y luego algunas aproximaciones que no llegaron a ser tan claras.
Torrico tuvo dos formidables intervenciones en el primer tiempo. Y cuando se derrumbaba la pared que separa la felicidad de la tristeza, en el promedio del segundo tiempo, Coloccini salvó una pelota de esas que pueden valer mucho más que un gol. Ojalá. Como aquella de Morel Rodríguez en el Centenario. Estiró su blonda cabellera y elevando sus rulos al viento desvió lo que en toda Asunción ya era gol.
Hubiera sido raro encontrarse con un equipo que sea un violín, con tantos jugadores nuevos (especialmente en la zona de ataque) y con técnico nuevo. Flojito lo de Cerutti y apenas correcto lo de Fértoli. Bien Poblete. A Belluschi le puede llegar a costar la velocidad que pretende Juan Antonio. Dependerá de él.
El resultado deja la serie abierta y lista para ir a disputarse allá. Siempre es más fácil meterse atrás y jugar a la contra que tener la responsabilidad de llevar el partido.
Habrá que hacer al menos un gol.
En un momento finalmente se dió: el juez fue al VAR y sorprendió a todes expulsando un jugador de Cerro. Casi nos ganan y casi lo ganamos si el VAR nos cobraba uno de esos agarrones raros. O esas manos imperceptibles.
Todos jodíamos con la pantallita invisible: el futuro llegó a Boedo. Hace rato.