Hay una bonita pieza musical de Lenny Kravitz, famosa en los comienzos de los años 90 cuyo título traducido al castellano es “no está terminado hasta que está terminado”. Parece que tenemos que habituarnos a que en los últimos instantes de los cotejos de San Lorenzo siempre pase algo.
San Lorenzo se trajo una dura derrota de Mendoza, no por verse superado por un rival complicado que viene haciendo buenas campañas y que acarrea una racha de 8 triunfos consecutivos como local sino por la calentura que supone perder un partido que estaba prácticamente cerrado y que nos condena a un triste puesto 18 en la tabla general. En un pobre comienzo de campeonato San Lorenzo registra 4 empates y una derrota. Un récord difícil de envidiar para cualquiera.
San Lorenzo jugó un buen primer tiempo donde generó algunas chances, con un afianzado Botta conduciendo, con Mouche jugando con dignidad y con Alexis Castro dando señales de vida. Algunos no quisimos decirlo en voz alta pero era el momento de marcar. Tuvo rápidamente dos chances y se mostraba punzante y capaz de complicar a Godoy Cruz. Gaich tuvo la suya tras una buena habilitación de Botta pero no logró vencer al joven arquero local. Fue parejo e intenso, como lo son prácticamente todos los partidos de la primera división.
En el complemento Godoy Cruz logró asentarse en la cancha y tomó el control del partido sin lograr complicar demasiado a Navarro. San Lorenzo retrocedió en el field y comenzó a sentirse la merma en varios jugadores. Alexis Castro comenzó a diluirse en un mar de impotencia y frustración. Como perseguido por un mal recurrente. Poblete corría a todos pero se mostraba errático en los pases. El menor de los Rojas está condenado a no lograr que ningún centro suyo supere al tipo que lo está marcando. Al mayor de los Rojas cada vez parecen costarle más los partidos evidenciando el escaso recambio con el que cuenta Biaggio a la hora de mover el banco y darle aire al equipo. Te faltan Blandi y Reniero y vos sentís que estás como Popeye sin la espinaca. El pobre Adolfo Gaich se resbalaba y hacía lo que podía. Como contra Unión San Lorenzo demostró su incapacidad para controlar el mediocampo y lentamente cedió el balón hasta lograr no patear prácticamente nunca al arco en todo el segundo tiempo.
Cuando el partido parecía sentenciado vino un centro del mejor jugador del local, un muchacho de apellido Angileri, quien viéndose “apretado” por Guidiño y Salazar y hasta por Poblete consiguió enviar un centro cruzado a pocos minutos del final que el chico Ávalos cabeceó al gol. Película repetida, otra vez sopa.
Uno entiende a un jovencito del club que está haciendo sus primeros pasos en primera que juegue nervioso, que tenga altibajos o que por momentos no dé la talla. Cuesta mucho más con jugadores por los que se ha hecho un esfuerzo económico y que venían a traer determinadas soluciones. La realidad hoy día es que tenemos un plantel muy corto, plagado de jóvenes. Hemos vendido dos titulares con el campeonato ya empezado. Los jugadores que vinieron no vienen de hacer grandes campañas en el Real de Madrid, ni vienen de descollar en sus respectivos clubes. Si esto es responsabilidad de quienes eligen a quien contratar o si tiene que ver con la realidad macroeconómica del club y del país no es este humilde cronista quien lo pueda dilucidar.
Si Gudiño hubiera hecho lo que tenía que hacer, marcar a la persona que le pidieron que marque, molestarlo, esforzarlo con su cuerpo, darle un topetazo, hacer algo más de lo que hizo nos hubiéramos traído un punto que tal vez hoy miraríamos con otros ojos. No porque esté bueno empatar los cinco partidos, sino porque era más acorde a lo que se vio dentro del campo de juego. Ni Freddy Krugger hubiera imaginado una pesadilla como esta: tener que jugarse tanto una sexta fecha contra Patronato de Paraná en nuestra cancha. Así están dadas las cosas.