Entrevista a Gustavo Carrara, obispo auxiliar CABA
Fundador de Madre del Pueblo

Llegamos inusualmente temprano a la cita con el Padre Gustavo. Estacionamos en el playón, armamos el mate y nos quedamos repasando algunas preguntas para el arzobispo auxiliar de la Ciudad de Buenos Aires.

A nuestro alrededor un paisaje propio y ajeno a la vez: de un lado, el sol de la tarde bajando al ras de los techos en la entrada a la 1-11-14, donde al Club Atlético Madre del Pueblo vive de puertas abiertas. Ahí mismo, las estampas de la virgen María y del Papa Francisco pintadas sobre el muro, el piberío volviendo de la escuela y de fondo el murmullo de un picadito en un potrero.

Del otro lado, a nuestras espaldas, el Pedro Bidegain.

Una escena que hemos visto miles de veces, pero desde enfrente, desde la otra vereda, mientras a paso firme bordeamos Ciudad Deportiva por Perito Moreno camino a la popular local. Esa postal hoy se invierte: estamos viendo caer la tarde desde este ángulo, preguntándonos cuántas veces desde 1993 San Lorenzo cruzó la calle, tendió puentes o construyó muros. En definitiva, nos encontramos en la tarea de revisar las veces que San Lorenzo de Almagro se pensó desde la Villa, porque la 1-11-14, no queda duda de esto, es bien cuerva.

Enseguida nos hicieron pasar al club. Mucha gente haciendo adentro, de todas las edades, entrando y saliendo del predio, yendo del club a la parroquia o viceversa. A lo lejos lo vimos aparecer al Padre Gustavo, inconfundible, incluso para quienes no lo habíamos visto en persona. Una bandada de pibitos le revoloteaban alrededor para decirle una infinidad de cosas: preguntarle, pedirle o darle un abrazo. Se acercó y nos dijo: “pasen por aquí por favor” y entramos de lleno al mundo del Club Atlético Madre del Pueblo a través de su enorme palabra.

P: ¿Cuándo nace Madre del Pueblo y cuál es su objetivo?

R: El Club Atlético Madre del Pueblo surge en 2012 como un instrumento, como una herramienta, de la Parroquia Santa María Madre del Pueblo, que fue creada en 1975 aquí, en la Villa 1-11-14. La capilla que tenemos acá está desde el 69, 70. Los primeros curas que llegaron a vivir en este barrio, junto a los vecinos, levantaron la capilla. En el 75 se crea como Parroquia: es importante porque se reconoce la existencia de un barrio al crear una Parroquia. Si en los mapas aparecía algo verde, como que no había nada, aquí había miles de personas viviendo, y formando un barrio. Esto es importante destacarlo: por ahí cuando el Estado no lo reconocía, o cuando la dictadura militar quiso erradicar a la Villa -y lo hizo casi completamente-, ya se reconocía la existencia de un barrio. Ese es como el antecedente.

De alguna manera, el Club Atlético Madre del Pueblo tiene un origen parecido, análogo, al Club Atlético San Lorenzo de Almagro. Allí el Padre Lorenzo Massa, junto con un grupo de muchachos – sabrán ustedes la historia- funda el club, sobre todo, para que los chicos no estén en la calle y estén acompañados. Nosotros tenemos actividades en la parroquia, que se dan los sábados, muy fuerte, con la catequesis; que se dan los domingos, como el movimiento infantil juvenil, liderazgo positivo sobre todo. De ahí han salido muchachos que están estudiando para ser curas, han salido universitarios que están haciendo carreras, salieron dirigentes de chicos más chicos. Es una escuela de liderazgo positivo los días domingos, del movimiento infantil juvenil. Pero queríamos hacer una oferta que abarcara toda la semana: por eso se nos ocurrió el formato del club.

El club en este momento tiene cuatro áreas: deportiva, cultural, educativa y social. El año pasado nosotros tuvimos 2 mil socios, entre niños y adolescentes. Tiene un impacto importante en un barrio que tiene muchísimos niños y adolescentes.

P: ¿Cuándo nació que cantidad aproximada de socios tenía?

R: Arrancamos con 50 socios. Fue creciendo. La idea es una oferta positiva y preventiva de lo malo, como puede ser el uso de la droga, la violencia, las armas. Que no llegue eso como oferta primera, sino que llegue como oferta primera el ámbito del club. Es un club que surge de la Parroquia, así como desde la Parroquia surge la escuela, o cómo surge el Hogar de Cristo para acompañar a los jóvenes que están en la calle, en consumo. La propuesta del club surge para abarcar a la mayor cantidad de niños y adolescentes posibles.

P: ¿Cuáles son las necesidades cotidianas de la 1-11-14? ¿La seguimos llamando 1-11-14?

R: Así se llama más cotidianamente, se la llama la Villa del Bajo Flores y nosotros tenemos un proyecto, que no se quiere imponer, sino ir consensuando de a poco con los vecinos, de llamarlo al barrio Padre Rodolfo Ricciardeli porque fue uno de los primeros curas de las villas, junto con Mugica, Vernaza, De la Sierra, Botán. Ellos empezaron a vivir y a trabajar en las villas. El Padre Ricciardeli llegó aquí en el año 1972 y falleció aquí en el año 2008. Es decir: entregó su vida para este barrio. Y que esto sea hoy un barrio tiene mucho que ver con su presencia, junto a la de Vernaza, sobre todo en los momentos más complicados que atravesó el barrio. Esa es nuestra propuesta: había que esperar los diez años del fallecimiento para hacer una propuesta más formal, de ley, y la idea es hacerla este año en la Legislatura.

Sobre las necesidades, casi la mitad de la villa son niños y adolescentes. Los estudios que tenemos, que hemos hecho hace unos años con el Observatorio de la Universidad Católica, dicen que el 43% de quienes viven en las villas de CABA tienen menos de 17 años y el 60% tiene menos de 25 años. Es decir, es una población muy joven que necesita primeras oportunidades: escuelas, clubes, capillas. Por eso hablamos a veces de la Triple C: Capilla, Colegio, Club; así como el Papa habla de las Tres T: Tierra, Techo, Trabajo. Ambas están entrelazadas. Nosotros tenemos un estilo de trabajo: detectamos una necesidad, y esa necesidad revela un derecho vulnerado. Entonces hacemos los reclamos pertinentes a las áreas que haya que hacerlo, pero a la vez tratamos de contribuir a la solución del problema.

Por ejemplo: veíamos faltas de vacantes en nivel inicial, y generamos en la otra punta de la villa un jardín que aporta hoy 120 vacantes. No son muchísimas, pero son 120. Eso nos posibilitó en otro momento, abrir la secundaria. Nosotros veíamos que los chicos que acompañabamos en el movimiento infantil juvenil, en la catequesis, en el club, al llegar a primer o segundo año, muchos abandonaban la escuela. En una edad crítica, digamos. Entonces quisimos aportar vacantes e ir buscando un modo de acompañar a esos adolescentes. Como teníamos -y tenemos- buen vínculo con la FM Bajo Flores, eso nos inspiró a hacer una escuela con orientación en comunicación. Entonces acá tenemos un equipo de radio, la antena, el equipo transmisor. El objetivo era acompañar a un grupo de adolescentes, ahora ya con el secundario. Tanto la escuela como el club buscan derribar muros y tender puentes para esa integración urbana de la que hablamos nosotros.

Y después eso que se inició en el jardín, que continuó en la secundaria, siguió con la primaria. Este año tenemos de primer a tercer grado. Es una propuesta concreta para romper ese sufrimiento que vivieron los padres, para que no lo repitan los hijos. Porque cuando uno llega a acompañar a un muchacho o una chica que está en la calle, con tuberculosis, que no ha ido a la escuela, o que no tiene capacitación laboral, lo primero que hay que decir es que uno llegó tarde. No porque no se pueda hacer nada: de hecho se puede hacer un montón. Pero ¿por qué tanto sufrimiento, tanto dolor?. La idea es que eso que vivieron los papás, no lo vivan los chicos. Por ahí hay un chico que su madre lo tuvo estando presa, y su primer año de vida lo vivió en la cárcel con su mamá. Simbólicamente eso es fuerte. Y la escuela primaria la queremos ensamblar con el proyecto del club: que de 8 a 4 de la tarde estén en la escuela, y luego puedan ir al club.

En esto es importante el vínculo que hemos generado con San Lorenzo. Acá hay espacios reducidos y actividades que no podemos hacer, como por ejemplo natación. En eso San Lorenzo ha tendido puentes y hemos hecho natación ahí, en el club. Si no me equivoco, nos dieron 150 plazas gratuitas el año pasado solo para el club. Pero también hemos hecho actividad de natación con la escuela secundaria y el primer grado. Para los chicos de barrio ese es un mundo hermoso, nuevo. Y además con el futbol infantil a veces hemos hecho de local en San Lorenzo.

P: ¿Cómo nace ese vínculo? ¿Lo buscaron ustedes? ¿Lo buscó San Lorenzo?

R: Nosotros tenemos en San Lorenzo una capilla, que está sobre la calle Cruz. Y empezando a atender esa capilla, que un grupo de socios quiso hacer, nos vinculamos con los dirigentes. Primero con el Intendente, Alejandro (Maccio), luego conocimos a Matías (Lammens), y así se fue generando ese vínculo. La verdad que los sentimos cercanos y muy dispuestos. Yo por ahí llamo y digo “me gustaría ir con el grupo de abuelos a hacer una convivencia ahí” y vamos con el grupo de abuelos a hacer una convivencia. O voy con 150 pibes del Hogar.

En un videíto que una vez hicimos con San Lorenzo yo dije que San Lorenzo tiene acá su otro pulmón, de alguna manera. Porque a veces está bien lo de la Vuelta a Boedo, la mística que eso genera, de recuperar lo perdido injustamente, pero bueno, los años van pasando, San Lorenzo se hizo una vida acá, hubo un barrio que lo recibió. Y eso también hay que destacarlo de alguna manera. También le dio crecimiento, desde ese sufrimiento del desarraigo, del perder el estadio. El dolor engrandeció al club, me parece. Por eso yo siempre destaco: está bien cantar por la Vuelta a Boedo, pero no se olviden del Bajo Flores. Lo que San Lorenzo le dio al Bajo Flores, pero también lo que el Bajo Flores le dio a San Lorenzo.

Volviendo a lo que hablábamos de erradicación. Como estos eran terrenos fiscales, y fueron en sus comienzos, terrenos tomados, por acentuar excesivamente el concepto de propiedad privada, parecía que los otros derechos se caían. Pero se ha avanzado. De ese paradigma de erradicar la villa y sacarla, después se pasó al paradigma de urbanizar: abrir una calle, dar buenos servicios de agua, de cloaca, de luz, etc. Nosotros los curas acuñamos un concepto de integración urbana. Con eso buscamos decir que se debe dar un encuentro entre dos culturas: la cultura urbana porteña y la cultura popular latinoamericana que vive en estos barrios. Estos barrios han sido formados en la primera etapa de la villa por gente del interior de la Argentina. Al retorno de la democracia empieza una corriente migratoria de los países hermanos. Se respira aquí la cultura popular latinoamericana, se da el encuentro entre dos culturas. Queremos destacar eso. No solo la villa recibe de la ciudad, sino que también le da a la ciudad muchas cosas. Sobre todo, trabajo. En la villa hay miles de trabajadores que construyen las casas en las que vivimos, que hacen la ropa que nos ponemos, que cuidan a nuestros abuelos, que a veces atienden las casas de familias. Si estos sectores populares no estuvieran la ciudad se paralizaría. Entonces hay que destacar eso, en primer lugar. Después la potencialidad que tiene, mirando a futuro. La zona norte de la ciudad la población está envejeciendo y en la zona sur está la población más joven de la ciudad, el futuro. Ese es un aporte de fuerza joven que va a hacer crecer a la ciudad. Después hay una serie de valores de la cultura popular latinoamericana, valores que hacen a la vida comunitaria, que hacen a la solidaridad, que están marcadamente presentes. Hablamos entonces de un encuentro entre dos culturas. Eso queremos decir con el término “integración urbana”.

Si uno quiere integrar hay dos ejes que son claves para la integración. Uno de ellos es el trabajo, cómo generar trabajo en estos sectores que quieren trabajar. Nosotros tenemos una oficina de empleo que hemos creado, aquí nadie no quiere trabajar. San Lorenzo en su fundación nos aportó una persona que trabaja dos veces por semana en nuestra oficina de empleo para ayudarnos en nuestra oficina. Pero es el Estado el que tiene que buscar los caminos para generar mayores oportunidades de trabajo en estos lugares.

Otro eje de integración clave es la educación. La posibilidad de que los niños y adolescentes alcancen espacios para estudiar. Incluso la UBA está muy lejos de que un joven llegue a estudiar ahí. Igual hay bastantes, gracias a Dios, pero queda mucho camino por recorrer. Y después yo hablaría de facilitadores de integración. Aquí yo pondría a San Lorenzo y a otros clubes con los que hemos trabajado aquí y en otras villas. Los clubes grandes tienen una posibilidad muy grande no sólo de buscar talentos deportivos, sino en la línea de tender puentes para integrar estos barrios. Simbólica y concretamente es muy fuerte para sus socios, para sus hinchas y para la sociedad en general y los clubes grandes están transitando este camino. Otros facilitadores de la integración son las universidades…

P: Hay una lectura de Francisco de que el momento actual necesita de los jóvenes para cambiar muchas cosas. Como agrupación juvenil, nos interesa su opinión de esto.

R: Yo diría que Francisco propone el diálogo entre los jóvenes y los ancianos. Y por supuesto tiene una gran expectativa en la fuerza que tiene la juventud.

Nosotros tenemos un problema con los jóvenes y la droga. Acá no hay un problema central de droga, pero el principal problema son la falta de oportunidades. Nosotros hacemos las acciones que hacemos (una escuela, un club, una escuela de oficios, etc.), porque queremos dejar oportunidades concretas al alcance de los niños, de las familias de los adolescentes. Esto también para pensar una intervención inteligente del Estado en un barrio como este.

En relación a la droga veo tres niveles. Un primer nivel es el consumo de la sustancia, el paco. Un segundo nivel es cómo la droga muestra la marginalidad en la que viven muchos. Nos encontramos con los rostros concretos de la pobreza. Por ejemplo, el nivel alto de tuberculosis que tenemos en el barrio es cercano al de algunos países de África. Un nivel más profundo es la orfandad. Orfandad de vínculos, de amor, de familia. El secreto de nuestro éxito es tratar de proponer esa dinámica comunitaria familiar hogareña. Así es cómo lo vemos nosotros como constituirse la iglesia como familia que acompañe toda la vida. Y eso lo puede hacer un club, un club como familia donde los vínculos se fortalecen. Donde nos ocupamos de los miembros más frágiles de la familia. Esa es la mística con la cual nosotros trabajamos con los jóvenes que están en esta problemática. No son un asistido, no son un paciente, no son un cliente, son parte de la familia. Eso te cambia la perspectiva. La parroquia, un club, puede fortalecer los tejidos comunitarios, sociales.

P: Nosotros terminamos nuestras entrevistas con un ping pong. Le decimos un nombre o una frase y usted nos dice lo primero que se le venga a la cabeza.

Jesús: Es la fuente de todo lo que yo intento vivir y hacer. Es la fuente a la que tengo que volver constantemente. A veces me alejo, pero sé que es la fuente.

Pueblo: Me lo uniste a Jesús. Al pueblo y a los más pequeños y pobres te manda Jesús. Si vos leés el Evangelio él empieza esta revolución de amor en la periferia del Imperio Romano, en una provincia perdida del imperio romano. Esta revolución de amor y de servicio a los más humildes, de lavar los pies a los más pequeños. Jesús nos dice “Yo no he venido a ser servido sino a servir y a dar mi vida en rescate por una multitud”. Ese camino los cristianos queremos seguirlo.

La virgen de Luján: Es mi mamá. Mi mamá está en el cielo y mi segunda madre es la virgen de Luján. No se enojaría mi madre, si digo eso. Ahí me bautizaron el 13 de octubre de 1973. Camino todos los años a Luján, en la peregrinación de jóvenes a Luján.

El Papa Francisco: Es alguien que intenta vivir lo que Jesús propone en el Evangelio y es una motivación concreta para lo que nosotros hacemos en las villas diariamente. Uno se admira de su sabiduría, de su capacidad de trabajo.

San Lorenzo: Bueno, ustedes saben que yo soy de Boca. Tengo algunas anécdotas del Papa y San Lorenzo. Una vez le escribí un mail justo antes que ganara la Libertadores. Cuando se reza el Rosario, se estila que las últimas cuentas del Rosario se rezan por las intenciones del Papa. Entonces yo le escribí preguntándole si no estaría rezando para que San Lorenzo gane la Libertadores (jaja) Y él me responde, “bueno, seguí rezando nomás”.