Conocimos a Sergio en la Casa de la Cultura, en una actividad organizada por la Subcomisión de DDHH. Tuvo palabras muy elogiosas respecto al club, meses después de haberse hecho socio. No era casual: San Lorenzo fue la primera institución del fútbol argentino que pidió la aparición de Santiago. Luego se juntó con el hincha más conocido del planeta -Francisco- y meses después pisó el Pedro Bidegain y el Polideportivo Roberto Pando.

Antes de irnos de esa actividad le hicimos una pregunta puntual y quedamos en conversar vía telefónica para la web de La Soriano. Semanas después salió una conversación profunda, de esas que te hacen pensar que de verdad somos más que 90 minutos: Sergio enfatiza sobre los valores del club, habla del acompañamiento de socios e hinchas y remarca “la parte humana” de nuestra institución. También da cuenta de la situación actual en relación al pedido de justicia por su hermano. Y agradece. Porque es un tipo que, a pesar de los golpes, sabe agradecer a quienes -como San Lorenzo- estuvieron siempre a su lado.

¿Cómo te vinculaste con San Lorenzo, el primer club que pidió la aparición con vida de tu hermano?

Santiago no era hincha de San Lorenzo. A él no le gustaba el fútbol directamente: no tenía un club. Lo de San Lorenzo es esto que decís vos: fue el primer club que salió a pedir la aparición con vida. Después se generó algo, no se si internamente, con esto de que el Papa es de San Lorenzo. El la recibió a mi vieja: ella y mi abuelo eran de San Lorenzo, mi abuelo iba a la cancha, en los años 50. Se había mudado a Buenos Aires y vivía ahí. Nunca me inculcó que me hiciera hincha de San Lorenzo, yo era hincha de Boca.

Pero sí me di cuenta que me había hecho hincha de San Lorenzo cuando grité el primer gol, la primera vez que fui a la cancha. Eso lo sentí, sentí el cariño de la gente. Sentí a esa hinchada, que no he visto en otro lado: que sean tan originales en las letras y canten tanto. Esa también fue una seducción para volver: yo había descreído un poco del fútbol y con esto de Santiago en diferentes lugares fui sintiendo contención. La contención la recibí de ahí, de la gente que está en DDHH: me pareció que era interesante todo lo que estaban haciendo. Ya el primer día que puse un pie en la cancha sentí ese cariño, no solo de la gente de San Lorenzo, sino de quienes trabajan ahí todos los días. Eso logró una especie de comunión con mi vieja: San Lorenzo me eligió a mí en un momento que yo lo necesitaba.

– ¿San Lorenzo te dio contención? Es un club que siempre tuvo vínculo con los organismos de DDHH

Es una mezcla de cosas. Es esa necesidad de tratar de empezar a estar un poco bien. ¿Por qué digo un poco bien? Cuando pasa lo de Santiago es como que yo personalmente me olvido de un montón de cosas. Y entrás en esa vorágine de pedir primero la aparición con vida, después seguir reclamando saber que le pasó para después poder tener justicia. Las victimas, los familiares, cuando pasa eso empezamos una especie de carrera por vencer a la justicia. Y a veces nos olvidamos de algunas cosas que teníamos nosotros: no digo placeres, pero si distracción. Y una de esas distracciones puede ser la música, el fútbol. A mi me costó reencontrarme: primero fue con ir a un recital, por ejemplo. Pero siempre se fue dando en el marco de estrechar más vínculos con esos sectores que salieron a respaldar o se pronunciaron a favor: se trataba de tener más contención.

– ¿Cómo aparece la figura del Papa Francisco en ese acercamiento con San Lorenzo?

Mi vieja es muy creyente y yo, más allá de haber ido a colegio católico, dejé un poco eso de la religión. Pero bieno, la figura del Papa es algo que trasciende todo eso. Y corta por sobre todo el resto. Eso fue en diciembre de 2017. A mi vieja le hizo muy bien. Y yo vuelvo a la cancha a fines de julio de 2018. Ahí es donde me hago socio y empiezo a ir. Pasó un tiempo, no es que fue enseguida, automático. Se fue generando un vínculo que fue generado por el. Y yo empecé a ver a la distancia todo lo que se había generado en torno a lo de Santiago.

Y digo que fue una elección porque se acercó Tamara de DDHH y ahí fue cuando empezó ese vínculo. Se fue dando: es un club identificado ya con un montón de cosas. Tal vez sea eso que estaba en que tenía que suceder: el Papa, la bandera por Santiago, la charla que di recientemente (en la Casa de la Cultura). Después fui a conocer la cancha de básquet: estaban todos jugando al ping pong, habían otras actividades. Cuando se van haciendo las cosas bien y se mantiene esa esencia de barrio. Por ahí eso es lo que necesitaba.

Y desde el club también me preguntan: “¿Cómo están tus viejos?” “¿Pasó algo en la causa?”. Por eso digo que va más allá de lo futbolístico. Hay seres humanos. Hay una parte humana que no digo que en otro club no esté, pero yo la encontré en San Lorenzo. Tal vez todos los clubes tienen lo mismo y yo nunca lo necesité. Es conmovedor y gratificante.

– ¿Es cierto que te gustaron tanto las canciones de la hinchada que te las bajaste en Spotify para aprenderlas? Contanos un poco de ese acercamiento a las canciones más originales del fútbol argentino.

Después que fui a la cancha, no enganchaba una letra. Yo venía de escuchar canciones menos elaboradas en las canchas. Estas son más complicadas: tenés que andar con una partitura más o menos. Y miraba, pero leía y no encontraba el tono. Y justó encontré en Spotify que había varias, mal grabadas pero que estaban buenas. Así que empecé a escucharlas y ya las otras veces que fui fue distinto. Y ahora las canto solo. Son muy ingeniosas: lo que me llama la atención es el cambio de ritmo que le meten. Arrancan y siguen. No se hace un bache. No hay un silencio. Y esto todo el tiempo, todo el partido, está bueno. La canción de “Si yo fuera presidente”, por ejemplo, tiene más letra que cualquier letra de música. La de “Vamos vamos Azulgrana” es el caballito de batalla mío: “porque nos fuimos a la B, porque volvimos a la A”. También “¿Qué te pasa quemero?”. Me gustan todas: no es “eh andate a la concha de tu hermana”. Hay una previa, una inteligencia en las letras.

¿En qué estado actual está el pedido de justicia por Santiago? ¿Cómo está viviendo tu familia este momento?

Nosotros seguimos insistiendo en que nos aprueben un grupo de expertos independientes que garanticen la investigación. Hoy todo depende del mismo Ministerio de Seguridad. No puede investigar Policía Federal y Prefectura cuando es parte del problema. Todos dependen del mismo Ministerio, a cargo de Patricia Bullrich. La Prefectura que mató a Rafael Nahuel no puede ser la que investigue cuando Gendarmerìa desaparece a Santiago y después aparece muerto. Todos dependen del mismo ministerio. Eso no va. Después tenés quiénes investigan, que son funcionales al gobierno: los mismos fiscales o jueces que deben investigar a Gendarmería lo hacen conmigo y con mi familia. La investigación va por otro lado. Nosotros seguimos pidiendo ampliar puntos de pericia de la autopsia, porque no dice ni cómo ni cuándo ni dónde murió Santiago. Y en base a eso seguir reforzando el pedido que se hizo de intervención de teléfonos. Nosotros seguimos pidiendo cosas y ellos las rechazan. Vamos a la Cámara, nos vuelven a rechazar. Apelamos. Y así estamos. Mientras buscábamos a Santiago nos intervenían el teléfono y nos investigaban a nosotros. Los procesos son largos: nosotros vivimos en Bariloche, la fiscal está en Esquel, la causa está en Rawson, la Cámara para apelar en Comodoro Rivadavia y la Corte Suprema en Buenos Aires. Con ese panorama tratamos de seguir viendo todos los días qué es lo que pasó. Y cuanto más tiempo pasa, más nos alejamos de la verdad.

¿Que querés decirle a los hinchas de San Lorenzo que te apoyaron durante este tiempo y ahora te sienten un cuervo más?

A los hinchas de San Lorenzo agradecerles. A ellos como a tantas otras personas que siempre nos apoyan y siguen manteniendo viva la memoria de Santiago y el pedido de Verdad y Justicia. Pero más que nada a los hinchas por el gran apoyo y por el cariño. Hay que bancar un poco al Pampa Biaggio: es un equipo nuevo, se está reencontrando. Nos quedamos afuera de la Copa (Sudamericana) pero quedan la Argentina y el Campeonato. Así que hay que meterle ahí. Más allá de eso los procesos a veces son largos: uno como hincha es lógico que quiera resultados inmediatos. Pero a veces hay que trabajar a largo plazo. Me parece que se puede esperar y tener un poco más de tolerancia, no como otros clubes donde perdés dos partidos y ya los empiezan a putear. Quedó claro con Patronato, que estuve en la cancha: jugaron los pibes, la gente alentó, los pibes respondieron y terminaron dando vuelta el partido.