Ahora que ya no tenemos más el corazón en la boca, ahora que el alma nos volvió al cuerpo, sirvámonos una copa de vino y digamos la verdad: ¡qué lindo es el fútbol! Cuando más lo estábamos detestando, cuando creíamos que ya era una cosa irreconciliable, viene y nos sonríe, y nos dá una caricia, y nos demuestra que tal vez nosotros también estábamos un poco equivocados, siempre tan apurados, siempre pretenciosos y malhumorados. Por suerte nuestra hinchada no es tan histérica como otras -amén de lo que pase en las redes sociales- y por suerte nuestra dirigencia volvió a demostrar temple cuando la situación se pone border -amén de las cagadas que se pudieron haber mandado, sobre todo con algunas decisiones de los últimos mercados de pases-. Lo cierto es que fuimos capaces de aguantar la crudeza del invierno y de a poco empiezan a florecer en Boedo los primeros brotes de una prematura primavera.

El mejor partido de Almirón en su corto ciclo al frente de San Lorenzo. Se confirmó una levantada que venía siendo sostenida y que hoy alcanzó un pico. Un pico que, esperamos, no sea la cumbre definitiva de este equipo, sino un eslabón más de esta cadena de buenos rendimientos que ahora sí se puede ver. Ya me meto con los nombres, pero quiero rescatar la que, a mi entender, es la muestra más notoria del crecimiento futbolístico: San Lorenzo hoy fue punzante, los pases no fueron blandos como venían siendo sino que fueron decididos, firmes, bien direccionados la gran mayoría de las veces, incluso buscando el vacío para vulnerar la defensa rival. Y cuando tuvimos que tener la pelota para que transcurra el partido, ahí tampoco fue un toqueteo intrascendente, sino que hubo juego, hubo cabeza, hubo convicción.

Sinceramente, no encuentro que haya habido algún punto flojo entre nuestros once. Gonzalo fue un gran reemplazante de Senesi, al margen de la conversión. Monetti no tuvo grandes problemas, incluso en el primer tiempo sacó al córner un remate de larga distancia que parecía complejo, como consecuencia del único error que cometió Raúl Loaiza, el cinco que volvió a su mejor nivel y que se consagró como una de las figuras de la cancha. Delante suyo, quiero rescatar a Castellani, que arrancó torcido los primeros 15 minutos pero que después se acopló y acompañó bien, ahora sí, a Román Martínez, la otra figura que tiene este equipo de Almirón. Los laterales volvieron a mostrarse firmes y Camilo jugó un gran primer tiempo, atreviéndose, encarando con solidez y complicando a los peruanos. El Perrito Barrios y Nicolás Reniero demostraron, en una sola jugada, el potencial que tienen para nutrir de fútbol el ataque azulgrana: balón recuperado y dominado por el Príncipe, pasados los cuarenta del segundo, triangulación con Nahuel, centro de rastrón, y el petiso que dominó con la suela y la clavó en el segundo palo. Si hasta la semana pasada decíamos que a este equipo le faltaba cerrar los partidos, bueno, una cosa más para que vayamos tachando de la lista.

10 puntos en el grupo F de la Copa Libertadores y una racha de 7 u 8 partidos sin conocer la derrota. Estábamos en el infierno, ardiendo entre las llamas y recibiendo latigazos de propios y extraños, y ahora estamos en alguna laguna escondida, al rayo del sol, rodeados de cantos de sirenas. Es lindo el fútbol. Ojalá el equipo pueda seguir ratificando el rumbo, tenemos con qué. Como tarea, falta consolidar el equipo muletto: el otro día en Tucumán, el que saltó a la cancha no dio la impresión de ser el mejor suplente que podíamos presentar, sino, más bien, un rejunte medio pelo de jugadores que no están con todas las pilas puestas. La base de ese equipo alternativo tiene estar conformada por los pibes del club que alternan hoy entre la reserva y la primera y que andan con ganas de llevarse todo puesto. Tenemos un primer equipo que está primero en la copa y encontrando su mejor nivel, y una reserva que acaba de salir campeona por varios cuerpos de distancia. El horizonte es bueno, más que bueno quizá, por más que nos hayamos llegado a creer que estábamos cubiertos de mierda. Todos queremos más, todos ansiamos volver a festejar en la mítica San Juan y Boedo. Yo vuelvo a sugerir que disfrutemos de lo que conseguimos y que sigamos acompañando como siempre para que las cosas se sigan dando. Mientras tanto, cada vez falta menos para el primero de julio, y ahí también tenemos un buen motivo para juntarnos a brindar.