Calor y cancha llena. Nunca entendí cómo hace esa gente que se clava todo el partido en la popular con la casaca puesta, al sol, sin chistar. Tengo entendido que somos la única hinchada del fútbol argentino que se morfa el sol de frente en condición de local. Dato sonso pero que viene a reafirmar que somos una hinchada sufrida. Se extrañaba a San Lorenzo. Muchas semanas entrando a los portales de noticias del club, leyendo refritos de notas y esperando encontrar no sé qué en esos párrafos desganados. Ya está, la espera terminó, el cuerverío contento y un clásico que debió haberse jugado cuando la manteca costaba 40 mangos. En la previa, reinaba una suerte de incertidumbre a propósito de los players que vestirían por primera vez la camiseta azulgrana: de dudoso pasado reciente, sobre todo los llegados de tierras cafeteras, había que ver cómo respondían. Monetti es el arquero titular del ciclón y era fija para hoy. Loaiza fue confirmado en la mitad de la cancha, en lugar de Poblete, y Fértoli aparecía en la ofensiva, habiéndole ganado la pulseada al flojito de Mouche.

 

El cinco colombiano se llevó los primeros aplausos antes de los diez minutos de juego y mantendría su nivel prácticamente durante los 90. Firmeza en la marca, prestancia en la salida y poco margen de error en las entregas. Fértoli metió e intentó colaborar en la creación de los ataques por la banda derecha y Monetti sacó una bola tremenda promediando el primer tiempo y recordando a una bocha que tapó el Cóndor Torrico frente al mismo rival, un par de años atrás y en ese mismo arco. Por mucho que me pase la noche con las manos en el teclado y la mirada perdida en la pantalla, no voy a encontrar las palabras adecuadas para describir la tarjeta roja que le mostraron a Coloccini, cuando iban 30 minutos y monedas de juego. Al árbitro en cuestión ni lo voy a nombrar, solo diré que si tipean su apellido en YouTube, lo primero que van a encontrar es la muestra de por qué este muchacho no debería estar dirigiendo en la primera división, y menos un partido como San Lorenzo vs Huracán.

 

El nivel de juego desplegado por San Lorenzo, a lo largo de los noventa, fue de aceptable para bueno, pero lo más importante fue que el equipo mostró resto físico: no se desmoronó como se desmoronaba todo el tiempo en su versión 2018. Aguantó, se rebeló frente a la expulsión, salió a jugar el segundo tiempo con hidalguía y obligó a Huracán a ser cauto y por momentos a buscar refugio cerca de su propia meta. Pasados los 25 minutos de la etapa final, ya nadie se acordaba de la diferencia numérica y daba la impresión de que el gol estaba al caer. Saltó a la cancha Torres, el otro colombiano, para acompañar a Blandi en el ataque, y más cerca del final Peruzzi clausuró la banda derecha junto al pibe Herrera, que tuvo varias incursiones en ataque. Senesi condujo al equipo desde el fondo como el gran jugador de fútbol que es. Belluschi parece decididamente recuperado y en más de una ocasión puso a un compañero mano a mano contra el arquero rival. Botta y Blandi, uno por tiempo, no le acertaron a la red; si no estaríamos hablando de otra cosa.

 

Faltando cinco minutos para el cierre y no habiendo conseguido la ventaja que había buscado, el equipo bajó un cambio y pareció aferrarse al empate, después de haber disputado una hora de juego con un hombre menos gracias a una acción que, mañana, los propios hinchas de Huracán reconocerán como injusta. Ya está, no importa. Lo importante es que el San Lorenzo de Almirón puso primera y la impresión es buena. Desde las cuatro tribunas bajaron aplausos para cada uno de los refuerzos, que, ahora sí, sabemos que están en condiciones de ser refuerzos para el equipo, después de haberlos visto con la pelota en los pies (y en las manos). Menos incertidumbre para el partido que viene y más banca para este equipo. Se vienen dos paradas bravas, pero estamos de pie. Ah, el referee se llama Merlos, por si querían buscarlo en YouTube.