Hierven los nervios en cada portal azulgrana y en cada grupo de Whatsapp. Los y las cuervas parecen sentirse destruidos por el ruido del cristal de la ilusión que se rompe. Quizás esperaban ver a los Romero conducir el equipo hacia la belleza. Se ilusionaban con los cambios de ritmo que un baterista como Monarriz puede plasmar en sus jugadores. Uno no sabe si cuando putean al DT por no hacer cambios esperan secretamente que Menossi ingrese, tome el balón, gambetee a cuatro rivales y asista de taco al pequeño Fernandez.

Para este cronista la situación es tal cual prometía ser: San Lorenzo planteando partidos parejos que puede ganar 1 a 0, perder 1 a 0 o empatar 0 a 0. Quizás en el fondo estamos soñando con la escuela del Ajax, con ver a los pibes pararla y jugar tranquilos. Lo que por ahí cuesta ver es que con los laureados y europeístas DT tampoco pateábamos al arco y es más: el equipo ni siquiera jugaba partidos parejos. Era superado por cualquier rival, grande y chico. De local y de visitante. Salía bien del fondo pero transmitía una apatía difícil de sobrellevar.

San Lorenzo perdió 1 a 0 en su visita a Rosario. Tuvo una situación inmejorable a los 14 minutos producto de una trepada de Peruzzi quien tuvo el gol y remató por encima del travesaño. En esa primera mitad tuvimos la pelota, no fuimos profundos ni generamos situaciones pero presionando bien y recuperando rápidamente el esférico. En este tipo de partidos y en esta situación de extrema paridad necesitamos imperiosamente convertir cada pequeña situación que generamos.

Newells tuvo una sola en el segundo tiempo, producto de un bombazo de larga distancia de este pibe que no sé por qué no está en el Sub 23 y se llevó los 3 puntos. El partido fue como una relación plagada de silencios y de cosas que no se dicen. Todo conducía al letargo y hubo un sacudón. Pero nadie pudo decir más nada.

Hay muchas cosas en el debe. San Lorenzo no encuentra juego en el ritmo cancino de los paraguayos. Sólo Ramirez muestra algo distinto cuando pasa a un rival en velocidad y toca. El resto es posesión estéril sin la prolijidad que mostraba Almirón o Pizzi. Lo que muestra ahora es carácter para disputar cada pelota. Es amarrete y combativo, como el futbol argentino. Poco para destacar en las individualidades, importante Poblete aunque por momentos superpuesto con Torito Rodriguez. Uvita no tiene nada de 9. No lo siente, no le sale, no es lo suyo. A San Lorenzo le cuesta avanzar porque su defensa no avanza cuando ataca y los mellizos se retrasan demasiado para comenzar las jugadas. El doble 5 no cumple su función ahí. Oscar es un jugadorazo en tres cuartos y un jugador de correcto para abajo cuando baja a jugar de espaldas. No lo siente, no le sale. Eso que te daba Senesi hoy es agua en el desierto.

Ojalá podamos calmarnos entre los cuervos, apretar los dientes y bajar el exitismo. No estamos para maravillas aunque vimos que el torneo se pudo pelear y que el objetivo de entrar a Copa Libertadores se empieza a complicar: el fixture no acompaña y daría la sensación que somos más débiles con 4 defensores que con 5. Aunque no les guste a los ultraofensivos ni a los dominantes por naturaleza. Podemos pedir la cabeza del DT todo el tiempo de nuestras vidas o podemos confiar en el Papa Francisco y en algún milagro proveniente de las más altas esferas de la vida espiritual.

Así es la democracia, así es la vida, así es nuestra realidad. A apretar los puños y pelear como hicimos siempre a lo largo de nuestra sufrida historia sanlorencista.