Complicada visita al viaducto. Tengo la impresión de que los partidos de viernes a la noche siempre se nos ponen difíciles, y en la previa, este no era la excepción. Pero, sobre todo, era una noche complicada para estos cronistas de La Soriano: uno laburando, otro en la facultad, no daban los números para garantizar que este tendal de palabras finalmente sería escrito. Pero acá estamos. No somos gente de andar rindiéndose frente a la primera dificultad.

Recién llegaba a casa, el segundo tiempo a punto de arrancar, y mi camarada Gamallo, en un esfuerzo supremo, me hacía llegar por WhatsApp unas líneas sobre la primera mitad que yo no había podido apreciar:

“San Lorenzo viajó a Sarandí mientras Juan Antonio continúa amasando su once ideal. Redondeó un primer tiempo muy contundente frente al sorprendente recién ascendido Arsenal, que demuestra más entereza que la AFA a la hora de sobrellevar la partida de Don Julio.

Los primeros treinta minutos fueron muy disputados. San Lorenzo proponía y circulaba rápido, encontrando en su doble cinco -Poblete y Menossi- el órgano central de su sistema futbolístico. Hubo una formidable tapada del bueno de Navarro: tiro libre fuerte y bien direccionado que sacó estirando su mano derecha con fotogénica plasticidad.

Fue el casi rubio Menossi quien cortó una salida del rival y metió un toque diagonal quirúrgico para la entrada del debutante Ramírez. Dichoso éste de definir de caño y transformarse en goleador, cuando, hasta ese mismísimo instante, había pasado prácticamente desapercibido.

Y el equipo se relajó. Y por momentos daba la impresión de que todos estaban jugando bien.

Menossi se vistió de frac y galera. Poblete cortaba y tocaba bien. Belluschi preciso. Y la muestra de este ciclo virtuoso llegaría cerca del pitazo final, con esa tremenda y sagaz trepada de Salazar -acumulador de buenas intenciones- luego de un mágico toque del otrora rasta. El Tucu traba y gana, quiebra hacia adentro superando a un segundo rival. Lo vislumbra al capitán. El capitán chuta al segundo palo y la pelota toca mansa la red. Merecido festejo y al descanso: se lució la juanantonieta. Por delante, el mayor enemigo del ciclón: los segundos tiempos”.

Y ahí es cuando meto mano yo para ponerle el cierre a esta crónica, y en el segundo tiempo pasó lo mejor que nos podía pasar: nada. Si quieren les puedo contar que me clavé un par de fernecitos con la panza semi vacía y que estoy sufriendo las consecuencias. Si quieren les puedo hablar de la clase de historia que tuve, ahí en la sede de Miguelete. Sobre el pupitre tenía el celular y, en la pantalla, promiedos me iba cantando el resultado. El profe, mientras tanto, nos hablaba de un texto de Thompson, un marxista inglés que dice que hay que analizar la historia con la gente adentro, con la cultura que van creando los trabajadores y la conciencia que toman, a propósito de su propia condición. Se enoja, el amigo británico, con esos estructuralistas que dicen que la clase está definida por una serie de posiciones sociales que están ahí, invariablemente, y que quienes se sienten en esas sillas serán, pues, proletariado. Él cree que la única definición de clase es la que inscriben los hombres y las mujeres reales, viviendo, relacionándose, trabajando, identificándose. El asunto es que a las nueve y media el profesor bajó la persiana y que a las 2135 prendí la radio de mi auto: recupera Menossi, gol de Ramírez. Maravilloso momento.

Y antes de llegar a casa, el amigo Blandi sellaba el resultado. Esto ya lo contó mi compañero, lo sé. En algún pasaje del segundo tiempo, puedo agregar, rajaron a alguien del equipo local, por manotear infantilmente a un Belluschi que iba al frente como un Schumacher de Fórmula 1. A las duchas, caballero. Y un rato más tarde se me cumplió la profecía de la última crónica: Óscar, Perro, Belluschi. Mediocampo prometedor.

Tenemos un gran equipo. Es cierto que, si se va Senesi, será una baja que podemos llegar a sentir, porque es ese, precisamente, el único sector del campo donde no tenemos recambio. Ojalá se quede con nosotros, al menos hasta que llegue Papa Noel a bordo de sus renitos. Por el resto, estamos para pelearla, y lo digo con firmeza. Es una pena, porque asistimos al desmoronamiento de la regla de los seis años: ‘95, ‘01, ‘07, ‘13, y ahí nos quedamos. Bah, salvo que nos permitamos una trampita. A ver qué les parece: tomemos el 2014, año hermoso si los hay, y empecemos a contar de nuevo desde ahí. Total, ¿quién se va a andar fijando? Y, en todo caso, si alguien viene a alardear con estadísticas, parafrasearemos al filósofo Chango: “¿Y qué problema hay? Si es un concurso de marihuana, no es Miss Universo. ¿Qué pasa si no entendemos nada?”. Saludos, cuervos, cuervas, los queremos mucho.